20 de marzo de 2023

Iluminado por Jesús, el hombre se transforma en adorador y testigo de Aquél que le ha dado un verdadero sentido a su vida.

 En este cuarto domingo de cuaresma en los textos que presenta la liturgia surgen la figura de Jesús Buen Pastor y Luz del mundo.
La primera lectura (I Sam. 16,1.5-7.10-13) describe cuando Samuel va a la casa de Jesé para ungir a uno de sus hijos como Rey de Israel, indicando así la voluntad de Dios que la dinastía real pasara ahora a la casa de Judá, con la elección de David, el hijo menor.
Es ungido David porque Dios mira el corazón y no se queda con las apariencias -dice el texto bíblico- y, en él comienza la promesa mesiánica que se va a concretar con el tiempo en la persona de Jesús llamado de hecho tantas veces como hijo de David.
Jesús, a su vez, viene al mundo a salvar al hombre, a iluminar su corazón, para que así pueda el ser humano seguirle con alegría.
De hecho el mismo Jesús declara en el evangelio que Él es la luz del mundo y que quien lo siga no andará en tinieblas.
No pocas veces el ser humano se siente confundido, desorientado, no sabe para qué lado ir en el aspecto religioso, y posiblemente ha sido, porque ha dejado esa conexión permanente con Jesús que es Luz del mundo y de cada uno de nosotros, y por eso el seguimiento del Señor hace que podamos vivir en la luz, permite que no estemos nunca confundidos, y es más, con nuestro testimonio de iluminados lleguemos a confundir a los que viven en tinieblas.
San Pablo en la segunda lectura (Efesios 5, 8-14) exhorta a todos que dado que hemos sido sacados de las tinieblas –por el bautismo- para vivir como hijos de la luz, hemos de realizar obras luminosas, de manera que cuando la luz enfrenta las tinieblas, estas quedan al descubierto y las acciones del hombre también, siendo los frutos del obrar del creyente la verdad, la justicia y el bien.
Cristo nuestro Señor se presenta como aquél que viene a nuestro encuentro para salvarnos como Luz del mundo y del hombre.
Hoy la liturgia nos presenta el capítulo 9 del evangelio según san Juan del que hemos proclamado una parte solamente, un texto abreviado, pero los invito a que en su casa lean todo el capítulo contemplando cómo se desarrollan los acontecimientos en torno a la curación del ciego y cómo aparecen permanentemente las tinieblas encarnadas en los fariseos que quieren confundir a este hombre,  condenar a Jesús porque no lo reconocen como Mesías y lo acusan de pecador ya que ha curado a alguien  en día sábado.
En el texto comprobamos cómo las tinieblas van por un lado y las obras de la luz y  Cristo que es la Luz, con paciencia va por el otro,  transformando el corazón de este ciego de nacimiento que es curado.
Después de repetir varias veces que era ciego y ahora ve después de haberse lavado los ojos, se encuentra con Jesús nuevamente quien le pregunta: “¿Crees en el Hijo del hombre? Él respondió ¿quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Tú lo has visto; es el que te está hablando. Entonces él exclamó: Creo, Señor, y se postró ante él.
Iluminado interiormente por Jesús se transforma en adorador de aquél que le ha dado un verdadero sentido a su vida, y sin conocer mucho qué le había pasado, da testimonio de lo sucedido.
Los fariseos le dirán  que ha nacido empecatado, o sea, nacido lleno de pecado y la prueba de eso fue su ceguera de nacimiento, mientras  Jesús por su parte cuando le preguntan los discípulos si pecó él o sus padres, les dirá ni lo uno ni lo otro, “Nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios”
Contemplamos, entonces, cómo el Señor se acerca a la debilidad, a la carencia de este hombre y lo cura, no solamente de la ceguera física sino también de la ceguera espiritual que termina cuando reconoce a Jesús como el Hijo del hombre y se postra ante él.
Todo esto es un signo de lo que es cada ser humano, venimos a este mundo ciegos, muchas veces sin reconocer al Señor, incluso aún creyendo en Jesús, no pocas veces aparecen nubarrones en nuestra vida que hacen dudar del Salvador y poner la mirada y esperanza en aquello que no  otorga la vida verdadera.
Por ello, la importancia de acercarnos al Señor con humildad para que  transforme nuestra vida mirando siempre a la futura salvación.
No seamos como los fariseos que dicen al ciego quién eres tú para enseñarnos,  o niegan que Jesús pueda curar porque lo consideran pecador, y en su ceguera se cierran a la evidencia del milagro.
La ceguera de los fariseos es total,  no hay peor pecado que el contrario a la luz,  el pecado de aquél que viendo donde está la verdad y qué es la verdad, sin embargo, la rechaza, porque piensa que con el rechazo puede vivir mas tranquilamente.
Queridos hermanos: nosotros tenemos que hacer ese proceso permanente de dejarnos iluminar por Jesús para que nos muestre las miserias personales, y así podamos realmente combatirlas, para no dejarnos atrapar por la tentación y por el pecado.
Quisiera decir una palabra aplicando este texto del evangelio a lo que aconteció días pasados en el sínodo de Alemania.
No es mi intención juzgar el interior de ninguno de los obispos o laicos que votaron toda una serie de disposiciones contrarias a la doctrina de la Iglesia, pero realmente han actuado contra la Luz a pesar de las enseñanzas de las Escrituras, de la Tradición y del Magisterio, a pesar de las advertencias provenientes de la Santa Sede, avisando que no podían continuar con determinadas decisiones.
Al igual que los fariseos que desecharon a Cristo,  la actitud fue la de pensar que la verdad la tienen ellos y no la iglesia universal, y están convencidos que  tienen derecho a cambiar la fe que hemos recibido.
Quieren innovar, y así hablan de ordenaciones de transexuales, bendiciones a cualquier unión pseuda matrimonial y toda una serie de disparates que realmente  hacen temblar a toda aquella persona que quiera vivir en la verdad.
No nos dejemos engañar y confundir por esto que acontece en algunas partes del mundo, si seguimos a Cristo Luz del mundo viviremos iluminados, y  la Luz de la vida y de la verdad estará con nosotros.
La Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio,  todo esto plasmado en el Catecismo de la Iglesia Católica, nos ayudará a no equivocarnos  o a desviarnos del camino.
Nuestra meta es siempre seguir y unirnos a Cristo Nuestro Señor, pidámosle a Él que ponga su mano y que realmente pueda resplandecer la luz que proviene de su Persona divina.

