23 de febrero de 2026

No comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, significa que el ser humano no pretenda decidir por su cuenta qué es lo malo y qué lo bueno.


En la primera oración de esta misa pedíamos a Dios la gracia de que en este tiempo de cuaresma avancemos en el conocimiento del misterio de Cristo para poder imitarlo.
En efecto, cuanto mas conozcamos el misterio de Cristo, más sentiremos la atracción de  comprometernos con el Señor y entender lo que significa su paso  por este mundo. 
Si tomamos el libro del Génesis (2,7-9;3,1-7) conocemos que Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, y lo coloca en el paraíso rodeado de todo lo que necesita para ser  feliz ya que es el ser que mas quiere de los creados por Él. 
Sin embargo, le pedirá que se comporte como creatura que es, limitado en su naturaleza creada y no pretender ser Dios. 
Por eso, no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, significa que el ser humano no pretenda decidir por su cuenta qué es lo malo y qué lo bueno, hecho  que sí acontece a lo largo de la historia humana y en nuestros días,  cuando el ser humano pecador dice esto para mi no es pecado, esto otro   no está tan mal, esto lo hace todo el mundo.
De este modo, lamentablemente el hombre actúa  como si fuera el mismo Dios y va creando una nueva moral, lo cual hace que cada creatura racional se aleje de Dios y quede sujeto a la muerte.
El texto bíblico nos habla de la presencia del maligno, del espíritu del mal que con actitud insidiosa tienta al hombre afirmando que Dios es mentiroso ya que su prohibición  tiene por objeto que el ser humano no llegue a  ser Dios y rivalice con Él.
Eva, llevada por la curiosidad y el deseo por lo prohibido cae en la trampa, arrastra a Adán y ambos pierden la inocencia, se sienten culpables delante de Dios, pierden su lugar en el paraíso, quedan sujetos a la muerte, o sea, privados  del don preternatural de la inmortalidad, por lo que también cada persona  que nace, nace con ese pecado y sujeto a la muerte. 
El pecado original de Adán y Eva es el pecado original originante, y el que está en el corazón de cada nacido en este mundo es el pecado original originado, y por este hecho,  el ser humano siente en su interior el desorden que lleva al pecado, y se encuentra separado del Creador,  de los demás, del mundo creado y separado de sí mismo. 
¿Y cómo se repara todo eso? Dios, en su providencia  envía a su Hijo como Salvador, por lo que el Hijo se hace hombre, entra en la historia humana, para conducirnos a través de la obediencia de la cruz a la restauración del hombre caído en el pecado. 
Por eso san Pablo (Rom. 5, 12-19) recuerda que con el viejo Adán se hizo presente en el mundo la muerte y el pecado,  y con el nuevo Adán, que es Cristo, hace su entrada la justicia,  la salvación y la gracia,  por medio de  su pasión, muerte y resurrección. 
Por lo tanto, ahí tenemos resumidamente un conocimiento para que a través de su victoria sobre el demonio aprendamos también cómo vencer al espíritu del mal habida cuenta que Dios entregó a su propio Hijo a la muerte, y esta de cruz, para salvarnos.
El texto del evangelio (Mt. 4,1-11) refiere que el Espíritu conduce a Jesús al desierto para ser tentado, o sea, Dios Padre permite que su Hijo hecho hombre sea tentado ya que asumió la naturaleza humana, y a través de su victoria sobre el demonio aprendamos a vencer al espíritu del mal, padre de la mentira que pretende  conquistar la libertad con el engaño, huyendo siempre de la verdad y del bien.
El demonio pretende hacernos creer que puede darnos lo que no pocas personas suelen apetecer, el consumismo de los bienes materiales, la espectacularidad de la presencia en el mundo, ya el poder, ya el placer, la riqueza, todo lo que enceguece al hombre.
Por eso es importante recordar que cuanto màs unidos estemos a Jesús màs fácilmente venceremos al demonio que busca alejarnos de Dios, llevado por el odio hacia el hombre porque fue puesto por encima del diablo mismo como amado sin límites por Dios.
Es importante recordar que el demonio al tentarnos nos quita la vergüenza para que pequemos sin remordimiento alguno, pero una vez caídos en el pecado nos la devuelve para que no confesemos nuestras culpas, de modo que siempre hemos de estar alertas para  no no ser sorprendidos por sus insidias.
Pidamos a María Santísima que nos proteja en la lucha diaria con el maligno.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el 1er domingo de Cuaresma.  ciclo A. 22 de febrero de 2026.

