17 de abril de 2007

Reflexiones sobre el divorcio entre Fe y Vida

El papa Juan Pablo II en su Carta Encíclica Veritatis Splendor (el Esplendor de la Verdad) enseña a los católicos y a todos los hombres de buena voluntad, como Cabeza de la Iglesia experta en humanidad, aquellas cuestiones que se refieren a la vida moral.

Uno se pregunta, ¿por qué la Iglesia enseña a todos los hombres sobre éstas cuestiones? ¿No debieran interesar únicamente a los creyentes?.

La respuesta nos la da el mismo Pontífice cuando en el nº 3 afirma: “La Iglesia sabe que la cuestión moral incide profundamente en cada hombre; implica a todos, incluso a quienes no conocen a Cristo, su Evangelio y ni siquiera a Dios. Ella sabe que precisamente por la senda de la vida moral está abierto a todos el camino de la salvación, como lo ha recordado claramente el concilio Vaticano II: «Los que sin culpa suya no conocen el evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna». Y prosigue: «Dios, en su providencia, tampoco niega la ayuda necesaria a los que, sin culpa, todavía no han llegado a conocer claramente a Dios, pero se esfuerzan con su gracia en vivir con honradez. La Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero que hay en ellos, como una preparación al Evangelio y como un don de Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan tener finalmente vida»

La clave entonces la encontramos cuando nos dice el Papa que “por la senda de la vida moral está abierto a todos el camino de la salvación”. En ese “todos” se incluye no sólo a los creyentes sino también a los que buscan la verdad con sincero corazón.
Es decir que muchas veces, al decir del Pontífice, los que no creen pero actúan honestamente, no están lejos de conocer la salvación. Es por el camino de la vida

humana rectamente guiada bajo el dictamen de una conciencia recta que se da la aproximación al Evangelio de Cristo.

Y esto es así porque más tarde o más temprano, quien obra rectamente comienza a preguntarse acerca del origen o fundamento de su comportamiento y al caer en la cuenta del absurdo de un obrar así sin algo que lo ligue a la fe, alcanza a percibir la necesidad de una lógica que vincule -como causa al efecto- su vida con su creencia aún oscurecida por la ignorancia u otro impedimento.

De manera que a través de este camino, que podríamos llamar inductivo, el no creyente se aproxima al fundamento o razón de ser de la moral misma: el contenido de fe.

Y esto porque la moral si no se contempla como respuesta de vida a “algo” o a “alguien” no tendría sentido alguno.

Por eso desde la recta razón, el no creyente llega a conocer que su modo de vida honesto sólo tiene sentido no en “sí mismo” como signo de perfección personal, sino en cuanto es un modo de vida “para otro”, en el que involucra no sólo a Dios en última instancia, sino también al prójimo.

Ser bueno, nada más que por serlo, termina por dejar insatisfecho al mismo hombre, abierto como está siempre a la alteridad, tanto divina como humana.

2.-los ámbitos de la vida moral y la moral misma

Al percibirse la necesidad de una auténtica vida moral, respuesta a lo que engrandece al hombre en su naturaleza, y como respuesta a Cristo para los creyentes, se va concluyendo en la necesaria vinculación entre fe y vida, entre creencia y moralidad.

De allí que reconocido este nexo entre fe y moral se comience a percibir que existen determinados ámbitos que expresan y contienen el deber ser del hombre.
Así lo señala Juan Pablo II cuando afirma (nº 4) “Siempre, pero sobre todo en los dos últimos siglos, los Sumos Pontífices, ya sea personalmente o junto con el Colegio episcopal, han desarrollado y propuesto una enseñanza moral sobre los múltiples y diferentes ámbitos de la vida humana, …por fidelidad a su misión, y comprometiéndose en la causa del hombre,… (y) con la garantía de la asistencia del Espíritu de verdad han contribuido a una mejor comprensión de las exigencias morales en los ámbitos de la sexualidad humana, de la familia, de la vida social,

económica y política. Su enseñanza, dentro de la tradición de la Iglesia y de la historia de la humanidad, representa una continua profundización del conocimiento moral”.

Sin embargo, aunque se examinen ámbitos concretos del quehacer moral, el papa reconoce que hoy “se hace necesario reflexionar sobre el conjunto de la enseñanza moral de la Iglesia” dado el peligro patente en el presente por desvirtuar o negar los principios de la Moral Católica.

Es decir que -percibe el Pontífice- el patrimonio moral de los creyentes ha caído en profunda crisis al cambiar la visión antropológica como así también la ética, entre otros males.

En efecto a medida que desaparece una visión del hombre que lo perciba como creado a imagen y semejanza de Dios, se concluye con una imagen del mismo en el que se conculca la trascendencia no sólo en su origen sino también en su fin último.

Desconocida o rechazada también la íntima conexión entre libertad y verdad, se consuma una imagen de hombre en la que reina como verdad absoluta el relativismo más feroz en todos los campos, no sólo en la moral sino también en lo antropológico y en el campo de la fe.

El panorama no puede ser más desolador si se le quita también a la Iglesia la potestad, como Maestra, de transmitir la verdad natural recibida desde antiguo y perfeccionada en el decurso del tiempo.

Y así: “En particular, se plantea la cuestión de si los mandamientos de Dios, que están grabados en el corazón del hombre y forman parte de la Alianza, son capaces verdaderamente de iluminar las opciones cotidianas de cada persona y de la sociedad entera”.(nº 4).

Por lo tanto si la ley natural percibida por la razón ya no tiene cabida o entra en discusión su firmeza desde antiguo, se concluye en la legitimidad de cualquier comportamiento humano que sólo tiene como único “moderador objetivo” la propia y vacilante subjetividad.

A la postre, por lo tanto, la colisión entre fe y vida se hace cada vez más ostensible. De allí que se pregunte el hombre, fiel a este razonamiento si “¿Es posible obedecer a Dios y, por tanto, amar a Dios y al prójimo, sin respetar en todas las circunstancias estos mandamientos?” (nº 4)

Cuando se plantea por lo tanto en el corazón del hombre la posibilidad de “amar a Dios y al prójimo” pero sin sujeción a los mandamientos que de Dios provienen, se cae en la moral fabricada por el mismo sujeto, tal como acontece en la actualidad.

3.- La escisión entre fe y moral, entre fe y vida.

Esta concepción lleva a asestar un golpe mortal al patrimonio católico que involucra la relación íntima entre fe y vida, entre fe y moral ya que “está también difundida la opinión que pone en duda el nexo intrínseco e indivisible entre fe y moral, como si sólo en relación con la fe se debieran decidir la pertenencia a la Iglesia y su unidad interna, mientras que se podría tolerar en el ámbito moral un pluralismo de opiniones y de comportamientos, dejados al juicio de la conciencia subjetiva individual o a la diversidad de condiciones sociales y culturales” (nº 4).

El Papa, pues, denuncia la presencia de esta disociación entre fe y moral no sólo entre el común de la gente sino también entre los creyentes católicos, en los que se va difundiendo la mentalidad protestante que “basta la sola fe” y se considera superflua la conexión entre fe y vida ya exigida por la revelación tal como lo señala el Apóstol Santiago (St 2, 14-26).

En este sentido la enseñanza del Apóstol Santiago –y es Palabra de Dios- es muy clara “el hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras” (St. 2, 24).

Se llega por este camino a un profundo ateísmo práctico, ya que al no vivirse como se piensa o cree, se termina por pensar o creer como se vive.

Y así desvinculado el creyente del sostén de una fe que se encarna en las obras, concluye alienado en una “moral subjetiva”, creativa también de una concepción totalmente individualista.

La denuncia que hace el Papa es muy grave y deja al desnudo una forma muy peculiar en nuestro tiempo en que cada uno termina por “iluminar” equivocadamente con su “oscurecida” moral particular la verdad misma.

4.-Ejemplos relacionados con la desconexión entre fe y vida

Es bastante común escuchar en nuestros días a tantos católicos que dicen profesar –y algunos lo dicen sinceramente- la fe católica, pero no dudan un instante en

vivir y encarnar una respuesta a esa misma fe –en eso consiste en fin la vida moral- totalmente contraria a la fe proclamada.

Y así, desde los ámbitos legislativos, muchas veces oímos a quienes manifestándose católicos aprueban -porque es probable que así lo vivan- leyes favorables al aborto, a la anticoncepción, a la eutanasia, y al sexo libre.

En el manejo de la cosa pública es cómodamente observable a católicos que no ven ningún problema en quedarse “con el vuelto” o en involucrarse en ganancias fáciles en detrimento de sus conciudadanos a quienes no se ven como meta del bien común, es decir de un servicio que enaltezca su dignidad.

En el mundo económico, católicos hay que consideran a la economía como medio que “se sirve” del hombre y no al hombre como depositario de las riquezas que son comunes.

En el plano laboral, los creyentes también sucumben muchas veces en la tentación de exigir siempre beneficios pero sin asumir el correlativo deber de ponerse al servicio de los hermanos.

Católicos agrupados -para tener más fuerza en sus reclamos- en colectivos extraños al sentir cristiano, pretenden legitimar formas no evangélicas de vivir la familia, la sexualidad y la procreación misma.

Es común percibir a tantos católicos que dicen serlo pero en quienes su vida de relación con Dios está cada vez más desdibujada, como si Este sólo existiera cuando se lo necesita para alcanzar lo que se busca.

En fin, se advierte también que bautizados -en todos los ámbitos de participación en la Iglesia- afirman su pertenencia a la Iglesia Católica de Jesucristo pero cuya vida moral –como respuesta al Dios de la Verdad- hace muchas veces agua en lo que se refiere al compromiso o a la coherencia de vida, hasta llegar incluso a sostener una doble vida como compatible con la genuina fe en Cristo resucitado.

En el fondo de estas realidades subyace el engaño vigente en la sociedad actual que señalara Juan Pablo II: que se puede pertenecer a la Iglesia por lo que se cree, y al mismo tiempo vivir como le parece a cada uno según su conciencia subjetiva.

5.-Necesidad de volver a las fuentes


Como camino para volver a los orígenes del patrimonio moral de la Iglesia, Juan Pablo II se propone en la Encíclica Veritatis Splendor “afrontar algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, bajo la forma de un necesario discernimiento sobre problemas controvertidos entre los estudiosos de la ética y de la teología moral”.(nº5)

Pero antes de escribir la Encíclica, el Papa ha preferido aprobar y presentar a toda la Iglesia “el Catecismo de la Iglesia católica, el cual contiene una exposición completa y sistemática de la doctrina moral cristiana. El Catecismo presenta la vida moral de los creyentes en sus fundamentos y en sus múltiples contenidos como vida de «los hijos de Dios». En él se afirma que «los cristianos, reconociendo en la fe su nueva dignidad, son llamados a llevar en adelante una "vida digna del evangelio de Cristo" (Flp 1, 27). Por los sacramentos y la oración reciben la gracia de Cristo y los dones de su Espíritu que les capacitan para ello» (nº 5).

Si el no creyente, desde la vida honesta, es decir desde una moral natural, podía por vía inductiva llegar a comprender la necesidad de la fe en el Dios Uno y Trino y percibir en qué consiste la Salvación, el Catecismo de la Iglesia Católica y la Encíclica Veritatis Splendor ayudarán al creyente católico a vivenciar el camino deductivo que lleva a apreciar la vida moral como la prolongación concreta de la fe en Cristo Resucitado.

