22 de marzo de 2008

¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!

El Señor nos está diciendo que aunque nos aceche el Faraón con sus tropas, o sea los servidores del maligno, no tenemos que temer. ¡El Señor los va a confundir! Y la confusión ya la estamos viendo en nuestra sociedad.

1. Dios miró todo lo que había hecho y vió que era muy bueno (Gn.1,1-2,2)

Nos hemos congregado como familia en ésta noche Santa para celebrar la Resurrección del Señor. Las lecturas bíblicas que hemos proclamado nos han mostrado el Plan de Dios sobre cada uno de nosotros.

Así el texto del Génesis nos narra la creación del mundo. Obra maravillosa salida de las manos generosas de Dios.

Revelación ésta creación de la gloria de Dios, manifestación también de la misericordia del Señor que tanto amó al hombre que le preparó este mundo para que pudiera en él servirle de corazón, y conocerlo cada vez más.

El texto del Génesis se corona con la creación del varón y de la mujer.

Todo un llamado que nos hace ya desde el comienzo Dios a la vida en comunidad.

Este varón y esta mujer llamados al matrimonio, a constituir una familia.

Y así nos damos cuenta ya desde el comienzo cómo la Palabra de Dios nos dice que el matrimonio formado por el varón y la mujer es un signo de la comunión trinitaria. ¡Cómo no descubrir allí el designio de Dios sobre el hombre!

Aunque nuestros tiempos se caractericen por consagrar otro tipo de uniones, la Palabra de Dios es muy clara: los creó varón y mujer para constituir una familia.

Y la liturgia misma en esta Noche Santa nos habla de la grandeza de la familia, de la grandeza de la vida. Por eso Cristo vuelve a la vida en su Resurrección.

De allí que Cristo también se hace presente en la vida nueva que va a otorgar a cada uno de los niños que en ésta noche han de recibir el sacramento del bautismo.

Sacramento del bautismo que nos incorpora e identifica para siempre a Cristo muerto y resucitado, como nos decía recién el apóstol San Pablo (Rom.6, 3-11).

Pero he aquí que éste proyecto de Dios desde el inicio, se ve trastocado por el mismo hombre, cuando enceguecido por la tentación del espíritu del mal cae en el pecado.

Ahora bien, Dios no se olvida del hombre, no reniega de éste proyecto original que ha mostrado, y por eso promete un Salvador, el envío de su Hijo hecho hombre.

Para concretar esto, ha de pasar mucho tiempo, y así la historia humana que es historia de salvación por la presencia de Dios, va mostrando los distintos pasos de este pueblo en marcha que Dios ha elegido para que sea su pueblo, anticipo del nuevo pueblo de Dios , que formamos nosotros y que recibe a Jesús como Mesías.

2. Los israelitas entraron a pie en el curso del mar (Exodo 14, 15- 15,1)

Nos dice el libro del Éxodo que el pueblo de Israel que había sido liberado de la esclavitud de Egipto camina hacia la tierra prometida.

Ha de pasar por el Mar Rojo, signo del bautismo, pasar por las aguas para llegar a la tierra nueva.

Pero he aquí que aquellos que tenían prisioneros a los israelitas cambian de idea. El Faraón y sus tropas van detrás del pueblo elegido.

Moisés comienza a gritar y el pueblo a inquietarse. Dios dirá: ¿qué son esos gritos?, ¿qué esa inquietud?, sigan adelante, ¡ordena que sigan adelante, no se detengan en el camino!

Y esto nos lo dice Dios también hoy, tentados muchas veces a no seguir adelante, a mirar hacia atrás, a querer volver a la esclavitud que ofrece el Faraón porque allí estamos más seguros.

Ir hacia adelante es como una aventura, no sabemos hacia dónde vamos, tememos que el camino conduzca a la nada. ¡Y nos olvidamos que está el Señor con nosotros!

La vida del hombre también hoy puede presentarse como insegura ante tantas dificultades, y nuevamente nos dice Dios: ¡sigan adelante, no se detengan, no miren atrás, no añoren el pasado, la esclavitud, han nacido para ser libres!

El pueblo comienza a caminar por el lecho del mar. Y Dios dice: “yo voy a endurecer el corazón de los egipcios….y ellos entrarán en el mar…así me cubriré de gloria a expensas del Faraón”. Que sigan creyendo que ellos son los que más pueden.