19 de febrero de 2026

Hagamos realidad esta afirmación del apóstol san Pablo: "Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación"

 

Con este día y con estas cenizas comenzamos el tiempo de cuaresma, que nos prepara para la Pascua, y supone concretar la conversión del corazón para iniciar una nueva vida, la de hijos adoptivos de Dios.
Es un tiempo de gracia para que meditemos, reflexionemos y descubramos cuánto nos ama Dios, para responderle con el  amor.
Justamente el apóstol San Pablo enseña que el Padre del Cielo envía a su Hijo para salvarnos, lo elige para la cruz, para la entrega total de sí mismo, precisamente porque   ama a quienes somos su imagen.
Y así: "Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por Él".
O sea, es tanto el amor que Dios nos tiene, que hizo todo lo posible para liberarnos del pecado y de la muerte eterna, por eso esas palabras del Apóstol, "déjense reconciliar con Dios" (2 Cor.5,20-6,2).
Esa realidad nos convoca a "no recibir en vano la gracia de Dios", continúa el apóstol, porque "en el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí".
Hagamos realidad esta afirmación "Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación", vayamos convertidos al encuentro de Dios, descubramos cuán grande es el amor de Dios para con nosotros, que fue a la cruz, y reclama que también nos entreguemos a Él.
El  camino cuaresmal implica que seamos capaces de vencernos a nosotros mismos para vivir únicamente para Dios, es un tiempo de gracia, de perdón, de misericordia divina, de arrepentimiento profundo, en el que detestamos el pecado y rechazamos todo aquello que tantas veces nos ha alejado del Señor. 
Por eso todos los años volvemos a transitar este tiempo de cuaresma, porque es un camino de gracia que se nos da para reconciliarnos con Dios, para convertirnos, para dejar atrás el pecado y vivir en amistad con el Creador recordando siempre que somos polvo y en polvo nos convertiremos en el futuro.
Y así, hemos de mirar la muerte no como algo tenebroso, pero sí como una realidad que todos tenemos que vivir, pero que esperamos propiamente como una manera de poder llegar a la gloria eterna. 
La muerte es para asimilarnos a la muerte de Cristo y luego resucitar para la vida eterna, la vida de la gracia. 
Vayamos entonces siempre al encuentro de Dios que nos espera, que  ama, y  busca continuamente, no lo dejemos pasar nuevamente  delante nuestro, sino recibámoslo en el corazón. 
Que no suceda lo que muchas veces acontece, que llegamos a la pascua y decimos que al final no vivimos totalmente la cuaresma, sino que hemos de asumir este camino que hemos iniciado. 
El mismo Jesús nos habla de tres formas concretas, el ayuno, la oración y la limosna que debemos practicar con caridad (Mt. 6).
La limosna, como enseña la Sagrada Escritura y los Santos Padres, cubre la multitud de pecados, el ayuno busca dominar nuestras pasiones y la oración  hace que vivamos la relación con el Padre como buenos hijos, clamando día y noche por su bondad.
Hermanos: Pidamos entonces la gracia divina para poder vivir una existencia nueva.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el Miércoles de Cenizas. ciclo A. 18 de febrero de 2026.

16 de febrero de 2026

Cuando descubrimos cuál es el grado de perfección y lo vivimos, manifestamos la sabiduría divina, escondida, perfecta, a través de la cual Dios quiere santificarnos.

