Con este día y con estas cenizas comenzamos el tiempo de cuaresma, que nos prepara para la Pascua, y supone concretar la conversión del corazón para iniciar una nueva vida, la de hijos adoptivos de Dios.
Es un tiempo de gracia para que meditemos, reflexionemos y descubramos cuánto nos ama Dios, para responderle con el amor.
Justamente el apóstol San Pablo enseña que el Padre del Cielo envía a su Hijo para salvarnos, lo elige para la cruz, para la entrega total de sí mismo, precisamente porque ama a quienes somos su imagen.
Y así: "Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por Él".
O sea, es tanto el amor que Dios nos tiene, que hizo todo lo posible para liberarnos del pecado y de la muerte eterna, por eso esas palabras del Apóstol, "déjense reconciliar con Dios" (2 Cor.5,20-6,2).
Esa realidad nos convoca a "no recibir en vano la gracia de Dios", continúa el apóstol, porque "en el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí".
Hagamos realidad esta afirmación "Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación", vayamos convertidos al encuentro de Dios, descubramos cuán grande es el amor de Dios para con nosotros, que fue a la cruz, y reclama que también nos entreguemos a Él.
El camino cuaresmal implica que seamos capaces de vencernos a nosotros mismos para vivir únicamente para Dios, es un tiempo de gracia, de perdón, de misericordia divina, de arrepentimiento profundo, en el que detestamos el pecado y rechazamos todo aquello que tantas veces nos ha alejado del Señor.
Por eso todos los años volvemos a transitar este tiempo de cuaresma, porque es un camino de gracia que se nos da para reconciliarnos con Dios, para convertirnos, para dejar atrás el pecado y vivir en amistad con el Creador recordando siempre que somos polvo y en polvo nos convertiremos en el futuro.
Y así, hemos de mirar la muerte no como algo tenebroso, pero sí como una realidad que todos tenemos que vivir, pero que esperamos propiamente como una manera de poder llegar a la gloria eterna.
La muerte es para asimilarnos a la muerte de Cristo y luego resucitar para la vida eterna, la vida de la gracia.
Vayamos entonces siempre al encuentro de Dios que nos espera, que ama, y busca continuamente, no lo dejemos pasar nuevamente delante nuestro, sino recibámoslo en el corazón.
Que no suceda lo que muchas veces acontece, que llegamos a la pascua y decimos que al final no vivimos totalmente la cuaresma, sino que hemos de asumir este camino que hemos iniciado.
El mismo Jesús nos habla de tres formas concretas, el ayuno, la oración y la limosna que debemos practicar con caridad (Mt. 6).
La limosna, como enseña la Sagrada Escritura y los Santos Padres, cubre la multitud de pecados, el ayuno busca dominar nuestras pasiones y la oración hace que vivamos la relación con el Padre como buenos hijos, clamando día y noche por su bondad.
Hermanos: Pidamos entonces la gracia divina para poder vivir una existencia nueva.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el Miércoles de Cenizas. ciclo A. 18 de febrero de 2026.

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