Y sigue diciendo el texto “el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad”, hasta que “el Señor los hundió en el mar”.

Queridos hermanos éste es un anuncio profético. El Señor nos está diciendo que aunque nos aceche el Faraón con sus tropas, o sea los servidores del maligno, no tenemos que temer. ¡El Señor los va a confundir! Y la confusión ya la estamos viendo en nuestra sociedad.

Cuando se van inventando desde los poderes de turno, producto del fracaso, del odio más atroz y de la ceguera más profunda ante la verdad, leyes que pretenden destruir la familia, implantar la esterilización del varón y la mujer, la “pseuda salud” reproductiva, y las uniones homosexuales contrariando el designio del Creador señalado en el Génesis, estamos en la confusión fruto del pecado.

Cuando se quiere consagrar en la sociedad actual, -de la que no escapa Argentina,- las uniones de hecho como si fueran matrimonio, la impunidad ante el crimen y la violencia, la despreocupación por los más pobres, el deseo, hasta lujurioso de poder y dinero, en fin, en una cultura como la nuestra, sobreviene la confusión sembrada por el Señor en el nuevo Faraón con sus tropas ya que carecen de la luz que viene del Espíritu.

El Señor sigue confundiendo a los que siembran el mal, y van a terminar peleándose entre ellos, porque detrás de estos proyectos no está el bien del hombre sino el bien del bolsillo, del dinero, de los negocios, del quedar bien, de recibir el aplauso de los llamados “colectivos”, siempre en la búsqueda del poder escurridizo. El fracaso ya se avizora, más tarde ó más temprano, como sucede cuando se pretende ser como dioses, hacedores del bien y del mal según los antojos del momento.

Pero nosotros no hemos de caer en esa confusión, tenemos que seguir adelante. Seguir adelante que no es seguir con nuestras cosas, y olvidar que el Faraón y sus tropas están detrás nuestro aunque confundidos, sino seguir adelante significa seguir trabajando por las causas nobles que hemos recibido y defendido desde el principio: la familia, el matrimonio, la dignidad de la persona humana, el perdón aunque se nos incite a la venganza, la honestidad aunque se nos apure con la desvergüenza mostrando al mundo que creemos que Cristo ha resucitado, que está vivo, que ha vencido a la muerte y a todas estas formas de muerte que tenemos en el mundo llamado moderno.

Dios siembra la confusión en aquellos que quieren destruir su plan de salvación para el hombre.

Es cierto que durará este tiempo de confusión, -en definitiva el pueblo de Israel demoró cuarenta años para llegar a la tierra prometida-, y que también nosotros tendremos que caminar, no sé cuántos años, para llegar a una nueva tierra. Que será necesario que mueran las viejas estructuras, las viejas políticas, las mañas, las viejas costumbres, para dar lugar a la novedad que viene del espíritu, para dar lugar a una juventud que no está tanto en los años, pero que también está en los años, que busque lo nuevo que nos trae el Señor.

Seguir adelante como hizo Moisés para cantar al Señor “que se ha cubierto de gloria” (Ex. 15, 1-3)

La esperanza que no defrauda nos asegura al final el triunfo, -no sabemos cuándo-, del Señor misericordioso que no se olvida de su pueblo fiel.

Si no creemos esto, estamos de más aquí. Si nuestra herencia es el pesimismo, si sólo pensamos en qué terminará esto, en el fondo no creemos que Cristo ha resucitado, y lo que estamos haciendo hoy es una mera representación, y no una celebración gozosa, una actualización del misterio Redentor de Cristo.

3. Camina hacia el resplandor, atraído por su luz (Baruc 3,9-15.32-4,4)

Ir caminando con un corazón nuevo como nos dice el profeta Baruc, no abandonar la fuente de la sabiduría.

Si nos va mal es porque hemos abandonado al Señor: “si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre”.

El Señor nos deja a nuestra suerte para ver si volvemos a El con una vida nueva.

Hemos abandonado la sabiduría para ir a una tierra extranjera, la tierra sin Dios, contaminándonos con la muerte del pecado. Hemos olvidado lo que dice el profeta a gritos: “¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él!”.