 

El apóstol san Pablo (1 Cor. 2,6-10) enseña que él viene a anunciar la sabiduría divina, que estuvo escondida para todos aquellos que se han considerado sabios según este mundo. 
En efecto, la sabiduría de Dios, ha sido preparada desde antes de la creación del mundo para los elegidos, para la gloria de los maduros espiritualmente que están dispuestos a vivir según Cristo.
Por su parte, la mayoría de los seres humanos apetecen y buscan la sabiduría humana, la de la cultura y del hombre de nuestro tiempo.
La sabiduría de Dios, consiste en descubrir que el Hijo de Dios vino a este mundo, se hizo hombre en el seno de la virgen para mostrarnos el camino que conduce al padre, mientras que los que han vivido conforme a la sabiduría del mundo son los que crucificaron al Señor.
Cuanto más vivimos según la sabiduría de Dios, caemos en la cuenta que todos los días se abren delante nuestro,  dos caminos, dos posibilidades, la del bien y la del mal, la de la vida y la de la muerte, la de la cercanía con Dios y la lejanía del Creador (Eclo 15,15-20). 
El Señor a nadie empuja al mal, dice el autor sagrado, sino que es el ser humano quien libremente elige vivir según el camino del bien o según el camino del espíritu del mal, por eso, en la medida en que poseamos esta sabiduría que viene de Dios, elegiremos siempre aquello que  conduce al bien y a la verdad, en definitiva,  aquello que enaltece al ser humano, que lo hace grande. 
La sabiduría divina permite saborear las cosas de Dios y las de la tierra de una manera totalmente nueva, por lo que caemos en la cuenta  que Cristo no vino a abolir la ley de la antigua  alianza, sino a darle cumplimiento, a perfeccionarla, a ampliar su exigencia actual. 
Por eso, en el texto del evangelio (Mt. 5, 20-22.27-28.33-34) Jesús recuerda, que se nos dijo, "no matarás, pero yo les digo, aquel que que se enoja con su hermano, es digno de un tribunal". 
O sea, invita no a quedarnos únicamente con el hecho de no matar, sino ir más allá, superar la justicia de los escribas y fariseos, y captar el espíritu del evangelio, porque quizás no matamos a nadie físicamente, pero matamos a alguien con el desprecio, con el odio, con la envidia o de alguna otra forma. 
Jesús también, en el texto del evangelio, dice que antiguamente se  ha dicho, "no cometerás adulterio", pero quiere ir más allá de la justicia de los escribas y fariseos, y enseña la perfección evangélica. ¿Y cuál es? El adulterio no solamente se comete con las acciones, sino también con las intenciones, con las miradas, con los deseos totalmente impropios que muchas veces afloran de nuestro interior. También Jesús  enseña que es necesario no jurar, no poner a Dios como testigo, porque el creyente que vive en la verdad no necesita jurar por nada ni por nadie, sino es suficiente con que diga sí o no, ya que  aquello que se hable de más  viene del maligno, o sea, el creyente tiene que acostumbrarse a decir la verdad, a que su lenguaje sea veraz, sin necesidad de hacer juramento alguno.
El Señor, por lo tanto,  recuerda cómo viene a perfeccionar los mandamientos de la antigua alianza, y cuando  descubrimos cuál es el grado de perfección y lo vivimos, es cuando manifestamos esta sabiduría divina, escondida, perfecta, a través de la cual Dios quiere santificarnos y engrandecernos permanentemente. 
La sabiduría divina, a su vez, enseña a descubrir lo necesario para no pecar, para poder vivir según la voluntad del  Salvador.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el 6to domingo "per annum" ciclo A. 15 de febrero de 2026.

9 de febrero de 2026

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo, el Justo, es Jesús, en quien fuimos rescatados del pecado.