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo IV° de Cuaresma. Ciclo A. 19 de marzo de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com




 


13 de marzo de 2023

“Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

En la Sagrada Escritura, el agua ha tenido siempre un significado muy profundo, ya sea representando la vida como el paso del Mar Rojo escapando el pueblo judío de la esclavitud de Egipto, o  el cruce del río Jordán por el que entrarán en la tierra prometida asistidos por el Arca de la Alianza, como también un sentido de muerte y destrucción pero para dar nueva vida como el diluvio universal.
Por cierto que esto fue siempre un anticipo del agua del bautismo por la que morimos al pecado y renacemos a la vida de la gracia
El agua que el Señor Jesús quiere entregar a cada uno de nosotros significa la entrega del Espíritu Santo y de la gracia, que requiere nuestra conversión, el deseo de una existencia nueva y el darnos totalmente a Él, anunciándolo como el Salvador del mundo.
Esta es la verdad que la liturgia ofrece hoy para continuar con el caminar cuaresmal en medio de las pruebas de cada día.
En definitiva respecto a la vida, el agua  permite que todo florezca y dé fruto abundante, saciando, a su vez, la sed de la humanidad.
En el libro del Éxodo (17,3-7) contemplamos al pueblo de Israel caminando hacia la tierra prometida, y en el desierto padece también la falta de agua, tiene sed y se queja a Moisés, el cual se presenta ante Dios diciéndole ¿Qué hago con este pueblo que debo guiar?
El Señor le responde otorgando agua en abundancia a través de la roca que es un anticipo de Cristo como roca viva  que entrega generosamente el don del Espíritu, que sacia totalmente.
Esto es así, porque el pueblo sediento en el desierto significa la sed de Dios que soporta el ser humano en el caminar de esta vida, aunque sumergido muchas veces en las cosas de este mundo, preocupado en demasía por los acontecimientos cotidianos, no lo advierta, a pesar incluso de la experiencia dolorosa que las cosas de este mundo no sacian su corazón inquieto y buscador de eternidad.
Más aún,  cuantas más cosas se posean no por ello el corazón humano se siente satisfecho, siempre con sed de eternidad, como cantamos en el salmo 41 “Mi alma tiene sed de Dios, ¿Cuándo llegaré a contemplar su rostro?”
¡Qué hermoso poder enunciar siempre que nuestra  alma tiene sed de Dios, ya que expresa el reconocimiento de aquello que sacia y que queremos alcanzar por la misericordia divina!
San Pablo (Rom. 5, 1-2.5-8) recuerda que fuimos justificados por la fe en Jesucristo, habiendo alcanzado la gracia que nos afianza, gloriándonos en la esperanza de la gloria de Dios.
Más aún, “la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”.
Por cierto ese amor derramado es el agua del que habla el evangelio y donde Jesús se declara como aquel que es la fuente de Agua Viva.
Contemplamos a Jesús  que ha caminado largamente, se dirige a Galilea y, a pesar  que podría evitar la travesía por Samaria, lo hace ex profeso porque tiene sed de la conversión de la samaritana.
San Agustín expresa al respecto, que la samaritana representa a la Iglesia formada por los paganos, a la iglesia que nacerá del costado abierto de Cristo, manifestando así el carácter universal del llamado a la conversión para formar un pueblo nuevo.
Jesús llega al pozo de Jacob y  se encuentra con esta mujer porque está sediento no solamente del agua material en cuanto hombre, sino también sediento del alma de esta mujer en cuanto Dios que es.
Le dirá “dame de beber”, respondiendo ésta sorprendida  “¿cómo tú que eres judío me pides a mí que te debe beber?”- porque entre samaritanos y judíos había enemistad.
Jesús quiere mostrar que Él, como Salvador del mundo convoca a todos los hombres para formar parte del pueblo de Dios, ya que esa es la voluntad del Padre, y para eso,  como Hijo del Padre se hace hombre y redime  a la humanidad del pecado y de la muerte eterna.
Con este diálogo con la samaritana -que representa a la Iglesia venida del paganismo- ella recorre el camino de la fe, y esto porque Jesús va suscitando la transformación en su  interior.
La samaritana ve con agrado el no tener que volver al pozo si recibe esa agua que se le ofrece, pero Jesús le hace ver que ha de salir de sus preocupaciones temporales, de las ataduras afectivas volátiles en la que está enfrascada, y beber el agua viva de la conversión y de la gracia, transformando su vida por la acción del Espíritu.
Habiendo comprendido mejor lo que se le ofrece, la mujer  regresa a Sicar -sin el cántaro de agua, signo de que ha encontrado el agua viva- y proclama  a todos  que ha encontrado al Mesías, al profeta, de manera que su propia conversión, su disponibilidad ante Jesús y la aceptación de quien se ofrece a ella como Salvador, tiene  ese fruto de la misión, de convocar a otros al encuentro con Jesús.
Al término de esta experiencia, los samaritanos le dirán a ella “Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.
Como la samaritana, convertidos y habiendo alcanzado el agua viva de la gracia, hemos de anunciar las maravillas del Señor que hemos contemplado, para que muchos se acerquen sin miedo a la fuente de la salvación, con la esperanza de la Vida eterna.
Hermanos: recordemos que si vamos al encuentro del Señor, no tendremos más sed, colocaremos todas las cosas de este mundo en su verdadera dimensión, no estaremos enloquecidos atrapados por lo mudable, sino que buscaremos lo inmutable, no estaremos preocupados por lo accesorio, sino por Jesús fuente del agua viva que quiere entregar su Espíritu,  su vida y salvación.



Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo III° de Cuaresma. Ciclo A. 12 de marzo de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com





6 de marzo de 2023

La fidelidad diaria en vivir “Este es mi Hijo muy amado escúchenlo”, asegura participar en la gloria manifestada en la Transfiguración.

  


Este segundo domingo de cuaresma, llamado también domingo de Abraham y de la transfiguración, nos ayuda a seguir caminando en este tiempo  penitencial y así prepararnos para celebrar gozosamente el misterio Pascual de la muerte y resurrección de Jesús.
En los textos bíblicos que proclamamos, la primera lectura es la del libro del Génesis (12,1-4) que refiere a la vocación de Abraham.
En efecto, Dios le dice a Abraham  “sal de tu tierra”, sal de tus parientes y encamínate a donde yo te voy a indicar, anunciándole que será el padre de un gran pueblo, y todos los que lo bendigan serán bendecidos, y lo contrario sucederá con los que lo maldigan.
Abraham no solamente tendrá una gran descendencia de su sangre, sino que también otros pueblos, otras razas, acudirán a formar parte de este gran pueblo, presentando así el llamado universal divino.

Abraham acepta pero no sabe muy bien qué le espera, sólo confía en la Palabra de Dios que lo guiará permanentemente en el futuro.
A su vez, cada uno de nosotros recibe este mandato de “sal de tu tierra”, mientras transitamos este tiempo de salvación.
Y, ¿qué significa esto? salir de nuestros proyectos y de las seguridades humanas en las que tenemos apoyo para situarnos siempre en el camino por donde el Señor quiere conducirnos, por donde quiere llevarnos en orden a la conversión y salvación.
Sucede a veces  que nos damos cuenta de que Dios está pidiendo algo, pero nos aferramos a lo que tenemos por miedo, cuando en realidad hay que tener siempre esa actitud de “sal de tu tierra”, “sal de ti mismo”, “sal de aquello que te da seguridad” porque el Señor te conduce a una tierra que no conoces, a una misión que no te imaginas, pero que siempre es para el bien de cada uno.

