25 de agosto de 2007

San Luis, modelo de gobernante.

“En la vida política parece casi indecente hablar de Dios, como si fuese un ataque a la libertad de quien no cree” (Cardenal Ratzinger).

1.-La figura de San Luis IX (1214-1270)

Este 25 de agosto nuevamente celebra la Iglesia Católica a un gran santo que fue gobernante. Me refiero a San Luis IX, rey de Francia.
Una característica sobresaliente en él fue el amor a Dios por sobre todas la cosas que le daba real sentido no sólo a su vida personal, sino también al papel que le tocó desempeñar como gobernante.
Siendo su amor a Dios lo principal, le permitió analizar desde esta mirada de fe todo su actuar político, alcanzando así un desempeño eficaz.
No podría ser de otra manera, ya que cuando el gobernante está imbuido y contenido por la fe en Dios es capaz de mirar en su verdadera dimensión todo su obrar político.
En efecto, sintiéndose hijo de Dios, supo mirar a todos los gobernados de su Patria desde la óptica de la filiación divina.
Sentirse encumbrado en el poder fue considerado por él como un don inmerecido que lo obligaba a velar por los demás, especialmente por los pobres y más excluidos de la sociedad.
De allí que buscara siempre aliviar las necesidades de los más débiles. Incluso a aquellos “pobres vergonzantes” que no se animaban a pedir para ellos, les hacía llegar ocultamente aquellos beneficios que más urgían.

Cuando alguien le recordó una vez que al pueblo pudiera no gustarle el tiempo que él dedicaba a la devoción y oración particular contestó sabiamente que “de eso no me avergüenzo ni me avergonzaré jamás. Y esté seguro de que si en vez de ir a esas reuniones a orar, me fuera a otras reuniones a beber, bailar y parrandear, entonces sí que esas gentes no dirían nada. Prefiero que me alabe mi Dios aunque la gente me critique, porque por El vivo y para El trabajo, y de El lo espero todo".
Indudablemente el reconocer que “por Dios vive” le permitía sentirse no sólo vinculado a su Creador, sino también necesitado de su providencia y dependiente de su misericordia.
Y así, el verse necesitado de Dios le permitía referirse a El cuando del cumplimiento de su voluntad se trataba, confiando más en la luz de lo alto que en las luces propias y de sus ministros.
Y al experimentarse dependiente de su misericordia, era consciente que habría de darle cuenta algún día por sus actos no sólo de la vida privada, sino también como rey de su nación.

Esta concepción le ayudaba a considerar que sus actos de gobierno “no eran neutros” o “cosas de la política” como si pudiera obrar de cualquier manera con impunidad -según sus proyectos- al modo maquiavélico, sino que cada obrar suyo tenía una referencia moral al estar su vida toda ordenada a su Señor.

Su adhesión a la Iglesia por la fe, le permitía reconocer que ésta fue constituida por Cristo, y que más allá de las corruptelas que pudieran existir en sus miembros, visualizaba en ella la presencia viva del Salvador.
Por lo tanto cuando la Iglesia enseñaba acerca de la fe y costumbres, su palabra no era una “simple opinión”, como repiten los sedicentes gobernantes católicos de nuestro tiempo, sino una enseñanza a acatar o una admonición digna de ser tenida en cuenta en orden a corregir los rumbos desviados de la verdad o de la justicia.

2.- La marginalidad de Dios en el pensamiento de Benedicto XVI

Esta actitud de san Luis IX, rey de Francia, modelo de gobernante que mira a Dios y desde El mira y cobija al prójimo, contrasta con la visión actual que lo excluye abiertamente.
El Cardenal Joseph Ratzinger –meses antes de ser elegido papa- decía lo siguiente sobre la exclusión de Dios en la política: “En la vida política parece casi indecente hablar de Dios, como si fuese un ataque a la libertad de quien no cree. El mundo político sigue sus normas y caminos, excluyendo a Dios como algo que no es de este mundo. Igual pasa en el comercio, la economía y la vida privada. Dios se queda al margen. A mí, en cambio, me parece necesario volver a descubrir, y existen las fuerzas para ello, que también la esfera política y económica necesita una responsabilidad moral, que nace del corazón del hombre y tiene que ver con la presencia o ausencia de Dios. Una sociedad en la que Dios está totalmente ausente se autodestruye. Lo hemos visto en los grandes regímenes totalitarios” (1)
No es necesario analizar mucho para advertir cuán acertado está el actual pontífice al realizar estas afirmaciones. Basta con analizar las denuncias comprobadas o a probar sobre el estado de corrupción del mundo de la política, para darnos cuenta en qué estamos fundando la actual vida de nuestros pueblos.
La corrupción en el manejo de los dineros que son de todos, lleva no sólo al enriquecimiento personal o de grupos, sino al empobrecimiento de tantos a quienes no les llega lo necesario para vivir.
E indudablemente la causa de estas actitudes no puede estar más que en la ausencia de Dios en la vida privada y pública de quienes así obran.
En efecto, el desalojo de Dios como único soberano de cada uno y de todos los que vivimos en este mundo, hace posible que el mismo hombre se erija en dueño despótico de los bienes, aún de aquellos que sólo le son confiados a modo de administración, por ser de todos.
Si no se teme a Dios, a quien más tarde o más temprano se ha de rendir cuentas por los actos realizados en perjuicio de los hermanos, ¿es posible temer el repudio público del mismo pueblo en medio de un sistema que goza de impunidad, y donde la justicia misma sirve al poderoso de turno?
Alejado de Dios el gobernante, se aleja también de los conciudadanos a quienes ha de servir desde el ejercicio del poder político.
¿Estaremos en vísperas de que se cumpla lo afirmado por Benedicto XVI: Una sociedad en la que Dios está totalmente ausente se autodestruye”?

3.-San Luis al servicio de su pueblo, modelo a seguir.

Sabía Luis IX que como rey debía servir a su pueblo. De allí que luchó contra la usura que arruinaba especialmente a los más pobres, castigando duramente a los que se enriquecían con toda clase de injusticias.
En su tiempo fue fundada en París la Universidad de La Sorbona, y el santo rey la apoyó lo más que pudo promoviendo así al desarrollo de la cultura con el convencimiento de que un pueblo “cultivado” favorecía el desarrollo de la nación francesa.
Con los pocos recursos de su tiempo –por las guerras que lamentablemente se producían- favoreció el cuidado de la salud haciendo construir - por ejemplo- un hospital para ciegos, que llegó a albergar 300 enfermos.

Como gobernante buscaba por todos los medios que se evitaran las peleas y las luchas entre cristianos. Siempre estaba dispuesto a hacer de mediador entre los contendientes para arreglar todo a las buenas. ¡Qué distinta la situación en nuestra Patria donde predomina el reclamo continuo de “pase de facturas”!
Al respecto nos advierten los Obispos argentinos en estos días: “Nuestro país sufre todavía fragmentación y enfrentamientos, que se manifiestan tanto en la impunidad, como en desencuentros y resentimientos. Nos queda pendiente la deuda de la reconciliación. En este sentido, el Papa nos recuerda que “las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón”(2) (punto 8 ).
San Luis amaba a su familia, respetaba y fortalecía esta institución natural, ámbito en el que deben formarse las personalidades de las personas de un modo integral.
En nuestra Patria en cambio, la familia es continuamente desconsiderada de mil formas, de allí la necesidad de hacer realidad lo que reclaman los Obispos cuando dicen: “la familia: fundada en el matrimonio entre varón y mujer, es la célula básica de la sociedad y la primera responsable de la educación de los hijos. Debemos fortalecer sus derechos y promover la educación de los jóvenes en el verdadero sentido del amor y en el compromiso social” (7 b).
Queda mucho por hacer en nuestra Patria en este campo de velar por las necesidades de los ciudadanos, pero esto será posible en la medida que se asuma de una vez para siempre que gobernar es servir, y servir es reconocer que a ejemplo de Cristo, -por lo menos para los católicos- es lavar los pies de los más excluidos de la sociedad.

Es escandaloso ver en nuestros días con ocasión de las elecciones en Santa Fe –como nunca se vio antes-, el dinero que se derrocha en propaganda política. Prácticamente los rostros de los candidatos nos atropellan en la calle queriendo imponer con los colores lo que no se presenta en proyectos concretos. Y si se presentan proyectos, no se avizora con qué medios se podrán en práctica para el bien de la ciudadanía.
En lugar de gastar tanto en carteles, ¿por qué no comenzar desde ahora a concretar lo que se promete?
Más aún, el auge propagandístico permite intuir que nadie se siente seguro de ganar aunque ninguno lo reconozca.

Quiera Dios cambiar los corazones de todos nosotros para que siempre estén orientados al reconocimiento de la soberanía de Dios sobre lo creado, y desde El, poner en el primer lugar de nuestra atención las preocupaciones de los hermanos que claman por una sociedad más justa y equitativa en el reparto de los bienes que son de todos.
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(1) Diario La Nación (Bs.As) 21 de abril de 2005.sección exterior, pág.5 col.2da.
(2) Mensaje de la Comisión Permanente del Episcopado Argentino:“Al Pueblo de Dios y a los hombres y mujeres de buena voluntad”. 147º Reunión de la Comisión Permanente. 23 de agosto de 2007.
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Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro”
Santa Fe de la Vera Cruz, 25 de Agosto de 2007, fiesta de San Luis rey.

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14 de agosto de 2007

El octavo pasajero

Alien, El Octavo Pasajero” es una película de ciencia ficción, el Octavo Pasajero del vuelo que aterrizó en Aeroparque trayendo una valija con U$S 800.000,- es de ciencia aflicción, pero todo sigue igual, como si nada hubiera pasado.

1.- La ficción.

Alien, el octavo pasajero, es la primera parte de una serie de cuatro películas de ciencia ficción. La protagonista es Ellen Ripley, interpretada por Sigourney Weaver, quien se convierte en la principal oponente de una serie de criaturas pertenecientes a una raza alienígena, comúnmente llamadas aliens. La nave espacial Nostromo viaja desde el planeta Thedus hacia la Tierra con un enorme remolque lleno de abundantes minerales, pero la computadora cambia el rumbo de la nave para acudir a una transmisión de origen desconocido fuera del sistema solar. El "Nostromo" se avería durante el descenso y aterriza a dos kilómetros de la fuente de transmisión. Un trío de tripulantes rastrea el lugar a pie, sucede un incidente que afecta a uno de ellos que es atendido en la enfermería de la nave.

El Nostromo ya reparado reemprende su regreso a la Tierra. Durante el viaje, la extraña criatura que infectó a uno de los miembros de la tripulación, provoca el nacimiento de otro ser, que surge bruscamente del vientre del infectado, matándolo al momento. Esta nueva criatura mata consecutivamente a los tripulantes de la nave hasta que ésta es finalmente destruida. Lo más tenebroso son los intereses involucrados que propiciaron este terrible incidente.

2.- La realidad.

El avión Citation X de la empresa Royal Class, matrícula N5113S aterrizó en el Aeroparque de Buenos Aires con 8 pasajeros a bordo: 3 argentinos y 5 venezolanos. Uno de ellos, Guido Alejandro Antonini Wilson, empresario venezolano de 46 años de edad, maletín en mano, dijo a las autoridades llevar libros pero el scanner descubrió que en realidad se trataba de 800 mil dólares en efectivo.

Como en la película de ficción, Guido Alejandro Antonini Wilson, cual octavo inesperado pasajero había subido a último momento al avión, sin que -según expresan oficialmente- deba verse esto de una manera distinta a una simple gauchada entre amigos.

El hombre del maletín, “desconocido” por los demás, termina por devorarlos a todos como el alien de la película, al involucrarlos en una situación indefendible.

Más aún así como el alien de la ficción pretende llegar a la tierra para reproducirse en todos los humanos, el alien del maletín llega a Buenos Aires pensando en entrar fácilmente ya que confía en los efectos de lo que se viene haciendo hace tiempo en nuestro medio: la descomposición de la sociedad.