 

Continuando con el Sermón de la Montaña, que hemos proclamado  el domingo pasado, Jesús señala esta aplicación de lo que ha anunciado, invitándonos a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt. 5,13-16). 
Él utiliza permanentemente  imágenes ricas en contenido. para llevarnos del ejemplo a la realidad, manifestando de esa manera que así como la sal le da sabor a los alimentos por ser diferente, también nosotros debemos dar sabor a la vida cotidiana, a la cultura de nuestro tiempo, mostrando nuestro testimonio de vida cristiana, manifestándonos distintos al resto.
A su vez, la sal impide la corrupción de los alimentos, por eso la alta estima de la que gozaba antiguamente, por lo que también nosotros, con el testimonio, ayudamos a que esto se realice en la vida social, combatiendo la corrupción de costumbres, no convalidando los enjuagues humanos que buscan evadir los preceptos morales. 
Si a una herida le aplicamos sal, percibimos el ardor que lleva a dejarlo en evidencia  inmediatamente ante los demás, y así, si ante la herida del error colocamos la grandeza de la verdad, el enojo del mentiroso se dejará ver enseguida.
Nosotros, como la sal, debemos producir también  escorzón en la vida cotidiana, y así se vea que somos diferentes al común de la gente que no pocas veces se acomoda a lo que piensa el mundo.
No hay que tener miedo a ser inoportunos cuanto a la proclamación de la verdad se trata, no tener miedo a ser desechados porque somos diferentes a lo que vive la sociedad mundanizada de nuestro tiempo, no tener miedo a mostrarnos conforme al evangelio, porque también hemos de iluminar con nuestra vida, ya que somos  luz del mundo.
Precisamente el profeta Isaías (58,7-10), recuerda a cada uno que estamos llamados a brillar, a través de las obras de santidad. 
"Y así habla el Señor: comparte tu pan con el hambriento y alberga a los pobres sin techo; cubre al que veas desnudo y no te despreocupes de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor".
Y continúa : "Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía".
Este es el mejor testimonio que podemos ofrecer cada día, y que tiene carácter educador ya que enseña a todos cómo hemos de vivir.
En efecto, justamente esa es la mejor formación que nosotros podemos entregar, mostrarnos al mundo semejantes a Cristo.
Precisamente San Pablo (I Cor. 2, 1-5) dirá hoy que él predica a Jesús, llevando a todos  la sabiduría de Cristo crucificado. 
Muestra al mundo la necesidad de vivir crucificados al mundo y que el mundo esté crucificado para nosotros, es decir, no deberle nada a la mundanidad, ni que la mundanidad se meta en nosotros acallando los valores más puros, más santos, más conformes al Evangelio. 
No hay que tener miedo a la cruz de cada día, porque siempre es anticipo de la resurrección y es imposible librarnos de ella.
Por lo general la sociedad huye de la cruz, de lo que sea sufrimiento, de lo que disminuya, de nuestras imposibilidades, incluso hasta la cruz de nuestros pecados, pero sabemos que con Cristo todo eso se puede superar. 
Y cuanto más uno quiere huir de la cruz de Cristo, ésta se hace más presente, mientras que si la asumimos, la llevamos sobre nuestras espaldas, como lo hace Cristo, será  clara la promesa de la resurrección, que ilumina toda nuestra vida, para poder también iluminar nosotros al mundo, a nuestros hermanos. 
Estamos llamados, queridos hermanos, a una vida diferente, no nos contagiemos de lo que el mundo tiene como normal y común, cuando sabemos que nada tiene que ver con el Espíritu del Evangelio. 
¡Cuántas veces se escucha decir de situaciones malas, que todo el mundo lo hace,  que todo el mundo lo ve bien! Sin embargo, desde la fe, sabemos que no interesa cómo lo vea la gente, o la cultura de nuestro tiempo, o cómo lo presentan  las redes sociales, sino que la verdadera sabiduría está en la enseñanza de Jesús, en el Evangelio, el cual nos habla justamente de la profundidad de la cruz salvadora. 
Y cuanto más testigos de Jesús seamos en el mundo en el cual estamos insertos, más se da la posibilidad de ser reconocidos como seguidores de Cristo, y se dé gloria al Padre del Cielo, que nos ha investido en la vestidura sagrada de su Hijo Crucificado. 
Queridos hermanos, cada día tenemos que ser salvos, tenemos que ser luz, no tengamos miedo a manifestarnos de esa manera, no estamos solos, Cristo está con nosotros. 
El mundo puede estar en una felicidad aparente, huyendo de todo esto, pero todo es pasajero, como la brisa del verano, pasa, se diluye en el tiempo, solo permanece la vivencia de los verdaderos valores, de los verdaderos bienes, que son los que nos presentan al mundo como hijos del Padre, como hermanos de Jesucristo.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el 5to domingo "per annum" ciclo A. 08 de febrero de 2026.