Cngo Prof. Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Movimiento Pro-Vida Juan Pablo II. Profesor Titular de Teología Moral y DSI en la UCSF. Defensor del Vínculo en el Tribunal Interdiocesano “E”. Párroco de “Ntra Sra de Lourdes” de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz.

ribamazza@gmail.com
16 de Abril de 2007.

10 de abril de 2007

EL DÍA DESPUÉS DE MAÑANA

1.-La presencia del Señor en la ausencia

Hoy la Iglesia exulta de alegría por la Resurrección de Jesús el Señor. Los pasajes evangélicos proclamados anoche en la Vigilia Pascual como hoy por la mañana, van dejando al descubierto esta presencia del Señor resucitado.
En estos textos, la presencia del Señor resucitado emerge a través de la ausencia del mismo en el sepulcro.
María Magdalena, las otras mujeres, Pedro y Juan, van a la tumba y la encuentran vacía.
Afirman las citas bíblicas que ellos “vieron y creyeron”. ¿Qué vieron? Vieron la ausencia del Señor. El que ha muerto ya vive para siempre, anticipando así nuestra propia resurrección y comienzan a entender las escrituras.
La presencia del resucitado en su ausencia, como si fuera una continuación de la presencia en la ausencia del Padre en el momento de la Cruz, que lo hace exclamar a Jesús: “Padre, “por qué me has abandonado?”
Pero también hemos de afirmar que la presencia del Señor se hace visible realmente, aunque no es reconocido, porque la duda ausenta la mirada de la fe.

2.- La presencia real del Señor.


En efecto, en la tarde de ese día, el primero de la semana, el domingo, justamente Jesús -aunque ya se había aparecido a Simón- se encuentra con dos discípulos que caminan a Emaús, distante diez kilómetros de Jerusalén.
Estos dos hombres van manifestando su desconsuelo, comentando lo que ha ocurrido en Jerusalén. Cómo aquel que esperaban ver resucitado todavía no aparecía entre ellos, “Nosotros esperábamos otra cosa“, -expresan, esperábamos que viniera a liberar políticamente al pueblo de Israel. Y se ponen a compartir su dolor y su angustia con Jesús sin advertir que era El quien caminaba con ellos.
Como a ellos muchas veces en nuestra vida nos pasa esto: Jesús camina junto a nosotros y no lo advertimos. El se interesa por nuestras cosas, por nuestras preocupaciones, por nuestra vida. Y nosotros, quizás atentos a lo distractivo que carece de importancia, no lo captamos, no lo descubrimos en este caminar junto y con nosotros.
Pero El sigue acompañándonos por el camino de la vida.
Y poco a poco irá entrando en el corazón de estos dos discípulos como quiere entrar también en el corazón de cada uno de nosotros.

Y nos dice el texto del evangelio que Jesús, suavemente comienza a explicarles la Sagrada Escritura. Es como un itinerario catequístico a través del cual el mismo Jesús es el que explica el Antiguo Testamento para que crezca la fe del oyente y pueda adherirse por la fe al Cristo anunciado por los profetas, creyendo en la divinidad del Señor resucitado.
Y he aquí que el corazón de estos dos hombres comienza a sentir algo distinto. “¿No ardían nuestros corazones cuando lo escuchábamos? “- dirán más tarde.
La presencia de Dios se hace palpable cuando penetramos en su misterio.. Cuando dejando de lado la mirada a otras cosas que pudieran turbar nuestra atención, escuchamos al mismo Señor que nos habla.
Es el momento en que nos sentimos a gusto escuchándolo a El, escuchando su Palabra, porque la Palabra de Dios va como respondiendo los interrogantes más profundos del hombre.

3.- La presencia del Señor reconocida al partir el pan.

Es por eso que cuando llegan a Emaús, y Jesús amaga seguir de largo, le dirán: “Quédate con nosotros. Mira que anochece.” Le están suplicando: Señor nuestra vida será noche si Tú no estás con nosotros.
Todavía no lo tienen claro, no lo han descubierto a El totalmente, pero están expresando no sólo su necesidad sino la angustia de todo corazón humano porque anochece cuando Jesús no está presente.
Y el Señor acepta quedarse con ellos y comienza a compartir la mesa.
Y he aquí que en el partir del pan lo descubren. Ya saben que es Jesús, pero El desaparece.
Este descubrir al Señor en el partir del pan es de capital importancia.
Ya lo proclamaba el papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica “Dies Domini” (el día del Señor). Es en el partir el pan, en la Eucaristía, en la misa de cada domingo, donde el cristiano va creciendo en su fe. Lo va descubriendo a Jesús cada vez más.
No lo descubre tanto leyendo libros sobre El, incluso oyendo hablar de El, sino participando en el partir el pan, la Eucaristía.
Con la preparación de la Palabra, el cristiano llega a la Palabra hecha carne, la Eucaristía.
En el partir el pan, el cristiano se da cuenta lo que significa la muerte y resurrección del Señor: es morir al pecado y resucitar a la vida nueva de la gracia.
Este participar de la Eucaristía no es para que el cristiano se quede como gozando de la presencia del Señor en su corazón, que es legítimo, sino para que vaya al mundo proclamando que Cristo ha resucitado.
De allí que estos dos hombres vuelven de nuevo a Jerusalén, recorren los diez kilómetros de distancia para llevarles a los discípulos la alegría de haberse encontrado con el Señor.

Y en el encuentro con los hermanos se plenifica, se prolonga el encuentro personal con el Señor. Todos participan de la misma alegría de Cristo resucitado y comenzarán a llevar esta presencia del Señor a todo el mundo.

4.-Con la mirada en y desde lo celestial iluminar el quehacer terreno

De allí se explica que el apóstol San Pablo nos diga a nosotros a través de los colosenses “ya que ustedes han resucitado con Cristo busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha del Padre. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra “.
No se trata de un mero consejo espiritual, porque hasta podría incluso alguien sentirse tentado a decir imitando a los incrédulos: en el fondo es verdad que la religión es el opio de los pueblos.
Nos dicen que miremos al cielo, a las cosas celestiales, y nos olvidemos de las cosas de la tierra.
De hecho es imposible mirar las cosas de la tierra si antes no se han mirado las cosas del cielo.
Es imposible mirar lo de acá si antes no se han contemplado las cosas de Dios.
Y esto es así porque mirando lo celestial advertimos que nuestra meta última es Dios, es la vida eterna, y desde ella van teniendo las cosas de la tierra un sentido nuevo.
Caemos en la cuenta que no podemos estar atados a lo pasajero, so pena de vivir en el vacío existencial más profundo, al experimentar la caducidad de lo terreno.
Por eso, la muerte y resurrección de Jesús implica en nosotros la muerte a todo lo que es terreno para renacer a la vida de la gracia, a lo celestial.
Mirar las cosas del cielo es preparar una mirada nueva sobre las cosas de la tierra.
Ejemplifiquemos estos conceptos.

5.-Aplicación a nuestra Santa Fe inundada.

Hemos vivido y vivimos en Santa Fe momentos muy significativos en los últimos días a causa de las abundantes lluvias que inundaron la ciudad.
Es aquí donde podemos descubrir este juego de la mirada de la tierra y de su relación con la mirada del cielo.
Si la mirada de los gobernantes y de los políticos está puesta en la tierra, preocupándose especialmente por los espacios de poder que se pueden perder o ganar, es natural que no se piense en el bien común.
De allí se explica el exabrupto de la autoridad civil dirigido al “imprudente preguntón” sobre el origen de la lluvia permanente, de “pregúntele a Arancedo” en referencia obvia al Obispo.

En realidad si el que gobierna mirara más al cielo buscando la voluntad de Dios, caería en la cuenta que su misión es servir a sus hermanos promoviendo el bien común. Mirando al cielo es posible comprender que Santa Fe es una ciudad inundable y que por lo tanto hace tiempo que deberían haberse previsto las soluciones a este tipo de emergencia.
El que maneja la cosa pública, mirando los bienes del cielo, cae en la cuenta que el fin último del hombre es Dios y que por lo tanto ha de procurar que el ciudadano común pueda caminar en esta vida sin traba alguna y sin angustias permanentes al encuentro con su Creador.
Y allí entroncamos el orden temporal con el eterno, lo humano con lo divino, la materia con el espíritu.
Solamente el que mira al cielo, las cosas de Dios, entiende que debe mirar la tierra con la mirada de Dios.
Dios jamás quiere la desgracia, el dolor, o la angustia de sus hijos que somos nosotros mismos.
Por eso nosotros, partiendo de los dones que Dios nos ha dado hemos de trabajar para el bien de todos, aliviando los males presentes en la tierra fruto del pecado.
El empresario que tiene puesta la mirada solamente en la tierra, piensa en el negocio y si éste es redituable, y poco le importa su empleado y su familia, así se trate de hacer trabajar durante el mismo día del Señor, el domingo.
El que mira la tierra desde el cielo está cierto que su empresa debe dar trabajo y sostén a numerosas familias, brindar a sus empleados el descanso reparador de sus fuerzas, y la oportunidad de que puedan dar culto a Dios conforme a sus creencias.
Si durante la tragedia vivida en Santa Fe, los diversos grupos piqueteros con la mirada en el cielo, con una consideración de fe, hubieran observado la realidad de la tierra habrían caído en la cuenta que no podían impedir el tránsito de la ambulancia que llevaba a una mujer para su sesión de diálisis –provocándole la muerte- , que era ilícito “cobrar peaje” a los conductores vulnerando su derecho a transitar libremente, que era inmoral intentar romper las defensas para que entre el agua del río Salado, que agravaba la situación destruir las bombas extractoras de agua, etc,etc.
Junto a actitudes de grandeza, en plena Semana Santa, se sucedían los actos más miserables.

6.-El día después de mañana

Estas vivencias nos hacen ver qué lejos estamos todavía de contemplar el orden temporal desde la mirada de Cristo resucitado.
Hemos vivido momentos de anarquía donde la ciudad estuvo sitiada por bandas de supuestos damnificados que hicieron lo que quisieron.

Los actos de violencia, muerte, golpizas e inseguridad, mantienen en vilo a la ciudadanía en todo el país.
Mientras la “represión” aparece ilegítima en algunas partes, en otras, el vacío de poder para desarmar la violencia y la prepotencia de unos pocos, instituye la ley de la selva.
Lamentablemente se avecinan días aciagos para nuestra Patria si no comienza a imperar la cordura en el respeto de las leyes y en el establecimiento de una justicia largamente esperada.
La lucha entre pobres es moneda corriente. Es suficiente con haber experimentado muchas veces los sufrientes inundados el despojo de sus pocas pertenencias para comprobar este aserto.
La pelea de unos contra otros es una tentación que se olfatea más frecuentemente. Se va imponiendo la ley del más fuerte, asomando cada vez más el temor incluso hasta de vivir como personas.

