11 de mayo de 2026

Es preferible sufrir por hacer el bien que sufrir por hacer el mal, porque sufriendo por hacer el bien nos asimilamos a Cristo nuestro Señor.


El libro de los Hechos de los Apóstoles menciona  (8,5-8.14-17), el éxito que tuvo la predicación del diácono Felipe en Samaría. 
En efecto, allí fue a evangelizar el diácono, y los samaritanos  con  apertura de corazón aceptaban la Palabra de Dios y se convertían a su vez, asombrados por los milagros que acompañaban la predicación, la liberación de los posesos y la curación de paralíticos.
De manera que el Espíritu de Dios estaba allí presente, y una vez aceptada la nueva fe, son bautizados como nuevos creyentes. 
A su vez,  desde Jerusalén envían a Pedro y a Juan para que, con la imposición de manos, entreguen el Espíritu Santo a los recién convertidos, completando así sobre ellos, la obra salvadora .
Ese entregar el Espíritu Santo equivale a lo que hoy es el sacramento de la confirmación, y así crece la iglesia, en medio de las persecuciones de este mundo y los consuelos de Dios. 
También en nuestro tiempo tenemos que, valientemente, llevar el evangelio, no tener miedo, y escuchar el consejo que nos deja san Pedro en la segunda lectura (I Pedro 3,15-18): ¿Qué nos dice? que si alguno reclama razón de aquello que creemos, respondamos con paciencia, con amabilidad, sin caer en peleas con persona alguna.
Posiblemente, cualquiera de nosotros ha pasado por esta experiencia en su vida, gente que nos dice, ¿y vos por qué crees? ¿Por qué eres católico?¿Por qué vivís la fe en Jesucristo?, siendo esta una hermosa oportunidad para dar testimonio de aquello en lo que creemos, sabiendo que, junto con ello, vienen las persecuciones.
De allí que el mismo  Pedro reconoce que es preferible sufrir por hacer el bien que sufrir por hacer el mal, porque sufriendo por hacer el bien nos asimilamos a Cristo nuestro Señor, que murió en la cruz, no por haber hecho el mal, sino al contrario, por haber hecho el bien permanentemente.
Y así, entonces, tenemos la posibilidad de acercarnos más al Señor, cercanía que significa cumplir con los mandamientos, ya que quien ama a Jesús cumplirá sus mandamientos. 
Tenemos que preguntarnos, ¿yo cumplo todos los mandamientos del Señor? O elijo estos sí y estos no, o estos los cumplo con mucha alegría y estos otros a pesar mío.
Saber que cuando hay un verdadero amor al Señor, buscamos agradarle en todo momento, cumpliendo los mandamientos. Como el mismo Jesús, y Él lo reconoce, vino a cumplir el mandamiento del Padre, a hacer su voluntad. 
Cristo nuestro Señor, a su vez,  anuncia su partida, el regreso al Padre, como la liturgia ya lo está anunciando, ya que el domingo que viene celebraremos, Dios mediante, la fiesta de la Ascensión del Señor, y el  24 de mayo, concluiremos el tiempo pascual con la fiesta de Pentecostés. 
De manera que Cristo resucitado, entonces, vuelve al Padre, pero no se olvida de nosotros, y nos sigue protegiendo para que sepamos dar testimonio de nuestra fe. 
Por lo tanto, no tengamos miedo, queridos hermanos, ante las pruebas o persecuciones de este mundo, o incluso ante la indiferencia, que muchas veces duele más,  demos testimonio de lo que hemos recibido confiando en el poder divino. 
Y el Señor no solo permanece con nosotros, sino que  ayudará para seguir creciendo, madurando en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en el Sexto domingo de Pascua. ciclo A. 10 de mayo de 2026

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