¿Qué otros personajes acompañaban al octavo pasajero? Según informes periodísticos estos eran:

Claudio Uberti, director del órgano de control de concesiones viales de Argentina, hombre cercano al Presidente Néstor Kirchner. Según páginas oficiales argentinas trabaja "por indicación del Presidente Kirchner" para "incrementar la relación con la República Bolivariana de Venezuela". Ha manejado temas como el convenio Dianca de Pdvsa para la construcción de dos buques petroleros de 56 millones de dólares cada uno y aspectos del gasoducto.

Ezequiel Espinoza, presidente de Enarsa, empresa estatal argentina. Según el informe de Enarsa empresa energética, la cual preside, alquiló un avión para trasladar a Claudio Uberti, director del organismo de control de concesiones viales y a su presidente Espinoza.

Victoria Bereziurk, personal de relaciones públicas. Ha suscrito junto a Rafael Ramírez, presidente de Pdvsa, acuerdos de hidrocarburos.

Nelly Esperanza Cardozo Sánchez, Impreabogado 13992. Ha actuado como apoderada de la empresa estatal Pequiven, filial de Pdvsa. Actualmente es asesora jurídica de Pdvsa, según comunicado de Enarsa.

Wilfredo Ávila, funcionario de protocolo de Pdvsa.

Ruth Behrens Ramírez, funcionaria de Pdvsa en Uruguay.

Daniel Uzcátegui. Según el comunicado de Enarsa, hijo de Diego Uzcátegui, alto ejecutivo de la estatal energética venezolana Pdvsa. Ha estado vinculado a Pdvsa Argentina. Hombre de confianza de Rafael Ramírez.

3.- La alienación argentina.

Por su semejanza semántica me permito la libertad de unir alien a alienación que según la real academia española es el “proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición”.

Desde hace ya un tiempo, lamentablemente, nuestra sociedad sufre una descomposición moral tan grande que estamos cayendo en la contradicción de lo que se espera de nuestra condición de personas creadas a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto llamadas a la grandeza de hijos suyos.

En lugar de ponderar el trabajo se alaba la dádiva, en vez de servir al ciudadano desde el poder se tiene la sospecha de que el poderoso se serviría de él para el enriquecimiento propio y no la grandeza de la comunidad.

La frivolidad ha soslayado la diversión sana y elevante de la dignidad humana, la vulgaridad se enseñorea en todos los ámbitos, la trivialización de la sexualidad ha herido de muerte a la familia y al amor humano, los valores religiosos se toman en solfa, la “justicia” desprovista de misericordia se ha convertido en crueldad, la comida de los débiles y pobres sólo vale un peso cincuenta per “cápita” mientras se consumen grandes sumas en gastos propagandísticos, los hermanos mueren por desnutrición mientras las denuncias de negociados se suceden sin prisa pero sin pausa.

La venta de grandes extensiones de nuestra suelo patrio tendría el tufillo de negocios y enriquecimiento de unos pocos.

La muerte sobrevuela la sociedad en tantos que perecen víctimas de la impunidad de los delincuentes que pululan por doquier en nuestra sociedad.

La vigencia de la droga hace estragos en nuestros jóvenes y niños como se comprueba a diario, mientras se los engaña con placeres efímeros en una sociedad de consumo que sólo piensa en el disfrute pasajero.

Es tan profunda esta crisis que ante los hechos del maletín y otros, no pocas voces dicen que la sociedad pareciera anestesiada al no reaccionar como debiera, quizás porque serían muchos que en idéntica posición harían exactamente lo mismo.

Siguiendo con el significado de “alienar”, según la real academia, conviene recordar que es el “estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad”.

¿Qué nos está pasando?

En efecto, como argentinos pareciera hemos perdido nuestra identidad de grandeza que como Patria nos vio nacer. Los próceres de otrora volverían a morir ante este estado de cosas.

4.- Las reservas morales y la exigencia del evangelio

Pero todavía quedan reservas morales entre nosotros o al menos eso deseamos todos.

Todavía estamos a tiempo para que reaccionemos y dejemos atrás tantas miserias que nos envilecen.

El evangelio (Lucas 12, 32-48) de la liturgia dominical del 12 de agosto pasado nos insiste en que somos administradores, no dueños, de lo que nos ha provisto el Señor en esta vida terrenal.

Y quienes más ejemplo han de dar en esto son todos aquellos que han de administrar sabiamente lo que es de todos para el bien de todos.

Y así la posesión de los cargos políticos no da derecho a una administración antojadiza y a espaldas de la situación deprimente de los hermanos, y menos usufructuarla para provecho propio.

Y hasta la posesión legítima de la propiedad privada que es un derecho a lo necesario para la vida, nunca ha de ser en detrimento de idéntico derecho que posee cada ser humano a los bienes temporales, universales por disposición divina.

De allí que el Señor nos advierta que “allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”(v.34)

Examinando nuestro corazón y sus derroteros diarios caeremos en la cuenta de cuál es nuestro tesoro.

Si nuestro tesoro se logró por el acopio de bienes sin importar medio ni medida, nuestro corazón permanecerá endurecido no sólo para percibir el llamado cotidiano de Dios, sino también para sentirnos interpelados por las necesidades de los demás.
Si el tesoro consiste en cambio en la vigencia del trabajo honesto, en el cultivo de los dones recibidos por el Señor, en el compartir con los otros movidos por la solidaridad, el corazón humano dejará de ser de piedra para convertirse en uno

de carne que da lugar a todo lo que ennoblece al ser humano.

5.- El futuro de Argentina.

Ante tanta sospecha de corrupción sólo queda la vigencia de conductas nobles que permitan pensar que es posible construir una Patria grande y generosa para con todos como lo fue siempre.

Estamos viviendo momentos cruciales para nuestra Patria.

La necesidad de que aparezca en el escenario político alguna figura que como la heroína de “Alien, el octavo pasajero” destruya al monstruo de la corrupción con su honestidad, se hace cada vez más palpable.

¡Quiera Dios iluminarnos para que sepamos apoyar con nuestro voto proyectos honrados y engrandecedores de los argentinos y no nos dejemos engañar por las voces sutiles de las sirenas que buscan adormecernos y confundirnos con los aparentes triunfos de las encuestas!

Está en juego nuestra Patria como Nación y cada uno de nosotros puede ser cómplice de que se afiance el proceso de descomposición o produzcamos en cambio una transformación que nos coloque al frente de la grandeza que supieron conseguir nuestros antepasados.

Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Sto Tomás Moro. Prof. Titular de Teología Moral y DSI en la UCSF

Santa Fe, 14 de agosto de 2007.

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9 de agosto de 2007

La codicia, los gobiernos, las empresas y la gente

La mentalidad descrita en el pasaje evangélico se percibe en la concepción misma que de la economía tienen aquellos que manejan la cosa pública desde el Estado.

Y Jesús “les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aún en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.» Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?"Y dijo: "Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea." Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?" Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.» (Lucas 12, 15-21)

1.- Guardarse de toda avaricia

Reflexionando el pasaje del evangelio que proclamamos en la liturgia dominical el pasado 5 de agosto, concluí una vez más cuánta iluminación nos confiere la Palabra de Dios sobre las distintas situaciones que vive el hombre en la sociedad y cultura actuales.
Y así captamos cómo el personaje del pasaje bíblico está pletórico de satisfacción ya que sus campos han rendido abundantemente.
No sabe qué hacer con tanto grano, “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”, porque sólo cuenta él y sus circunstancias.
La abundancia de bienes le ha cerrado el corazón, por eso sólo piensa en la propia contemplación de una vida regada de lujos y bienestar.

El bloqueo de su corazón es tan grande que sólo se mira a sí mismo. No podría ser de otra manera ya que al echar un vistazo en el espejo de su egoísmo no puede obtener más que una imagen de sí mismo.
Pero su corazón no sólo está cerrado –que podría abrirse en algún momento- , ni sólo bloqueado –podría la realidad circundante golpearlo duramente y cambiar- sino que está también clausurado, ya que no hay perspectiva de que alguien distinto a él mismo pueda iluminarlo a partir de la existencia desgraciada de los que lo rodean.
"¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?" (v.17) observa, cuando la pregunta que lo sacaría de sí mismo debiera dirigirse a los que siembran el campo, a los cosechadores, a los tantos desconocidos y sus familias que trabajan para él.
“Yo pago bien”, podría decir, rigiéndose por los principios de la justicia conmutativa, “¿para qué preguntar entonces a los demás?”
Es que únicamente en la apertura a los otros encontrará la posibilidad de recoger sugerencias convenientes, descubrir la angustia de los que sólo reciben lo necesario para sostener pasajeramente su dignidad.

Seguramente entraría de lleno en los preceptos de la justicia distributiva que condesciende en participar ganancias y crear inteligentemente nuevas fuentes de trabajo, y de la justicia social que permite crecer sostenidamente a los suyos sin que ello provoque envidias inútiles, sino alegrías compartidas.
Pero lamentablemente el corazón de este hombre sólo mira sus intereses. De allí que reflexione “diré a mi alma: alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea."(v.19). Y comienza a vivir en su intención el goce de sus bienes en el despilfarro con sus amigos, engordando de placer y lujos para el día del cautiverio como dice el profeta Amós (6,1-7).
De hecho este resultado estremecedor es profetizado por el mismo Jesús cuando afirma: “Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?" (v.20).No necesariamente la derivación de todo esto es la muerte, sino que es suficiente con que esta vida de regalo se vuelva contra el disoluto mismo.
A la luz de estas enseñanzas vienen a mi memoria símiles situaciones a las que se aplica el texto bíblico. En efecto, no pocas personas individualmente consideradas, acumulan riquezas para sí y en un permanente diálogo consigo mismas sólo pretenden vivir una vida de lujos y buen pasar, haciendo caso omiso de la situación de tantos hermanos que pasan al lado sin tener siquiera lo necesario para vivir dignamente.
En tales modos de vida se puede percibir comúnmente la ausencia de Dios en todos los campos de la existencia. En todo caso aparecería en las situaciones límites que muchas veces el mismo Dios permite para acceder a la conversión salvadora y a la apertura generosa hacia el otro y sus necesidades.

2.- La acumulación de los poderosos y de los Estados.

Pero esta forma de concebir la vida, -como lo muestra el texto bíblico-, no sólo se aplica a los casos particulares, sino que es lícito referirla al mundo de la economía o del uso de los bienes en general.
Y así nos recuerda el Papa Benedicto XVI en la Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis” (22 de febrero de 2007): “No podemos permanecer pasivos ante ciertos procesos de globalización que con frecuencia hacen crecer desmesuradamente en todo el mundo la diferencia entre ricos y pobres. Debemos denunciar a quien derrocha las riquezas de la tierra, provocando desigualdades que claman al cielo.” (cf. St. 5,4) (nº 90)
¡Cuántas veces grandes empresas o sistemas económicos sólo buscan la acumulación de bienes y ganancias para unos pocos -de hecho la lista de grandes fortunas lo demuestran- sin un verdadero espíritu de apertura a la solidaridad favoreciendo el que el mayor número de personas compartan las riquezas que son comunes a todos por voluntad divina!
Pero también -es justo decirlo- la mentalidad descrita en el pasaje evangélico se percibe en la concepción misma que de la economía tienen aquellos que manejan la cosa pública desde el Estado.
En efecto, hace pocos días se anunciaba la cuantiosa recaudación impositiva que se operaba en nuestra Patria. Sin duda la inflación galopante influye no poco en la percepción constante y copiosa del IVA que grava los bienes de consumo. El discurso oficial entonces, se ufana en que somos ricos, aunque nos compren los bonos famosos desde otros países y así cautivan aún más nuestra riqueza.
Junto a ese anuncio de aparente desarrollo económico, aflora en las noticias nacionales cómo un sinnúmero de hermanos nuestros argentinos pertenecientes a las comunidades indígenas del Chaco y otras provincias, padecen el flagelo de la desnutrición, no sólo infantil sino también adulta.
Las largas colas de promesantes celebrando a San Cayetano en el día de ayer, no sólo señalan el espíritu agradecido por el trabajo obtenido o conservado, sino la súplica silenciosa y dolorosa por el pan y el trabajo de los que muchos carecen.
Mientras tanto aparentemente se acumulan “grandes reservas” en las arcas del Estado fruto de los impuestos o de las retenciones, pero no se distribuye inteligentemente entre los más débiles ni se promueven verdaderas políticas de estado que ataquen la pobreza en su raíz.
En todo caso esa riqueza - que es de todos-, se utiliza para promocionar los “presuntos éxitos gubernamentales” o para aceitar las relaciones necesarias entre unos pocos para lograr el éxito en las elecciones que se avecinan, o en proyectos que para nada atienden el bien común.
¡Ni qué hablar de la vida regalada de quienes debieran pensar sólo en servir a sus hermanos y no servirse de ellos!
Los precios en suba de las frutas y verduras, por poner un ejemplo, -a causa del frío-, conforme al parecer de los que ejercen el comercio, -artificialmente aumentados- según los que defienden al consumidor, no encuentran un freno por parte del Estado que debe velar por el bienestar de todos.
¿Cómo hacerlo? Ordenando la producción y venta con precios justos si no lo son, o subsidiando como se subsidian tantas cosas -con los impuestos de todos- si la causa real es el factor climático, de manera que llegue a la mesa de los ciudadanos lo necesario para una alimentación digna.
Hacer eso es pensar cómo resolver los problemas del pueblo y no el encerrarse en los propios intereses sectoriales o políticos, defendiendo el dogma de fe del índice de precios “oficial” pretendiendo que la inflación es sólo, como la inseguridad, una “sensación”.