Cristo resucitado nos trae un mensaje de esperanza fundado en el hecho de que es posible cambiar este mundo a pesar de sus miserias, si nos convertimos de corazón dejando nuestros caprichosos egoísmos, para que muertos a nuestras pasiones, resucitemos a una vida que nos enaltezca en la realización permanente del bien.
Llevemos a nuestra sociedad el mensaje de que sólo viviendo en comunión con Dios, hoy tan olvidado en los corazones de muchos argentinos, podremos reconocerlo en la persona de nuestros hermanos, es decir todos los que habitamos el común suelo argentino.
Colosenses 3,1-4 - Lucas 24,13-35

Homilía en la Misa vespertina del domingo de Pascua (08 de abril de 2007)

Padre Ricardo B. Mazza. Prof. Titular de Teología Moral y Doctrina Social de la Iglesia en la UCSF. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Movimiento Pro-Vida “Juan Pablo II”.
Santa Fe, 10 de Abril de 2007.

9 de abril de 2007

Esbozo del perfil docente universitario para una Universidad Católica

( N.R.: Al cumplirse el próximo 9 de junio de 2007 los 50 años de la creación de la UCSF, publicamos este artículo elaborado en 1983 por el entonces Director del Dpto. de Formación de esa Casa de Altos Estudios ).

El nuevo Código de Derecho Canónico, vigente desde el 27 de Noviembre de este año, dedica los cánones 807 a 814 inclusive, a las Universidades Católicas u otros Institutos Católicos de estudios superiores.

A esta nueva formulación jurídica de la Iglesia no escapa la figura principalísima del profesor universitario, al que caracteriza en apretada síntesis en el canon 810, guardando similitud, adviértese enseguida, con el pensamiento de Juan Pablo II, expresado en diversas alocuciones de contenido universitario.

En primer lugar señala el Código, la autoridad competente debe procurar que se nombren “profesores que se destaquen por su idoneidad científica y pedagógica”.

Tal afirmación concuerda con el hecho de que toda Universidad Católica “debe ofrecer una aportación específica a la Iglesia y a la sociedad , situándose en un nivel de investigación científica elevado, de estudio profundo de los problemas, de un sentido histórico adecuado”, y porque “es una vocación irrenunciable de la Universidad Católica dar testimonio de ser una comunidad seria y sinceramente comprometida en la búsqueda científica”, a la vez que “formadora de hombres realmente insignes por su saber” (1)

Como fácilmente se advierte con lo dicho, se requiere un profesor que no sólo aprecie la actividad intelectual, sino que buscador incesante de la Verdad vaya siempre a los fundamentos de las cosas, transmitiendo una percepción objetiva de la realidad, escapando a la tentación, hoy vigente, de encerrarse en el torreón de la contemplación pura de las ideas sin el debido sustento de lo que les da origen.

En segundo lugar, ha de procurarse que los profesores de Universidades Católicas se destaquen “por la rectitud de su doctrina”, es decir que su formación personal y transmisión de la verdad no puede estar ajena a la fe.

El docente en una Universidad Católica ha de ser un hombre de fe porque “la Iglesia es la testigo de esta verdad, de este significado último del hombre, pues es quien debe anunciar a Cristo, en cuyo misterio se descubre enteramente el misterio de toda persona humana y de toda realidad. La ausencia de la Iglesia en la Universidad puede impedir que ésta alcance su fin fundamental: el conocimiento de la verdad en su medida plena” (2)

De allí la urgencia de “realizar en los profesores….una síntesis cada vez más armónica entre fe y razón, entre fe y cultura. Dicha síntesis debe procurarse no sólo a nivel de investigación y enseñanza, sino también a nivel educativo pedagógico” (3)
Esta falta de visión de fe en la enseñanza que imparte el docente produce una serie de consecuencias cuya gravedad queda patente. Señalaremos algunas:
a) El conocimiento del hombre que se obtiene es incompleto. Se produce una focalización en algún aspecto particular en perjuicio de la verdad total.
b) Se produce la imposibilidad de acceder a una vida sapiencial que es el objeto último de la investigación. Vida sapiencial unificadora de la dimensión intelectual, espiritual y moral del hombre, que no se vislumbra.
c) La fe no engendrará cultura, ni la cultura será plenamente humanizante del hombre de acuerdo a su dignidad y valía.
d) No se reconstituye dentro de la civilización con la Sabiduría creadora y redentora de la que todos tienen urgente necesidad, aún inconscientemente.


La tercera nota caracterízante de todo docente, según señala el canon 810 del que estamos hablando, es “la integridad de vida”.

Si el profesor debe encarnar y transmitir valores a sus alumnos, si debe señalar la necesidad de la disciplina interior y exterior en la tarea intelectual como medio para un acceso serio y permanente a la verdad, si debe ser no “un simple transmisor de ciencia, sino también y sobre todo un testigo y educador de vida cristiana auténtica” (4), si debe, fiel a la “tarea educativa de la institución universitaria” extenderse en su papel “a los graves problemas que plantea el ámbito ético del joven que camina hacia su plena madurez humana”(5), se hace evidente la coherencia con una vida personal íntegra.

Poco y nada podrá hacer en este campo el deshonesto en su profesión, el afanoso “trepador” de cargos, aún en perjuicio de otros mejores o el que lleva públicamente una vida personal a espaldas de la moral cristiana.

Carece de integridad de vida y de nobleza quien haciendo caso omiso de la confesionalidad católica de la institución, sembrara en las mentes de los jóvenes, doctrinas materialistas ateas o liberales en sus concepciones históricas, sicológicas, filosóficas, económicas, jurídicas, artísticas o pseudos teológicas.

No puede ser llamado católico el docente que se manifiesta contrario a las enseñanzas del evangelio y del Magisterio de la Iglesia en el ejercicio disolvente de su cátedra.

No ha entendido –o no quiere entender- lo que significa Universidad Católica, quien siembre la lucha de clases en el seno de la institución o quien postula ciertas tomas del poder universitario como meta de acciones políticas no sólo descolocadas, sino también deletéreas en sí mismas.

La Iglesia pide a los docentes de Universidades Católicas -y con ellos- más aún a quienes la conducen- una especial coherencia con sus principios.

Lo dicho tiene que servir para llevar a cada uno de los integrantes de la comunidad universitaria, a realizar una verdadera, profunda y franca reflexión.

Debe promover la nobleza del espíritu, la sinceridad de conciencia y la decidida conversión.

El desafío de nuestra hora es más difícil que lo que de su mera enunciación resulta.

Cambiar de mentalidad, cambiar de vida, hacer coincidir nuestro “individual deber ser”, con el “Deber Ser”, es la exigencia permanente de Cristo y su Iglesia a nuestra humanidad caída.

La identidad institucional y la fidelidad a la misma se hace cada vez más urgente hoy, como fruto peculiar del Año Santo.

Sólo en la verdad total que es Cristo el Señor, podrá crecer la Universidad Católica y ofrecer a la sociedad los frutos de sus desvelos.

(1), (3) y (4) Juan Pablo II a los universitarios católicos de Méjico. “Síntesis entre fe y cultura”, 31 de marzo de 1981.
(2) y (5) Juan Pablo II “La Pastoral en el mundo universitario”. 8 de marzo de 1982.

Revista Sedes Sapientiae. Publicación del Dpto de Formación de la Universidad Católica de Santa Fe. (Año III nº 9- Nov. Dic. de 1983). Págs. 1 a 4.

Pbro Prof. Ricardo B. Mazza. Director.

2 de abril de 2007

Guerra al hombre, guerra a Dios

N.R.: A 25 años de la guerra por la recuperación de las Islas Malvinas, publicamos éstas reflexiones de nuestro columnista Padre Ricardo B. Mazza, entonces Director del Dpto. de Formación de la UCSF y de la Revista “Sedes Sapientiae”.

1.- Dios es Amor

Las lecturas bíblicas que acabamos de proclamar nos afirman que Dios es Amor. Verdad ésta que se descubre no sólo en la existencia de todo lo creado, sino sobre todo en el hecho de nuestra propia creación, hechura de Dios por amor.

En la primera lectura bíblica que hemos proclamado, el apóstol San Juan en una de sus cartas (1 Jn. 4, 7-10) nos dice que Dios manifestó su amor enviándonos a su Hijo para que vivamos por El.

Este vivir por el Hijo de Dios hecho hombre, comienza por el Misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, por el cual fuimos librados del pecado y de la muerte eterna, merecedores del amor del Hijo recibido del Padre.

2.- Permanencia en el amor de Dios (Juan 15, 9-17)

Este vivir por el Hijo de Dios se realiza en la permanencia de su amor lograda por la guarda de sus mandamientos: “Si guardáis mis mandamientos –dice el Señor- permaneceréis en mi amor”; imitando así el ejemplo mismo del Señor: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”.

La unión con el Señor, pues, pasa por la escucha atenta de su palabra y la fidelidad manifestada en nuestras obras.
Quebrantar los mandamientos, hacer caso omiso a la enseñanza de Jesús y de la ley natural, significará caer en la esclavitud del pecado.

Jesús nos llama “amigos”. Indica así la condición a la que somos llamados. Amistad que señala una elección particular: “no sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido”.

Queda patente con estas palabras del Señor, que es El quien nos da la posibilidad de vivir en su unión; pero también es cierto que el cristiano será amigo del Señor en la medida que acepte sus mandamientos, cuyo cumplimiento señalará la permanencia en su Amor.

3.- Los mandamientos no son una carga

Para el que ama de veras a Cristo, sus preceptos no son una carga, sino el sencillo obsequio de una voluntad obediente que porque ama, desea hacer lo que a su Dios le agrada, y que por extensión es al mismo tiempo el único camino válido para la plenitud humana.

Esta permanencia en el amor del Señor, signo de su predilección y de nuestra respuesta, se prolonga, se hace consistente. a través de los frutos que produzcamos: “os he destinado –dice el Señor- para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure”.

Fruto del amor de Dios nuestra permanencia en el Señor, exigida necesariamente para una vida digna, significará la guerra sin cuartel contra el espíritu del mal, contra las tentaciones, contra el pecado. Por el pecado, el corazón humano, no pocas veces declara la guerra a Dios, al usurparle la soberanía que sobre nosotros le corresponde como Creador y Padre.

4.- Consecuencias del no amar a Dios

La no aceptación de Dios en nuestros corazones engendra el desquicio en nuestras relaciones con los demás.

No será restituida la paz entre los hombres mientras no estemos en paz con Dios.
En efecto, la guerra es fruto del pecado, y el pecado es salir de los límites que Dios ha puesto al corazón del hombre.

Mientras imploramos el don de la Paz, comprometámonos a ser constructores de la paz con una vida auténticamente cristiana.

Impiden la Paz y favorecen la guerra los promotores de divisiones en el seno de la familia, del colegio, de la Universidad, de la oficina.

Impiden la Paz y favorecen la guerra los que crecen con el dolor ajeno: los usureros, los que oprimen, los injustos, los que deshacen matrimonios, los que corrompen a la juventud con la propaganda, el cine o la moda; los que eliminan la vida no nacida; los que de una u otra forma se levantan contra Dios, no aceptándole que pueda poner límites al obrar del hombre dentro de la ley moral.

5.- Dar la vida por los amigos

Cristo nos dice hoy: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Cristo nos mostró el gran amor que nos tiene a nosotros, llamados por El, “sus amigos”, muriendo en la Cruz por nuestra Salvación.
Si Cristo es de veras nuestro amigo hemos de morir al pecado.
Sigue diciendo el Señor: “vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando….Esto os mando: que os améis unos a otros”.

