Dios es Creador de todo lo que existe, y a través de su providencia, gobierna el mundo, mueve los corazones hacia el bien, respetando, por cierto, la libertad de cada uno.
Él elige también a los que gobiernan este mundo sin que lo sepan o, piensen que todo depende de ellos y su voluntad sin intervención divina alguna en las cosas de este mundo.
Precisamente, en la primera lectura tomada del profeta Isaías (45,1.4-6) Dios se expresa acerca de Ciro, el grande, el rey persa, a quien llama mi elegido, un pagano preferido para que gobierne en defensa de Israel, a quien permite volver a su tierra para que puedan reconstruir la ciudad de Jerusalén y el templo que estaba destruido.
Para poder realizar esta hazaña, Dios elige a Ciro y después a Darío, reyes que den facilidades a los israelitas para reconstruir todo y hagan de Jerusalèn una ciudad habitable.
Esto muestra cómo Dios conduce la historia humana según su voluntad, permite, incluso muchas veces, malos gobernantes, no porque quiera el mal para nosotros, sino porque quiere purificarnos, permitiendo no pocas veces gobernantes nada buenos, como consecuencia de ser malos ciudadanos.
En definitiva, lo que Dios quiere es que le rindamos culto a Él, por eso esta afirmación tan conocida, den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
Los fariseos, acompañados por unos herodianos, enemistados entre sí, pero unidos para molestar a Jesús, se acercan y le formulan una pregunta tramposa acerca de la licitud de pagar o no el impuesto obligado a Roma.
La pregunta apuntaba a que si Jesús decía no hay que pagar impuesto, lo denunciaban a Roma, y si decía que había que pagar el impuesto, se enemistaba con los judíos que no soportaban el tener que pagar carga alguna a los opresores.
Por eso el odio que tenían a los publicanos, no solamente porque cobraban de más, sino porque recaudaban para el imperio, cosa repudiada, ya que el ser humano nunca quiere pagar impuesto, y menos a poderes extranjeros.
Sin embargo, sabemos que el impuesto bien administrado es necesario para el sostenimiento de muchas obras al servicio del bien común, que no podrían sostenerse, por sí mismas.
Y Jesús pide que le muestren una moneda, le dan un denario, por lo que pregunta: ¿De quién es la figura y la inscripción? Responden: del César, por lo que concluye el Señor afirmando "den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".
Jesús contesta, con una respuesta superadora de la pregunta, y los deja totalmente desconcertados, ya que no pueden acusarlo ni ante Roma ni ante los judíos.
¿Pero qué es eso de dar a Dios lo que es de Dios? El texto está manifestando que, así como en la moneda está la figura del emperador, y por eso se le ha de pagar el impuesto, en nosotros también hay otra figura impresa, la de Dios, porque fuimos creados a imagen y semejanza suya, por lo que el culto verdadero debe estar dirigido a nuestro creador.
Con lo cual, el mismo Jesús está diciendo que no hay que rendir culto a los emperadores, que muchas veces se los presentaba como personas divinas, a las cuales había que rendir culto y quemar incienso en su honor.
Dar a Dios lo que es suyo significa que la persona humana se entrega a aquel de quien es imagen y semejanza, que a su providencia se somete, que trata de honrar permanentemente, y no rinde culto a aquello que no es Dios.
Precisamente, en nuestros días, muchas veces el ser humano deja de dar culto a Dios para rendirlo a otras realidades que considera divinas, o incluso más importantes, como las modas, la costumbre, las cosas que presenta la sociedad, y se da un olvido del Dios verdadero, sin advertir que muchas veces nos sentimos mal porque, al haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, no buscamos servirle con alegría y de todo corazón.
A su vez, en lo que se refiere al mundo temporal, tenemos que seguir las normas justas que provengan de la autoridad civil. Pero, por encima de todo, debe estar el rendir culto al Dios verdadero, porque bajo Él, están sometidas las autoridades de este mundo.
También los que gobiernan deben realizar la voluntad divina en cada momento, como lo hizo el rey Ciro, y no seguir su propia voluntad, su capricho, o sus impulsos y ambiciones, en la que se busca, aparecer como todo poderoso.
Hermanos: Pidamos al Señor que sepamos distinguir siempre en el devenir de nuestra vida, el orden temporal y el orden espiritual o religioso, que veamos siempre la supremacía de Dios y que busquemos siempre alabar, bendecir y rendir culto a aquel que nos ha creado a su imagen y semejanza.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XXIX del tiempo litúrgico durante el año. Ciclo A. 18 de octubre de 2026

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