Ha de seguir en nuestra memoria “camina hacia el resplandor, atraído por su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero”.

No ceder la gloria del bautismo, al privilegio de la redención y a la fuerza que nos viene del resucitado, ha de ser la consigna de la noche luminosa de la Pascua.

4. Jesús el Crucificado, ha resucitado (Mateo 28,1-10)

Nos proclama el evangelio este gran anuncio de la resurrección del Señor a las mujeres.

Fijémonos en la figura de éstas mujeres.

¡Qué dato curioso!, las consideradas débiles son las que están junto a la cruz del Señor, -salvo Juan el evangelista.

Son las mujeres también las que van al sepulcro. No están seguras de lo que va a suceder, pero las mueve el amor a Cristo. Y aquí llegadas ellas a la tumba acontece algo muy particular.

Cualquiera de nosotros podría decir: comprobaron que la tumba estaba vacía y por lo tanto: ¡Cristo ha resucitado!

Y es al revés, reciben el mensaje: ¡Cristo ha resucitado! Esa es la primera afirmación que escuchan al llegar al sepulcro, y el ángel les dirá después: “mirad el lugar donde lo han puesto” ya vacío.

Es la revelación, la manifestación que Cristo ha resucitado, lo que les hace ver que el sepulcro está vacío y no al revés. Cristo el crucificado ha vuelto a la vida, anuncien que el Señor se les adelanta para encontrarse con los apóstoles en Galilea.

Vayamos nosotros al hombre de hoy para decir que Cristo ha resucitado y por eso el sepulcro está vacío.

Llevar este mensaje de que Cristo nos ha traído la vida, el triunfo sobre la muerte y el pecado. Como estas mujeres salir presurosos para llevar a todos la Buena Noticia.

A ellas las presionaba el miedo, nosotros no tenemos nada que temer, ya ha sido disipada toda inseguridad porque Cristo ha vuelto a la vida.

5. Cristo, después de resucitar, no muere más ( Romanos 6, 3-11)

¿Qué significa esto para nosotros?

Queridos hermanos: el apóstol San Pablo afirma que “si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él”.

Sigue diciendo con terminología bautismal que “fuimos sepultados con El en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva”.

Es decir si hemos muerto con Cristo nada le debemos a esa vida de pecado, de muerte, sino que hemos de caminar hacia la vida.

Vida del cristiano que habiendo resucitado con Cristo ha de ser caminar hacia la vida de la identificación con el Señor, sin miedos, porque El está con nosotros.

No volver a la vejez del pecado. Cada día parecernos más y más a Cristo “porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección”.

El cristiano sabe que camina entre luces y sombras, entre persecuciones y triunfos, hacia el encuentro definitivo con el Padre que nos espera, nos ama y nos ha dado a su Hijo para que por su muerte y resurrección muramos al pecado para renacer a una vida nueva.

Queridos hermanos vivamos ésta vida que nos ofrece el Señor.

Si queremos cambiar, el mundo, la sociedad, la familia, comencemos por cambiar nosotros mismos dejando de lado aquello a lo que hemos muerto por el sacramento del bautismo.

Caminar siempre hacia la luz que no da Cristo para iluminar e iluminarnos. El señor espera llevemos este mensaje donde hay tanta angustia, desazón, bajeza, y deterioro de la dignidad humana Llevar este mensaje del resucitado para vivir la vida de los hijos de Dios.

Santa Fe, sábado 22 de marzo de 2008. Misa de la Vigilia Pascual.

Padre Ricardo B. Mazza

Párroco de la Pquia Ntra Señora de Lourdes (Santa Fe)

Director del Centro de Estudios Santo Tomás Moro y del Grupo Pro-vida “Juan Pablo II”

ribamazza@gmail.com.

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18 de marzo de 2008

La Pasión del Señor en nuestros días (Marcos 14,1-15,47)



“Y así esa multitud que por “consenso” decide matar a Cristo, renuncia a escuchar a aquel que es la Verdad”.

1. Los personajes de la Pasión del Señor

Llevando los ramos de olivo hoy aclamamos al Señor como Salvador.

Es el mismo Señor que viene a nuestro encuentro para mostrarnos el camino al Padre común de todos los hombres.