Por lo tanto estamos llamados a salir de nuestra tierra para meternos en la realidad cotidiana que nos toca vivir y allí hacer presente el misterio de Jesús como Hijo de Dios vivo, sabiendo que esta misión ciertamente traerá  sus problemas, sus sufrimientos, que a veces podrán resultarnos difícil de sortear o de vencer.
Ante esta realidad de tener que llevar la cruz de Cristo, imitándolo, escuchemos  lo que desde la cárcel nos dice San Pablo cuando escribe a uno de sus discípulos, a Timoteo (2 Tim. 1, 8-10).
“Comparte conmigo los sufrimientos que hay que padecer a causa del Evangelio” y esto es así,  porque el creyente convertido que quiera vivir el misterio de Cristo,-de lo cual reflexionamos el domingo pasado-, tendrá que sufrir en medio de una cultura sin Dios en la que estamos insertos,  padecer dentro de una sociedad que rinde culto al poder del hombre, “autopercibido como libre absoluto de todo” para hacer lo que quiere, auque no sea más que un esclavo.
En este  padecer por Cristo y la causa del Evangelio, Él es nuestra fuerza, sabiendo que hemos recibido la salvación necesaria.
Estos sufrimientos que el creyente tiene que padecer en su fidelidad a Cristo, ciertamente tendrán su recompensa contemplando su divinidad, prometido esto a los que son testimonios en su ser y obrar.

Llegamos así al misterio de la Transfiguración (Mt. 17,1-9), que se presenta en el marco de la confesión de Pedro asegurando que Jesús es el Mesías y cuando Cristo hace además el primer anuncio de su pasión,  en la que tendrá que padecer, morir y resucitar.
El Señor toma a Santiago, Juan y Pedro y los lleva a un monte alto, y con ellos,  estamos llamados siempre  a subir a las alturas de la contemplación de Dios, lugar y momento en el que se transfiguró.
El rostro de Jesús quedó iluminado como si fuera el sol, las vestiduras resplandecientes como la luz quedando los discípulos sorprendidos porque allí les manifestó  su  divinidad.
Así como en el misterio de la pasión la divinidad se esconde, en el misterio de la Transfiguración es la humanidad la que se cubre, haciéndose presente la divinidad glorificada que quiere fortalecer a los discípulos para que puedan enfrentar los momentos de dolor y de persecución que agobiará al Salvador, recordando el consuelo que recibieron en el monte Tabor con la gloria anticipada.

A su vez, aparecen Moisés y Elías hablando con Jesús para dar a entender que en Él se cumple y perfecciona la ley Mt. 5), y se verifica lo anunciado por los profetas, y es en ese momento que Pedro interrumpe señalando lo que bien que están, pero caerán en una sorpresa mayor  cuando desde una nube, signo de la presencia de Dios como en  Israel en el desierto y, la voz del Padre que afirma “Este es mi Hijo muy amado escúchenlo”.
Esta teofanía o manifestación de Dios viene a confirmar lo que había dicho Pedro “Tú eres El Mesías el Hijo del Dios vivo”
Esta experiencia hace que los discípulos caigan llenos de miedo al suelo, pero Jesús se acerca, los toca y les dice “Levántense no teman”,  porque no hay que temer ante el misterio de Dios que se manifiesta, sino más bien hay que gozar de ese Dios que se muestra.
Esta afirmación de “no teman”, está asegurando que a lo largo de nuestra vida, en medio de las tribulaciones que anunciaba San Pablo, tendremos la certeza que el consuelo de Dios está con nosotros.
Jesús junto con los discípulos desciende del monte y les dice “no hablen de esto hasta que el Hijo del hombre resucite”.

Esto es así porque es en el momento de la resurrección donde tendrá sentido que los apóstoles den testimonio de haber vivido esto anticipadamente por la Transfiguración en el Tabor.
La presencia de Jesús está siempre con su pueblo fiel, nos acompaña permanentemente y al mismo tiempo asegura que también seremos transformados, porque la Gloria que manifestó en sí mismo será participada por el hombre salvado en el Reino eterno.

Queridos hermanos: confortados con esta manifestación de la divinidad de Jesús, sigamos avanzando en la senda cuaresmal, sabiendo que la fidelidad al Señor es la regla de oro para vivir  “Este es mi Hijo muy amado escúchenlo”, sobre todo en un mundo en que fácilmente el hombre se deja seducir por otras voces y enseñanzas, e ir en busca de la Voz y la enseñanza con mayúscula que es Jesús.


Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo II° de Cuaresma. Ciclo A. 05 de marzo de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com




1 de marzo de 2023

Así como en un árbol el antiguo Adán fue vencido, el nuevo Adán, Cristo, triunfará en el árbol de la Cruz.

