
Dios, al crearnos a su imagen y semejanza para que podamos al fin de nuestra vida temporal contemplarlo para siempre, ha puesto en nuestro interior el deseo de buscarlo y seguirlo.
"Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada." Edmund Burke

En la primera lectura, tomada del libro del Éxodo (32,7-11.13-14), presenciamos la caída del pueblo de Israel en la idolatría, ocasionando el enojo de Dios porque rápidamente se han alejado del camino que “Yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido”, al que rindieron culto de rodillas y lo aclamaron como Dios de Israel.