23 de abril de 2011

“Todo se ha cumplido”

Hemos escuchado la Pasión del Señor acompañándolo en su caminar hacia la muerte en Cruz.
La exposición de los diferentes acontecimientos la realiza el apóstol san Juan que nos presenta una visión de los últimos momentos de la vida de Jesús que completa lo que describen los evangelios sinópticos.
Juan (Juan 18,1-19,42) evoca a Jesús como el que viene a cumplir con la voluntad del Padre hasta las últimas consecuencias.

22 de abril de 2011

“La Eucaristía y el Sacerdocio, orientados a la gloria de Dios y al servicio de los hermanos”

Comenzamos con esta misa de la Cena del Señor el solemne triduo Pascual. Los hechos de fe que actualizamos, nos llevan a encontrarnos con el Cristo vivo que nos entrega sus sentimientos, su corazón, su presencia, no sólo para esta noche, sino para toda nuestra vida.
La Misa de la Cena del Señor nos deja tres enseñanzas, que han de suscitar en nosotros tres súplicas, que pueden encauzar nuestra meditación a lo largo de estas horas en la adoración de Cristo Eucaristía y, nos ayudarán a disponer el corazón para la celebración de su Pasión y su posterior Resurrección.

18 de abril de 2011

“Por el seguimiento de la humildad de Jesús, retornamos al Padre y a los hermanos”

En la primera oración de esta misa pedíamos a Dios Todopoderoso que nos ha mostrado el ejemplo de humildad de Jesús en su encarnación y muerte en la cruz, nos conceda seguir las enseñanzas de su pasión para poder llegar a la gloria de la resurrección.
¿Qué enseñanza nos deja Jesús a través de su anonadamiento como Dios? La respuesta la encontramos en la carta de San Pablo a los filipenses (2,6-11) cuando nos dice que “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”.

12 de abril de 2011

“Convertidos, vivamos para Cristo Resurrección y Vida del hombre”.

1.-“Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios….El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo” (Rom. 8, 8-11) leímos en la liturgia de hoy.
Vivir según la “carne” es tener como modelo lo que es pecado, según la visión de Pablo. Y así esta vida en pecado implica existir en medio de las envidias, celos, impurezas, adulterios, rapiñas, malos deseos, codicia, enemistades, odios, aversiones, pereza.
Del tomar como modelo lo “carnal” deriva el que hombre no pueda agradar a Dios de ningún modo, ya que no anida en él el espíritu de Cristo.

3 de abril de 2011

“De las tinieblas del pecado al seguimiento de quien es la Luz del mundo”

Estamos ya en el cuarto domingo de Cuaresma. En esta oportunidad Jesús se presenta como la luz del mundo (Jn. 9, 1-41), tema en el que nos hemos detenido varias veces en el tiempo de Navidad. Hoy se revela como aquel que viene a iluminar la vida del hombre pero que también plantea algo que es crucial “he venido para que vean los que no ven y no vean los que ven”.
Jesús está presentando aquello que es habitual en la vida del hombre y del mundo, la lucha entre la luz y las tinieblas. La luz que busca disipar la noche del corazón de los hombres y de la sociedad, y las tinieblas, propias del maligno, que a través del engaño y la mentira buscan arrebatar del corazón de los hombres la fidelidad al Señor. Jesús viene precisamente a darnos la luz.

27 de marzo de 2011

“Cristo manantial del Espíritu nos transforma con su Gracia”.

 1.-La historia de la insatisfacción humana hace sentir la ausencia de Dios.
En el libro del Éxodo (Ex.17, 3-7) se nos narra cuál es la actitud de los judíos en el desierto por la falta de agua. Rechazan a Moisés, añoran el tiempo pasado en Egipto porque allí no padecían ni hambre ni sed.
Dios los ha sacado de la esclavitud para llevarlos a la tierra prometida. Ellos se olvidan de ese hecho: sólo cuentan los bienes materiales. La rebeldía se expresa en aquella pregunta: “¿está o no está el Señor en medio de nosotros?”.
La misma historia se repite en la época de Cristo. Judíos y samaritanos se peleaban por el lugar en que debían adorar al Dios Único.

25 de marzo de 2011

“Convencidos de la Gloria, compartamos los sufrimientos del Señor”

El domingo pasado habíamos escuchado el relato de la creación del hombre y cómo éste traicionaba el plan de Dios por medio del pecado.
La condición pecadora del hombre se va agudizando en el transcurso del tiempo hasta tal punto que Dios castiga al mundo por medio del diluvio universal. Posteriormente prometerá al ser humano en la persona de Noé que no volverá a emplear este género de escarmiento. Pero la respuesta del hombre sigue siendo el pecado.

19 de marzo de 2011

“De la ilusión de “ser dioses” a la verdad de ser hijos del Padre por el camino de su Hijo”

Comenzamos nuevamente el tiempo de cuaresma y como rezáramos en la primera oración, es un itinerario, un camino, en el que profundizamos en el conocimiento del misterio de Cristo, asimilándonos a su persona y a su mensaje.
Si tenemos en cuenta los textos bíblicos de este domingo advertimos que retornamos a través del libro del génesis al origen mismo de todas las cosas creadas y del hombre mismo. Se nos describe cómo es creado el hombre, la creatura más amada de Dios, rodeado de un sinnúmero de bienes y dones, de todo aquello que se refiere a la dignidad de su persona. De manera que podríamos decir que en la primera parte del texto se destaca el don, la bondad y gracia de Dios, que coloca al hombre en el paraíso rodeándolo de todo aquellos bienes que le permiten vivir como imagen y semejanza suya.

11 de marzo de 2011

“Edifiquemos sobre la roca viva que es Cristo, el Señor”

Con el texto del evangelio de hoy llegamos al final del sermón de la montaña que estamos meditando desde hace ya varios domingos. Nos ha mostrado Jesús el camino para entrar al reino, es decir, a la vida nueva que se ha inaugurado con su Persona y su mensaje de salvación. Fuimos interpelados para ser sal de la tierra y luz del mundo, para servir a Dios y no al dinero, reflexionamos sobre la grandeza de las bienaventuranzas que se oponen a todos los criterios que muchas veces conocemos del mundo en el que estamos insertos.

3 de marzo de 2011

“Fortalecidos por el auxilio divino, buscamos su Reino y su Justicia”.

El pueblo elegido (Isaías 49,14-15) se siente en el exilio abandonado de Dios. Sin tierra, sin rey, sin poder rendir culto en el templo, sufre en su corazón la ausencia de Dios, como si ya no estuviera con ellos. Sin embargo, Dios responde a través del profeta Isaías, que Él es como una madre que no se olvida de su hijo. Más aún, aunque ésta se olvidara de su hijo, “yo no me olvidaré” de ustedes.
Queda así patente la fidelidad de Dios para con el hombre, y su paternidad, se manifiesta como la ternura de una madre.