En la primera oración de esta misa pedíamos a Dios que “por la práctica anual de la cuaresma, progresemos en el conocimiento del misterio de Cristo y vivamos en conformidad con él”.
Súplica ésta que elevamos  cada año, ya que siempre podemos ahondar más en el misterio de Cristo, hasta alcanzar con la gracia divina, la lucidez perfecta en el reino de los Cielos.
Por lo tanto este caminar hacia la Pascua requiere de nosotros conocer más quién es Jesús, ahondar en el misterio de la encarnación y de la misión que concretó en su vida mortal y, lo que significa para la vida de la iglesia y del hombre.
Él es el enviado del Padre para salvarnos de aquello que hemos heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva, esto es, el pecado, la muerte y la inclinación permanente al mal.
El pecado de los orígenes  no sólo nos apartó  de Dios y de todo el orden creado, sino que también quedó la humanidad marcada por la herida de la pérdida de la inocencia y sumida en la debilidad quedando  sujeta no pocas veces a las tentaciones del maligno.
El libro del Génesis (2,7-9; 3,1-7) relata cómo Dios reviste al hombre de todo lo que necesita para ser feliz y lo coloca en un paraíso para indicar que  es el ser creado más amado por Dios.
Para indicar la unión entre Creador y criatura se menciona cómo Dios pasea por el paraíso dialogando con quien es creado a su imagen y semejanza, sobresaliendo así sobre todo otro ser creado.
Sin embargo había un límite o frontera que el hombre no debía traspasar, precisamente por la distancia infinita existente entre Creador y creatura, y así el hombre debe reconocer quién es y no pretender estar al mismo nivel y dignidad que su Creador.
La calificación de lo malo o de lo bueno en las acciones humanas pertenece únicamente a Dios en cuanto Creador, pero el espíritu del mal tienta al hombre declarando que Dios es mentiroso, que no morirán por avanzar más allá de lo permitido, y serán como  dioses.
El diablo que es el padre de la mentira hace sucumbir a Eva primero y luego a Adán y, como consecuencia quedan sujetos a la muerte, y además, habiendo  pretendiendo ser Dios han denigrado su misma naturaleza humana.
Este pecado de los orígenes que se hereda permanentemente a lo largo de la historia, conduce a través del pecado personal que el ser humano cada vez que ofende a Dios esté pretendiendo serlo él también y por lo tanto decidir acerca de lo bueno y de lo malo.
De allí se explica que a lo largo de la historia, y principalmente en nuestros días, el hombre se proclama dios y desplaza de su vida y acciones al Dios verdadero, llegando incluso a llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno, renegando de sus orígenes, culpando de sus propias torpezas a los demás, a la sociedad, a lo que se le ocurra.
Así y todo, Dios nuestro Señor sigue pensando en salvarnos, en redimirnos, ya que si el hombre es infiel, Él no lo es.
El apóstol San Pablo (Rom. 5, 12-19) despliega en su teología el misterio del pecado y la superación por el misterio de la salvación.
Destaca el apóstol que así como por “un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron” y “con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia”
La Sagrada Escritura nos enseña que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, y así como en un árbol el antiguo Adán fue vencido, el nuevo Adán, Cristo triunfará en el árbol de la Cruz.
Jesús es presentado siempre como Aquel que siguiendo la voluntad del Padre y enseñando que justamente la salvación pasa por la voluntad del Padre, Él nos redime a través de su muerte en Cruz y nos enseña cómo ir superando las tentaciones que se nos presentan.
El espíritu del mal ingresa en nuestra vida por medio de nuestras debilidades, no nos tienta con algo que directamente rechazamos habitualmente o directamente no nos ha llamado la atención.
El mentiroso desde el principio, el diablo que conoce al ser humano en sus inclinaciones habituales, tratará de seducirnos por ellas, mostrando  el fruto de la tentación como lo hizo con Adán y Eva, como algo apetitoso, algo bello a la vista, algo formidable, pero que una vez recibido en nuestro corazón no nos deja más que amargura por habernos separado de Dios.
En las tentaciones del desierto (Mt. 4,1-11) viéndolo a Jesús débil con hambre, el diablo le dirá justamente por qué no convierte en panes  las piedras, pero Jesús dirá “No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que viene de Dios”. Se nos  está alertando de la gran tentación del consumismo, del tener, de aspirar cada día a tener más cosas, más bienes que nos aporten seguridad y felicidad, y el ser humano se desloma para adquirirlos pero no encuentra allí la felicidad, porque su aspiración a los bienes temporales no colma el hambre y sed de felicidad que sólo se sacia en el encuentro con Dios.
También el espíritu del mal insiste en que realicemos las cosas que se nos ocurran, ya que Dios saldrá al encuentro nuestro para salvarnos, y nos quejamos cuando eso no ocurre diciendo por qué Dios no me ha respondido en esto, por qué no escucha mi oración resultando ésta inútil  según nuestro parecer.
No pocas veces los acontecimientos malos fueron causados por nosotros mismos y esperamos que Dios nos salve, que mande a sus ángeles para que no choquemos contra las piedras de la vida.
La tercera tentación es la del afán de poder en todos los ámbitos, en todos los momentos de nuestra vida, el poder que puede dar el placer, el dinero, la riqueza, la política, el dominio que se puede tener sobre los demás por el cargo que se retiene o por el trabajo que se desempeña, el poder que tienta al hombre para ser grande y querer ser como dioses y estar por encima de los demás.
En realidad, la verdadera fortuna que hemos de buscar es vivir con  humildad y sencillez, y solamente a Dios adorar, para que no nos atrape ningún ídolo que se presente delante del humano transitar.
El camino cuaresmal, pues,  ha de implicar ir conociendo más profundamente el misterio de Cristo e ir a la Palabra de Dios, meditarla, recibirla y buscar en ella la respuesta a los grandes interrogantes que tenemos para alcanzar el verdadero sentido.
Queridos hermanos el Señor viene a nuestro encuentro, dejémonos hallar por Él, convirtiéndonos de corazón.

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo I° de Cuaresma. Ciclo A. 26 de febrero de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com

 

20 de febrero de 2023

Los cristianos para ser santos y perfectos como el Padre lo es, hemos de superar lo que responde al mundo y encarnar la sabiduría divina.

 

