San Pablo escribiendo a los cristianos de Roma (11,33-36) exclama: "¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos!" "¿Quién penetró en el pensamiento del Señor?..."Porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él!", por lo que sólo a Dios hemos de dar gloria y honor permanentemente, sin olvidarnos nunca del misterio divino que se manifiesta siempre para nuestro bien.
Según este mensaje paulino, inferimos que es Dios quien toma las decisiones que son importantes para nuestra vida.
Y, precisamente lo acabamos de escuchar en el texto del evangelio (Mt. 16,13-20) cuando Jesús pregunta, "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?"
Y los discípulos responden que la gente piensa que es Elías o Jeremías, o alguno de los profetas, o Juan Bautista que ha resucitado, todos personajes importantes para la vida del judío común y la revelación divina, sin ser la respuesta correcta.
Por eso Jesús insiste, "¿Y ustedes quién dicen que soy?" Y Pedro, tomando la palabra, responderá, "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo", por lo que el Señor reconoce que esa manifestación de Pedro no es ocurrencia suya, sino que el Padre se lo ha manifestado.
Como observamos al principio, es el Dios insondable en sus pensamientos y en sus designios, quien le ha descubierto a Pedro que quien pregunta acerca de sí es su Hijo hecho hombre, Jesús.
Por otra parte, el testimonio de Pedro está unido a la misión que se le encomienda no por sus méritos, ni por su santidad o por su capacidad, sino porque Dios así lo quiere.
Y por eso el Señor Jesús le cambiará el nombre de Simón, y le dirá "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella"
Sin duda alguna que la piedra sobre la que Jesús edificará su Iglesia, es Él mismo, la verdad de ser el Mesías el Hijo de Dios vivo, y Pedro y los apóstoles serán las piedras visibles de la Iglesia, en la que continuarán la obra de Jesús.
Por eso tenemos que llamar Iglesia únicamente a la católica, precisamente porque es la que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios vivo y acepta a Pedro y a los demás apóstoles.
Todas las demás que se llaman iglesia, en realidad, son una mala imitación, porque si no está Pedro, no está la iglesia. Más allá de que Pedro sea bueno o malo, santo o no, fue elegido para ser vicario de Jesús, por lo que sigue diciéndole: "Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".
¿Y qué es dar las llaves? Para eso tenemos que remontarnos a la primera lectura tomada del profeta Isaías (22,19-23) que habla del recambio de mayordomo en el palacio del rey.
A ese mayordomo se le da las llaves del palacio para que lo custodie, para que lo que cierre nadie lo pueda abrir, y lo que abra nadie lo pueda cerrar.
Esta imagen que aparece en el antiguo testamento, siempre la Iglesia la ha aplicado justamente a la entrega de las llaves a Pedro, y significa que él debe cuidar la Iglesia que Jesús ha fundado y a la cual nosotros pertenecemos.
Y sigue describiéndose el misterio de Dios al afirmar que las puertas de la muerte no prevalecerán. En otras traducciones serán las puertas del infierno, las puertas del Hades. O sea, el mal nunca va a prevalecer sobre la Iglesia.
Y, de hecho, lo vemos a diario ya que, ¡cuántos reinos e imperios han sucumbido a lo largo de la historia humana! mientras la Iglesia que no tiene ejército y tiene enemigos tanto afuera como adentro, sigue en pie, porque Cristo es la garantía de Ella ya que manifiesta los misterios del reino.
Por eso, hemos de estar cada día más unidos a la Iglesia como institución, más allá de los desencuentros que existen, o de las opiniones o chifladuras de cardenales o de obispos o de sacerdotes que dicen disparates.
La iglesia está presente en el mundo y es Cristo quien la mantiene firme, siendo el papa sucesor de Pedro quien ha de confirmar a todos los bautizados en la fe.
Nosotros hemos de prepararnos para la venida del Papa en el próximo mes de noviembre por medio de la oración, disponer nuestro corazón para escuchar al sucesor de Pedro y aprender de sus enseñanzas para aplicarlas a nuestra vida.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XXI del tiempo litúrgico durante el año. Ciclo A. 23 de agosto de 2026








