4 de mayo de 2026

Identificándonos cada vez más con Jesús, podemos ir preparando nuestro corazón para la gloria que no tiene fin, la vida eterna.

Los textos bíblicos de este domingo dejan varias enseñanzas. 
La primera de ellas la encontramos en el libro de los hechos de los apóstoles  (6, 1-7), donde se narra la institución de los diáconos. 
El diácono es ordenado para el servicio, mientras el presbítero es ordenado para el ministerio. 
Los apóstoles son conscientes que no pueden encargarse de  determinadas tareas, entre ellas el de servir a las mesas, ya que han de dedicarse a la oración y a  la predicación. 
Es por eso que piden a la comunidad que elijan a 7 varones con determinadas cualidades para destinarlos al servicio.
Es muy importante este hecho, sobre todo en estos días en los que algunos se preguntan  por qué no hay diaconisas, por qué no hay presbíteras, por qué no hay obispas, todo ese tipo de planteo que se escucha con frecuencia en este tiempo.
Y acá vemos concretamente que los apóstoles dicen, elijan siete varones, como Cristo eligió solamente varones para que sean presbíteros u obispos.
No dicen elijan  cumpliendo con el cupo femenino, como un partido político, tantos varones y tantas mujeres, ¿no? Elijan siete varones cuyos nombres aparecen en el texto a los que  los apóstoles les imponen las manos, reciben el espíritu santo para el servicio, y establecen los  diáconos en la Iglesia.
En la segunda lectura tomada de la primera carta de san Pedro (2,4-9), Cristo aparece como la piedra angular y cada uno de nosotros como piedras vivas somos edificados como casa espiritual para "ejercer un sacerdocio santo, y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios", y por ser creyentes nos corresponde el honor, mientras que para los incrédulos el Señor, piedra angular, es constituido como piedra de tropiezo.
Los que creemos somos "una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquél que nos llamó de las tinieblas a su admirable luz"  declarándose así  la dignidad que poseemos  ya por el sacramento del bautismo.
Como fuimos rescatados del pecado y de la muerte eterna por la muerte y resurrección de Cristo, es que constituimos un pueblo elegido, que se consagra totalmente al Señor. 
En el texto del evangelio (Jn. 14,1-12) Jesús dice que Él es el camino, que es la verdad y que es la vida, cuando Tomás le pregunta a dónde vas y cuál es el camino.
Y no es un camino más, de modo que en  la sociedad actual existen diversos cultos, religiones, pero, sin embargo, el camino es Cristo,  no es uno más del montón, es El camino. 
A su vez es la verdad porque  es justamente el Hijo de Dios, y Es la vida porque la entrega en abundancia en el árbol de la cruz, y la sigue entregando en el transcurso  del tiempo.
Nos entrega su vida en abundancia, en la Eucaristía, en el pan y el vino consagrados, y además de la vida, está la verdad, y el camino, porque lo recibimos al Señor como sustento, en medio de este caminar hacia el encuentro del Padre.
A su vez, Felipe le dice al Señor, "muéstranos al Padre", a lo que Jesús  le responde "El que me ve a mí, ve al Padre". 
O sea, contemplar a Cristo es contemplar también al Padre, y el Padre y el Hijo son una sola cosa, los cuales junto con el Espíritu Santo, habitan en nosotros a través de la gracia, cuando está ausente de nosotros el pecado mortal. 
Y así caminamos hacia la vida eterna, como la liturgia continuamente hace referencia de esta nuestra meta eterna.
Nos está insistiendo en algo que es fundamental y que debe ser lo mas importante para nosotros, la gloria del cielo. 
La gran preocupación del creyente ha de ser de qué manera vivo en este mundo, preparándome para la vida eterna. Acordémonos de aquellas palabras de los padres de la iglesia que decían que es importante que nosotros nos sintamos como extranjeros acá en la tierra, exiliados, porque la verdadera patria es la del cielo, el encuentro definitivo con Dios nuestro Señor. 
Ojalá, identificándonos cada vez más con Jesús, podamos ir preparando nuestro corazón para la gloria que no tiene fin.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el Quinto domingo de Pascua. ciclo A. 03 de mayo de 2026