A los seguidores de Dios no les depara generalmente un destino excelente, sino que el que es llamado para la misión sabe que está expuesto a muchos peligros y que es probable seamos rechazados, odiados, ninguneados, no tenidos en cuenta en la sociedad. Y esto, porque para el mundo el éxito pasa por otro lado, por el dinero, la fama, a ver quién es más vivo en la sociedad para hacer todo el mal posible y librarse de pagar por ello.
Y ahí lo encontramos a Jeremías (20, 10-13) que manifiesta lo que le está sucediendo, que es rechazado y odiado, porque el mensaje que transmite al pueblo elegido no es del agrado de la gente, porque el ser humano espera siempre según su criterio una buena noticia, no quiere aquel que es considerado que tira malas ondas o que anuncia situaciones que no gustan.
Y Jeremías se queja también ante Dios, porque fue enviado y sin embargo es rechazado, incluso será traicionado hasta por aquellos que se llaman amigos.
Y el profeta, al final, terminará muriendo por defender la causa del que lo ha enviado, no obstante, en el texto aparece que Dios cuida del profeta, lo protege.
¿Cómo se entiende que Dios lo protege si al final termina siendo asesinado? Porque al profeta por su fidelidad le espera una gran recompensa.
Justamente el hecho de la recompensa es lo que transmite, lo que enseña el texto del evangelio (Mt. 10, 26-33) "No teman a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, teman, más bien, al que puede enviar el cuerpo y el alma a la gehena".
Acá, en este texto bíblico en el que Jesús está hablando de la misión que le corresponde a los apóstoles, se les advierte que sufrirán persecución a causa del evangelio.
En efecto, cuando recorrimos el libro de los Hechos de los Apóstoles en el tiempo pascual, hemos ido siguiendo cómo han sufrido Pablo o Bernabé, los apóstoles en general, por proclamar el evangelio.
Es por eso que el Señor advierte sobre persecuciones y odio por parte de quienes no quieren saber nada del anuncio.
Por eso Jesús tiene pocos amigos, por eso no todo el mundo busca seguir a nuestro Señor como vemos y asistimos en la sociedad actual, ya que son muchos los que han abandonado, por diversas razones, por cierto, la fe verdadera.
Y se invocan diversas excusas, aunque la principal, es que seguir a Cristo, exige estar dispuesto a sufrir y a morir por Él.
Por eso Jesús dirá, no teman a los que pueden matar el cuerpo, no asegura que salvemos el pellejo por predicar el evangelio, sino que no perdamos la salvación del alma.
Al contrario, defender la verdad, predicar el evangelio trae la pérdida de amigos, de personas que tratarán de darnos razones para no seguir a Cristo hasta lo último.
Sin embargo, Jesús es claro, cuando dice que renegará delante de su Padre de quien reniegue de Él delante de los hombres, en cambio, quien dé testimonio de su Persona ante los hombres, recibirá como premio que el Señor también dé testimonio favorable de él delante de su Padre.
Por eso, queridos hermanos, tenemos que seguir por la senda de la fe que hemos recibido y buscar ser consecuentes con esa fe recibida, sabiendo que el Señor es el que nos protege, defiende, y promete la gloria, si somos capaces de vivir para darle gloria a Él siguiendo su enseñanza.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XII del tiempo litúrgico durante el año. Ciclo A. 21 de junio de 2026

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