Es el mismo Señor que aclamado el domingo de Ramos por un pueblo ferviente, deberá escuchar el viernes siguiente, de ese mismo pueblo, ésta vez, manejado y manipulado por los jefes del momento, -anticipo de lo repetido tantas veces en la historia- , ¡crucifícalo¡ ¡crucifícalo!

Este domingo de ramos nos prepara para que iniciemos la Semana Santa deseosos de no repetir una historia preñada de traiciones, fruto del pecado.

Acabamos de proclamar la Pasión del Señor. Allí hemos visto cómo los acontecimientos se van sucediendo uno tras otro.

Quedan al desnudo las miserias de tantas personas, cómo se va entretejiendo esta actitud persecutoria del Señor, por parte de aquellos que ya lo habían rechazado repetidas veces.

Incluso los que se consideraban fieles al Señor lo traicionan.

Judas que por dinero vende a Cristo a sus enemigos, termina, cerrado a la gracia, suicidándose.

Pedro lo niega, -capaz de decir tres veces “no lo conozco”-, para evitar eventuales problemas, pero que se abre, sin embargo, a la gracia, tocado por la misericordia del Señor y derrama las lágrimas redentoras que lavan su culpa.

Estos personajes nos van mostrando, el camino del Señor a la cruz, personajes que van cobrando incluso actualidad en nuestro tiempo, y así podríamos presentarlos como prototipos para todas las épocas, para todos los tiempos.

2. Cristo nuevamente arrestado

Y así, encontramos que cuando Jesús dice: “como a una bandido han venido a arrestarme con espadas y palos”, cómo no pensar en tantos bautizados que en muchos países del mundo son perseguidos por la fe, por proclamar que Jesús es el Hijo de Dios.

Cuántos derraman y han derramado ya su sangre por dar testimonio de la divinidad de Cristo.

Este arresto y muerte del Señor están anticipando la persecución a sus seguidores a lo largo de la historia humana.

Viene a mi memoria el arresto y la cárcel de aquellos bautizados que por oponerse a través de manifestaciones pacíficas, a las clínicas abortivas en algunos países, son repudiados y condenados por una justicia complaciente con la muerte de los inocentes, con la excusa de una presunta intolerancia.

Cómo no recordar el arresto y la cárcel de aquellos padres que en países llamados modernos, se han opuesto a que sus hijos sean educados en doctrinas destructoras de la familia o que se pretenda seducirlos con una concepción desviada de la sexualidad humana.

Cómo olvidar a tantos bautizados a quienes no se les trata con justicia en su trabajo, en su profesión, en su familia o en la sociedad a la que pertenecen, por el sólo hecho de ser honestos y buenos cristianos.

Cuántos bautizados son tratados como intolerantes cuando defienden las sanas costumbres, mientras pululan toda clase de locuras y desviaciones, con el amparo de leyes perversas.

Cristo es nuevamente arrestado y perseguido en los que creen en El y buscan presentar sus nobles enseñanzas.

3. Los “nuevos” Pilatos

La Pasión nos presenta, además, la figura de tantos gobernantes que en este mundo son como Pilatos.

Pilatos quiere contentar a la multitud, esa multitud que no se mueve según la razón, sino conforme a sus pasiones más bajas, azuzada por los jefes del momento.

Cómo no ver aquí la manipulación tan frecuente de la gente que extasiada por discursos oportunistas quiere escuchar sólo lo que suena halagador a sus oídos y se opone a lo que es santo y noble, aunque después, vacía en su interior, cae en la cuenta de su miseria y añora la verdad perdida.

Y así esa multitud que por “consenso” decide matar a Cristo, renuncia a escuchar a aquel que es la Verdad.

No importa que no haya culpa, “¿qué mal ha hecho?” se pregunta Pilatos, sino sólo dar el gusto al clamor inmisericorde de la despersonalizada multitud, que pide a gritos que el inocente sea crucificado, porque así lo desean los jefes.

Y Pilatos que sólo cuida su puesto huidizo, deja en libertad a Barrabás, bandido y jefe de una banda delictiva, y envía a la muerte al Inocente.

Hoy también se repite esta historia.