3.- Papel de la Iglesia en estas circunstancias.

Nos dice Benedicto XVI en “Sacramentum Caritatis”: “El Señor Jesús, Pan de vida eterna, nos apremia y nos hace estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todavía gran parte de la humanidad: son situaciones cuya causa implica a menudo un clara e inquietante responsabilidad por parte de los hombres. En efecto, « sobre la base de datos estadísticos disponibles, se puede afirmar que menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente a armamento sería más que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de los pobres. Esto interpela a la conciencia humana. Nuestro común compromiso por la verdad puede y tiene que dar nueva esperanza a estas poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, mucho más a causa de situaciones que dependen de las relaciones internacionales políticas, comerciales y culturales, que a causa de circunstancias incontroladas.” (Discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede (9 de enero de 2006) (nº 90).

Parafraseando al Pontífice y aplicándolo a nuestra Patria, ¿cuánto se podría hacer con lo que se destina a planes anticonceptivos y a dádivas, si esto se aplicara a erradicar la pobreza? ¿Cuánto se ahorraría, por dar un ejemplo, si se estudiara seriamente la propuesta del Gobernador Sobisch de aprovechar los recursos naturales de Neuquén en lugar de adquirirlos afuera?
De allí que para los creyentes el desafío es muy grande en la hora crucial de nuestra historia ya que “el alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre, en las que a causa de la injusticia y la explotación se muere por falta de comida, y nos da nueva fuerza y ánimo para trabajar sin descanso en la construcción de la civilización del amor. Los cristianos han procurado desde el principio compartir sus bienes (cf. Hch 4,32) y ayudar a los pobres.” (cf. Rm 15,26). (n º 90).

Aunque “las instituciones eclesiales de beneficencia, en particular Caritas en sus diversos ámbitos, prestan el precioso servicio de ayudar a las personas necesitadas, sobre todo a los más pobres”, (nº 90) no es tarea de la Iglesia, tranquilizar las conciencias de los gobernantes y la nuestra, tratando de paliar la pobreza con la distribución de las “dádivas” de los subsidios, sino el hacer ver de manera continua y vinculante la obligatoriedad de un servicio sacrificial que privilegie a los más débiles de nuestra sociedad favoreciendo la cultura del trabajo y creando nuevas fuentes del mismo para la dignificación humana.
Y esto porque “el misterio de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo para llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tiene su fuente inagotable en el don de Dios... El cristiano laico en particular, formado en la escuela de la Eucaristía, está llamado a asumir directamente su propia responsabilidad política y social. Para que pueda desempeñar adecuadamente sus cometidos hay que prepararlo mediante una educación concreta para la caridad.” (nº 91).
¡Quiera Dios podamos ver los frutos de una nueva civilización del amor!


Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Sto Tomás Moro”. Profesor Titular de Teología Moral y Doctrina Social de la Iglesia en la UCSF.
08 de Agosto de 2007.

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1 de agosto de 2007

El valor salvífico del dolor

El “orden nuevoque inaugura el misterio de la Cruz le permitió entender y vivenciar desde la fe que el sufrimiento no nos arroja en brazos del absurdo, sino que permite vislumbrar un mundo nuevo: el mismo que Cristo inaugura con su entrada en este mundo.

1.- El hombre que sufre, camino de la Iglesia.

Una de las experiencias más ricas que suele tener el sacerdote en su ministerio, es el encuentro con la realidad del Cristo sufriente presente en el cuerpo y alma de tantas personas que caminan por este mundo, sin que muchos perciban la riqueza que se localiza en este modo especial de imitar a Jesús el Salvador.

Estamos tan acostumbrados a oír nada más que elogios por la vida placentera, que sin quererlo e insensiblemente vamos pensando que el verdadero “bienestar” del ser humano está en el goce de lo temporal, en el disfrute sin freno de todo lo creatural que ofrece la sociedad de consumo en la que estamos insertos.

Sin embargo, la experiencia nos enseña que a pesar de esta prédica que propaga múltiples sucedáneos para atiborrar la insaciable sed de felicidad, nunca como en este tiempo el hombre ha estado tan solo, vacío de sí mismo, corriendo tras espejismos de felicidad ilusoria.

De allí que resulte necesario e impostergable recordar con el difunto papa Juan Pablo II que“La Iglesia, que nace del misterio de la redención en la cruz de Cristo, está obligada a buscar el encuentro con el hombre, de modo particular en el camino de su sufrimiento. En tal encuentro el hombre se convierte en el camino de la Iglesia, y es este uno de los caminos más importantes. (Carta Apostólica Salvifici doloris, nª 3).

Nótese que el papa se refiere a que la Iglesia está obligada, es decir urgida, a crear lazos que la liguen especialmente con el hombre que sufre y que este camino del dolor es uno de los más importantes para ella.

No constituye por lo tanto para la Iglesia un camino valioso para transitar por este mundo el del hombre que disfruta, sino el del hombre que sufre.

De hecho la Iglesia nace de la Cruz y es siempre desde y en la Cruz donde ella crece en madurez y credibilidad evangélica. Piénsese por ejemplo, en la Iglesia perseguida durante siglos, en la sangre derramada de los mártires, y en el sufrimiento de muchos fieles que en el transcurso del tiempo han contribuido a la purificación y al fortalecimiento de la esposa de Cristo.


2.- El sufrimiento como expresión nueva de la Cruz de Cristo.

Juan Pablo II nos sigue diciendo (N°18):“El sufrimiento humano ha alcanzado su culmen en la pasión del Cristo. Y a la vez, ésta ha entrado en una dimensión

completamente nueva y en un orden nuevo: ha sido unida al amor, a aquel amor que crea el bien, sacándolo incluso del mal, sacándolo por medio del sufrimiento, así como el bien supremo de la redención del mundo ha sido sacado de la cruz de Cristo”.

Aprovecho las palabras de este esclarecedor documento del difunto Juan Pablo II para iluminar una experiencia vivida en la parroquia recientemente. Hace unos días –el 24 de julio- Carina, una joven mamá de 37 años moría padeciendo la crueldad del cáncer.

La enfermedad presente en su vida hacía ya más de un año, le fue permitiendo como señala el papa, unir la cruz del Señor “al amor que crea el bien”.

Y esto -entre las luces y sombras que presenta toda realidad humana, incluso el dolor-, porque fue entendiendo que el amor verdadero no está ajeno al sufrimiento, ya que este nos vincula directamente con el amor del Redentor que se manifestó con creces muriendo en la Cruz.

El “orden nuevo” que inaugura el misterio de la Cruz le permitió entender y vivenciar desde la fe que el sufrimiento no nos arroja en brazos del absurdo, sino que permite vislumbrar un mundo nuevo: el mismo que Cristo inaugura con su entrada en este mundo.

Para el que carece de la fe cristiana, el dolor es la aniquilación del “bienestar” del hombre y la mutilación de todo futuro.

Para el creyente, en cambio, el sufrimiento no sólo es creativo de lo bueno, por su asimilación al sacrificio de Cristo, sino porque lo saca del poder del mal que pretende incubar en su corazón la rebeldía ante Dios y la queja ante lo supuestamente absurdo del padecer.


3.- El descenso y la elevación del sufrimiento humano.

Continúa enseñándonos Juan Pablo II sobre el sufrimiento humano (N° 22):

“Quienes participan en los sufrimientos de Cristo tienen ante los ojos el misterio pascual de la cruz y de la resurrección, en la que Cristo desciendeelevación, confirmada con la fuerza de la resurrección, esto significa que las debilidades de todos los sufrimientos humanos pueden ser penetrados por la misma fuerza de Dios, que se ha manifestado en la cruz de Cristo”. hasta el extremo de la debilidad y de la impotencia humana… ...Pero si al mismo tiempo en esta debilidad se cumple su

Carina fue experimentando este descenso y elevación que otorga el sufrimiento humano unido a la Cruz de Cristo.

Descenso porque a medida que transcurría el tiempo de su enfermedad percibía el deterioro de su cuerpo, la impotencia ante lo irreversible, el auge cada vez mayor del dolor, el humano desamparo futuro de sus tres pequeños hijos, la ausencia próxima de su persona acompañando siempre a su fiel esposo, la imposibilidad de detener la marcha de la debilidad en todos los aspectos de la vida.
Pero al mismo tiempo desde la resurrección de Jesús experimentaba la elevaciónporque comprobaba el amor de sus hermanos en la atención constante que recibía cariñosamente del personal sanitario del hospital Iturraspe, en la preocupación permanente de sus vecinos, en la compañía silenciosa y alentadora de su esposo, en la purificación del corazón que la

conducía al “dies natalis”, es decir al día de su nacimiento para el cielo que siempre esperó esperanzadoramente, en la seguridad que le daba la fe que desde la vida que no tiene fin acompañaría a sus hijos.

En la debilidad experimentaba su familia toda la fuerza de Dios, ya que como lo asegura Juan pablo II “a través de los siglos y generaciones se ha constatado que en el sufrimiento se esconde una particular fuerza que acerca interiormente al hombre a Cristo, una gracia especial” (nº 26).

De allí que su hija mayor no dejaba la catequesis, participando siempre -acompañada por su papá- en la misa dominical, conscientes de que la Eucaristía es no sólo alimento nutritivo de la vida, sino también promesa de unión plena con el Señor.


4.-“Sígueme, Ven”

En este caminar por la senda del sufrimiento humano, tantas veces incomprensible a la razón humana, Carina, como tantos otros que sufren, percibía que “Cristo no explica abstractamente las razones del sufrimiento, sino que ante todo dice: ‘Sígueme’, ‘Ven’, toma parte con tu sufrimiento en esta obra de salvación del mundo, que se realiza a través de mi sufrimiento. Por medio de mi cruz. A medida que el hombre toma su cruz, uniéndose espiritualmente a la cruz de Cristo, se revela ante él el sentido salvífico del sufrimiento. El hombre no descubre este sentido a nivel humano, sino a nivel del sufrimiento de Cristo”. (S.D. nº 26).

¡Cómo no evocar el espíritu desprendido de Carina que a medida que el Señor la reservaba para sí, pidiéndole la imitación suprema del dolor, se despojaba de lo que pudiera ser atadura!

Y así recuerdo cuando destina a los más pobres -porque ella también era pobre materialmente hablando- una colecta que se hizo en la escuela de su hija para paliar en parte los gastos de su enfermedad.