La permanencia en el Señor dependerá de que como amigos realicemos su voluntad: cumplimiento de sus mandamientos, que se resumen en el del amor a Dios y a los hermanos.
De allí que en el amor a la Patria, entregando por ella lo mejor de nosotros vivamos el amor a los hermanos, prolongación del amor de Dios.


Hermanos nuestros han dado su vida por nosotros. Por estar unidos a Cristo, -las noticias que nos llegan así lo afirman-, no sólo han demostrado y demuestran su amor a Dios, sino que este amor a Dios y a su Patria -su gran amor por nosotros- se traduce en el dar la vida por sus hermanos.
Este doble amor a Dios y a los hermanos en la Patria es el mejor fruto de nuestra permanencia en Cristo. De allí que ambos amores vayan juntos, de allí que el que está separado de Cristo por el pecado será ineficaz en el servicio a sus hermanos, al faltarle el sentido último del verdadero amor que sólo de Dios puede venir.

6.- El amor vivido cada día

Cada uno en su puesto: estudiantes, profesionales, obreros, padres,religiosos, sacerdotes etc. debemos, a través de una vida enraizada en la verdad, en la justicia y en la caridad que vienen de la permanencia en Cristo, contribuir al bien de la Patria, preludio de la Patria Celestial, y obtener así el don de la Paz.

Para concluir y como síntesis de todo lo expresado, quisiera leer lo que el Concilio Vaticano II en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes nos dice acerca de la paz: (Nº 78) :

“La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al sólo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien común del género humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, está cometido a continuos cambios; por eso la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de sí mismo y vigilancia por parte de la autoridad legítima.

Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. Así, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.

La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Príncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del género humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, después del triunfo de su resurrección, ha infundido el Espíritu de amor en el corazón de los hombres.

Por lo cual, se llama insistentemente la atención de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Eph 4,15), se unan con los hombres realmente pacíficos para implorar y establecer la paz.

Movidos por el mismo Espíritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, están al alcance incluso de los más débiles, con tal que esto sea posible sin lesión de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad.

En la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazará el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden también reportar la victoria sobre la violencia hasta la realización de aquella palabra: De sus espadas forjarán arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra (Is 2,4)”.


Textos bíblicos de referencia: I Juan 4,7-10 y Juan 15, 9-17.
Homilía en la Misa por la Paz, organizada por los estudiantes de Abogacía de la Universidad Nacional del Litoral, celebrada el 15 de Mayo de 1982.
Fuente: “Sedes Sapientiae” (publicación del Departamento de Formación de la UCSF. Año II. Enero-Agosto 1982. nº 4. págs. 8 a 11)

1 de abril de 2007

Celebrando al hombre nuevo convertido al Señor de la misericordia

Homilía en la Misa por la Celebración de la Vida y la conversión de los cultores de la muerte (domingo V de Cuaresma, 25 de marzo de 2007).

1.- Celebrando la Vida

Estamos celebrando hoy a la vida, ya que cada 25 de marzo se revive la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María Santísima.
Si bien este año la fiesta litúrgica se traslada al día de mañana por conmemorarse hoy el quinto domingo de cuaresma, nos unimos -como familia que celebra semanalmente al Señor que salva- en la oración confiada por el reconocimiento de la dignidad de la vida humana y por la conversión de quienes la combaten.
Renovar la muerte y resurrección del Señor cada domingo, es celebrar gozosamente la vida nueva de la gracia que nos entrega generosamente Jesús.
De allí que la vida humana terrena es un don precioso que hemos de proteger porque es el anticipo de la vida futura en Dios.
Al predicar la dignidad de la vida de toda persona desde su concepción hasta la muerte natural, estamos anunciando que se trata del don más hermoso que Dios nos ha dado.
Más aún, así como el reconocimiento de la dignidad de la persona humana tiene su principio en el conocimiento de Cristo, y el respeto por la vida humana se origina en la imitación del Señor Jesús, toda propuesta anti-vida es causada por la instigación del espíritu del Mal, el demonio, llamado el primer homicida.
El odio del demonio hacia Cristo se prolonga en nosotros, creados a imagen y semejanza de Dios.
En el fondo, el desprecio por la vida humana significa el odio más profundo a Dios que se hace palpable en la implementación de todo modo de exterminio de la persona humana.

2.- Necesidad de regresar a Cristo por la conversión.

En este tiempo de Cuaresma hemos recibido numerosos llamados de conversión. Hoy la liturgia nos recuerda el llamado suplicante que con el profeta Joel (2,13) nos dirige el Señor Dios: “Vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo”.
La insistencia de este llamado se canaliza a través del texto del evangelio de hoy (Juan 8, 1-11) que nos presenta el momento en que llevan ante el Señor a una mujer sorprendida en adulterio.
La intención de los escribas y fariseos es condenar a Jesús, y por eso están atentos a la respuesta que dará a sus requerimientos.
Si expresa que se debe cumplir la ley de Moisés ya no podrá predicar que es bondadoso y compasivo perdonando al pecador, si indica que no hay que aplicar la ley de Moisés lo acusarán de quebrantar la ley de Dios.
Era bastante frecuente que pusieran a Cristo ante diversas disyuntivas. O esto o lo otro, dejándolo como obligado a responder según ellos quisieran. Pero Jesús responde presentando una tercera vía.
Le vuelven a insistir con espíritu condenatorio que la mujer sorprendida en adulterio debe ser apedreada hasta morir, según la legislación mosaica.
Y El dirá: “Aquel que esté sin pecado, tire la primera piedra”. Y de esta manera Jesús les devuelve la acusación.
En efecto, al decirles que quien esté sin pecado tire la primera piedra -y sabía que ninguno estaba sin pecado- les está diciendo: Uds. son adúlteros también.
Se trata del adulterio en el sentido pleno, bíblico, no sólo el que se comete dentro del matrimonio con la infidelidad.
El adulterio del corazón por el cual el ser humano traiciona a Dios, rompe el pacto de amor con su Creador para ir en busca de otros amores.
De hecho Cristo llamará muchas veces a sus contemporáneos “generación perversa y adúltera”,y no porque todos fueran infieles en el matrimonio, sino porque conocía el corazón humano tan inclinado a romper la alianza con Dios, buscando otros amores, cayendo en la idolatría.

3- El adulterio del corazón y de la ley de Dios

Cristo les está diciendo a los escribas y fariseos que también ellos deben convertirse. Ellos que vivían adulterando la ley de Dios, presentando muchas veces exigencias que presuntamente eran de Dios sin serlo, o agregando exigencias humanas a las de Dios.
La adulteración de la ley era común.
Hoy también se adultera la ley de Dios.
Cuando se quiere imponer el aborto o la eutanasia se quiere adulterar la ley de Dios, cuando se legisla y promueve la esterilización humana como un “derecho humano” se está adulterando la ley de Dios, cuando se presenta y exhibe lo bueno como malo y lo malo como bueno, se está adulterando la ley de Dios.

También se quiere adulterar la ley de Dios pretendiendo nuevas maneras de constituir y vivir el matrimonio y la familia, o presentando a los niños y jóvenes como normal la adulteración de la constitución sexual del ser humano.
Hoy Cristo nos llama a nosotros generación adúltera porque hemos abandonado al Dios verdadero para ir detrás de otros dioses, de otros amores: el placer, el dinero, el poder, la vida de sensaciones, el vivir el momento, el no pensar en la eternidad.

4.-El día del Niño por nacer y la cultura de la vida.

Esto que reflexiono ahora con Uds., podemos relacionarlo con lo que hoy queremos recordar: el día del Niño por nacer.
Fue establecido este día en nuestra Patria como iniciativa única de entre los países americanos, imitándonos después otras naciones. Hoy seguimos siendo –quizás- los primeros, pero no para vivirlo sino para contrariarlo.
Es en el hecho de que el Hijo de Dios se hace hombre en María donde aparece en toda su dignidad la grandeza humana.
Es tan amado el ser humano como criatura de Dios, que El mismo se hace hombre para irrumpir en nuestra historia y así conducirnos a la Patria del Cielo.
Este misterio del Dios hecho hombre nos habla por lo tanto de la grandeza de la vida humana.
Vida humana que debe ser protegida desde el inicio en la concepción hasta la muerte natural.
Vida humana que ha de ser promovida en cada momento de nuestra existencia.
Y así laborar por la cultura de la vida será ocuparnos para que el ser humano pueda desarrollar sus cualidades, tenga trabajo, vivienda, protección adecuada de su salud, presencia de un sistema de seguridad que permita vivir sin el permanente acoso de los violentos, educación adecuada que promueva los valores humanos y destierre los vicios.

5.-La primacía del aborto.

En nuestra Patria y muchas veces en nuestro corazón se va introduciendo lo contrario a la vida. Entre otras cosas, lamentablemente, el aborto.
No solamente en el sentido que siempre le damos que es el impedir que alguien nazca, sino también en un sentido más profundo: impedir la realización del proyecto de Dios sobre cada uno y sobre la sociedad. Y así, por ejemplo, decimos se abortó tal proyecto, tal programa, se truncó una vida.
El ser humano se transforma en alguien favorable al aborto no sólo cuando mira con buenos ojos la eliminación de las personas no nacidas, sino también cuando aborta la voluntad de Dios sobre sí y el mundo.
Conozco gente que condena el aborto de los inocentes, y está bien que lo haga, ya que la legitimación de la muerte de los inocentes abre la puerta para cualquier atentado contra la vida humana. Pero contrariamente a esta defensa del no nacido, en su vida personal vive abortando el proyecto que Dios tiene sobre su persona.
Si desapruebo el aborto pero al mismo tiempo no vivo en gracia, no escucho la voz del Señor, no trato de identificarme con El, estaré abortando en mi mismo la vida divina.
Dios tiene para cada uno un proyecto de grandeza, una llamada a poner al servicio de los demás las cualidades propias, proyecto que puede quedar trunco por las negativas a secundar la obra divina en el corazón humano.
Cuando un papá y una mamá, -después que su hijo recibió los sacramentos de iniciación- , no le siguen transmitiendo la fe , no lo hacen participar de la Misa, no le hacen gustar de la vida cristiana y del evangelio, están abortando el proyecto de grandeza humana que Dios tiene puesto sobre ese niño.
Nuestra Patria ha sido bendecida con grandes dones y riquezas de todo tipo, ¿cómo es posible entonces que en la tierra del pan numerosos ciudadanos no tienen qué comer? Esto es un signo del aborto institucionalizado en cuanto se impide el crecimiento nacional.
Es un signo de la primacía de quienes al preferir enriquecerse por sobre todas las cosas abortan la realización de sus hermanos como personas.
En efecto, no sólo se aborta al no nacido, sino que también se aborta al ya nacido cuando no se implementan políticas que permitan crecer con dignidad a todos y cada uno de los habitantes de nuestra Patria.
Si rige en el mundo el proyecto de que pocas personas deben tener lo que pertenece a toda la comunidad mundial, es previsible que se trate no sólo de establecer el aborto de los no nacidos, para que haya menos “depredadores” de la naturaleza, como se le llama hoy al hombre, sino también aplicar el aborto esquilmador de las riquezas naturales de las naciones, que impiden el crecimiento social, económico y humano de las personas.
Y Dios nos pedirá cuenta de esto a cada uno de nosotros, de acuerdo a la responsabilidad que nos cabe en la sociedad.
Por eso el Señor nos hace un llamado para luchar a favor de la vida, de la grandeza del hombre que es la de Dios.
Dios quiere que cada uno de nosotros sea feliz, no con la felicidad pasatista que presenta el mundo, sino la que implica el goce legítimo de los bienes de este mundo y que son un anticipo de la vida divina.
Vivir en la infelicidad, ¿eso es lo que Dios quiere de nosotros? No, Dios quiere la felicidad de sus hijos que somos nosotros y es por eso que insiste: “vuelvan a mí de todo corazón porque soy bondadoso y compasivo”.