Ya hace varios domingos que estamos proclamando el capítulo 5 del Evangelio de Jesucristo según San Mateo, reflexionando sobre la necesidad de vivir las bienaventuranzas, después recordamos que somos la sal de la tierra y la luz del mundo, y el domingo pasado meditamos sobre la observancia de la Ley de Dios y cómo el cumplimiento de los mandamientos permite que la vida del hombre sea diferente en este mundo y que no terminemos unos contra otros como acontece muchas veces en la actualidad.
En el texto de hoy podríamos decir que Jesús explica en qué consiste que nuestra justicia sea superior a la de los escribas y fariseos, y que Él no he venido a abolir la ley antigua sino a perfeccionarla.
Precisamente comienza (Mt. 5, 38-48) diciendo Jesús que se nos ha dicho “ojo por ojo, diente por diente” siendo esa la medida de la justicia de los escribas y los fariseos por la que de acuerdo a cómo alguien nos trató, podríamos responder con una acción equivalente.
La enseñanza de Jesús en cambio es totalmente diferente ya que enseña que no hagamos frente al que hace mal, no dejarnos llevar por la ira que arrastra a la violencia y perturba más la paz.
El libro del Levítico (19, 1.2.17-18) prescribe el amor al prójimo y el no dejarnos llevar por la venganza con los compatriotas como camino para llegar a ser santos como el Señor es santo.
La enseñanza de Jesús no sólo observa este mínimo exigible, sino que va más allá proclamando el amor a los enemigos.
En efecto, recuerda el Señor que se ha dicho que amemos al prójimo y odiemos al enemigo, pero Él transforma este mandato reclamando amar al enemigo y rogar por quienes nos persiguen para permanecer  como hijos del Padre, de manera que nunca debe anidar en nuestro corazón el odio porque  Dios es amor.
Y así, lo que más se opone a ese Dios amor es el odio, por eso hay que descartarlo siempre del corazón porque se vuelve contra uno mismo, hace perder en  nuestro interior la paz que debiéramos tener cuando somos capaces de superar las pasiones y los instintos todavía no dominados, y poder servir al Señor de todo corazón.
Los cristianos para poder vivir santamente y ser perfectos como el Padre es perfecto, hemos de ir superando todo aquello que responde definitivamente a la sabiduría del mundo.
De esta sabiduría del mundo escuchamos al apóstol el domingo pasado, y hoy (I Cor. 2,16-23) dice que hemos de liberarnos porque es locura delante de Dios, porque la sabiduría del mundo siempre pretende cobrarse ante el daño que hemos recibido, a tener venganza y no ser humillados por los demás, mientras la sabiduría divina nos hace saber que todo es de nosotros, el mundo, la vida, la muerte, lo presente  y lo futuro, nosotros somos de Cristo y Cristo es de Dios.
Precisamente en las bienaventuranzas se afirma “felices ustedes cuando sean perseguidos a causa de mi nombre”, pues bien siempre el cristiano que obre el bien y que busque seguir el evangelio será perseguido,  será ninguneado, y desechado de la consideración de la gente, pero lo que importa es cómo estamos delante de Dios nuestro Señor, el cual quiere que realmente vivamos santamente.
Ser santo significa vivir con la alegría que origina en nuestro corazón la presencia de Jesús, el seguimiento de sus pasos, la vivencia del Evangelio. La santidad es la que realmente conquista el mundo,  la que permite vivir como hijos de Dios y que dejemos atrás todo lo que implica el espíritu del pecado.
Como decía recién, el Señor nos reclama que amemos al enemigo, porque también el enemigo, el que nos hizo daño, es hijo de Dios, el cual espera pacientemente su conversión para que viva santamente.
El mismo Jesús aclara que si amamos a los amigos solamente, qué mérito tendremos ya que los paganos hacen lo mismo
Y, ¿Qué significa amar al prójimo sea amigo o enemigo? el objetivo del verdadero amor  es  que el que ama verdaderamente busca el bien de la persona amada. Y ¿cuál es el bien de la persona amada? no es el bien económico o el bien de la salud o de cualquier otra cosa, el bien por excelencia es la vida espiritual, la vida en Gracia, el que la persona vaya encaminándose hacia el encuentro del Padre.
Muchas veces nosotros cuando hablamos del amor pensamos en atender toda una serie de cosas y dejamos de lado lo más importante que es la vida del espíritu.  Nos preocupa por ejemplo si alguien está enfermo físicamente y está bien que nos preocupe y que recemos para que se cure, pero tal vez no procuramos que esa persona reciba el sacramento de la reconciliación, la unción de los enfermos, la eucaristía, dejamos todo eso para último momento para que el enfermo no se asuste y así muchas veces actuamos con esa sabiduría del mundo pero no con la sabiduría de Cristo nuestro Señor.
El Señor nos invita permanentemente a superar todas las dificultades que se presentan para vivir santamente. El texto del evangelio es muy rico y deja enseñanzas muy profundas. Se trata que veamos qué nos dice y nos pide el Señor a cada uno.
La interpelación dirigida al creyente para que sea santo como el Padre es santo no es fácil de realizar. Las dificultades son muy grandes, costumbres viejas metidas en cada uno retardan la purificación y la conversión del corazón. El cambio de mentalidad no pocas veces resulta demasiado lento, pero con la gracia de Dios podemos alcanzar la santidad de la cual nos habla el Señor.
Queridos hermanos: hemos de trabajar para lograr el objetivo de nuestro quehacer diario, que todo realmente se oriente a Cristo nuestro Señor, que caigamos en la cuenta que de nada vale ganar el mundo si perdemos el alma. ¡De qué vale pensar que somos perfectos si no lo somos si falta la presencia de Jesús en cada uno!
Pidámosle a Jesús superar lo que impide seguirlo a Él y crecer en la santidad por la fe, la esperanza y la caridad.

 

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo VII durante el año. 19 de febrero de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com


13 de febrero de 2023

Felices los que siguen la Ley del Señor y van por un camino intachable.

En  el libro del Eclesiástico (15,15-20) escuchamos al autor sagrado que  inspirado por Dios escribe en el año 180 antes de Cristo en Jerusalén  para alertar a los judíos acerca de la influencia de la cultura helenística que podría apartarlos de la verdad y alejarlos de todo lo que fuera agradable a los ojos de Dios.

Les  recuerda que delante de cada persona se presentan dos caminos, el de la Vida y el de la muerte, el de la verdad y el de la mentira, el que conduce a la salvación y el que arrastra a la destrucción.
Y afirma “si quieres puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada” a Dios.
Más aún, recuerda que Dios “a nadie le ordenó ser impío ni dio a nadie autorización para pecar”, y esto “porque grande es la sabiduría del Señor, Él es fuerte y poderoso, y ve todas cosas”.

A su vez, el salmo interleccional (Ps. 118)  enseña que la verdadera felicidad para el hombre está en la realización del bien, en el cumplimiento de la Ley divina, en el seguir el mandato del Señor en cuanto medio para alcanzar la  plenitud verdadera.
Sin embargo, Dios ha creado libre al hombre, de modo que pueda elegir entre esas dos opciones, la que conduce a la vida o la que conduce a su propia devastación, y el que  pueda elegir aquello que le hace daño desechando el bien que enaltece, es un misterio.
Obviamente que el Creador quiere que el hombre responda observando sus mandatos, siguiendo la ley conocida,  asegurando de ese modo la  felicidad aquí en la tierra y augurando de alguna manera la felicidad eterna en el Cielo para quien persevere.

Todos sabemos perfectamente que la observancia de la ley de Dios no solamente es para el bien de cada persona sino también para el bien de la comunidad, de la sociedad.
En efecto, el hombre conoce el daño que provoca el quebranto permanente de los mandamientos de Dios en nuestra sociedad.
Qué distinto sería el país si nadie matara! Sin embargo tenemos leyes que han decretado el asesinato de los niños en el vientre de sus madres si ellas lo solicitan.  

¡Qué distinta sería nuestra Patria si se respetara al otro, si no se ejerciera violencia, si no se arruinara la vida de los demás comerciando con las drogas! El mismo Jesús enseña en el evangelio de hoy que debemos desechar de nuestra mente y obra todo tipo de insulto o menoscabo de la dignidad humana.
¡Qué distinta sería la convivencia humana si todo el mundo viviera de su honesto trabajo bien remunerado y que a su vez nadie estuviera ocioso por carecer de su medio de subsistencia, si no hubiera tanta corrupción, tanto despilfarro de los bienes que son de todos o que algunos engorden expoliando a sus hermanos!
¡Qué armoniosas serían las relaciones humanas si se dijera siempre la verdad y no estuviéramos en guardia siempre pensando que alguien podría mentirnos! ¡Cuánto mal se hace al prójimo con la maledicencia, la calumnia, la crítica, el chismorreo y todo tipo de pecado con nuestra lengua venenosa!

