3 de agosto de 2026

El milagro de la multiplicación de los panes y peces se realizó, porque Dios actúa siempre sobreabundando lo poco que le ofrecemos.

 

Recién afirmábamos en el cántico aleluyàtico que "el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt. 4, 4b), resumiendo así la enseñanza del profeta Isaías (55,1-3).
Éste destaca cómo el ser humano gasta su fortuna, sus esfuerzos y trabajos, para conseguir los bienes pasajeros, como si estos fueran lo màs importante en el transcurso de la vida humana. 
En efecto, si bien muchos de los bienes son necesarios, otros no tanto, porque siempre está la tentación de la avaricia, de  colmarnos de cosas innecesarias, o que podríamos compartir con otros.
Por eso es que Dios invita por el profeta a recibir alimentos suculentos gratuitamente, porque "Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David".
Es decir, el texto se refiere al encuentro personal con el Creador, con Dios omnipotente, que es quien regala permanentemente todos los bienes que hemos de apreciar, pero que no deben ocupar toda nuestra atención. 
Buscar a Dios ha de ser el objetivo de nuestra vida, lo cual debe llevarnos a afirmar con el apóstol san Pablo (Rom. 8,35.37-39) "¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?" y seguirá insistiendo que "ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús".
Esa ha de ser nuestra preocupación diaria, que nada ni nadie nos separe del amor de Cristo, el cual ha de estar en nuestro corazón, en primer lugar, debe colmar todas nuestras insatisfacciones,  deseos y aspiraciones. 
En síntesis, acudir, por lo tanto, a Jesús, nuestro Señor, ya  que Él nos quiere dar el verdadero alimento.
Fíjense ustedes el texto del evangelio (Mt. 14,13-21), Jesús sube a la barca, desea ir a rezar, a meditar a solas, en cuanto  hombre quiere encontrarse con el Padre del cielo, ya que como Dios, obviamente, vive presente en la Trinidad. 
Sin embargo, al llegar a la orilla, le es imposible retirarse a orar porque una multitud que lo había seguido por tierra, lo está esperando, "y compadeciéndose de ella, curó a los enfermos", de sus dolencias ya sea físicas como espirituales, porque Cristo ve permanentemente al  hombre en su totalidad y cuáles son sus verdaderas necesidades.
Y llega el atardecer, los discípulos advierten a Jesús para que despida al gentío, enviándolos a todos a las aldeas vecinas, para que busquen de comer y alojamiento para los de lejos.
Pero Cristo responde, "denles de comer ustedes mismos", pero los discípulos manifiestan que sólo tienen cinco panes y dos pescados, insuficientes para dar de comer a tanta gente.
Sin embargo, Jesús dice, "tráiganme los panes y los peces" , los bendice y, multiplica esos bienes para que todos coman, siendo en total cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. 
¿Cómo es posible este milagro? Muchos que no tienen fe, no creen en la multiplicación de los panes y de los peces, y así hacen una interpretación del texto bíblico diciendo que lo que se ejercitó fue la solidaridad, de modo que cada uno puso algo de lo que tenía para alimentar a todos.
Sin embargo, el milagro se realizó, porque Dios actúa siempre multiplicando lo poco que le ofrecemos. 
Y así, tenemos, el ejemplo de san Juan Macías, a quien veneramos en este templo,  que hizo muchos milagros por la gracia de Dios, alimentando a multitud de pobres hambrientos.
Uno de estos prodigios aconteció estando muerto,  importante para su canonización, ya que Dios intervino por su intercesión.
En efecto, en una oportunidad, las cocineras que preparaban la comida para alimentar a muchos pobres en el convento de Lima, se percatan que sólo queda un poco de arroz. Desesperadas, invocan a San Juan Macías, y el arroz se fue multiplicando, el guiso fue agrandándose cada vez más, y pudieron saciar a todos los hambrientos que se acercaban en ese mediodía. Ahí se cumplió lo del evangelio, entregaron lo poco que tenían y Dios multiplicó el esfuerzo ofrecido.
Nos está dejando un mensaje el texto del evangelio y, es que  si el mundo fuera más generoso, si se compartieran más los bienes y no se acapararan como acontece en nuestro tiempo,  que unos acumulan bienes permanentemente y otros no tienen que comer, si el ser humano compartiera más con sus hermanos, habría para todos. 
Para lo cual, indudablemente, debe primar el amor a Cristo. Solamente el amor a Jesús, verdadero y profundo, motiva y lleva al corazón del hombre a la generosidad, a la misericordia, a poner un granito de trigo para que otros, con la multiplicación obrada por el Señor, puedan alimentarse.
Siempre es mucho lo que podemos hacer si se realiza con amor, y eso es lo que pide Jesús  cuando expresa "denles de comer ustedes". Siempre estamos a tiempo de acercarnos al que tiene menos para ayudarle con lo que tenemos. 

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en el domingo XVIII del tiempo litúrgico durante el año.  Ciclo A. 02 de agosto de 2026