Los textos bíblicos que la liturgia de hoy contempla, dejan en claro que lo más importante en la vida del ser humano es su unión con Dios, por eso, recorramos los mismos y descubramos esta verdad.
Si tomamos la primera lectura del libro del profeta Jeremías (Jer.20,7-9), el mismo confiesa: "¡Tú me has seducido Señor, y yo me dejé seducir!, ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí."
O sea, la iniciativa la tiene Dios, que elige al profeta para que sea su portavoz en medio del pueblo, debiendo sufrir oprobios.
De manera que esta vocación no es gratuita, ya que ha de sufrir persecución, siendo la misión que se le ha encomendado una carga pesada, sintiéndose tentado de abandonarla.
Pero el mismo Dios lo fortalecerá y él será fiel hasta la muerte a lo que el Señor le pide, esto es, que sea la voz en medio del pueblo, aunque se lo desprecie, o se lo persiga, o no se lo tenga en cuenta, o se lo vea como profeta de calamidades.
Es decir, él seguirá fiel hasta el fin, acompañado por el único soporte que tiene en su vida, que es la gracia de Dios.
Para los ojos de los hombres, su vida no tiene sentido, pero para el Creador que lo envía, su existencia es valiosa.
En el salmo interleccional (Ps 62) hemos cantado, "Señor mi Dios, te busco desde la aurora, mi alma tiene sed de Ti!
¡Qué hermosa expresión! ¡Ojalá cada uno de nosotros busquemos a Dios desde la aurora!. ¡Que nuestro primer pensamiento se oriente al Creador, a tenerlo en cuenta a Él, y decirle humildemente, Señor, te ofrezco todo mi día!. ¡Soy pecador, es posible que te falle, pero con tu paciencia, y gracia, podré ofrecerte mi vida!.
A su vez, ¿Qué es lo que nos recuerda San Pablo en la carta a los romanos? (Rom. 12,1-2) Que ofrezcamos nuestros cuerpos, almas y vida toda a Dios como una ofrenda pura, como la ofrenda de alguien que se inmola por el amor divino. Y san Pablo, al decir esto, está también recordando lo que Jesús dice en el evangelio, acerca de tomar nuestra cruz.
Porque dice el apóstol, no tomemos como modelo el espíritu de este mundo, sino el del evangelio. A lo largo de nuestra vida, nos movemos entre estos dos reinos, el de Dios y el del espíritu del mundo, que se identifica con el espíritu del mal.
Continuamente tenemos la tentación de oír más las voces que provienen de este mundo y no la enseñanza del evangelio.
¡Cuántas veces, para las grandes decisiones, preferimos escuchar más al mundo que al evangelio! ¿Cuántos se plantean antes de una acción concreta cuál es la voluntad de Dios? o ¿Sólo tienen en cuenta el pensamiento del mundo?
Ese mundo que lleva a pensar que lo que deseo no está tan mal o todo el mundo lo hace o hay que modernizarse.
Es muy común que pase esto, porque se piensa que cada uno tiene que ser diferente, conforme al pensamiento circulante.
Los novios que planean irse a vivir juntos sin casarse, no tienen en cuenta el evangelio, sino lo que la sociedad, la cultura de nuestro tiempo les enseña.
Por eso, la renuncia de la que habla Jesús en el evangelio, cada persona tiene que aplicarla a cada momento de su vida. ¿Y qué pasa en el texto del evangelio? El texto de hoy es una continuación del domingo pasado (Mt. 16, 21-27), en el que Pedro declara sobre Jesús, que era el Hijo de Dios vivo, el Mesías, y Jesús le dice, esto te lo dio a conocer mi Padre que está en el cielo, no la carne o la sangre.
Pero hoy, Jesús le dice a Pedro, "Vete de aquí, satanás. Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
¿Qué sucedió para que el trato de Jesús con Pedro cambiara radicalmente? fue Pedro ciertamente el que actuó mal.
En los dos textos, queda patente cómo el ser humano muchas veces recibe la iluminación divina para afirmar la verdad, y cuántas veces, en cambio, se deja llevar por el espíritu del mal, como en este caso, por lo que Jesús le dice a Pedro, vete de aquí, satanás, tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.
O sea, le está diciendo, has de cambiar de mentalidad, no te estés amoldando a lo que piensa el mundo, sino que tienes que vivir de otra forma, o sea, seguir el espíritu de tu Señor.
¿Y por qué Pedro reacciona así? Porque le entró miedo, porque Jesús anuncia que se dirige a Jerusalén, que allí sufrirá mucho, será muerto para después resucitar.
Jesús está anunciando su pasión, que entregará su vida, por eso dirá, que quien quiera seguirlo tiene que estar dispuesto también a dar su vida por el evangelio, por su Señor.
Si alguien quiere seguirlo pero guardando su vida, o sea, sin sacrificio, sin ofender a nadie, sin pelearse con alguien a causa de Cristo, la estará perdiendo para el Reino, se privará del encuentro con el Señor, el vivir con y para Èl, y luego gozar para siempre en la gloria eterna.
El que quiera guardar su vida, la perderá el que pierda su vida, el que se juegue en este mundo por la causa del evangelio, por defender la verdad, aunque muera vivirá.
Esa es la enseñanza justamente que nos deja el texto del evangelio, que Jesús remata diciendo que Èl vendrá luego a juzgar a cada uno conforme a sus obras.
Por eso, hermanos, hemos de vivir sin miedo, vivir en la convicción de nuestra condición de católicos, que hace mucha falta hoy en día, donde la fe ya no se vive, o es una fe líquida, como se llama, o sea, el ser humano acepta solamente lo que le gusta, o se adapta a lo que el espíritu del mundo dice.
Queridos hermanos, si queremos seguir a Cristo, nuestro Señor, recordemos que seguirlo es entregar la propia vida por su causa, como Él la ha entregado por cada uno de nosotros.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XXII del tiempo litúrgico durante el año. Ciclo A. 30 de agosto de 2026

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