Hablando del adulterio Jesús nos enseña que comienza en el corazón de la persona, porque es del interior del hombre de donde nacen todos los males y pecados. ¡Qué distinta sería la vida del matrimonio y de la familia si sólo reinara la fidelidad entre las personas!
También Jesús habla de la necesidad de decir siempre la verdad,  afirmando sí o no sin colocarlo a Dios como garante de la cambiante palabra humana con la que se busca imponerse a alguien.

San Pablo escribiendo a los cristiano de Corinto  (I Cor 2,6-10) refiere que anuncia una sabiduría divina entre aquellos que son personas espiritualmente maduras que buscan vivir según la voluntad divina.
En contraste existe la sabiduría de este mundo, la que es propia de los dominadores de este mundo que están condenados a la destrucción. Estos dominadores son los que se creen dueños de todo y pueden disponer como quieren, tanto de las personas como de los bienes de este mundo que son comunes a todos. ¡Cuántas cosas aberrantes imponen a las almas sencillas y buenas estos dominadores encaramados en los diferentes poderes del mundo!

A su vez para no pocas personas que viven la sabiduría del mundo la cultura de nuestro tiempo les inculca que sólo importa que cada uno haga lo que quiera, lo que está de honda, lo que el mundo imponga y a no preocuparse por lo que vendrá, porque nada sucederá.
Vivimos en un mundo al que le hace falta vivir de la sabiduría de Dios y así alcanzar la verdadera felicidad, la que conduce a la Vida que no tiene fin, a la Vida eterna.

Es importante volver a tomar conciencia de que estamos llamados a la Vida eterna, que mientras vivimos en este mundo, transitamos en el tiempo sabiendo perfectamente que no somos eternos aquí.
Es preciso recordar que nuestras acciones en la vida temporal tienen consecuencias como decía el libro del Eclesiástico ya que somos responsables de nuestras decisiones.

Cada uno de nosotros al hacer mal uso de la libertad, eligiendo el mal prepara una existencia humana sin sentido.

Por lo tanto, es necesario caminar al encuentro de Dios de quien procedemos, sabiendo  que no podemos hacer lo que queremos sin que nada pase, sin que culmine en un final lejos del Creador.
Hermanos: pidamos al Señor nos ayude a vivir y caminar en la santidad de vida conservando su Palabra y obrando el bien.



Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo VI durante el año. 12 de febrero de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com


7 de febrero de 2023

Siguiendo a Jesús, sal de la tierra y luz del mundo, colaboraremos para que el mundo sea preservado de su propia destrucción.

 El domingo pasado habíamos meditado sobre las bienaventuranzas, que expresan el plan de vida que dejaba Jesús en orden a la perfección de cada uno de nosotros mientras estamos en este mundo.
En el texto evangélico de hoy (Mt. 5, 13-16)  el Señor especifica aún más el pasaje de las bienaventuranzas afirmando que “ustedes son la sal de la tierra” y “son la luz del mundo”, expresando lo que se espera de cada uno de nosotros en el caminar cotidiano siguiendo a Jesús.
En efecto, quien primero fue sal y luz es el mismo Señor, constituyéndose en  modelo perfecto a seguir e imitar.
Él mismo afirmará ser la luz del mundo y, que quien lo sigue no caminará en tinieblas, mientras a su vez en el prólogo del evangelio según san Juan dirá que la Luz vino al mundo pero las tinieblas no la recibieron, pero que se transformarán en hijos de Dios aquellos que dan cabida a esa Luz en su corazón. De hecho ya en el Antiguo Testamento anunciando al Salvador, es llamado luz de las naciones o que los pueblos que caminaban en tinieblas vieron una gran luz, y que siendo  Luz de las naciones atraerá a todos los pueblos hacia sí.
Jesús manifiesta la verdad  escondida en el Padre y llegó para transmitirnos la Vida que nosotros nos merecemos como hijos adoptivos de Dios.
Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre para  estar entre nosotros se encontró con un mundo en descomposición, y Él como sal no solamente concede  sabor y “sabiduría” a todos,  sino que con sus enseñanzas asegura que si lo seguimos evitaremos que la sociedad siga descomponiéndose, preservándonos de la influencia del malo.
Jesús, por lo tanto, al encontrarse con tantas desviaciones de la palabra divina, y las infidelidades a la Alianza por doquier, transmitirá todo lo necesario para una existencia nueva.
El Salvador permanentemente estará nadando contra la corriente, enseñando cosas diferentes a lo que vivía la gente, a lo que estaba acostumbrado cada uno y así su mensaje es de conversión, invitación al cambio de Vida, para hacernos hijos adoptivos del Padre.
Ahora bien, por el sacramento del bautismo nosotros somos constituidos en sal de la tierra  y  luz del mundo, expresado esto en el rito antiguo de poner sal en los labios del bautizando para recordar que debía mantenerse sin corromperse por el pecado,  debiendo dar un sabor distinto a la sociedad  con su ejemplo, e invitándolo a su vez en el rito actual a ser luz  del mundo comunicando la luz de Cristo presente en el cirio pascual encendido y transmitida por intermedio de su padrino.
Justamente para indicar que debe preservarse de toda corrupción, el bautizado ha de dar  un sabor distinto a  su vida, rechazando todo aquello que no sigue el evangelio y que representa el espíritu del mundo, tan diferente a lo que sea bueno y ennoblecedor del hombre.
Y así, si el mundo proclama el aborto, el creyente tiene que defender toda existencia que no ha nacido todavía,  si el mundo defiende la eutanasia, el creyente tiene que amparar toda vida, aunque parezca inútil o desechable y combatir  así  la cultura de la muerte.
Si el mundo de hoy aplaude la ideología de género y  promueve todo tipo de degeneración o desvío de la naturaleza de las cosas, el creyente tiene que proclamar la verdad en todo su esplendor.
Por ser sal y otorgar un sabor distinto a todo e iluminar con la verdad todo lo que acontece, el creyente será perseguido,  perderá su trabajo  e incluso hasta su libertad física, adversidades todas ya anunciadas por el cumplimiento de las bienaventuranzas.
Estamos viviendo  en un mundo de chiflados en el que se trata de imponer a todos la dictadura del Estado, nuevo ídolo,  por encima de la ley de Dios, y el que osa rebelarse es sacrificado en el altar de la mentira y el desprecio de los que asumen lo políticamente correcto.
Es por eso que hemos de estar atentos para no contagiarnos de tanta locura avalando lo que está mal y que con el slogan de que cada uno tiene derecho a ser feliz se acepten todo tipo de aberraciones.
Se piensa hoy en día que cada uno tiene derecho a decir lo que quiera aunque ofenda a los demás,  que se puede dar una muerte a una persona  si es débil, como el caso del niño de cinco años  asesinado por el  llamado “odio al macho”.
El mundo practica la convivencia  de las parejas, también entre los católicos, cuando nosotros como sal y luz hemos de hablar de la dignidad del matrimonio y de la familia bien constituida.
Hay un sinfín de ejemplos que ilustran la descomposición de la sociedad y de la cultura, y es en este mundo tan descolocado donde tenemos que ser sal y luz, proclamando el evangelio, haciendo presente a Cristo, aunque no nos escuchen mucho, como lo hizo valientemente el papa Francisco en estos días en África.
En efecto, Francisco habló muy duro acerca de la explotación del hombre por el hombre, habló muy duro acerca de las luchas tribales que causan innumerables muertes que claman al cielo.
Es posible que muchos no le hagan caso y siga todo igual, pero su deber como pontífice es predicar a Jesús que también habló en una época en que muchos no lo escucharon, pero que entregó la misericordia abundante sobre quienes se dejaron tocar por su vida y doctrina y cambiaron su proceder.
Ya Dios le decía al profeta  Ezequiel “sea que te escuchen, sea que no te escuchen, sabrán que hay un profeta en Israel” o en la sociedad  de nuestros días en la que estamos insertos.
Recordemos que si no vivimos la misión de ser sal, ya no serviremos más que para ser pisoteados, sino somos luz que ilumina sólo existirá  una mecha apagada
Precisamente hoy en día en muchas partes la iglesia es ridiculizada porque ha perdido el carácter de salar, porque se ha acomodado al mundo y sus costumbres, con la falsa ilusión de no perder adeptos, cuando en realidad al no ser diferente a lo que se vive, no pocos se alejan de ella buscando otros horizontes.
En cambio, siendo sal, cuando tocamos la herida del pecado, aunque haya algún escozor se puede cicatrizar la herida.
A su vez, iluminaremos al mundo  cuando obremos el bien como nos invita el profeta Isaías (Is. 58, 7-10), dando de comer al hambriento, albergando a los pobres, eliminando los yugos o la mano amenazadora, practicando el derecho y la justicia.
Por otra parte, san Pablo (I Cor, 2, 1-5) dice que él predica a Cristo crucificado, que se siente crucificado porque desecha todo lo que se opone al Señor, y el mundo está crucificado para el apóstol porque no le da cabida en su corazón.
Hermanos, pidamos la gracia de lo Alto para ser auténticos seguidores de Jesús, siendo sal y luz en un mundo que se ha olvidado de la Verdad y del Bien, y que con las buenas obras realizadas glorifiquemos al Padre del Cielo.


Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo V durante el año. 05 de febrero de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com



 
            




31 de enero de 2023

Quienes viven las bienaventuranzas no cometerán ninguna maldad ni hablarán falsamente; y no se hallará en sus bocas palabras engañosas.

 El profeta Sofonías (Sof. 2,3; 3, 12-13) cumple su misión en el siglo VII antes de Cristo en el reinado de Josías, él deberá alentar al “resto” de Israel, a aquellos que se han mantenido fieles a Dios a pesar que lo que vivían constituía una invitación constante a su  abandono.

En efecto, históricamente corrían los años en que Asiria  oprimía a las doce tribus de Israel, dominándolas política, cultural y religiosamente, ya que se imponían los cultos idolátricos y las costumbres paganas.
Este “resto”, depositario de las Promesas, será un pueblo humilde y pobre, más en sentido moral que físico, mientras tanto muchos otros se sentían tentados y sucumbían abandonando al Dios de la Alianza.
Ante esta situación, el profeta alentará a los fieles instándoles a seguir adelante respetando el derecho y la justicia, custodiando la alianza realizada en el pasado entre el pueblo y su Señor.
Sin embargo, no se les prometía bienestar, sino que esa buena conducta podría protegerlos “en el día de la ira del Señor”, esto es del destierro, como sucederá cada vez que el Señor sanciona a su pueblo infiel, pena que también sufrían a veces los justos como expiación.
Con todo, la promesa  hecha por Dios por medio del profeta tiene perspectiva de salvación, ya que “el resto de Israel no cometerá ninguna maldad ni hablará falsamente; y no se hallarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán, sin que nadie los perturbe”
Esto permite comprender que la fidelidad al Señor está protegida por su misericordia, que no quiere se pierda alguno de sus seguidores fieles, aunque esto signifique  pasar a menudo por el misterio de la Cruz.
Consideremos también lo que enseña san Pablo en esta misma línea (I Cor. 1, 26-31) de reconocimiento de los pobres de Yahvé, del llamado “resto” de Israel, pequeño grupo que guarda fidelidad a Dios.
El apóstol trata de hacer ver a los cristianos de Corinto que su fuerza no está asegurada por la sabiduría humana, a la que eran afectos los griegos,  ni tampoco en el poder o la nobleza de estirpe, sino que se origina en la elección que hace Dios de cada uno y la fuerza con la que lo reviste para cumplir una misión determinada.
Y así, recuerda que “Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios, lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes, lo que es vil y despreciable, y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale”.
Esto implica para nosotros cambiar de forma de pensar, ya que esta concepción nueva  de la vida  que trae san Pablo es contraria a la mentalidad del mundo y cultura de nuestro tiempo, que no pocas veces influye en la forma como contemplamos la  existencia diaria.
El creyente ha de reconocer que su fuerza le viene de Dios de modo que nadie se gloríe delante de Él como si hubiera conseguido el triunfo por sus propios talentos.
El apóstol insiste en que al estar unidos a Cristo Jesús nos beneficiamos con y por su gracia ya que “se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención.”
Una explicitación más plena  acerca  de en qué consiste la vida de los que pertenecen al “resto” de Israel en nuestro tiempo, de los pobres de Yahvé transformados en seguidores de Cristo, la encontramos en las bienaventuranzas de las que nos habla el evangelio (Mt. 5,1-12ª).
Precisamente son bienaventurados los  pobres de espíritu, que sin quedarse en la pobreza material únicamente,  aspiran a vivir la pequeñez espiritual  propia de quienes  reconocen que todo lo que son y poseen y pueden realizar, se lo deben a Dios.
En efecto, es Dios quien en su misericordia les permite identificarse más profundamente con Cristo Salvador, de allí que merezcan pertenecer al Reino de los Cielos desde donde  Él los espera.
A su vez los pacientes o mansos que no se dejan llevar por la ira o la venganza descuellan por ser apreciados por todos, máxime en una sociedad   como la  actual en la que rige la violencia y prepotencia.
Los que lloran por sus pecados y por los de los demás, o se afligen por el mal reinante en el mundo o porque es pisoteado el nombre de Dios, alcanzarán el consuelo debido a su sincero sufrimiento.
Actitud noble es aspirar a que reine la justicia, como ya lo indicaba Sofonías, porque  será dada en abundancia por Aquél que la prometió.
La misericordia es un signo de fortaleza y no de debilidad, por eso Dios que es el misericordioso por excelencia, la ejercerá con nosotros si sabemos  estar con el corazón cercano a las miserias de los otros.
Como Dios es puro, es natural que quienes tengan un corazón no contaminado por la impureza puedan contemplar al Seño.
Loable es trabajar siempre para que reine la paz en el mundo, en la sociedad, en la familia, entre nuestros amigos, para poder así vivir como hijos de Dios que quiere pacificar los corazones de todos.
Ahora bien, la imitación más plena de Jesús la tendremos cuando seamos perseguidos por ser justos o nos calumnien por pertenecer a su rebaño, porque también Él fue tratado con desprecio y se entregó en las manos de los injustos para redimirnos del pecado.
Hermanos: pidamos al Señor que nos colme con su gracia para valorar y practicar las bienaventuranzas que nos aproximan más y más no sólo a su imitación, sino también al servicio de todos.