¿Por qué donó esa colecta? Porque el día en que la recibió, su esposo consiguió trabajo efectivo, y ella y él decidieron que la mejor respuesta a la generosidad de Dios para con ellos debía ser el compartir lo poco con los que menos tienen.

El pasado domingo 22 de julio, dos días antes de su muerte, la visité por última vez. Le administré otra vez el sacramento de la Unción de los enfermos dada su gravedad, asistida como estaba por el oxigeno.

Su rostro marcado ya con la proximidad de la muerte, se le ilumina ante la cercanía del Señor.

¿Podrás comulgar? -le dije. Me indicó que aunque sea una pequeña partícula, como oyendo las palabras del Señor: “Sígueme, Ven”.

Ya fortalecida y preparada por “el pan de los ángeles” se fue apagando, rezando, acompañada por el consuelo de Dios y de sus seres queridos, a quienes quiso y por los que ofreció su dolor.

Su rostro plácido, ya muerta, denotaba el gozo de los que mueren en el Señor, transmitiendo a los suyos la paz que sólo viene de Dios.

Pasados unos días, el domingo 29 de julio, después de la misa como cada día del Señor, conversé un rato con su esposo Alberto y su hija mayor -que se

prepara para la confirmación y primera comunión-.

Pregunté por los otros hijos, pequeños aún.

Me transmitieron la fuerza del mismo Dios que los sostenía. Se palpaba en el aire la presencia de Carina, que desde el Señor protegía a sus seres más queridos.

27 de julio de 2007

El calor del hogar que recibe a Jesús.

“Mi razón de amar a Cristo es que El me ama apasionadamente. El quiere que yo esté absorto en El como María de Betania.”
(Reflexiones sobre el Evangelio Lc 10,38-42 – Domingo 16º Durante el Año)


“Siguiendo su camino, entraron en un pueblo, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra. Mientras tanto Marta estaba absorbida por los muchos quehaceres de la casa. En cierto momento Marta se acercó a Jesús y le dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender? Dile que me ayude." Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas: una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada."


1.- El Redentor viene al encuentro de su pueblo.

San Lucas no menciona el nombre del pueblo, pero sabemos por San Juan (cap.11) que se trata de Betania. Aquél que vino a los suyos y éstos no lo recibieron (Jn.1) fue acogido como huésped en la casa de Marta.
Este encuentro de Jesús con Marta y María encarna su deseo de hallarse con todo hombre que viene a este mundo, porque el Hijo de Dios se hizo hombre para involucrarse en la historia humana. Por eso, para El, nada es superfluo si se trata de considerar al hombre
El Señor que alimentó a tantos es atendido por quien lo necesitaba.
No dice el texto que fuera invitado especialmente pero por lo que describen otros pasajes bíblicos sabemos que acostumbraba compartir el techo de los hombres, en especial la casa de Marta, Maria y Lázaro donde reinaba un clima de cordialidad.

Este relato se presenta después del mandamiento del amor expresado por el Señor en la parábola del Buen Samaritano, como si quisiera Jesús explicar con obras y verdades lo que había enseñado previamente.
Interesante comprobar que mientras Marta elige alimentar y atender al Señor, María, su hermana, prefiere ser nutrida por la sabiduría del maestro.
A los pies del Señor, María pone en evidencia su presteza y el deseo de oír a aquél que es la Sabiduría hecha carne para la salvación de los hombres.
Dice San Agustín respecto a María de Betania que “con cuanta más humildad se sentaba a los pies del Señor, tanto más percibía, porque el agua fluye a la profundidad de los valles, mientras se aparta de la cumbre de los montes” (“Catena Aurea” de Santo Tomás de Aquino, tomo IV, pág.264).

Pero, al mismo tiempo, el Señor deja una iluminación a la vida de sus apóstoles, de manera que estos descubran cuál ha de ser su propia actitud cuando visiten las casas y compartan la mesa con el pueblo.
Obviamente que a todos nosotros nos cabe también este ejemplo del Señor de manera que captemos que cuando los cristianos compartamos la mesa con alguien, no lo hagamos ociosamente sino que edifiquemos con nuestras palabras y gestos.


2.- La ansiedad de Marta que vive fuera de su interioridad

Marta vive absorta en los quehaceres de la casa. Está bien que el amor aflore en quien descubre en sus tareas cotidianas un servicio de amor orientado a sus seres queridos, pero no debe dejarse dominar por ellos.
De allí que el Señor le diga "Marta, Marta, tú andas preocupada y te pierdes en mil cosas” (v.41).

¡A cuántas Marta que dejan de participar del sacrificio del Señor el día domingo para cumplir con las tareas olvidadas durante la semana les repite el Señor ésta advertencia! No advierten que si honramos al Señor en primer lugar “todo lo demás se nos dará por añadidura”. Mientras que la preocupación excesiva por la “añadidura” nos hace perder de vista lo fundamental.

Porque Marta de alguna manera considera que el comportamiento de su hermana ante el Señor es una pérdida de tiempo.
¿Para qué dedicarse a la contemplación con tantas cosas por hacer? Y así, como Marta, no advertimos que las cosas que nos ocupan si no están dirigidas a la honra de Dios no sirven para conducirnos a la eternidad.
La sujeción a lo temporal con olvido de la contemplación nos hace perder de vista que no fuimos creados para la temporalidad sino para la eternidad en la que rige sólo la contemplación.
Con esta actitud pasamos por la vida como si fuera un teleteatro que transcurre sin la presencia de Dios y como si todas las cosas las podemos solucionar sólo por nosotros mismos.

Los negocios, las diversiones, los quehaceres del deber de estado capturan al ser humano en el devenir de su existencia, sin calar nunca profundamente en el verdadero sentido de la vida.
Y así sucede que cuando la sola ocupación por las realidades temporales no está iluminada por la fe o no está orientada a su fin último, el ser humano se siente profundamente vacío y sólo consigo mismo, de modo que siempre el “otro” es un extraño porque no entra en la consideración de su vida.

¡Cuántas veces los hombres no entendemos que hay que elegir la mejor parte, la que no nos será quitada.


3.- María de Betania y la mejor parte.

María de Betania, ya lo dijimos, opta por estar a los pies del Señor. No se trata de una actitud negligente o desinteresada por los quehaceres domésticos. Nada de eso. El mismo Jesús hubiera recriminado si se trataba de sólo una actitud egoísta y cómoda.

Ella atiende al Señor. Cristo hubiera quedado solo si las dos hermanas estuvieran preparando simultáneamente la olla o limpiando la casa.
No nos gustaría nada que si fuéramos a una casa a compartir con la familia, nos dejaran solos porque todos están preparando lo necesario para compartir una velada deliciosa.

María, con su actitud manifiesta que es más importante el huésped que aquello con lo que se homenajeará al mismo.
Y por cierto que Cristo es el más importante. ¡De hecho siempre las personas son más importantes que las cosas!
Jesús dice “una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada."(v.42)

Palabras sugestivas por cierto. ¿Por qué María de Betania ha elegido la mejor parte?
Porque ella prefirió al Señor de las cosas y no a las cosas mismas.
Porque está allí escuchando a Cristo que le quiere dejar sólo palabras de vida eterna que den sentido a su vida terrena.
María de Betania se encuentra con Jesús y eso le basta para dar una ojeada al horizonte de su vida con una nueva mirada.
Se trata de un encuentro con aquél que dijo “ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor, yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre” (Jn.15,15).
¡Qué bello ser amigo de Jesús! Con El no carecemos de nada, sin El nos falta todo.
Las amistades humanas son frágiles como todo lo humano. Difícilmente alguien da su vida por el otro, Cristo en cambio, demostró con su muerte en la Cruz de lo que es capaz por nosotros.
En las amistades humanas es difícil por ejemplo que no se introduzca la envidia por el bien del otro, y que éste bien del “otro” no se vea como disminuyendo el bien propio –y así se pierde esa amistad-. En la amistad con Cristo percibimos que su mayor felicidad es nuestro crecimiento en el bien y en la verdad.
Cristo no busca que disminuyamos sino por el contrario que crezcamos.

Las amistades humanas suelen malograrse en la desgracia, Cristo en cambio, está más presente que nunca en los momentos de fragilidad y necesidad humanas.
¿Por qué la elección y la amistad con Cristo no le serán quitadas a María de Betania?
La respuesta es muy simple. En la vida perdemos o podemos perder todo: fama, honor, dinero, amor, trabajo, amigos, familia, respeto y la vida misma.
Y ésta pérdida no necesariamente se concreta por voluntad propia ya que muchas veces no depende de nosotros.

Lo único que no se pierde en la vida si no queremos es la amistad con Cristo.
Este trato con el Señor y su vigencia, depende sólo y exclusivamente de nosotros. Lo demás aunque no queramos desaparece, o lo podemos perder.
De allí, ¿qué sentido tiene valorar más aquello que hoy tenemos pero que mañana se disipa o puede desaparecer, en vez de tener como más importante la amistad con Cristo?

4.- ¿Cómo es la unión con Cristo?

En la vida humana hay distintos tipos de uniones entre las personas.
Una es la del compañero de equipo que no compromete nada, el del compañero de trabajo que sólo cuenta en el horario laboral. Muchos ven a Cristo de este modo superficial ya que pasan por su vida pero sin comprometerse jamás.
Otra forma de unión es la de la amistad en la que las confidencias y confianza van uniendo los corazones, pero que siguen siendo dos y siempre está latente la posibilidad de la indelicadeza, fruto del pecado. Y Cristo es sensible a este tipo de falta –es lo que sintió con Judas-. En este campo Cristo sufre las reticencias de su amigo por dársele por entero, o porque no se le hace partícipe de su vida misma, como si no todo interesara al Señor.
Una tercera manera de unión es la de la unidad, imposible en el amor humano, ya que en éste “permanecen las dos personas siendo dos”. En este amor unitivo se cumple lo de San Pablo “no vivo yo sino Cristo quien vive en mi” (Gál.2,20).
Mi razón de amar a Cristo es que El me ama apasionadamente. El quiere que yo esté absorto en El como María de Betania.
Que no tenga ningún amor del cual El esté excluido ni quiere que yo sea objeto de ningún amor en el que El no entre.

La experiencia del Evangelio nos enseña que esta vivencia de unidad es posible, ¿nos animaremos a intentarlo?
Desde la fe sabemos que con la gracia de Dios todo es posible y que hemos de intentarlo aunque nos sintamos débiles y limitados. El ejemplo de los santos nos deja un camino posible a transitar hasta llegar a la cumbre de nuestra vocación: la santidad, que es la comunión plenificadora con la Trinidad.


5.- Jesús se sienta a la mesa del hogar de nuestra vida.

Pero la presencia de Jesús no se agota en la unidad con cada uno de nosotros, sino que se prolonga también cuando entra en nuestra casa, en nuestra familia, si lo dejamos, claro está.
El relato evangélico nos pone delante cuál ha de ser la actitud del cristiano: nunca temer recibir a Jesús en nuestra casa. Abrir el corazón de la hospitalidad para recibir al Salvador.
Eso requiere que nuestra casa viva en un clima de receptividad de todo lo que es bueno y noble y cuánto más cuando de Jesús se trata. No hemos de temer vivir en comunión con el Dios viviente que hecho hombre quiere entrar en nuestra vivienda para dejarnos los resabios de su paso. Jesús se interioriza así de cuáles son nuestras preocupaciones y gustos y seguramente no se irá sin dejarnos aquello que nos permita rectificar rumbos y costumbres.
Sentémoslo al Señor ante el televisor… seguramente El será el primero en hacer zaping para que no nos contaminemos con la superficialidad y con lo que pudre el corazón…

Mirando el desorden de las habitaciones de los hijos, seguramente les dirá que han de colaborar en mantener un clima de hogar…
Al escuchar que alguien se vuelve insistente en reclamar las vanidades de la sociedad de consumo, señalará que para seguirlo a El es necesario caminar por la senda de la austeridad y así permanecer siempre libres de todo apego temporal.
Si advierte que la niña quinceañera reclama como regalo al papá y a la mamá una cirugía “reconstituyente” para que “aparente” ser mujer por medio de “abundantes signos de madurez”, sonriente le dirá que no esté en la pavada, que ella vale por lo que es y no por la “ficción” de un cuerpo abundante que no tiene… Le estará diciendo que no pretenda vivir en la mentira, ya que el hombre se realiza en la verdad.
Al hijo que pide permiso para ponerse aros, colgantes y abundantes tatuajes, le susurra que sea él mismo, que no se deje llevar por la moda paralizante que le impide juzgar sabiamente de las cosas y decidir por lo que lo distingue y lo ennoblece y no por lo que masifica.