Cuántos Barrabás que se dedican al tráfico de drogas andan sueltos, en libertad, con la complicidad de quienes deberían terminar con ese flagelo, mientras Cristo es de nuevo crucificado en tantos niños y jóvenes agobiados por la esclavitud más siniestra , desperdiciando sus vidas , su futuro, su eternidad.

Cuántos Barrabás hacen negocios y comercian al margen de la ley, engrosando cada vez más sus cuentas bancarias,- no importa con qué medios y fines-, mientras deambulan sin rumbo tantos Cristos crucificados que son víctimas de la especulación, que no tienen vivienda o no tienen alimento para llevar a su casa.

Cuántos Barrabás lucran con el sexo, imponiendo y seduciendo con las aberraciones más grandes, mientras nuevos cristos son crucificados en la esclavitud más degradante, incapaces de crecer como personas en el verdadero amor que ennoblece a todo hijo de Dios.

Cuántos Barrabás andan sueltos, comerciando con el mundo de las armas, mientras las víctimas de las guerras son crucificadas masivamente.

Cuántos delincuentes andan sueltos mientras el clima de inseguridad crece en las sociedades modernas, donde los honestos viven prisioneros en sus casas, y los deshonestos se pavonean con total libertad y sometiendo con el miedo.

Este es el resultado de una sociedad que no reconoce a Cristo. De aquellos que en lugar de buscar el bien común buscan servir a sus propias ideologías.

Y así, Barrabás sigue suelto en aquellos gobernantes y gobernados, que sirven a la cultura de la muerte, crucificando nuevamente a Cristo en tantos niños abortados, en tantos ancianos eliminados por falta de atención, vistos como la sobra de la sociedad por ser considerados improductivos.

Ante todo esto, la humanidad debe tratar de encontrarse con el Señor para recibir sus sabias enseñanzas y ser orientada por el Camino que es El mismo.

4.Si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz y creeremos en ti.

La Palabra de Dios que hemos proclamado nos señala además, aquella tentación de decirle al Señor “baja de la Cruz”.

Hoy también, una sociedad cada vez más indiferente a Dios, pide a los bautizados que bajen de la Cruz, que se asimilen a lo mundano sin hacer distinción entre lo bueno y lo malo.

Se pide a los bautizados que bajen de la Cruz, que disfruten, que gocen, que se den los gustos, que vivan el presente, que no piensen en los demás, que no tengan en cuenta el futuro.

Hoy se le pide a Cristo que baje de la Cruz, que se meta de nuevo en el mundo y que no nos presente un evangelio tan estricto,- le decimos-, que lo haga más fácil, que se acomode a los tiempos.

Le pide el mundo a Cristo que baje de la Cruz, que no exija el matrimonio indisoluble, que no reclame la fidelidad, que deje primar el todo vale, que esté de onda, que el evangelio se acomode a la época en que vivimos, y así el espíritu mundano podrá regir y destruir el mismo evangelio.

Ese espíritu mundano que presenta así, un nuevo evangelio, la “buena noticia” del relativismo, secundada por los “nuevos creyentes” que absolutizan lo temporal buscando el paraíso en la tierra.

Se pide con el “baja de la Cruz” el olvido de la misma, el rechazo del sacrificio, el vivir en una sociedad permisiva y en la desenfrenada búsqueda del placer, del poder y del honor.

Y Cristo responderá ¡no bajaré de la Cruz! Es desde allí donde el Señor vuelve a triunfar ante un mundo que muchas veces lo rechaza.

Pero Cristo es bajado de la Cruz, ya muerto, y es envuelto en una sábana.

Envuelto en una sábana en la espera de una nueva vida, la del resucitado que renueva todas las cosas.

Este envolver en una sábana evoca aquel otro momento en que Jesús es envuelto en pañales al nacer en Belén.

Dejando los pañales de la niñez, Jesús se convertirá en aquel que prepara los corazones humanos para recibir el mensaje de salvación.

Dejando la sábana del sepulcro, resucitará para hacernos partícipes de la vida nueva que había anunciado en su paso por este mundo.

Resurrección que nos asegura un nuevo nacimiento no ya en la carne humana, como en Belén, sino en el Espíritu de la Pascua que se derrama abundantemente para transformarnos en nuevas criaturas.

La liturgia que celebramos, por último, nos hace pedir que profesemos nuestra fe en el Señor, que como el Centurión digamos “Verdaderamente es el hijo de Dios”.