2 de febrero de 2026

La gran enseñanza que recibimos hoy recuerda "que estamos llamados para vivir con Dios en el cielo, en la vida eterna".

 

La gran enseñanza que recibimos hoy recuerda "que estamos llamados para vivir con Dios en el cielo, en la vida eterna". 
Todo está dirigido a ese fin último donde el ser humano encuentra la plenitud de la felicidad para la que fue creado cada uno.
Aristóteles decía que el fin último del hombre es la felicidad, pero desde la fe sabemos que esa felicidad se identifica con Dios. 
Y Jesús en el texto del Evangelio (Mt. 5,1-12) vuelve a recordar que estamos llamados los seres humanos a la gloria del cielo, pero para lograr esa meta es necesario el camino de la bienaventuranza.
Nótese que en el texto del Evangelio se afirma que Jesús subió a la montaña,  recordando así a Moisés que sube a la montaña para buscar las tablas de la ley, mientras  Jesús sube a la montaña pero para darnos la nueva ley que son las bienaventuranzas. 
A su vez, Jesús se sentó,  indicando de ese modo la actitud propia del  Maestro que  enseña, que deja a cada uno que lo escucha la verdad que es vital para el hombre, el ser  dignos de la vida eterna. 
Ya el profeta Sofonías (2,3; 3, 12-13) en el Antiguo Testamento recuerda la necesidad de hacerse "anawim", o sea,  pobre de Yahvé, pobreza que no pasa únicamente por lo económico, sino por el abajamiento personal  reconociendo nuestra nada. 
San Pablo (1 Cor. 1,26-31) continúa en esa misma línea cuando dice que Dios elige a lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes, a los necios para confundir al sabio según este mundo, a lo que no vale nada para aniquilar lo que vale. 
O sea, se hace visible todo un panorama diferente a lo que vive el mundo de hoy, a lo que busca el hombre de siempre y de hoy.   
En efecto, si bien toda persona busca la felicidad, no siempre se la vislumbra presente en Dios, sino en la riqueza, el poder, el placer, la fama o el honor como describe puntualmente santo Tomás, sin embargo,  lo único que sacia el corazón del hombre es cuando se busca a Dios Nuestro Señor. 
Por eso vivimos en un mundo tan amargo, donde se aparenta la felicidad y se busca afanosamente la misma que es pasajera, en la frivolidad, en la fiesta, en el pasatiempo pero no la verdadera felicidad que pasa por elegir a Dios Nuestro Señor. 
Felices los pobres de espíritu, felices los pacientes, felices los que perdonan, felices los puros de corazón, felices los perseguidos por la justicia, felices los que son perseguidos a causa de Cristo, porque quien vive todo eso, logrará la meta. 
El mundo en cambio, ¿Qué nos dice?: Felices los que han puesto su mirada en la riqueza, felices los que se dejan llevar por la ira, felices  los impuros y han puesto en el sexo libre su meta última, felices aquellos cuyo Dios es el celular o internet, felices los que buscan escabullirse de la justicia, quedar bien parados, felices quienes no  dan la cara por Cristo, felices los que siguen los dictados del mundo. 
Todo esto  enseña el mundo y espera que nosotros hagamos. 
Pero la Palabra de Dios es clara y a ella hemos de seguir porque se trata de seguir a Jesucristo Nuestro Señor, el cual  enseña al mundo que viviendo esta vida de esperanza, que no es más que la invitación de Cristo a los distintos ámbitos de la vida, lograremos la verdadera felicidad que no fenece. 
Hermanos: Pidamos entonces la lucidez necesaria para descubrir la verdad y vivir conforme a ella.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el 4to domingo "per annum" ciclo A. 01 de febrero de 2026.