Nos enseñará a rezar al Padre de todos, Providente, para agradecer por el pan diario que no nos falta, a pesar de nuestra indolencia en el uso de las cosas.
Y con sabias palabras entrará en nuestra vida y preocupaciones diarias para dejarnos el consuelo de sus enseñanzas.

Intentemos llevarlo a Cristo a nuestra casa, a nuestra familia, y dejemos que El nos enseñe los secretos de una verdadera vida, aquella que nos permite existir como hijos de Dios que crecen en la plenitud de su ser creado a imagen y semejanza de Dios.


Padre Ricardo B. Mazza. Cura Párroco de “Ntra Señora de Lourdes” Santa Fe de la Vera Cruz.
22 de Julio de 2007
ribamazza@gmail.com
http://ricardomazza.blogspot.com/

16 de julio de 2007

Nombres comunes para el Cristo samaritano de hoy


Los desechados del mundo y el Cristo samaritano, un Cristo que busca otros cristos para actualizarse con amor en cada vida.
Reflexiones desde el Evangelio del Domingo XV Durante el Año. Ciclo "C".– La Parábola del Buen Samaritano.

29 Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?». 30 Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. 31 Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. 32 También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. 33 Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. 34 Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. 35 Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”. 36 ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?». 37 «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera». (Lucas 10,29-37)

1.- Josefina

Josefina se sentía desolada. No era para menos. Había quedado embarazada después de la última relación con su novio. Le comunicó enseguida a éste cuál era su situación, pero Simulacrum -su peculiar apodo- le reprochó que ella fuera la culpable al no cuidarse y haciendo honor al mote que rotulaba su estilo de vida, se borró.
Sus padres le dijeron que ella resolviera, ya tenía edad para hacerlo.
Sus “amigas” la llevaron al Grupo Libertino que se ocupa de la liberación de la mujer. Allí le dijeron que tenía derecho a remediar su “error” porque en definitiva se trataba de su cuerpo, de su vida, de su carrera universitaria… Le prometieron además un tratamiento psicológico post aborto para que ella se sintiera “contenida”.
Pero no se decidía. Sabía por confidencias lo que el aborto había hecho en el corazón de algunas de sus amigas. Por otra parte siempre valoró la vida, no solamente la de ella.
Los días transcurrían y su tormento se agudizaba. ¿Tendría perdón de Dios si abortaba? Retumbaba en su cabeza la pregunta, para nada ociosa.
Resolvió ir a Misa -hacía mucho que no iba porque “las relaciones con su novio” la hacían sentir como farsante para presentarse ante Dios-.
Allí escuchó la parábola del buen samaritano. Comprendió que muchos pasaron por su vida en este contexto, pero siguieron de largo.
Vuelta a su casa y pensando en el buen samaritano, pulsó el número telefónico de Grávida, -0342-4696159- que figuraba en un afiche de la Iglesia parroquial recordando el tercer año de esta obra de consuelo…

2.- Joaquín

Joaquín sufría cada vez más su realidad concreta. Estaba sin trabajo desde hacía tiempo. Los problemas económicos destrozaron su hogar. Su mujer había conseguido trabajo como empleada doméstica -único sustento del hogar con tres hijos- y traía magras vituallas para engañar los estómagos, no sin antes agredirlo porque estaba desocupado, como si fuera su culpa…
Sus hijos reclamaban mejores zapatillas, sin comprender que las condiciones de vida habían cambiado para la familia desde que él fue echado como sobra de la empresa extranjera que resolvió disminuir los “costos sociales”.
De noche no podía dormir pensando en un futuro muy negro ya que la ayuda de Caritas de la parroquia cercana era un paliativo que no resolvía su situación. El quería trabajar y vivir así este aspecto que enaltece la vida humana.
Pensaba cuánta verdad cantaba Miguel Angel Robles en “Carnaval de la Tristeza” repitiéndose en su memoria: “Hay carnaval… hay carnaval... hoy es el día mas largo de mi vida porque yo he visto el hambre de una niña … con flores que ofrecía mientras veía su futuro sin amor… Pienso en mi gente que sufre inútilmente… lloro de bronca… pidiendo a gritos una vida sin dolor… el carnaval… el carnaval de la tristeza, el carnaval de la pobreza, el arlequín… está llorando no quiere ver a un solo niño mendigando… Carnaval de los pobres, ¡ay mi Dios!
En esta rueda absurda de la vida, si estás abajo te pisan los de arriba, y hasta el amor se parece a una mentira cuando le falta una esperanza al corazón, el carnaval de la alegría sólo un día, el carnaval de la pobreza día a día, el carnaval… llegó a tu mesa, el carnaval... el carnaval de la pobreza, hay carnaval, hay carnaval, hay carnaval... Vengo a cantarle con el corazón esta verdad…a la gente, a los hombres y mujeres de mi tierra, a los pobres… a los niños de la calle que son el carnaval de mi tristeza…”
Rezaba sin cansarse… pero pensaba, Dios no lo escucha...
Pero es que el Cristo samaritano es cada uno de los que deben crear fuentes de trabajo procurando el bien común de la sociedad, cada cristiano que puede llevar un poco de consuelo, cada ser humano que se sienta tocado en su corazón…

3.- Gustavo.

La cárcel estaba superpoblada. El auge de la delincuencia no tenía miras de detenerse. Gustavo había matado cinco personas.
¿Por qué? Reflexionaba, tratando de acallar su conciencia, sobre el mensaje que recibía todos los días de la inutilidad de la vida, que el más fuerte debe imponerse sobre el más débil, que es mejor vivir sin trabajar manteniéndose con el fruto de sus fechorías. Más de una vez pensó que si la sociedad acepta la muerte de los niños no nacidos, ¿porqué le han de reprochar a él que se cobre alguna que otra vida si el “fin justifica los medios”?
Pero en la oscuridad de su corazón, brillaba todavía la lucecita que supo encender su madre cuando le enseñó a rezar y cuando con su laboriosidad le enseñaba que debía ser un hombre de bien. Se resistía sin embargo a esta buena nueva que comenzaba a recordar y al mismo tiempo se sentía abrumado por sus culpas.
No tenía o no sabía a quién recurrir. Para colmo el Capellán de la cárcel había perdido a su padre víctima de un asalto… ¿qué hacer? Sentía que no podía seguir así, tirado y magullado por los golpes de sus yerros…
Cuando menos lo esperaba apareció el Padre Daniel sonriente en la puerta de su celda. Pensó a la defensiva ¿qué querrá el cura ahora? Algo en su interior le decía “abre tu corazón”. En su cavilación surgió la pregunta que le ofrecía la salvación: ¿estaría ante el Cristo samaritano que alguna vez conoció leyendo el evangelio?

4.- Vacuo

Vacuo de la Mirándola estaba repodrido por los consejos de su amigo de la infancia, Esteban. No hacía más que reprocharle por la vida que llevaba: vida nocturna permanente, dormir hasta mediodía, engañar a sus padres lejos de la ciudad, diciéndoles que su carrera universitaria marchaba viento en popa, mujeriego empedernido mientras su novia, ignara de todo, descansaba en “su” fidelidad, amigo del alcohol y de las fumatas, mentiroso permanente, y alejado de toda referencia religiosa.
Esa noche de domingo mientras toma vodka escucha “Halcón a medias” de Gianluca Grignani resonando románticamente en sus oídos “desde lo alto del rascacielos los aviones observan, quiero saltar, miro hacia el suelo, quiero saber si yo puedo…” Piensa que quizás pueda volar “sobre las luces de la ciudad” porque cree que es medio halcón… nadie puede capturarlo…
En realidad ya había “volado” sumergido en la irrealidad de la fumata… que le hace pensar que todo lo puede.
Esta es vida, piensa no muy convencido, Esteban es un monje, siempre aferrado al dogma que la vida es don y tarea, como si no fuera cierto “que la vida hay que vivirla”. Yo no pedí nacer, repite, ¡déjenme disfrutar! mientras se aturde de continuo en el ruido de su frivolidad.
Pero ya no soporta todo esto, se siente envilecido, perdiendo la poca dignidad que todavía le queda. Es que el espíritu sofocado pugna por salir y otear otros horizontes… y otra vez recuerda a Esteban, que a pesar de todo, siempre está junto a él. En el fondo sabe que sólo su amigo lo valora como persona, aún sin merecerlo por sus caídas tan vertiginosas en la corriente del continuo devenir de sus límites.
¿Y si trato de ser halcón de veras, para mirar la vida desde lo alto de un ser nuevo? –concluye, mientras se retira a dormir ya más apaciguado en sus cavilaciones.

5.- Juan Cruz

El es un periodista sagaz y cáustico. Pero Juan Cruz sabe que eso no es suficiente para continuar con lo que más quiere como ofrenda de sí mismo: defender y proclamar la verdad según aquello que repite sin cesar: “la verdad os hará libres” (Juan 8, 32).
Se sostiene con lo mínimo por la ayuda de amigos y “fans” que lo alientan a no desfallecer. Pero la cosa no es fácil.
Sedicentes amigos con chequeras ubérrimas lo instan a no abandonar la buena causa, pero se conforman con cubrir sus heridas con “aceite y vino” y no se animan a sacar los “dos denarios” para que se mantenga en el albergue de la buena prensa.
Para colmo la tentación ronda como el diablo. En efecto le han ofrecido pingües ganancias, una buena facturación mensual… siempre y cuando deje de ser un fanático Pro-Vida.
Mientras en esa solución piensa y repiensa, templa su espíritu releyendo consolado a San Jerónimo: “Me diréis, acaso, que esto vale para el martirio. Digo que andáis muy equivocado, hermano mío, pensando que el cristiano está jamás sin persecución. Hasta digo que entonces el combate es más peligroso, cuando no os percatáis del ataque. He aquí que nuestro adversario anda dando vueltas alrededor (I Pedro 5) como un león, que brama buscando algo que tragarse. ¡Y vos pensáis que todo está pacífico y seguro! Se ponen en acecho con los ricos, en sitios escondidos para matar al inocente. Sus ojos miran al pobre, preparando sus trampas ocultas. Como un león en su cueva acecha para echar sus garras sobre el pobre (Salmo 9, 8). Y vos dormís a gusto en la sombra de un árbol frondoso, estando en peligro de que os trague” (Carta a su íntimo amigo y compañero Heliodoro, n. 4).
Mientras en estos menesteres se ocupa es lícito preguntarse: ¿le llegará el Cristo samaritano?

6.- Katrina

Ella está en un sórdido bar de mala muerte en el oscuro pueblo de provincia. Allí la buscan. Me refiero a Katrina. Las puertas del lugar quedan batiendo cada vez que entra un hombre. El corazón de Katrina también bate esperando que alguien la desee. Sonríe sin mucho convencimiento.
Triste sonrisa la de una prostituta: boca cuajada de lágrimas reprimidas, que no pudieron brotar de un corazón roto en la búsqueda estéril de un amor que no llegó. Sonrisa cuyos dedos una y otra vez tratarán de aprisionar un alma, logrando en cambio un puñado de monedas sucias. Cuerpo agrietado, poseído mil veces sin poseer nunca. Conciencia herida por el reproche furibundo de la sociedad ciega. Sociedad respetable, ciega y cómplice de tanta miseria humana.
Cuando la abruma la soledad, viene a su recuerdo aquella redondilla de Sor Juana Inés de la Cruz que aprendió en la secundaria: "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Sin con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia".
Y sigue Katrina recordando lo que le muestra una luz en el camino de su desdicha: “¿cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada, o el que ruega de caído? ¿O cuál es de más culpar, aunque cualquiera mal haga; la que peca por la paga o el que paga por pecar?”
Siempre piensa que los que quieren “contenerla” en una ley protectora de las “trabajadoras sexuales” no rumian más que su decadencia.
¿Son estos los “samaritanos” modernos? ¿No lo son más bien aquellos que buscan sacarla de la ruina y de su propia indignidad?