Aprovechemos esta Semana Santa para caminar con el Señor.

Ir viendo cómo se desarrollan en los acontecimientos de la Pasión, los hechos de nuestra propia historia personal, la del mundo entero.

Percibir la historia de las bajezas y de las grandezas, de tantas mezquindades y de tantas generosidades.

Pero darnos cuenta que después de la pasión y muerte del Señor viene su resurrección gloriosa.

Desde el resucitado, creer y esperar que una nueva historia se divise.

Pasará la vieja política, terminará la decadente concepción de la vida, la cultura hedonista dejará corazones más vacíos, y dará comienzo, después de este calvario y cruz de la decadencia moderna, la historia nueva de los hijos de la Luz.

Si creemos en la Resurrección del Señor, fruto de su divinidad, hemos de estar seguros que después de pasar este largo y fatigoso calvario en el que pareciera que lo bueno y noble es pisoteado, vendrá el triunfo del resucitado.

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Padre Ricardo B. Mazza. Cura Párroco de la Pquia “Ntra Señora de Lourdes”, Santa Fé.

Reflexiones sobre las lecturas del domingo de Ramos . 09 Abril 2006

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14 de marzo de 2008

Yo soy la resurrección y la vida

“Cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, sabréis que soy el Señor” (Ez.37, 13).

1.- La Fe suscitada por Jesús.

En estos tres últimos domingos de cuaresma hemos contemplado a Jesús bajo diversos títulos.

Y así a través de la figura de la samaritana lo conocimos como el agua viva que quita la sed de aquellos que buscan a Dios.

Por medio de la curación del ciego de nacimiento lo descubrimos como luz del mundo y de los hombres.

Hoy se nos presenta como la resurrección y la vida.

Junto con éstas características de Jesús aparece siempre un tema recurrente que es el de la fe que va suscitando el Señor.

De hecho, Jesús va como apurando la decisión de aquellos que lo rodean, reclamando su respuesta de fe, necesaria para entender el misterio de su pasión, muerte y resurrección salvadoras.

En su encuentro con la samaritana al decir “tengo sed”, buscaba la fe de esa mujer aceptándolo como Hijo de Dios. Y después del diálogo extenso que mantuvo con ella logró que lo reconociera como Mesías.

Al ciego de nacimiento le devuelve la vista y por medio de esa lucha entre las tinieblas -representadas por los fariseos- y la luz –significada en la persona del ciego curado-, se va tejiendo paso a paso un itinerario interior que culmina con la profesión de fe del recién curado: Creo Señor que eres el Mesías.

En la resurrección de Lázaro, Jesús va guiando el proceso de fe de Marta, María y también de sus discípulos. De allí que espera dos días más antes de ir a Betania, y ya muerto Lázaro se dirige a casa de sus amigos, diciéndoles a sus discípulos “me alegro por ustedes de que no hayamos estado allí, para que crean” (Jn.11, 15), que soy la resurrección y la vida.

En este tiempo previo a su pasión y muerte, Jesús está perfeccionando la decisión de fe de estas personas cercanas.

Cuando Marta dice “Yo sé que mi hermano resucitará en el último día”, Jesús le responde “Yo soy la resurrección y la vida”, no pienses meramente en el final de los tiempos, ¿crees que el que vive y cree en mí no morirá jamás? ¿Crees esto? “Sí Señor, creo que eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo” (cf. V.26 y vers.27).

Es indudable que la resurrección de Lázaro quiere confirmar que Jesús es el Hijo de Dios, pero también asegurar el hecho de ser aceptado como tal por medio de la fe de aquellos que luego atestiguarán su resurrección.

O sea que la resurrección de Lázaro es un anticipo de la misma resurrección de Cristo.

Como si dijera “así como yo resucito ahora a Lázaro porque soy la resurrección y la vida, así también resucitaré al tercer día y demostraré que vine al mundo para rescatar al hombre del pecado y de la muerte eterna y otorgarle en abundancia la vida que sólo Dios puede dar.

2.-El mal y el buen olor del hombre actual

Ser “la resurrección y la vida” nos lo dice el Señor a cada uno de nosotros en el hoy de nuestro tiempo.