6.- El conocimiento de Cristo.

De allí la necesidad de volver a la fuente que pasa por el conocimiento de Cristo.
Acabamos de escuchar la carta que San Pablo nos dirige a través de los cristianos de Filipos, destinatarios originarios de sus palabras: “Todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.” (Fil.3,8).
Tal afirmación del apóstol nos sitúa directamente en aquello que es crucial en la vida del cristiano: el conocimiento de Cristo Jesús.
Ya la oración del primer domingo de cuaresma nos recordaba que en este itinerario de cuarenta días hemos de avanzar en el conocimiento de Cristo.
Y así Cristo se convierte para nosotros en don y tarea. En don, porque nos lo regala el Padre misericordioso para que a través de él lleguemos a la salvación que es la comunión con Dios.
Tarea porque este don de Jesús nos interpela para seguir ahondando en su misterio.
Al conocer a Cristo más profundamente entendemos que es el Señor de la Vida y que desde El se esclarece el misterio del mismo hombre como ya lo recordaba el papa Juan Pablo II en su primera Encíclica “Jesucristo Redentor de los hombres”.
No se puede entender la dignidad de la persona desde su concepción hasta su muerte, si antes no se comprende el misterio del Hijo de Dios hecho hombre.
Al celebrar entonces hoy el momento en que el Hijo de Dios se hizo hombre en María, descubrimos cómo el ser humano ha sido valorizado en grado sumo: tan importante es la vida humana que el mismo Dios se la ha entregado a su Hijo para que como Dios hecho carne humana pueda entrar en la historia humana.
Toda vida humana aparece por lo tanto brillando en la grandeza que le da el mismo Hijo de Dios.
Sigue diciendo San Pablo que el conocimiento de Cristo lo ha llevado a considerar todo como desperdicio. Es decir que no valen la pena riquezas, honores, poder y fama, si esto supone desechar el amor y el conocimiento de Cristo.
Seguirá diciendo el Apóstol que conociéndolo y amándolo cada día más a Jesús e imitándolo en los sufrimientos y la muerte, nos será posible alcanzar la meta de la transformación en la gloria del Padre por medio de la resurrección.
Volver a Dios, es en definitiva considerar como desperdicio todo aquello a lo
que nos atamos y que nos separa del Señor.
Es cierto que somos débiles y S. Pablo lo advierte al señalar que no ha alcanzado la meta, consciente de sus debilidades y de sus pecados, pero no pierde la esperanza de alcanzarla y, sigue corriendo para alcanzarla.
Y Cristo nos va a decir como signo de vida nueva “no peques más, yo tampoco te condeno”.

7.- “Yo estoy por hacer algo nuevo” (Isaías 43,16-21)

“No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas, yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?”
Qué hermoso sería que estas palabras del Señor retumbaran permanentemente en nuestros oídos y corazón.
No se acuerden de los pecados pasados, de las infidelidades, no se acuerden de los adulterios del corazón, no se acuerden porque han abortado personas o proyectos de Dios sobre nosotros.
Siempre que nos hayamos convertido se cumplirá la Palabra de Dios:”Yo estoy por hacer algo nuevo”
Ya está germinando lo recibido en el bautismo,
Ojala podamos decir por cada uno y por nuestra Patria, -que siempre mira el pasado para desconocer el nuevo germen que nos quiere dar el Señor- ,que hemos sido constituidos como pueblo de Dios para pregonar su alabanza (Is.43,21).

22 de marzo de 2007

La triple G = ¿el gran genocidio gratuito o la política del Ministro K de Salud?

1.- La grandeza y el anuncio de la vida nueva.

Es un hecho por demás evidente que en el mundo actual se ha desatado una ofensiva feroz contra la vida humana.
Ya lo denunciaba el papa Juan Pablo II hace doce años en su Encíclica Evangelium Vitae al insistir que estamos dentro de la llamada cultura de la muerte en la que se eclipsa constantemente el sentido de la vida.
Desde una perspectiva de fe sabemos que el evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn.10,10).
Como señala Juan Pablo II “se refiere a aquella vida nueva y eterna, que consiste en la comunión con el Padre, a la que todo hombre está llamado gratuitamente en el Hijo por obra del Espíritu Santificador. Pero es precisamente en esa vida donde encuentran pleno significado todos los aspectos y momentos de la vida del hombre” (cf.nº 1 de Evangelium Vitae).
Hermosa afirmación del Papa que anuncia claramente que la vida humana tiene valor en sí misma en cuanto preludio de la vida divina.
Sigue diciendo el Pontífice: “El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal”. (nº 2 de E. V.).
Esta grandeza de la vida humana, incluye por lo tanto, al decir del Papa, el carácter relativo de la vida terrena del hombre, en cuanto como realidad “penúltima” dice relación con su orientación divina, que es realidad “última”.
Este carácter relativo de la vida terrena como realidad “penúltima” no implica que sea válido el menoscabarla o el que pueda ser lícito destruirla cuando así lo pretendan los caprichos humanos. Al contrario es una realidad sagrada que se ha de preservar y perfeccionar para poder transformarse en perfecto don para Dios y los hermanos.
En rigor la vida terrena alcanza su plenitud en la medida que se la mide con proyección eterna.

Por el contrario cuando se absolutiza la vida terrena como lo más importante y se niega la existencia de un más allá, -o sea se le quita su sentido relativo a algo mayor- se cae en la adoración de lo “acá” como lo único valedero y digno de ser tenido en cuenta.
Coherente con este modo de ver las cosas es el criterio muy común en la actualidad de que cada uno hace lo que quiere con su cuerpo, que cada uno es dueño de su vida y de su muerte, y que la vida misma palpitante en el seno materno sea fácilmente eliminada si perturba la molicie de una vida pretendida sin compromiso alguno.
La cultura invadente de nuestro tiempo pretende de continuo inculcar en las mentes desprevenidas que lo único que importa es “vivir la vida”, identificado esto con un desenfrenado goce de lo terreno y el olvido de lo eterno.
De resultas de esta concepción de vida el hombre se siente cada vez más solitario e infeliz, realidad que el estudio mismo del mercado de bienes va comprobando viendo simultáneamente la necesidad de incrementar las ventas de los productos, prometiendo con ellos, -es decir con su consumo- el logro de la amistad, de la felicidad y la realización personal ausentes con frecuencia en el mundo contemporáneo.
No resulta extraño por tanto que la Iglesia, sintiéndose llamada a anunciar a Jesucristo, procure entre “luces y sombras” –las luces de la gracia y las sombras del pecado- y en medio de “las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”, anunciar con valentía “el evangelio del amor de Dios al hombre, el evangelio de la dignidad de la persona y el evangelio de la vida” ya que éstos “son un único e indivisible Evangelio” (cf. E.V. nº 2).


2.- El plan triple G o el Gran Genocidio Gratuito y el aporte del consorcio de médicos católicos.

Hace unos días comenzó en el país una agresiva ofensiva anti-vida en la promoción descarada de la llamada “píldora del día después” de distribución gratuita para las adolescentes y adultas que hubieran tenido relaciones sexuales y que no deseen la posibilidad del embarazo.
Desde las esferas gubernamentales, pasando por los grupos defensores de la perspectiva de género y toda persona que sólo quiere vivir el momento de los placeres efímeros y sin el “susto” de un embarazo, surgieron múltiples apoyos con la consabida minimización de los efectos y esforzándose en señalar la bondad del proyecto.
De parte de las personas de buena voluntad se oyeron voces que mostraban una honda preocupación por lo que se estaba implementando en la Argentina.

No soy especialista en lo que se refiere a la ciencia médica, por lo que me debo remitir, -para ser objetivo- a los que nos hablan de este tema desde la óptica médica.
En este sentido el consorcio de Médicos Católicos nos decía el pasado 13 de marzo contra la resolución nº 232/2007 del Ministerio de Salud de la Nación que obliga al suministro masivo y gratuito de las “píldoras del día después” lo siguiente:
“La razón de este rechazo es que la píldora para “anticoncepción de emergencia”, actúa fundamentalmente impidiendo la implantación del embrión en la mucosa del útero. Por lo tanto, a ese embrión -ser vivo y persona humana- la madre lo expulsará de su organismo como si se tratara de una menstruación. Eso, en lenguaje médico, es simplemente: un aborto. Por eso coincidimos con el Instituto de Bioética de la Universidad Católica de La Plata que lo llama: “Aborto de emergencia”.
Las autoridades de salud de la Nación han expresado públicamente en Formosa que “la píldora del día después no es abortiva”. Eso no es verdad. En algunos casos, la píldora puede actuar inhibiendo a los espermatozoides que quieren penetrar en el útero a través del cuello uterino, otras veces puede inhibir la ovulación (en ambas situaciones actuaría como anticonceptiva) pero en la gran mayoría de los casos, produce serias alteraciones de la mucosa uterina (en su etapa progestacional), impidiendo que el embrión -que llegó al útero a través de la Trompa de Falopio- pueda implantarse en dicha mucosa. Y si no se implanta, el embrión muere y se expulsa. Esta es toda la auténtica verdad. Las verdades a medias, son sofismas que engañan a la población”.


3.- Análisis del enfoque del Consorcio de Médicos Católicos

Podrá alguien decir que ésta se trata de la “opinión” de un grupo de médicos “católicos” con quienes no coinciden todos en el país.
Sin embargo cabe destacar que no emiten una opinión sino que certifican una realidad detectada por la ciencia médica en lo que a gestación se refiere.
Su realidad de católicos les permite abordar el tema no sólo desde el punto de vista de la ciencia como médicos, sino también desde la fe. Y en este tema que nos ocupa no hay contradicción entre ciencia y fe.
Es estéril discutir cuándo comienza el embarazo, ya que se sabe científicamente hablando que desde la penetración del óvulo por el espermatozoide comienza una nueva vida independiente de su madre y que se identifica con un ADN totalmente diferente al de los progenitores.

Pretender por lo tanto definir el comienzo de la nueva vida desde la implantación del óvulo fecundado en el útero, no sólo es ir contra lo que la razón puede hoy fácilmente descubrir, sino dejar desenmascarada una concepción materialista del hombre a quien no se le reconoce la dignidad de tal desde el mismo momento de la concepción.
En este sentido la condición de católicos les permite a los médicos integrantes del Consorcio de referencia, pensar que quien se va gestando en el seno de una mujer es una persona que ha sido creada a imagen de Dios.
Desde la óptica católica, por lo tanto, el que va a nacer es un llamado a participar de la mesa del Padre común de los hijos de este mundo, comiendo gozosamente con los hermanos de los bienes que a todos brinda el Señor.
La cultura de la muerte, instalada también en nuestra Patria como respuesta al reparto de las dádivas de los poderosos, busca por el contrario, satisfacer a los pocos avarientos para quienes la anticoncepción y el aborto almacenan y preparan el festín del futuro en los silos de la iniquidad.