7.- Los muchos más…

No hemos recorrido más que algunos pocos ejemplos de tantos corazones destrozados, heridos, marginados, golpeados por sus debilidades o por los asaltos de la vida, dudosos de su dignidad de hijos de Dios.
La lista es interminable. Pienso en los drogadictos que se consideran sin esperanza, los alcohólicos que han perdido su señorío, los enfermos de sida abandonados a su suerte, los ancianos desplazados de la casa de sus seres queridos, los niños que ven fluir su vida bajo los golpes de la pobreza, o de la opulencia que los hace más egoístas o del olvido de sus padres.
La desolación de los procesados injustamente, los rechazados por su honestidad y transparencia de vida, los que deambulan sin rumbo por la senda cada vez más difícil de su existencia, los que no ven posibilidades dignificantes a sus vidas.
Para todos y cada uno sale al encuentro el Cristo samaritano.
¿Sabremos nosotros ser también acogedores de tanta miseria, llevando el consuelo del crucificado y mostrando el camino nuevo de la redención y del ennoblecimiento del hombre?


Reflexiones sobre el evangelio de la misa del 15 de julio de 2007.
Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Mov. Pro-Vida “Juan Pablo II”
ribamazza@gmail.com

9 de julio de 2007

Es necesaria una nueva "independencia"

Se trata de volver a las fuentes de nuestro particular origen para que podamos todos vivir en nuestro suelo sabiendo que es posible todavía lograr la perfección de nuestra identidad como argentinos.
Santa Fe: Te Deum del 9 de Julio de 2007


(Textos bíblicos: Génesis 1,26-2,3 y Mateo 22,15-21)

1.- Congregados para dar gracias a Dios.

Nos hemos reunidos en esta peculiar fecha del 9 de julio ante el Padre común de todos, creyentes o no, para darle gracias por el nunca suficientemente apreciado don de la Patria que nos cobija y nos congrega como comunidad humana llamada a la perfección de la vida temporal anticipo de la Patria celestial.

No tendría sentido nuestra vida terrena si en ella se terminara todo, sin vinculación necesaria a la comunión definitiva con el Eterno, presente en nuestra propia identidad de hijos de Dios.

El texto del Génesis que acabamos de proclamar nos señala cómo el hombre es revestido de especial dignidad ya desde el momento en que es creado a imagen y semejanza de Dios, inteligente y libre, llamado a vivir la misma vida de Dios por la elevación que brinda el don de la gracia.
Y así ésta vocación especial no sólo establece al hombre como señor de lo creado administrando lo existente según Dios, sino también como creatura servidora de su Creador convocada a realizarse como persona entrando de lleno en su misma vida por la comunión de origen y de fin.

Al afirmar el texto “Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno”, se presenta una triple bondad: la del hombre mismo orientado a la plenitud con Dios, sirviéndole, la de las cosas puestas al servicio del hombre y de todo hombre, y la bondad del ejercicio de dominio por parte del hombre sobre todo lo existente.

A partir de ese origen, la misión del hombre será la de administrar de tal modo lo creatural, que toda persona nacida de la unión del varón y de la mujer pueda participar desde entonces de dichos bienes en orden al logro de su propia perfección.


2.- El pecado, la salvación y la cooperación del hombre a la obra de Dios.

Desgraciadamente este proyecto divino se ve amenazado por el pecado del hombre que renuncia a esa bondad de la que fue revestido, se desordena en la administración de lo creado permitiendo que el egoísmo impere por encima de la caridad y solidaridad para con sus hermanos, y convirtiéndose de señor en esclavo de lo creatural cambiando el servicio incondicional a Dios por la idolatría de los seres que le debieran servir.

Pero Dios, que no se deja vencer por el pecado, envía a su Hijo para que encarnándose en el seno de María, entrara de lleno en la historia humana y nos salvara de tantas miserias recreándonos a través de su muerte en Cruz y resurrección de entre los muertos.

Pero la historia humana que es historia de Salvación, no solamente transcurre bajo la mirada providencial de Dios que señala el camino hacia la verdad a toda persona de buena voluntad, sino que requiere de nuestra colaboración según el plan de Dios.
Plan de Dios que no es más que un proyecto de grandeza para el hombre si éste sabe descubrirlo de continuo, y vivirlo según su naturaleza racional elevada por la gracia.

En el amplio espacio de nuestro planeta creado por Dios para manifestar su gloria y para la perfección humana, se encuentra nuestra Patria que implica don y tarea.
Don, porque todo lo hemos recibido por la bondad de Dios, regalo inmerecido por nosotros.
Tarea, porque al don corresponde la laboriosidad del hombre para que lo recibido fructifique para el bien de todos ya que “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº 171).

Y así desde la fe, sabemos que esta porción de grandeza que es nuestra Patria, fue entregada a todos los que la habitamos, argentinos o no, para que desde su abundancia de dones encontremos todos lo que nos perfecciona como hijos de Dios.
Esta verdad nos hace entrever que siendo iguales todos por la común dignidad de personas, hemos de encontrar el camino que nos permita no sólo descubrir los medios para el propio desarrollo, sino también para ofrecer a todos los hermanos argentinos, -cada uno desde su imperfección y pobreza-, los dones recibidos de Dios.


3.-Visión de una Argentina alejada del proyecto divino.

Lamentablemente nuestra Patria deja mucho que desear en relación a la vocación de grandeza para la cual fue llamada por el Señor.

Asistimos todavía al espectáculo creciente de sinnúmeros desterrados de una vida digna por estar arrojados a una pobreza cada vez más progresiva en su indignidad y carencia de oportunidades que permitan avizorar un futuro promisorio.
La atención de la salud, con serios baches, aparece cada vez más lejana cuando faltan servicios mínimos de cloacas y agua potable para muchos de nuestros hermanos.
La inflación galopante, va devorando los flacos bolsillos de los trabajadores.

La violencia desatada que va cobrando numerosas víctimas cada día, no encuentra el freno adecuado desde el poder político, ni el encauce debido en una legislación acorde al tiempo que vivimos, ni la atención correcta por parte de quienes deben administrar la justicia, dando a cada uno lo suyo, según sus méritos o sus yerros.
Violencia ésta que lleva a muchos a tener memoria de un pasado que creíamos ya lejano, y que pareciera recrearse a través de nuevas formas de afrentas del ciudadano común.

La familia acosada por tantos ataques se ve equiparada deshonrosamente con posibles proyectos ideológicos que niegan lo que acabamos de proclamar en el libro del Génesis, que Dios creó al hombre varón y mujer, mentalizando a la sociedad que la verdad está reñida con la naturaleza.
Mientras los países europeos, víctimas de sus prolongadas campañas antinatalistas y envejecidos en su población, comienzan a incentivar los nacimientos con fuertes apoyos económicos, en la Argentina propiciamos la esterilización de la población y pensamos en el aborto como signo modernoso de progreso, negando a tantos argentinos el poder sentarse a la mesa en la tierra del pan.

La ausencia de genuinas políticas que promocionen el trabajo laborioso va acostumbrando a muchos ciudadanos al acopio de las dádivas entregadas sin respetar ni respetarse la dignidad humana, contraviniendo el orden natural y perjudicando el trabajo continuo de los honestos.
El auge de la droga sin coto suficiente, va gestando un ejército de conciudadanos que “vuelan” en la vida narcotizada de lo irreal que sirve de incentivo a la violencia más desalmada.
La deshumanización de la persona por medio de la frivolidad y el facilismo va destruyendo nuestra identidad de hijos de Dios y de ciudadanos de la tierra, creyendo que en el envilecimiento de lo humano se encuentra falsamente la realización personal.
El desasosiego social provocado por tantos que no se sienten escuchados en la reclamación legítima de sus derechos, se va convirtiendo en un clamor que golpea cada vez con más fuerza, con el peligro de convertirse en la búsqueda de soluciones que tendrían consecuencias impensables.


4.-Llamada a una nueva “independencia”

¡Cómo pesan en esta mentalidad los poderes económicos mundiales que exigen el diezmar la población o su dignidad para que queden nuestras riquezas sujetas al expolio de los poderosos!

El 19 de julio de 1816 en sesión secreta los diputados representantes de las provincias aceptaron la propuesta del diputado por Buenos Aires Don Pedro Medrano de modificar la declaración de la Independencia resuelta días antes.
El acta de la Independencia reformulada hacía hincapié en que nos constituíamos como “una Nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y de toda otra dominación extranjera”.
¿Qué ha quedado de esta declaración soberana para nuestra Patria cuando seguimos sometidos a poderes económicos mundiales o se pretende copiar modelos de otros países, aunque sean estos americanos?
Al respecto nos dice el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: “La Nación tiene un derecho fundamental a la existencia; a la propia lengua y cultura, mediante las cuales un pueblo expresa y promueve su soberanía espiritual; a modelar su vida según las propias tradiciones, excluyendo, naturalmente, toda violación de los derechos humanos fundamentales” (nº 157).
En rigor, se trata de volver a las fuentes de nuestro particular origen para que podamos todos vivir en nuestro suelo sabiendo que es posible todavía lograr la perfección de nuestra identidad como argentinos.


5.-El reclamo del evangelio por la participación de todos.

En el Evangelio proclamado recién escuchamos decir al Señor: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”

Pues bien, ¿trabajamos aunados gobernantes y gobernados para reconocer únicamente sobre nosotros la omnipotente soberanía de Dios?
Reconocer la soberanía de Dios supone el que todos trabajemos para que se realice en medio de la sociedad el proyecto divino del engrandecimiento del hombre que supone siempre la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.

Sin duda alguna esto supone el que todos busquemos que la persona sea siempre mirada en su dignidad y perfección creatural rechazando todo aquello que la denigra convirtiéndola en una simple cosa que se usa y se tira.

Por parte de los ciudadanos todos, la tarea reclamada es la de contribuir para que el tejido social contenga a todos sin excluir a nadie. Esto se realiza desde la conjunción de la comunidad política y de la sociedad civil.
Al respecto nos señala el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que “La comunidad política se constituye para servir a la sociedad civil, de la cual deriva. La Iglesia ha contribuido a establecer la distinción entre comunidad política y sociedad civil, sobre todo con su visión del hombre, entendido como ser autónomo, relacional, abierto a la Trascendencia: esta visión contrasta tanto con las ideologías políticas de carácter individualista, cuanto con las totalitarias que tienden a absorber la sociedad civil en la esfera del Estado” (nº 417).
En cambio “La sociedad civil es un conjunto de relaciones y de recursos, culturales y asociativos, relativamente autónomos del ámbito político y del económico” (nº 417), cuyo fin “alcanza a todos, en cuanto persigue el bien común, del cual es justo que participen todos y cada uno según la proporción debida” (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1910). En la sociedad civil –caracterizada por su capacidad de iniciativa-, los ciudadanos se asocian “y se movilizan para elaborar y expresar sus orientaciones para hacer frente a sus necesidades fundamentales y para defender sus legítimos intereses” (Compendio nº 417).

La comunidad política está al servicio de la sociedad civil y no es “una variable de la comunidad política: al contrario, ella tiene la preeminencia, ya que es precisamente la sociedad civil la que justifica la existencia de la comunidad política” (Compendio nº 418), pero a su vez “el estado debe aportar un marco jurídico adecuado para el libre ejercicio de la actividad de los sujetos sociales y estar preparado a intervenir, cuando sea necesario y respetando el principio de subsidiaridad, para orientar al bien común la dialéctica entre las libres asociaciones activas en la vida democrática” (nº 418).


