Nos acercamos cada vez más a la Semana Santa, a la Pascua, dirigimos nuestros pasos hacia la noche de la luz en la Vigilia Pascual, pero ya en este domingo descubrimos la importancia que tiene en la vida de cada uno la presencia de Jesús como luz del mundo, como luz de nuestros corazones.
El ser humano vive no pocas veces en tinieblas, piensa que ve, pero en realidad está ciego para las cosas del Espíritu, para las cosas de Dios, prefiriendo muchas veces otras vivencias que vivir de la fe, y de esa luz que proviene de la fe.
Porque a veces pensamos que la fe es algo irracional, que hay que pegar un salto en el vacío para adherirnos a Dios, sin embargo, la fe permite ver las cosas con una claridad mayor.
¿Cuántas veces el hombre se engaña? Por ejemplo, como sucedió hace unos días, en un pueblo de nuestra diócesis, una mujer fue a ver al párroco y le dijo, quiero bautizar a mi hijo, pero tenemos un problema, casi todos los domingos participamos en torneos de bochas, y le da la lista de días, pidiéndole al cura que vea cómo arreglar esa cuestión para poder realizar el bautismo.
O sea, que esta mujer y la familia vivían en penumbras, para ellos importaban màs los torneos pueblerinos que el bautismo de su hijo.
Y así, muchas veces, el creyente vive en la pavada, piensa que no es nada grave, pero en el fondo vive a oscuras, a espaldas de la fe, buscando sus propios gustos, solucionar problemas fútiles, pero no ir realmente a lo profundo de lo que el Señor le pide.
San Pablo (Ef. 5,8-14) invita a dejar las obras de las tinieblas: "Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz ". Los frutos de los hijos de la luz son la bondad, la justicia y la verdad.
¡Cuántas veces en nuestro corazón hay tantas cosas retorcidas que nos dominan o que nos acechan permanentemente! Y no buscamos iluminarlas para que las tinieblas se disipen. Si pudiéramos conocer los pensamientos que cada persona humana tiene, moriríamos de espanto. ¿Cuántas cosas se nos ocurren? En realidad nacemos ciegos para ver la verdad, la bondad, la justicia.
Es por eso que necesitamos la presencia de Jesús, el Salvador que viene a curarnos, repitiendo con el ciego de nacimiento lo que relata el libro del Génesis, cuando Dios hace al hombre de barro y le sopla el espíritu (Jn.9,1-41).
En este relato toma también el barro, la tierra de la cual somos hechos, y unta los ojos de este hombre, para recordar justamente esta ceguera que es propia de la tierra, del ser humano, y que se disipa con el agua viva, de la cual hablábamos el domingo pasado, el agua de la gracia que nos otorga Cristo, nuestro Señor.
La curación del ciego de nacimiento pone en conflicto a los fariseos, que siguen pensando, no en el bien del hombre sanado, sino en que se ha violado el sábado, porque no reconocen a Cristo como aquel que está por encima del sábado.
En la discusión, los fariseos le dicen al ciego curado que nada tiene que enseñarles ya que es un pecador, cuando de hecho, son ellos que se creen santos sin serlo, viven en la oscuridad del pecado.
No olvidemos que el pecado ciega más a la persona, la encierra en sí misma, le hace creer que su vida de mentira, de ficción, es la verdad, y no es así. Por eso necesitamos que Jesús, luz del mundo y luz de los corazones, resplandezca en nuestro interior.
Pidamos que a través de esa luz que viene de Él descubramos nuestro verdadero yo, lo que hay en nuestro interior, cuáles son nuestras debilidades, cuáles nuestros pecados, para poder luchar contra ellos, para poder vencer al espíritu del mal, que siempre es tiniebla, oscuridad, mentira, engaño.
El camino de cuaresma es un camino, por lo tanto, de purificación interior que permite este encuentro personal con el Señor, para que como buen pastor (1Sam.16, 1.6-7.10-13), significado en la unción de David como rey de Israel, nos conduzca a los pastos eternos, iluminando el camino, nuestra vida, todas las realidades, para para que accediendo a la verdad podamos vivir de un modo nuevo.
No tengamos miedo de ir al encuentro de Cristo y decirle humildemente: "Señor, ven, rescátame, ilumíname. Sácame de lo anecdótico que creo que es importante en mi vida, para seguirte a ti, imitarte y manifestarte ante mis hermanos".
Pidamos, entonces, la luz que viene del Señor para ser capaces de iluminar a otros con la palabra y el ejemplo de buenas obras.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el 4to domingo de Cuaresma. ciclo A. 15 de marzo de 2026.
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