Se podrá aducir que como lo señala el mismo consorcio de médicos católicos no todas las veces se impide la anidación, sino que en algunas ocasiones la píldora tiene sólo efecto anticonceptivo porque inhibe los espermatozoides o la ovulación, y que por lo tanto la existencia de esas “algunas veces” la harían “no abortiva” siempre.
Es necesario aclarar para iluminar las mentes de las personas de buena voluntad y que buscan la realización del bien, que aún existiendo esas ocasiones no abortivas, no es lícito moralmente hablando actuar con conciencia dudosa antecedente, ya que en ese caso la persona obraría haciendo caso omiso de la posibilidad de cometer un homicidio manifestando con su acción su determinación a constituirse en homicida.
Sugiero un ejemplo para ilustrar.
Supongamos que una persona estando de cacería y persiguiendo un animal llega a un punto en que el movimiento detrás del follaje le sugiere al animal escondido, pero al mismo tiempo piensa que puede ser alguien que desde una casa de campo vecina lo espía en cuanto cazador. El cazador, por lo tanto, se plantea la duda, tratándose de una duda de peso.
No obstante ello, resuelve actuar y dispara el arma con la inseguridad de la duda.
El resultado es que aunque mate en realidad a un animal, su acción fue la de un homicida, ya que esa posibilidad estaba presente en su pensamiento, y a ella se adhirió.
Es como si hubiera dicho: no puedo perder la oportunidad de obtener un trofeo de caza, si hay alguien, lo siento, pero no es mi culpa.

En el obrar moral no es permitido a la persona de buena voluntad realizar un acto del cual es dudosa su licitud de modo antecedente.
Para obrar rectamente es preciso poner los medios necesarios para llegar a la certeza de que se trata de un obrar bueno.
En rigor “la píldora del día después” sólo pretende cubrir de legitimidad la juerga de los libertinos, aunque no acalle el retumbar constante de la mala conciencia.

4.- La desaparición forzosa de personas

El presidente de la Nación hace pocos días afirmaba enfáticamente que en el país se había terminado la desaparición forzosa de personas.
A pesar del aplauso de los cortesanos -actores de reparto en este drama homicida- , cualquier argentino que utilice el cerebro habrá caído en la cuenta de la falsedad del anuncio.
No sólo el fantasma del desaparecido López flota en el aire, sino que la matanza de los que nunca nacerán, institucionalizada desde el poder político a través de leyes falsamente consideradas respetuosas de los derechos humanos, se cierne sobre una Nación que siempre se consideró respetuosa de los más débiles en el axioma consagrado antaño que rezaba que los únicos privilegiados son los niños.
El Señor Presidente en alguna oportunidad habló de “mi Iglesia” como sintiéndose él supuestamente parte de la Iglesia Católica.
Como conductor de las políticas de la Insalubridad Nacional desmiente raudamente lo que afirmara, a no ser que piense en una Iglesia “Nacional”.
Esto hace necesario “sincerarnos”, no confundir más a la gente pareciendo como católico cuando las acciones desmientes tal hecho.
Alguien podrá decir que se trata de las políticas del Ministro de Salud de la Nación y no del Presidente.
Si fuera así resulta extraño que todos digan que siguen las directivas del Supremo.
¿Alguien puede dudar de esto.
No nos engañemos, no se puede ser católico, ni siquiera cristiano, favoreciendo políticas anti- vida.

5.- El futuro seguro y el posible.

Se preguntará el ciudadano de buena voluntad, ¿qué hacer?
Es importante no bajar los brazos y seguir trabajando positivamente en defensa de la vida, que es la defensa de nosotros mismos.

En definitiva el problema de la llamada inseguridad tiene su causa en la mentalidad homicida de la cultura de la muerte.
Si la vida en formación no es respetada, ¿creemos que podrá disminuir el desprecio general por la vida del hombre que reina ya en nuestra Patria?
Si según esta concepción no es digna la vida del no nacido, ¿por qué lo será la del ya viviente?
Si es un negocio matar a través del aborto, ¿quién se preocupará por la dignificación de la vida del ya nacido?
Algunos dicen que no hay que poner todo el acento en el derecho a la vida del no nacido pero en proyecto de serlo, sino también en los derechos de la persona en todo el desarrollo de su vida.
La falacia de esta afirmación está a la vista. El que no defiende la vida desde el comienzo, sino que la desprecia por diferentes motivos, tampoco se preocupará por los que ya viven, porque su negativa a reconocer el derecho de las personas se encuentra en la raíz del proyecto humano.
De allí la necesidad de abrir los ojos. ¿Seguiremos apoyando con nuestro voto –estamos en año electoral- a los mercaderes de la muerte? ¿O buscaremos por el contrario trabajar por la cultura de la vida?
La supuesta bonanza económica del país -es suficiente con visitar el supermercado para caer en la cuenta del engaño- no puede privilegiarse por encima de
la cultura de la vida que promueva a los más débiles que hoy se olvidan.
La naturaleza humana se defiende siempre de sus atacantes. Más tarde o más temprano los anticuerpos reaccionarán ante tanta degradación humana.
Desde la fe creo que ha llegado la hora de seguir ejemplos preclaros de otros países, llegando a la excomunión concreta y pública de todos los que se dicen católicos pero aprueban o promulgan leyes y políticas contrarias a la dignidad de la persona humana.
Obrar así no es más que sincerarnos con la realidad dejando al descubierto tantos dobles mensajes.
Se podrá decir que es necesaria siempre la disposición al diálogo. La ingenuidad de Eva que eso pensó al dialogar con el demonio puede ser aleccionadora.
Consideremos la enseñanza que nos llega de México: “La Arquidiócesis de México informó que los diputados que voten en favor de la ley que legaliza el aborto en el Distrito Federal serán excomulgados, según lo establecen las leyes canónicas.
Aseguró que las iniciativas para despenalizar el aborto son contrarias a la doctrina de la Iglesia, al contravenir el quinto mandamiento de “no matarás”.

Los diputados tienen plena libertad política para cumplir con su deber, de acuerdo con su razón y su conciencia, sin embargo, “existe otra ley divina, que ni el Papa puede modificar, suprimir o alterar”, indicó la curia.
De acuerdo con la gravedad del pecado de atentar contra la vida, la Iglesia advierte que favorecer el aborto conlleva a la excomunión, ya que, explica el Arzobispado: “El propio pecador se separa con su actitud de la Iglesia y sus sacramentos, cuyo perdón queda reservado exclusivamente al obispo de la diócesis, siempre y cuando el arrepentimiento sea sincero”.
La postura de la Iglesia, indicó la Arquidiócesis, no es mediática ni oportunista, en la Ciudad de México los católicos atraviesan por una difícil situación moral, por ello exhortaron a los asambleístas a pronunciarse por un voto libre, sincero, moral y responsable, “que cada uno tome en cuenta lo que dicta su razón, su cultura y su conciencia”.
A su vez, el obispo Felipe Arizmendi calificó a los diputados locales del PRD y de Alternativa como unos “asesinos exterminadores”, que no se distinguen en nada de los crímenes perpetrados por Adolfo Hitler.” (cf. Diario7 “México: Diputados que legalicen el aborto serán excomulgados” 16 de marzo de 2007).

Padre Ricardo B Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Mov. Pro-Vida Juan Pablo II. Prof. Tit. De Teología Moral en la UCSF. Capellás Arq. de Los Scouts de Argentina.
21 de Marzo de 2007.
ribamazza@gmail.com

17 de marzo de 2007

La “memoria” del perdón

Para aquel que está por encima de los acontecimientos, lo “debido” es la grandeza del perdón, lo “justo” era dar nueva oportunidad al abrumado por la deuda para permitirle levantarse de sus miserias y poder ejercer también él la misericordia que había recibido.

1. La enseñanza de Jesús acerca del perdón

Los que creemos en el Misterio Pascual de Jesús, Hijo de Dios, y en su Iglesia, fundada en el ministerio petrino, estamos transitando el tiempo de Cuaresma.

Tiempo de conversión en el que hemos de avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo, como lo recordaba la primera oración del primer domingo de este tiempo de gracia.

Avanzar en la inteligencia o conocimiento de Cristo no es algo meramente intelectual, sino que debe convertirse en vida cotidiana. Es decir que Jesús ha de ser el modelo de nuestra existir diario..

Esta verdad por todos conocida, ha de dar forma a nuestro obrar, sobre todo en nuestra época en que la tentación constante es asimilar los criterios y modos de vivir del mundo.

Una verdad que se ha desdibujado bastante para dar paso a la venganza, es la del perdón, fruto de la misericordia.

El evangelio, siempre actual nos ilumina al respecto. Justamente el martes pasado, 21 de marzo, se proclamaba en la liturgia de la misa el texto de Mateo 18,21-35 que se refiere al perdón que hemos de prodigar a nuestros hermanos.

Ante la pregunta de Pedro “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿hasta siete veces?”, la respuesta de Jesús fue “no sólo siete veces, sino setenta veces siete”. Y a continuación explica por medio de una parábola lo que quiere enseñar.

Se trata de tener con el prójimo la misma actitud que Dios tiene con nosotros.


2. El obrar misericordioso de Dios

El rey de la parábola es Dios mismo que comienza a pedir cuentas a sus servidores, nosotros mismos.

Al primero que se presenta le exige pague la deuda.

Esta exigencia está basada en razones de justicia. Justicia conmutativa si se trataba de un convenio particular entre ambos; de justicia distributiva, si acaso se lo había favorecido con la carga de retribuir a la sociedad; o de justicia legal, si estaba incumpliendo con sus deberes ciudadanos.

Por el contexto general, especialmente cuando el texto hace referencia al obrar del que es perdonado, puede inferirse que se trata de una cuestión de justicia conmutativa.

Ahora bien, la justicia tiene como objeto el ius, o sea el derecho, es decir lo debido, lo que se ajusta, lo suyo.

Lo que se ajusta en el caso de referencia, es que el deudor pague lo que debe a su señor, el cual reclama lo que es suyo, es decir su derecho.

Pero he aquí que el deudor le imploró un plazo mayor para pagar.

El rey entonces, compadecido, se reviste de entrañas de misericordia y le perdona la deuda, considerando que lo que se ajustaba en aquel momento no era exigir lo debido, sino ejercer el perdón en toda su extensión.

Para aquel que está por encima de los acontecimientos, lo “debido” es la grandeza del perdón, lo “justo” era dar nueva oportunidad al abrumado por la deuda para permitirle levantarse de sus miserias y poder ejercer también él la misericordia que había recibido

Se trata de la misericordia, cercanía del corazón del Señor ante las miserias del que adeudaba, que resuelve entablar una nueva relación dando otra oportunidad al deudor, para que libre de lo que lo agobiaba, comenzara una nueva existencia.

