La viña del Señor es el pueblo de Israel, y esto aparece no solamente en la primera lectura tomada del profeta Isaías (5,1-7), sino también en el texto del evangelio (Mt. 21,33-46).
En efecto, Dios prepara la tierra para que la viña, que es el pueblo de Israel, prospere, la cuida y protege para que produzca frutos dulces.
El Señor está con ese pueblo que él ha elegido, pero resulta que ha esperado frutos dulces, pero la viña ha dado solamente frutos amargos, por lo que Dios convoca a todos, expone lo que ha hecho y como no fue correspondido, por lo que quiere juzgarla.
Y dice: ¿Qué voy a hacer? He hecho todo lo posible para que esta viña dé fruto, pero, sin embargo, no ha sido así.
A raíz de esto su dolor es muy grande, es como si alguien que tiene un campo prepara la tierra, siembra, ve crecer lo que ha sembrado, pero después todo fracasa.
Y acá se trata de un pueblo constituido por personas que ha sido elegido para que dé fruto, sin embargo, no ha sido así. Cantábamos recién en el versículo del canto aleluyàtico "Yo os elegí del mundo, para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero (Jn 15,16)".
Cada uno de nosotros tiene una misión en la iglesia y en el mundo para dar fruto, frutos buenos, no frutos ociosos o sin gusto alguno, o directamente pasar desapercibidos, sino llamados a una vida fecunda, a hacer producir todo lo que hemos recibido de Dios.
A su vez, en el texto del evangelio, Jesús se dirige a los ancianos del pueblo y a los sumos sacerdotes, y les narra la historia de los viñadores homicidas.
Se trata de la viña que es confiada a los viñadores para que produzcan fruto, sin embargo, cuando el dueño pretende hacerse de los frutos y envía a algunos a la viña, para recogerlos, estos son rechazados.
Estos son los profetas que, a lo largo de la historia de la salvación, se han dirigido al pueblo de Israel para sacarlo de su pecado, para que enderecen su camino, para que fructifiquen, pero son rechazados o eliminados sin ser escuchados muchas veces, siguiendo el pueblo su criterio.
Y por último, el dueño de la viña -que es Dios- envía a su hijo, que es Jesucristo, y los viñateros piensan enseguida en matar al heredero para quedarse con la viña. Y así sucedió. Cristo fue muerto en la cruz.
Ante esto, los oyentes entienden perfectamente que se refiere a ellos, que les echa en cara su infidelidad a lo largo de la historia de la salvación, por lo que buscan eliminar a Jesùs.
En efecto, su rechazo también, es mucho más grave, en ese momento de la historia en que está presente Jesús, el Hijo de Dios, que viene a salvar a su pueblo.
Y así, entonces, la viña del Señor, poco a poco, se cubre de maleza al no dar frutos, pierde su antigua belleza, es refugio de alimañas y poco a poco desaparece.
Con esto, está enseñando la Palabra de Dios, que cuando la viña del Señor no produce fruto, sino que por el contrario es improductiva, caemos en lo peor.
Y así, podríamos decir con la historia del hombre a lo largo de los siglos, que la lejanía de Dios ha producido grandes males en los pueblos que han renegado de su fe.
El papa León XIV ha visitado en estos días a Francia, justamente la nación considerada antiguamente como la hija predilecta de la santa Iglesia, que la traicionó con su infidelidad, y estaba sumergida en la increencia.
Pero he aquí que, vaya sorpresa, Dios obra, sigue obrando a pesar de los hombres, ya que esta visita del Papa a Francia ha producido frutos muy buenos, se nota un renacer de la fe.
Ha sido sorpresa de todos cómo los jóvenes han participado de los distintos eventos, cómo abundaron las confesiones, las presencias en los actos de gran importancia, la nación entera se conmovió. O sea, Cristo sigue operando.
Se cumple aquello que dice el texto del evangelio, que ante el fracaso de la primera viña que no respondió, Dios la otorga a otros para que la trabajen con alegría y esfuerzo, por lo que este resurgir de la fe, ha significado una esperanza renovada en que Jesús se hace presente nuevamente.
Esperemos que esto se produzca también en nuestra patria en noviembre, para que dejemos de lado el letargo religioso, para que cese el abandono de la fe católica, para que dejemos de buscar lo que entrega la sociedad, pero que, en definitiva, deja el corazón totalmente vacío.
En nuestra patria también necesitamos que la viña del Señor renazca con fuerza, con vitalidad, y que Cristo, continúe siendo el más importante, no solo en la sociedad, sino en el corazón de cada uno.
Pidamos esta gracia especialmente en estos meses de preparación para que realmente la viña del Señor presente en nuestra patria pueda verse rejuvenecida, saneada, portadora de frutos dulces, dejando de lado las uvas agrias.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XXVII del tiempo litúrgico durante el año. Ciclo A. 04 de octubre de 2026