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo IV durante el año. 29 de enero de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com


23 de enero de 2023

Jesús es la luz anunciada por el profeta, enseña la necesidad de convertirse por la llegada del Reino y, llama a los apóstoles que continuarán su misión en el mundo.

Instituido por el papa Francisco, el tercer domingo del tiempo ordinario se celebra el domingo de la Palabra.
Si consideramos la Palabra identificándola con el Verbo de Dios como lo describe san Juan en el prólogo del evangelio según la inspiración que el mismo tuvo de lo Alto, sabemos que por disposición divina se hizo historia humana tomando nuestra naturaleza en el seno de una mujer, María Santísima.
Al Hijo de Dios, Palabra del Padre, lo tenemos presente en la persona de Jesús que viene a mostrarnos el camino de la Verdad y de la Vida y conducirnos hacia la Casa Celestial.
Pero a su vez, a la Palabra de Dios, para que nadie diga que no sabe dónde encontrarla, la tenemos plasmada en la Sagrada Escritura.
Importante resulta para nuestro tiempo y en medio de una cultura relativista, contar con la Palabra divina que se ha manifestado, y que se  presenta en forma escrita gracias al trabajo de los que fueron inspirados para mostrarnos  la historia de la salvación humana.
En nuestros días escuchamos no pocas herejías y errores que atacan la fe verdadera, precisamente haciendo caso omiso de la Palabra de Dios, y peor aún, afirmando y enseñando lo contrario a lo que Dios ha revelado en su infinita sabiduría para nuestra salvación.
Lamentablemente estas voces discordantes con la fe verdadera, proceden con frecuencia  de aquellos que por su ministerio –especialmente el episcopal- debieran ser los maestros de la fe para quienes se les ha confiado para que guíen a la Vida Eterna, alimentando siempre con la verdad que proviene del Señor.
La vivencia de nuestro tiempo se parece a lo que el pueblo elegido debió sufrir por los embates de Asiria que se había apoderado de las tribus del Norte, sumiéndolas en el sufrimiento y la confusión porque se intenta socavar los cimientos mismos de la fe vivida.
El profeta Isaías (8, 23b-9,3) ante este cuadro de confusión, en nombre de Dios anuncia que “el pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz”  y esto “porque el yugo que pesaba sobre  él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián”.
¿Quién es esa luz que no sólo ilumina sino que libera de toda opresión? La respuesta la tenemos en el texto evangélico de hoy  (Mt. 4, 12-23) en el que se narra el momento en que arrestado Juan Bautista, Jesús se retira a Galilea y dejando Nazaret se establece en Cafarnaún “a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera el anuncio del profeta Isaías, mencionado previamente.”
Ahora bien, Galilea es más que un espacio geográfico, es el lugar del seguimiento a Jesús, el punto de partida de la misión de la Iglesia cuando  son convocados los discípulos después de la resurrección del Señor y enviados a evangelizar a todos los pueblos, el lugar de la manifestación gloriosa del Hijo de Dios.
En Galilea, Jesús se encuentra con muchas personas provenientes del paganismo  que se habían establecido allí después de las invasiones sufridas en el tiempo, y por cierto una nutrida presencia de  judíos.
Él es la luz anunciada por el profeta, por lo que enseña abiertamente la necesidad de convertirse porque el Reino de los Cielos está cerca y para poder ingresar a este Reino, que es Jesús mismo, es necesario dejar atrás la vida sin fe y reconocer la salvación traída por el Señor.
Esto vale también para nuestro tiempo en el que reina el paganismo práctico en el corazón de muchos sedicentes católicos.
En efecto, muchos hay que se presentan como creyentes católicos en teoría, pero son paganos en la práctica porque “creen” en las energías ocultas de cierto yoga  purificador, en el Reiki y en cuanto invento oriental que llena las cabezas, en vez de acudir a la verdad que  transmite Jesús cuando convertidos de tanta “moda” religiosa lo buscamos y bebemos de la única fuente de la salvación.
No nos admire, por lo tanto, que como resultado de tantas fantasías a las que damos crédito, abunde en no pocas personas la presencia del demonio que ingresa en el corazón porque se le permite fácilmente.
Jesús es el único que ilumina de veras, el cual busca al hombre para atraerlo a la verdad y la vida como único camino que es.
Para continuar con esta misión evangelizadora, Jesús comienza a elegir a sus primeros discípulos, y así convoca a Simón llamado Pedro, a su hermano Andrés, a los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago, y les dice “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”.
Estos hombres que eran pescadores, y que de la pesca  vivían, atraídos por el llamado y el Señor mismo, abandonan las redes para seguir tras sus pasos, abandonando todo, porque el seguimiento del Señor supone siempre un desapego muy profundo a todo lo que pueda impedir la misión de proclamar la verdad y lograr la conversión de muchos.
A partir de ese momento están con Jesús, quien “recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente”, especialmente curando de las enfermedades del alma y del error.
El seguimiento de Jesús como centro de la vida de cada uno de nosotros, lleva a vivir en unidad en las comunidades católicas.
San Pablo (I Cor. 1, 10-13.17) precisamente en el texto proclamado hoy, convoca a terminar con las divisiones reinante en Corinto.
En efecto, algunos decían “yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo”, y esto no porque Pablo, Cefas o Apolo buscaran tener adeptos, sino porque la gente se siente atraída por alguno de ellos.
Lo mismo sucede en nuestros días, hay quienes se consideran ortodoxos de buena línea, otros progresistas de avanzada, y unos y otros han transformado la verdad en ideología, por lo que dan por verdadero según sus interpretaciones, y tienen a su vez algún inspirador que alimenta esos desvaríos.
San Pablo es tajante al afirmar que debemos seguir a la persona de Jesús, vivir en la verdad que Él transmite ya que fuimos salvados por su muerte en Cruz, y bautizados en su nombre alcanzando la salvación.
Queridos hermanos: pidamos al Señor nos libre de este espíritu selectivo de la Verdad Única, y que dejando los criterios personales lo sigamos en la misión de ser pescadores de hombres.

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo III durante el año. 22 de enero de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com