La conducta ejemplar del Señor pretendía que el perdonado actuara de la misma manera, siguiendo justamente los pasos de su acreedor.


3. El obrar inmisericordioso del hombre

El que había sido así perdonado, como prolongación de la “gracia” que había recibido, debía empeñarse en la “tarea” de proseguir con la misma actitud que para él hubo, mostrando así la ejemplaridad del gesto del perdón que se continúa en el tiempo.

Pero no fue así. Ante una deuda insignificante que para él tenía uno de sus compañeros, actuó con crueldad sin oír la súplica que repetía la suya, anteriormente emitida ante su señor, y exigió la cárcel.

No entendió la enseñanza que había recibido, más aún, habrá pensado, vaya a saber con qué privilegio, que sólo era gracia aplicada a él, y que no debería continuarse en otros.

Afloró otra vez su miseria, no comprendió la grandeza del perdón y como mercader de la pequeñez de la miserabilidad se erigió en Señor, sin serlo, desoyendo la súplica del sufriente.

Cayó este hombre en lo que señala tan lúcidamente Santo Tomás de Aquino: “la pasión de la ira incita al hombre a imponer penas más graves que las debidas, mientras que la clemencia busca su disminución, en contrariedad con la ira. Por eso la mansedumbre, refrenando la ira, concurre a un único efecto con la clemencia. Pero difieren entre sí en cuanto que la clemencia directamente modera la pena exterior, mientras que la mansedumbre disminuye la pasión de la ira” (Suma Teológica, 2-2 q.157, art. 1, respuesta (tomo X, BAC).

Ante la actitud desmedida que este hombre perdonado tiene para con su deudor se aplica lo que sigue diciendo el Doctor Angélico: “la mansedumbre modera al mismo apetito de venganza. La clemencia se fija más bien en las penas que exteriormente se imponen como venganza.(sol 1)”. La crueldad significa exceso en el castigo, no tanto porque traspase la justicia, cuanto por el modo como lo hace”(sol.3).

Al enviarlo a la cárcel se parece a los que “gozan castigando a los hombres, incluso sin causa,” y se los llama “fieros, crueles, pues indican haber perdido el afecto humano, que nos hace amarnos mutuamente” (sol.3).

Este hombre inmisericorde justamente manifiesta no tener en cuenta el amor que con él se tuvo al perdonársele la deuda, y por eso es incapaz de amar a su prójimo hasta la medida de perdonar a su vez.


4. La lógica del perdón divino

El perdón divino está por encima de toda lógica humana, sobre todo de la venganza. Para el Señor no existe el “no habrá perdón y olvido”. Si así fuera, ¡pobres de nosotros cada vez que nos acercamos a reconciliarnos con El! Nosotros seguimos todavía con el “ojo por ojo” y “diente por diente”, que no fue más que una desfiguración de la ley mosaica.

De allí que Cristo termina la parábola diciendo, después de describir lo que hace el rey contra el que
había perdonado y no actuó en consecuencia, “lo mismo hará también mi Padre celestial con vosotros,
si no perdonáis de corazón a vuestros hermanos”.


La enseñanza del Señor es clara. Si queremos ser perdonados por Dios de nuestras muchas ofensas, debemos hacer lo mismo con nuestros hermanos.

La memoria del Señor, ante nuestros pecados, es la de haber venido entre nosotros para salvarnos de nuestras muchas miserias y mostrarnos el camino de la grandeza de hijos de Dios. Este es el único camino de la paz interior: asumir nuestras culpas desde el misterio de la Cruz y estar dispuesto a acercar nuestro corazón a las miserias del otro por quien también murió el Redentor, con la misma mirada de perdón.

¡Ha llegado la hora de hacer más memoria del evangelio y aplicarlo a nuestras vidas si queremos crecer con grandeza de miras!


(*) Profesor de Teología Moral en la UCSF, Párroco de Ntra. Sra. de Lourdes, Asesor del Centro de Estudios Santo Tomás Moro, Profesor del Instituto Arquidiocesano de Ciencias Sagradas de Santa Fe.
moristasantafe@yahoo.com.ar

13 de marzo de 2007

HABLAR POR BOCA DE GANSO

A este señor como a muchos les diría lo mismo que hace unos días dijera el presidente Kirchner sobre ciertos sectores de la prensa oral o escrita: es necesario informarse, estudiar, y transmitir con objetividad.

1. Hablar por boca de ganso

En su magnífica obra “Tres mil Historias de frases y palabras que decimos a cada rato”, Héctor Zimmerman (Editorial Aguilar), dice lo siguiente acerca de la frase del título:

“Cuando un ganso grita, todos los demás se pliegan al barullo; pero no es esa manía la que originó el dicho. Hace tiempo se daba también el nombre de “ganso” a la persona que se desempeñaba como ayo o preceptor. El calificativo zoológico que se endilgaba al maestro nada tiene que ver con las gansadas que podía cometer, se debía a la pluma con que escribía y enseñaba a escribir. Era, como se estilaba entonces, una pluma de ganso. El buen alumno era el que repetía dócilmente lo que su ganso afirmaba. Con el tiempo, el sentido de la frase cambió ligeramente. “Hablar por boca de ganso” equivale a repetir algo de cuya constancia se carece. Quien así habla suele hacerlo con pedantería, respaldándose en el conocimiento de algún otro. No verifica lo que ha oído, ni lo piensa, ni lo critica. Simplemente, habla. Y por boca de ganso”. (pág. 126 de la 3era edición).


2. La Misa del 1º de julio

Nadie podrá negar que la Misa del primero de julio en Lourdes (Santa Fe) tuvo amplia repercusión.

Toda la semana pasada fueron muchos los que se erigieron en hermeneutas de lo que sucedió ese día, aunque estuvieran ausentes del rito sagrado. Muchos fueron los que como lo señalo más arriba se plegaron al barullo que armó el ciudadano mendaz que con medias verdades puso el grito en el aire y la mentira en el escrito, mezclando temas e incorporando a otros en sus diatribas.

Recién leo en www.politicaydesarrollo.com.ar el artículo sobre Pablo Zancada -valiente diputado que no reniega de su fe católica como muchos otros- que escribe un tal Rodolfo Montes quien suelto de cuerpo dice: “el oficio tuvo un claro sentido político: confrontar contra el avance de los juicios a militares…”

A este señor como a muchos les diría lo mismo que hace unos días dijera el presidente Kirchner sobre ciertos sectores de la prensa oral o escrita: es necesario informarse, estudiar, y transmitir con objetividad.

Es cierto que mi homilía del 1º de julio es extensa, pero pido por lo menos un poco de honestidad, basada en la lectura del texto, sin hacer reducciones ni hermenéuticas innecesarias ya que es clara en sí misma y no necesita de malos repetidores.

Incluso hubo quien asegura que yo escribí anteriormente a algunas redacciones e incluyen un texto sacado de un artículo de mi autoría que nada tiene que ver con este entuerto. ¡Nada más falso!

¡El que quiera leer lo que escribo sabe dónde buscar sin mucho esfuerzo!

Hace poco escribí un artículo titulado “Mi pierna izquierda o el hombre que no quería estar completo” (www.politicaydesarrollo.com.ar ) ( 24 de junio de 2006), ¡pero de allí no se puede deducir que sea de derecha! ¡A no ser que por derecha entiendan defender los principios!

¡Nada tan desleal que querer desautorizar a alguien sembrando sospechas y juicios temerarios sobre su persona!

¿Será acaso que faltan argumentos para rebatir, y que por eso se cae en el cómodo método de descalificar, pensando que …miente, miente, que algo queda?

De chico me enseñaron a saber rebatir argumentos con argumentos racionales, para eso tata Dios nos hizo inteligentes y que el pataleo por sí mismo, sólo es taconeo de bataclana.


3. Las adhesiones a la Misa.

Fue mucho lo que se debatió y se aseguró sobre las adhesiones a la Misa mintiendo descaradamente que se habían leído después de la misma.

Tales adhesiones no llegaron a la Parroquia sino a la página web que publicó el horario y día de la misa.

El que se adhirió lo hizo porque quiso, el que no se adhirió fue porque no quiso hacerlo o porque no concurre a Misa, como dijo una feligresa con ironía y todos en paz, pero la intención fue y sigue siendo por los muertos a causa de los desencuentros entre los argentinos y por la reconciliación nacional, sin señalar espacio y tiempo alguno.

Posiblemente si Facundo o Don Juan Manuel vivieran se hubieran adherido para rezar también por los muertos a causa de los desencuentros entre unitarios y federales y mucho más por nuestro país actual que es federal en la Constitución pero unitario desde hace mucho en lo político.

Gracias a Dios me consuela en todo esto el haber podido poner en evidencia el clamor de muchas personas, ya que como diría Mons Helder Cámara hay que estar con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio.

En efecto, innúmeros fueron quienes agradecieron este pedido de reconciliación nacional, ahítos de tanta desunión, añorando una paz en serio.

En rigor las interpretaciones antojadizas de los hechos depende de quien observe los mismos, de allí el dicho “quid quid recipitur a modum recipientis reciputur”, o sea dicho en criollo, “las cosas recibidas toman la forma del recipiente”. O dicho teológicamente, no se puede recibir el vino nuevo de la Gracia, ni la novedad del Evangelio en recipientes repletos de odios.


4. Los delitos y la justicia

Se machaca desde hace tiempo sobre el castigo por determinados delitos.

Como dije a algún medio, en nuestra Patria hay hijos y entenados. Si se tiene vocación seria de perseguir los delitos cometidos, pues que se haga con todos y con toda clase de delitos, aunque algunos tengan que abandonar los cargos políticos que actualmente detentan.

¡Qué ricos estaríamos, por ejemplo, si a todos los que expoliaron a la Argentina se les obligara a devolver lo que es de todos!

¡Cuántos se enriquecieron con los recursos materiales de todos! ¡Cuántas leyes y malas administraciones llevaron al país a sufrir años y años de postración!

Es hora de dejar de mentir apareciendo como defensores de los derechos humanos quienes en el pasado no los tuvieron en cuenta ni los respetaron en sus hermanos.

Y en la actualidad, ¿dónde están los derechos humanos de los asesinados cada día por cumplir con su misión de defender la vida y bienes de sus hermanos?¿los de los ancianos saqueados y golpeados brutalmente? ¿los de los niños asesinados en el vientre de sus madres? ¿los de los niños que no podrán crecer, abatidos por la desnutrición? ¿los de aquellos que no avizoran un futuro promisorio para sí y sus familias?¿los que no tienen agua potable, ni cloacas, ni servicios esenciales que dignifiquen la vida?¿qué derecho humano respetan “los que pisotean al indigente para hacer desaparecer a los pobres del país”, los que compran “a los débiles con dinero y al indigente por un par de sandalias”, como dice el profeta Amós (cap. 8, vers.4 y 6)?


5. Conclusión

La Patria requiere de gestos de grandeza por parte de todos nosotros. Ponernos a trabajar en serio mirando el futuro a construir para no seguir dejando a los que nos siguen, un país signado por el desencuentro.

Es necesario dejar de guiarnos por ideologías que sabemos a nada conducen, y comenzar a mirarnos como hermanos, hijos de un mismo Padre.