6.- Mirada al futuro para la realización de la grandeza nacional.


Estamos en un año electoral tanto a nivel provincial como nacional. Es una ocasión oportuna para que la sociedad civil pueda elegir maduramente a quienes han de conducir la comunidad política.

Pero para que la sociedad civil pueda advertir qué se proponen los futuros gobernantes en orden a buscar la perfección de la comunidad nacional toda buscando desinteresadamente el bien común, es necesario conocer los proyectos y planes de gobierno que respetando la dignidad de la persona humana se busque la perfección de toda la sociedad civil.

Tenemos tiempo para que dejado el slogan publicitario o el agravio entre rivales, se presenten a la comunidad los proyectos que lleven a nuestra Patria a la grandeza que Dios le tiene reservada desde sus orígenes. Sólo así, la sociedad civil podrá elegir ciudadanos que la enaltezcan.

Confiemos que la gracia de Dios y la ayuda de María Santísima nos ilumine para comprometernos con la misión que se nos ha encomendado para el bien de todos.


Padre Ricardo B. Mazza, Deán del Cabildo Eclesiástico Metropolitano.

ribamazza@gmail.com

7 de julio de 2007

Resistiré... La depresión o el dolor del corazón humano


“…cuando me amenace la locura, cuando el diablo pase la factura o si alguna vez me faltas tú, resistiré erguido frente a todos soportaré los golpes y jamás me rendiré… y aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré…”.

1.- Ntra. Sra. del Pozo, Patrona de los depresivos

Me causó grata sorpresa, hace ya un tiempo, la feliz iniciativa de Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Zárate - Campana de establecer como Patrona en su diócesis de los casos de angustia, depresión física o espiritual, a la Ssma. Virgen María, bajo la advocación de Ntra. Sra. del Pozo.
Establecer que la Madre de Jesús bajo una advocación peculiar pueda ser intercesora válida ante Dios de una situación particular de enfermedad a la que se invoca con especial devoción, es dar la razón a la vigencia de la protección de aquella que es llamada la “potencia suplicante” a la vez que reconocer un determinado mal que va asolando los corazones humanos.
No hablaré de las causas sicológicas de la depresión ya que no es mi especialidad, pero sí puedo señalar causas “humanas” que llevan a las personas a ese estado.

2.- La depresión por causa de la soledad.

Es bastante común en la vida de un sacerdote encontrarse con personas que padecen la soledad del corazón, muy particularmente entre los ancianos.

Están llegando al ocaso de sus vidas y se encuentran de repente detenidos en una época que les es esquiva, que los mira con recelo y hasta con cierta curiosidad porque todavía están vivos.
Desean encontrarse con sus seres queridos, pero les es difícil dar con ellos, sobre todo hallarse con los jóvenes, demasiado ocupados y apresurados por cumplir con las tareas de cada día, pero también ahítos de contemplarse a sí mismos como si fueran el centro del universo.
¡Cuánta riqueza de experiencia se pierde al no compartir con el anciano la sabiduría de la vida que han ido adquiriendo tras largos años de existencia!
Se hielan las amistades, -me decía Salomé días atrás- se deshacen las riquezas, y el que pasa nos tropieza y no nos pide perdón. Y me repite de memoria un dicho de su lejana tierra asturiana:

“Un joven que iba de prisa tropezó con un anciano y le arrancó de la mano su garrote y su morral. Al volverse, el joven dijo: dispensad, he tropezado porque al pasar no os miré. El anciano respondió: a tu edad nada se mira, joven, porque nada importa, pero cuando la vista se acorta es cuando se comienza a ver”.

¡Qué bella enseñanza! Es propio del joven transitar por la vida pensando que todo pasa por su desasosiego y desvelo permanentes, y que nada tiene que aprender de los demás, ya que todo lo tiene que experimentar por sí mismo.
Es bastante común oír: “quiero apreciar yo las distintas situaciones de la vida”, mientras se hace caso omiso de las usanzas que los mayores han tenido.

Y así se descuida aquella gran verdad que es conforme al juicio del prudente: escuchar al que ha tenido sobre sus espaldas largos años de recorrer la vida. Mientras, por el contrario, es propio del necio no querer recibir las enseñanzas que la sabiduría transmite de continuo.
Pasado el tiempo se cumplen inexorablemente las palabras del anciano “cuando la vista se acorta es cuando se comienza a ver”.

En efecto cuando la vida ha recorrido un lapso de tiempo considerable y la vejez hace estragos en nuestra salud y en nuestra juventud, es cuando se comienza a “ver” porque se ha aprendido a “mirar” la realidad circundante de un modo diferente y muchas veces doloroso.
Se comienza a “ver” cuando la sabiduría se ha encarnado en la propia existencia, cuando se ha avanzado en el camino hacia la lucidez.

Pero la depresión por la soledad no sólo acecha al anciano que no es considerado ya como existente en una sociedad que lo margina, sino también al joven que apurado por “vivirlo” todo termina por no vivir nada, sino más bien “durarlo” todo.
Vive en el mundo del aislamiento que le provoca su música, su entorno, su mundo ilusorio que lo evade todo en aras vaya a saber de qué quimera, pateando siempre “remolinos de viento” que muchas veces -como se percibe en nuestros días- lo conduce a las puertas del suicidio o a la desesperación por un mundo que le es hostil, justamente porque es artificial.

Volviendo a las personas ya maduras, concluyo recordando que lamentablemente cuando no hay visión sobrenatural de la persona humana llamada a la santidad, se cae muchas veces en lo que tuvo que soportar Virginia, ya pisando los sesenta, cuando abrumada por la angustia de su soledad, viuda ella, acudió a un psicólogo, quien suelto de cuerpo, después de recetarle algunas medicinas le recomendó también como solución que era preciso buscase un amante…

3.- La depresión por causa del pecado

Me decía hace mucho un psicólogo amigo que no pocas veces recomendaba a sus pacientes, si eran católicos, que más que una terapia, necesitaban la reconciliación a través del sacramento de la confesión, ya que su estado era causado por la vigencia del pecado en su interior.

En realidad esta situación es más común de lo que parece.
En efecto, el pecado produce un desajuste tan grande en el corazón de la persona que sólo la gracia de Dios puede devolverle la paz perdida.
Santo Tomás afirma que precisamente el pecado es contrario a la razón del hombre, y que esto más tarde o más temprano provoca un desencaje muy grande en el interior humano, haciendo que pierda la calma, la paz y hasta el equilibrio emocional.
Y así recuerdo lo desgarrador que fue, por poner un ejemplo, escuchar el año pasado –en el mes de agosto- en el II Congreso Internacional por la Familia y la Vida, realizado en Buenos Aires, el relato de una mujer que padeció el síndrome post-aborto.
Había matado a un hijo suyo, que se gestaba en su seno, creyendo que hacía un bien teniendo en cuenta la situación concreta que estaba viviendo.

¡Qué suplicio tuvo que vivir después! No dormía en paz, soñaba con su hijo muerto que la señalaba con sus manos pequeñas ensangrentadas, estaba convencida que no tenía perdón de Dios. El estado depresivo en el que cayó la sumió casi en la consternación total.
Pero Dios vino en su ayuda. Ella respondió al amor del Señor, y convertida, no sólo fue capaz de salir de su estado de postración sino también transformarse en una defensora total de la vida humana.

Hace poco, vino a verme Julián, desesperado por su estado de drogadependencia. El tratamiento que estaba recibiendo por el médico era muy fuerte. Con sus dieciséis años parecía envejecido y como anclado en la sensación de una vida inútil.
¡Ayúdeme Padre, me dijo! Y así comenzamos el diálogo, convencido de que un encuentro más personal con el Señor, lo sacaría de su postración tan dolorosa. De hecho va mejorando poco a poco, empezando a reconocer que Dios lo ama y que él puede, con su respuesta, salir de su mal.

¡Cuántos corazones hay abrumados por el peso de tantas vicisitudes, de tantos fracasos, de tantas ruinas morales!
Gracias a Dios y a su misericordia es posible sanar tantas heridas que no cicatrizan lejos de El por más que se intenten diversas soluciones.

4.-La depresión por la falta de trabajo y de vida digna

Mientras la sociedad sigue su curso como ignorando las miserias, se van amontonando tantos seres que sufren el deterioro de su dignidad por la falta de trabajo y de una vida digna.
Cada día contemplamos en las parroquias a muchas personas surcado su rostro por el llanto de la miseria, buscando algún alimento proveniente de la caridad.
Es doloroso contemplar la prolongada columna de indigentes por la falta de trabajo digno, permanente y seguro.
Estremece contemplar con cuán magro dinero muchos se sostienen o transitan por el mundo de la miseria.

No todo el mundo es haragán, ladrón o vividor. Son más los que quieren trabajar y ganar su pan honestamente para llevarlo a la mesa familiar, desterrando el tener que comer en forma dispersa en los comedores escolares o en hogares de caridad.
¿Cómo no se ha de sentir deprimido un padre de familia cuando no puede llevar alimento a su familia?
No todos se sienten motivados a enfrentar la soledad viviendo lo que afirma Miguel Ángel Robles al cantar “cuando pierda todas las partidas, cuando duerma con la soledad, cuando se me cierren las salidas y la noche no me deje en paz, cuando tenga miedo del silencio, cuando cueste mantenerse en pie, cuando se revelen los recuerdos y me pongan contra la pared, resistiré erguido frente a todos, me volveré de hierro para endurecer la piel”.

Una cosa es la vida real y otra la que describe la música y el canto por más que se diga “cuando el mundo pierda toda magia, cuando mi enemigo sea yo, cuando me apuñalen la nostalgia y no reconozca ni mi voz…, cuando me amenace la locura,
cuando el diablo pase la factura o si alguna vez me faltas tú, resistiré erguido frente a todos soportaré los golpes y jamás me rendiré… y aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré …”

Son desgarradoras las palabras de León Bloy en “La Sangre del Pobre” cuando dice: “La pobreza agrupa a los hombres y la miseria los aísla, porque la pobreza es de Jesús... La pobreza está clavada a la Cruz; la miseria es la Cruz misma. Jesús cargado con la Cruz, es la pobreza llevando a la miseria. Jesús crucificado, es la pobreza derramando su sangre sobre la miseria. Los ricos que no sean propiamente unos réprobos pueden comprender la pobreza, porque ellos mismos, en cierto sentido son también pobres; pero de ningún modo pueden comprender la miseria. Aunque sean capaces, tal vez, de dar limosnas, son incapaces de desprenderse de sus bienes. Jesús paciente les enternece como lo haría una música evocadora; pero su Cruz, la realidad de su Cruz, les horroriza. La quieren siempre de oro y de luz; elegante y ligera, agradable a los ojos, y colgando del cuello de una mujer linda” (edit. Difusión. Pág. 33).

5.-¿Podemos hacer algo como “gesto” de amor ante el desolado por el dolor del corazón?

Se me ocurre que nos pueden ayudar estas palabras de Vladimiro: “No perdamos el tiempo en vanos discursos. ¡Hagamos algo mientras haya ocasión! No todos los días hay alguien que nos necesita. A decir verdad, no se trata precisamente de que nos necesiten. Otros lo harían tan bien como nosotros, y hasta mejor. El llamado que acabamos de escuchar antes se dirige a la humanidad entera. Pero en este lugar y a esta hora la humanidad somos nosotros, nos guste o no. Aprovechémoslo antes que sea demasiado tarde”.(Samuel Becket “Esperando a Godot”. Ed. del mediodía, pág. 128).

¡Qué Ntra Señora del Pozo nos guíe para consolar a tantos corazones abrumados por la desesperanza!
Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Mov. Pro-Vida “Juan Pablo II” de Santa Fe.

05 de Julio de 2007.


