La idea central de los textos bíblicos de este domingo, coincide con lo que cantábamos en el salmo interleccional (39), "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad".
Y así, la pregunta clave que debemos hacernos refiere a cuál es el sentido de nuestra existencia en el mundo, porque de hecho, muchas personas viven cada día y no se lo encuentran en su caminar.
El ser humano se acostumbra a vivir porque existe, piensa que debe seguir adelante luchando porque hay que tener una meta, pero la clave es caer en la cuenta que el que nos ha traído al mundo es Dios.
Y por lo tanto, desde el comienzo de nuestro caminar por esta vida, la existencia tiene un sentido, por eso, la razón de ser de esa idea central de "aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad", y preguntarnos "Señor, ¿Qué quieres de mí?
Si tomamos la primera lectura del profeta Isaías (49,3.5-6), contemplamos que se elige a un Servidor, que puede ser el rey Ciro el Grande, o algún israelita o profeta, para que restaure a las tribus de Israel, pero señalando más adelante que esto no es suficiente, que es necesario que el elegido sea luz de las naciones.
Ahora bien, si consideramos esto a la luz del Nuevo Testamento, caemos en la cuenta que se trata de una referencia concreta de Jesús, el Hijo de Dios.
Si bien es cierto que cualquier profeta podía tomar sobre sí la responsabilidad de unir a las tribus de Israel, ser luz de las naciones para que conozcan la salvación concedida por Dios, es atribución de alguien superior a los posibles elegidos, y ese es sólo Cristo el centro de la vida humana.
Esta misma idea continúa en la primera carta de san Pablo a los corintios (1,1-3), fundador de esa comunidad, por lo que sabe perfectamente que los cristianos se encuentran muchas veces rodeados de dificultades, a causa de la corrupción en Corinto, de manera que las tentaciones también se agolpaban para arrastrar a los cristianos a una vida disoluta.
¿Qué hace San Pablo? recuerda que fueron santificados en Cristo y llamados a ser santos y que han de continuar por ese camino, dando testimonio.
Este consejo lo podemos aplicar a nosotros mismos, a nuestra ciudad, advirtiendo que estamos en medio de una ciudad como muchas otras, no es la única, que se ha olvidado de Dios.
El ser humano a menudo prescinde de Dios, porque aparentemente no lo necesita, en todo caso recurre a Él en los momentos de enfermedad, de peligro, de dificultad, cuando llega al fondo de las dificultades y no sabe cómo salir, entonces el recurso a Dios.
En medio de este mundo que vive inmerso en el ateísmo práctico, nos sentimos tentados a abandonar a Dios y seguir una vida fácil, más entretenida a los ojos del mundo, acudiendo al sincretismo religioso que da culto a seres inanimados, o a energías orientales diabólicas.
Sin embargo, hemos sido redimidos por la sangre del Cordero, y por eso hemos de decir cada día, "aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad".
Y en el Evangelio (1,29-34), Juan testimonia que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y más adelante dirá, es el Hijo de Dios.
A raíz de esto, tenemos entonces el gran ejemplo para nuestra vida cotidiana, porque el Hijo de Dios no vino al mundo para hacer su voluntad, sino a observar la voluntad del Padre.
¿Y cuál es la voluntad del Padre? El Padre nos ama tanto que quiere sacarnos del pecado a través de la pasión y muerte en la cruz de su Hijo, "porque tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo para salvarnos", para revivirnos.
De manera que el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo es el mismo Jesús, llamado Cordero, porque como en el Antiguo Testamento se ofrecía al cordero inocente como sacrificio agradable a Dios, Jesús se ofrece como Cordero manso a la muerte para poder rescatarnos a nosotros del mundo tenebroso del pecado y del demonio.
"Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad", afirmación esta que conduce a preguntarnos cada día, si cumplimos con la voluntad del Padre, si buscamos descubrir qué es lo que quiere Dios además de realizar el bien e ir por el mundo como san Pablo y predicar el Evangelio.
Hemos de hablar de las maravillas que implica estar unidos al Señor, dando ejemplo siempre de una vida de santidad, para que por lo menos algunos busquen seguir ese mismo camino, confiando para todo esto, con la gracia misericordiosa de Dios.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el IIdo domingo "per annum" ciclo A.18 de enero de 2026.

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