Canalizar las fuerzas para construir un país más humano, que deje de lado la mentalidad del oportunismo pasajero y de las ganancias fáciles, fomentando una cultura del trabajo que engarce con la pasión por la solidaridad para que todos podamos participar con equidad de los bienes comunes que hemos recibido.

¡Ojala despertemos y nos hagamos cargo de los dones que se nos ha confiado como hombres y como argentinos!

Para ello rezo y por ello confío mirando a la Madre del Salvador que nos ama y está presta a visitarnos para darnos el don de la salvación traído por su Hijo.

Cngo Ricardo B. Mazza, Profesor de Teología Moral y Doctrina Social de la Iglesia en la UCSF. Cura Párroco de Nuestra Señora de Lourdes (Santa Fe de la Vera Cruz). 11 de Julio de 2006.

Artículo del 11/07/2006

6 de marzo de 2007

Carta tercera a Nicolás Maquiavelo

“Sucede frecuentemente que los pobres son más dignos de la fortuna que los ricos, ya que éstos son rapaces, inmorales e inútiles y, en cambio, aquéllos son modestos y sencillos y su trabajo cotidiano es más provechoso al Estado que para ellos.”

Nicolás:

Perdoná que haya demorado un poco en contestarte. Sé que estás ansioso por saber qué voy a responder a la tercera pregunta que dejé picando en la anterior que envié. ¿Recuerdas? ¿Puede un súbdito ó ciudadano colaborar con un príncipe ó gobernante perverso?

Vos te preguntarás como ya me lo han preguntado, ¿por qué hablo de príncipe ó gobernante perverso? Este término proviene del latín perversus y se dice de quien es sumamente malo, que causa daño intencionadamente, que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas.

En rigor cuando vos describís al “modelo” de príncipe, presentás el perfil de un gobernante que carece de escrúpulo alguno cuando se trata de conseguir su objetivo.

Es verdad que la definición de “perverso” puede referirse a cualquier persona, pero también es cierto que sólo el gobernante puede estrictamente, a través del uso del poder, corromper las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas.

Un ejemplo lo tenemos en ese personaje tan particular como lo fue Enrique VIII.

Así piensa Tomás Moro de Enrique VIII -a quien conocía profundamente- cuando con ocasión de una visita del rey a su casa, éste le manifiesta la estima que tenía por su fiel súbdito y amigo. Esto provoca que el yerno de Tomás, William Roper le hiciera ver cuánta benevolencia le mostraba el rey. Moro responde: “Sí, hijo mío, doy gracias a Su Majestad el Rey por sus singularísimos favores, pero no me envanezco por ello y sé muy bien que si mi cabeza pudiera hacerle ganar una fortaleza en Francia, no dejaría de caer.”(Utopía. Ed. Abraxas, p. 11).

Pero, volvamos a la respuesta a esa pregunta sobre si puede un súbdito ó ciudadano colaborar con un príncipe ó gobernante perverso ya que me distraje bastante con los paréntesis que hice, y vos terminarás por no entender nada.

Te diré que la respuesta es afirmativa y señala la vocación o llamado para el ejercicio de la política por parte de un bautizado. Volvemos también aquí a la figura representativa de un santo.

Ya te darás cuenta que me refiero a Santo Tomás Moro, quien lleva el nombre de Tomás, justamente en recuerdo del gran Santo y Mártir Santo Tomás Becket, el cual también como él, sufrió la muerte a manos del rey. Becket bajo Enrique II y Moro bajo Enrique VIII.

Vos me preguntarás, ¿por qué te atrae la figura de Tomás Moro? Te diré que siempre me atrajeron las personalidades que se “juegan” por un ideal, por supuesto en el orden del bien. En relación con esto reconozco que siempre me impactó el libro del Apocalipsis, cuando se abomina de los de Laodicea porque no son ni fríos ni calientes sino tibios, y por eso son vomitados por el Señor.

En la actualidad a éste tipo de persona se la denomina con el adjetivo de “pastelero” que coloquialmente describe a la persona acomodadiza en demasía, que elude las decisiones vigorosas.

Pero volvamos a Santo Tomás Moro. El sirvió fielmente a su rey colaborando como Canciller y cumpliendo seriamente con las misiones diplomáticas en el continente que se le confiaron. Padre ejemplar que tenía en su corazón bien en claro la supremacía de Dios y de la Iglesia. Magistrado fidelísimo en defensa de la verdad, especialmente de los más pequeños de la sociedad londinense. Juez que nunca fue contra su conciencia recta.

Te diré que el tema de la conciencia, dada su importancia, me obliga a escribir más adelante sobre ella tratando de ser lo más claro posible, no sólo en su descripción, sino también en la aplicación concreta a nuestra actual sociedad en comportamientos determinados.

En fin, sigamos. Cuando Moro tuvo que definirse al exigírsele la aprobación del divorcio de su rey, y por consiguiente posterior adulterio, y su autoproclamada supremacía real como jefe de la Iglesia, fue fiel a sus principios y no dudó un instante en entregarse dócilmente a la muerte.

O sea que para él una cosa fue el servir a la persona del gobernante en cuanto tal, cosa que hizo siempre, y otra cosa fue el servir y acompañar los desvaríos del gobernante.

Es decir sirvió al gobernante siempre y cuando este servicio no colisionara con un servicio superior: el de Dios, con todo lo que implicaba esto de servicio a la verdad y a la justicia.

Ante el comportamiento de Tomás, Enrique VIII –que no era tonto- demoró su muerte con la esperanza de que cediera a sus requerimientos y por que sabía que su vida toda era un constante testimonio de fidelidad a su fe en medio del pueblo.

No triunfaron sobre él los halagos y las promesas de triunfos políticos sino su fidelidad constante a la verdad y la justicia.

Mientras otros nobles y jueces se dejaban corromper por el rey aprobando sus innobles caprichos, y cometiendo sin pestañear toda suerte de injusticias, Tomás Moro prefirió, sin juzgar a nadie, pero rezando por todos, mantenerse en el camino de la virtud.

Señaló con su vida que en la colaboración con el poder político hay un límite: el de la verdad y seguimiento de aquellos valores que marcaron siempre su vida.

¡Qué ejemplo hermoso para quienes en la actualidad, fácilmente reniegan de su fe o miran para otro lado cuando han de dar testimonio de los principios, prefiriendo los honores y el poder que pueden recibir como migajas del suculento plato del absolutismo!

Tomás señala claramente mostrando la precariedad de la vida, que todos morirán, tanto los fieles a los principios como los traidores a su fe, sólo es cuestión de tiempo. Y en ese caso sólo varía, y sustancialmente, la forma en que cada uno se presenta ante Dios.

Moro prefirió servir hasta las últimas instancias a su Dios y Señor.

Nicolás, vos me preguntarás, y he aquí la cuarta pregunta ¿la Iglesia ha reconocido como verdadero ese proceder de Tomás Moro? ¿No hubiera sido mejor haber cedido algo para no perder todo e intentar, -consintiendo al tirano Tudor- salvar la integridad y vigencia de la Iglesia Católica en Inglaterra? ¿No es lícito al político “católico” hacer la vista gorda en algunas cosas para así seguir intentado el no perder todo?

Te contesto con las palabras de Juan Pablo II –a quien vos no conociste- en la Encíclica Veritatis Splendor (nºs 90 a 95) cuando se refiere al martirio como exaltación de la santidad inviolable de la ley de Dios.

En el martirio, y Moro fue mártir, se da testimonio de que la adhesión a Cristo es lo más importante para el cristiano. El mártir está decidido libremente a entregar su vida si de los ideales evangélicos se trata.

Dice el Papa “el martirio demuestra como ilusorio y falso todo ‘significado humano’ que se pretendiese atribuir, aunque fuera en condiciones ‘excepcionales’, a un acto en sí mismo moralmente malo; más aún, manifiesta abiertamente su verdadero rostro: el de una violación de la ‘humanidad’ del hombre, antes aún en quien lo realiza que no en quien lo padece” (nº 92).

“Los mártires…dando testimonio del bien, … representan un reproche viviente a cuantos trasgreden la ley (cf. Sab 2,2) y hacen resonar con permanente actualidad las palabras del profeta: “¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz , y luz por oscuridad ; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!” (Is. 5, 20).(nº 93).

Juan Pablo II recuerda que en la canonización de un mártir no sólo la “Iglesia ha canonizado su testimonio” sino que también “declaró verdadero su juicio”(nº 91).

Como ves, al canonizar a Tomás Moro, la Iglesia está confirmando como verdadero el juicio moral que el santo emitió ante las distintas opciones que se le ofrecían.

Dicho de otro modo, cuando Tomás decidió no hacer la vista gorda, aprobando lo que el rey y sus cortesanos –por miedo al rey y amor al poder- le proponían, estaba haciendo un juicio moral correcto, aunque esto le acarreara la muerte.

Vos me dirás que Tomás Moro se buscó la muerte por oponerse al rey.

En realidad no creo que sólo sea por eso. Fue un hombre que no tenía pelos en la lengua. Se granjeó el rechazo de los poderosos por sus palabras “imprudentes” en las que desnuda la intención de los poderosos de su tiempo –iguales al nuestro-

Veamos sólo una “perlita” que nos deja en su obra Utopía: “Desde que todos pueden apoyarse en algunos títulos para aumentar tanto como es posible sus posesiones, un corto número de personas se reparten todas las riquezas del país, por abundantes que sean, y a los demás sólo les queda la pobreza. Sucede frecuentemente que los pobres son más dignos de la fortuna que los ricos, ya que éstos son rapaces, inmorales e inútiles y, en cambio, aquéllos son modestos y sencillos y su trabajo cotidiano es más provechoso al Estado que para ellos”. (Utopía. Libro I, p.93. edit. Abraxas).

¡Valiente el hombre! Pero su vida no fue en vano. Así lo entendió Juan Pablo II que lo nombró Patrono de los gobernantes y de los políticos el 31 de octubre de 2000.

Como podés ver quien desee ser un verdadero político según la fe, no tiene más que seguir la vida y enseñanzas de Santo Tomás Moro y ciertamente no se equivocará en sus decisiones por más difíciles que sean, y a pesar de las presiones frecuentes que reciba para traicionar la conciencia en aras de triunfos efímeros.

Una última pregunta para esta carta que se refiere a la inquietud que me hizo llegar un lector de las dos anteriores, y ahora la formulo: ¿es lícito el mandato duradero de un gobernante? O dicho con palabras actuales, ¿es conveniente que alguien gobierne durante mucho tiempo un Estado?

Si se trata de un gobernante -por ejemplo- como Luis IX, del cual ya hice referencia, diría que es lícito que permanezca mucho tiempo conduciendo un Estado ya que le permitiría afianzar el bien común y la felicidad para su pueblo, dado que sólo busca el bien de sus hermanos y el engrandecimiento de su Patria.

Pero si por el contrario se trata de un “ejemplar” como Enrique VIII, mejor perderlo que encontrarlo.

Nico, ya tengo sueño, y quiero ir a dormir. Además quiero que esta salga cuanto antes, porque ya la he demorado bastante tiempo.

De corazón te digo, rezo para que sean muchos los que se dediquen a la política siguiendo los pasos de Tomás Moro y no se contaminen con tus “consejos.”

Cordialmente, Ricardo.