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1 de julio de 2007

Un lugar para reposar la cabeza

Ntra. Sra. de Lourdes – Santa Fe: Misa orando por “el eterno descanso de las víctimas de la violencia y de la inseguridad y por la conversión de quienes promueven la cultura de la muerte”.

Elegidos para anunciar el Evangelio de la Vida

El manto de Eliseo o el espíritu profético

El Señor siempre elige con libertad, y así llama a Eliseo para que sea su profeta.
En el texto bíblico Eliseo es presentado como alguien de próspera situación económica, y Dios aparece invitándolo a seguir los pasos de Elías.
Será Elías quien pasando al lado de Eliseo (v. 19) y echándole encima su manto, lo inviste como profeta.
¿Qué es ser profeta? ¿Es cosa antigua, pasada de moda? Para nada, ser profeta es decir la verdad, proclamarla, no solamente como se suele entender excluyentemente anticipar el futuro. Es cosa de todos los días, de hoy, de ayer y de mañana. La verdad no tiene tiempos, no goza de oportunidad, no es selectiva: para unos sí, para otros no; una para algunos y otra para otros. Cada uno de nosotros es otro Eliseo, otro Elías.
La respuesta de Eliseo no se hace esperar, acepta ser continuador de la misión profética de Elías, se desprende de sus bienes, y así, libre de toda atadura, es totalmente soberano en su nueva vida.

Este gesto de Elías de “echar el manto” se repite en la historia de Salvación, de manera que llegando a nuestros días, la Iglesia se presenta ante el mundo como enviada por su fundador Jesucristo, para llevar su mensaje oportuna e inoportunamente, no sólo denunciando las injusticias de la sociedad, sino también mirando desde la fe todo el quehacer humano.

Eso es lo que pretendemos hacer con este encuentro de oración por “el eterno descanso de las víctimas de la violencia y de la inseguridad y por la conversión de quienes promueven la cultura de la muerte”.
¿Se dan cuenta que ser profetas hoy es imprescindible?. ¡Si proclamáramos la Palabra, que es Verdad y Vida, tantos no hubieran muerto y otros tantos no morirán!


El examen de la realidad humana desde la fe

En el texto del evangelio (Lc 9,51-62), Jesús se dirige decididamente a Jerusalén, y es rechazado por Samaría (v.52-53) porque va camino a la Cruz, al supremo sacrificio de su vida, que dará nuevo significado a todo lo existente redimiéndolo de sus pecados.
Jesús brinda hoy un nuevo camino,-la renovación que trae su Espíritu-, a una sociedad que hace mucho se ha alejado de su Creador y Redentor, -como Samaría.
De allí que esta oración de bautizados la hagamos en el contexto del sacrificio de la Misa, actualización y renovación del sacrificio de la Cruz salvadora.
Ante el rechazo y los males de este mundo, Jesús –como quizás también nosotros en la sociedad actual-, escucha la propuesta castigadora de los hijos del Zebedeo: “Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?” (v. 54).
Y el Salvador, luego de reprenderlos ante la aparente solución ofrecida por la indiferencia y el pecado de los hombres, ofrece un tiempo para la conversión y el perdón, mientras se dirige a otro pueblo (vs. 55 y 56), es decir a nosotros, que como Iglesia estamos atentos a lo que El nos quiere enseñar.

De allí que como Jesús, enviado por el Padre, debemos sentirnos interpelados por el llamado de ir al encuentro del mundo que nos ha tocado vivir para mirarlo desde la perspectiva transformadora que nos da la fe. Esa es la mirada verdadera y auténtica que nos cabe a nosotros los creyentes.
En efecto, nos sentimos inclinados a analizar la realidad de nuestra vida cotidiana desde una perspectiva puramente humana y no desde la fe. No escapa a esta consideración nuestra atención sobre la violencia y la inseguridad. Pero nosotros debemos ir a lo más profundo y así descubrir las pistas verdaderas que conducen a una auténtica renovación de la sociedad toda.
Si así no lo hacemos, seguiremos mirando la realidad y proponiendo soluciones que resultarán vanas para una verdadera transformación.


La contemplación de Cristo en la vida de los hermanos

Nos dice Jesús a quienes queremos seguirlo “los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (v.58).
Es decir que seguirlo significa mirar a nuestro alrededor y descubrir a los que como El no tienen donde reclinar su cabeza.
Porque para reclinar la cabeza no hace falta solamente una almohada. ¡Si hasta con una piedra basta, o con un apero, como nuestros criollos!
Pero es necesario un lugar para colocar la almohada o la piedra o el apero, y hace falta un espacio de paz, de tranquilidad, porque reposar significa descansar, retomar fuerzas para partir de nuevo. ¿Hacia dónde partirán de nuevo nuestros muertos si ellos ya llegaron? ¿Cómo reposarán sus asesinos si no tienen paz?
Entender el clima de violencia que hoy vivimos significa mirar a tantos que deambulan por el mundo sin tener dónde “reclinar su cabeza”.

Los niños que han sido abortados antes de nacer nunca “reclinarán su cabeza” en el lugar que Dios les preparó, la familia, porque las políticas de Estado de nuestra Patria no valoran la dignidad de la persona desde el inicio, y van sembrando en las mentes y corazones de todos el menosprecio por la vida.

Si existen hombres y mujeres que son empujados a no reclinar su cabeza en el seno de la familia, es porque están faltos de verdaderos proyectos legislativos que defiendan a la familia como el ámbito más adecuado para responder a la aspiración de Dios de formar ciudadanos íntegros de la tierra y del cielo.
Como consecuencia, la familia así traicionada, se convierte en rejunte de personas sin rumbo y dignidad que les evite la tentación de la disgregación y de la violencia.
¡Cuántos hoy en lugar de encontrar en la familia el lugar para reclinar la cabeza y compartir el pan del calor humano, encuentran sólo violencia, incomprensión y el progresivo deterioro de su dignidad humana!
Hoy la droga distribuida con la complicidad de quienes deben hacer cumplir la ley, no sólo contribuye a crear corazones violentos sino a paliar el hambre de tantos estómagos vacíos que no logran reclinar su cabeza en el sueño reparador del que gozan los que ganan su sustento con el trabajo honesto.
La falta de autoridad en todas las esferas de la vida, que como servicio debiera encauzar a los ciudadanos a reclinar la cabeza en la creación de ámbitos de paz y concordia, empuja a la liberación de los instintos más primitivos donde impera la ley del más fuerte.
¡Hasta las competencias deportivas que debieran permitir el solaz permanente de reclinar la cabeza en honesta diversión y descanso, se han transformado en guerras de pandillas, sin freno y control alguno!

El llamado permanente a mirar el pasado con la vara de la venganza, impide también reclinar la cabeza en el trabajo común de hermanos por una Patria nueva.

¡Hasta la inseguridad en las viviendas humanas, sometidas al pillaje, impide contemplar confiadamente al otro como hermano, ya que siempre es posible la aparición de la traición más repentina!
La cultura de la vagancia y de la dádiva, ausente la creación de puestos de trabajo, lleva sin duda alguna a preferir la ganancia fácil del asalto y el despojo de los prójimos sin importar las lágrimas y el dolor que la ratería ocasiona, y así el que trabaja ardorosamente nunca está seguro de “reclinar su cabeza” en el merecido descanso.
Con tantos hermanos argentinos que carecen de lugar dónde “reclinar su cabeza”, ¡cuánto se despilfarra en interminables carreras electorales que no ofrecen concretas soluciones a los problemas!

La violencia desatada en la conducción agresiva del tránsito cotidiano, donde impera la ley del irresponsable y donde casi no importa la seguridad del otro, ¿se ve realmente como ofensa pecaminosa a Dios y a los hermanos?
La escandalosa promoción de la vida pasatista y consumista desde los medios televisivos, ¿no empuja a la engañosa creencia de que todo vale con tal de conseguir “vivir por un sueño” “el baile del caño?
La actitud de los padres descuidados por el crecimiento de sus hijos, ¿tiene que dar lugar a las actitudes patoteriles de los progenitores que no aceptan que la escuela ponga límites a los desbordes de los alumnos violentos?


La libertad de los hijos de Dios

San Pablo (Gálatas 5,1.13-18) nos anuncia que el seguimiento de Cristo nos hace verdaderamente libres, libertad que no significa seguir los apetitos pecaminosos sino ponerse al servicio de los demás.
De allí que sea necesario erradicar la violencia y la inseguridad viviendo lo que nos dice San Pablo: “toda la ley está resumida plenamente en este precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v.14), caso contrario las consecuencias serán el crecimiento de lo que denuncia el apóstol: “si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado, porque terminarán destruyéndose los unos a los otros” (v.15).
La invitación que nos hace la Palabra de Dios a través del apóstol, cobra hoy profunda actualidad: “los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios y así no serán arrastrados por los deseos de la carne” (v.16), es decir del pecado.
Este pedido, casi súplica, vale tanto para las clases dirigentes de nuestra Patria como para nosotros los simples ciudadanos.

San Pablo en la carta que citamos, -cuyo texto no hemos proclamado en esta liturgia- señala más adelante las obras de la carne y del espíritu, y cómo combaten entre sí para apoderarse del corazón humano (Gál.cap.5, vv.19 a 23).

Por eso, orar como lo hacemos hoy por los promotores de la cultura de la muerte, ya sean gobernantes y conductores de la sociedad como miembros del pueblo, es pedir para que nos despojemos de las obras de la carne que conducen a la no posesión del reino de Dios (v. 21), como advierte con firmeza el apóstol.
Nuestra tarea en la sociedad –para ser realmente renovadores- ha de ser la vivencia de los frutos del Espíritu: “amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (vv.22-23), promoviendo permanentemente la cultura de la vida que tanto proclamó y suplicó el papa Juan Pablo II.


Por una nueva cultura de la vida.

En la Encíclica “El Evangelio de la Vida” (Evangelium Vitae), el Pontífice nos dice que somos el pueblo de la vida, “porque Dios en su amor gratuito, nos ha dado el Evangelio de la vida y hemos sido transformados y salvados por este mismo Evangelio” (nº 79) y por lo tanto enviados como pueblo a “estar al servicio de la vida” servicio que “obliga a todos y cada uno” como “una responsabilidad propiamente eclesial, que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y de todas las estructuras de la comunidad cristiana” (nº 79).

Para la realización de este deber de bautizados, Juan Pablo II nos invita a anunciar el Evangelio de la vida para llevarlo “al corazón de cada hombre y mujer e introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad” (nº 80-83), en la catequesis, en las escuelas y en todo el ámbito del anuncio de las maravillas de Dios.

Junto con esto, estamos llamados a celebrar el Evangelio de la Vida , celebrar al Dios de la vida, al Dios que da la vida, en los sacramentos, especialmente la Misa dominical, la religiosidad popular, las devociones a Jesús, María y los santos, como aquellos que vivieron la vida divina en profundidad (nºs 83-86).
Celebrar la vida es también la vivencia generosa de la maternidad, la entrega diaria al trabajo honesto de cada uno y en los gestos de amor para con el prójimo.
Una tercera tarea para nosotros es la de servir al Evangelio de la Vida (nºs 87-91) “mediante el servicio de la caridad, que se manifiesta en el testimonio personal, en las diversas formas de voluntariado, en la animación social y en el compromiso político” (nº 87).

Queridos hermanos: no nos desesperemos ante la cultura de la muerte y de la violencia que nos agobia. Trabajemos en esta triple misión que nos señala Juan Pablo II con la firmeza que nos da la fe, la seguridad que nos brinda la esperanza de un mundo nuevo, con el fuego de la caridad de Cristo que nos urge cada día más.-


Padre Ricardo B. Mazza, Cura Párroco de “Ntra Sra de Lourdes” de Santa Fe. Homilía de la Misa por “el eterno descanso por las víctimas de la violencia y de la inseguridad y por la conversión de quienes promueven la cultura de la muerte”. Santa Fe, 30 de junio de 2007.

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