Pero Lázaro hace cuatro días que está sepultado y ya huele mal, según el testimonio de los que quitan la piedra.

También el cristiano cuando se le acerca Dios puede oler mal, ya que el pecado causa “el mal olor” y la muerte.

La vida y el “buen olor”, en cambio, se obtienen por la resurrección, por el dejar el pecado y entregarnos totalmente al Señor.

De allí que el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo se va aplicando a los cristianos por medio de los sacramentos.

En el bautismo celebramos la muerte al pecado y la nueva vida que ofrece Jesús.

En el sacramento de la reconciliación aparece claramente Jesús como aquel que es la resurrección y la vida, ya que nos devuelve la vida de la gracia.

Jesús llora ante la muerte de Lázaro, pero llora también ante la muerte de cada uno de nosotros.

Cada vez que Jesús queda arrinconado, dejado de lado, despreciado por nosotros al elegir el pecado, El llora.

En nuestros días la caída de la práctica del sacramento de la reconciliación confirma la gravedad de lo afirmado por Pío XII en 1946 que “el pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado”.

El difunto arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, Mons. Vicente Zazpe decía hace ya más de 25 años que había recesión de confesiones e inflación de comuniones.

En rigor ha entrado en la Iglesia Católica la mentalidad protestante en la que los fieles “se confiesan con Dios” prescindiendo del sacramento de la reconciliación.

3.-Necesidad de recuperar el sentido del pecado

La sociedad misma y la cultura en la que está inserta, nos va metiendo en la cabeza que todo es lícito, permitido. Es suficiente que por consenso muchos piensen que algo está bien para que se canonice su bondad aunque vulnere abiertamente el evangelio.

Eso pasa por poner un ejemplo, cuando se instalan las uniones de hecho antes del matrimonio, o el probar todo lo que a cada uno le apetezca, como la pretendida legitimación de la drogadicción.

Como vivimos en democracia –se dice con frecuencia- son muchos los que piensan que todo lo que elija el hombre según “su” conciencia es bueno. Especulan las mayorías también, que es moralmente bueno aquello que es permitido o aprobado por las leyes estatales, aunque éstas vulneren abiertamente la ley de Dios.

El concepto de pecado es teológico, no sociológico ni político, se trata de elegir entre la amistad o no con Dios.

De allí que no se lo puede equiparar al concepto de error o equivocación. Es una ofensa directa al amor de Dios.

Y así el pecado es la mala acción que absolutamente debe evitarse. Constituye el mayor mal, aunque el hombre de hoy parece no tener del mismo una clara conciencia.

El pecado comporta el rechazo de la recta razón, es decir, la oposición a la verdad, y el no tener en cuenta el amor de Dios que nos indica cuál es nuestro verdadero bien.

Directa o indirectamente es desprecio de Dios y de su amor.

El pecado corta en nosotros el hilo directo con la vida y da la muerte del alma. Como la enfermedad debilita y destruye el cuerpo, así el pecado es aquel cáncer espiritual que corroe, debilita y mata la vida del espíritu.

4.- La prescindencia de Dios en la vida del hombre.

La pérdida de la valoración de la gravedad del pecado supone también un quebranto del sentido de Dios.

En la actualidad, lamentablemente, se ha disipado el sentimiento de la grandeza de Dios. Ya aparece como un igual y el hombre se presenta ante El “en alpargatas”. Ya no se lo reconoce como el Creador, el Redentor o el Santificador. Se va perdiendo la grandeza de Dios.

Hasta la misericordia de Dios ya no es vista como manifestación de su bondad infinita sino como la acción de un señor bonachón.

En Cristo crucificado el pecado revela su verdadera naturaleza: no es sólo desobediencia a un mandamiento divino, sino una condena a muerte del Amor. Este es su terrible poder

Me parece que un ejemplo puede ayudar a entender esto. Cuando conocemos y apreciamos sumamente a una persona y la queremos de corazón, cualquier gesto o acción nuestra contrariando ese amor, será vivido por nosotros como algo grave. Mientras que si el conocer y amar no tiene ese calibre profundo, no se tomará conciencia de la gravedad de esa misma acción.

Pues bien, lo mismo pasa en nuestra relación con Dios. Cuanto más se lo conozca y ame, más percibiremos la gravedad de nuestras acciones contrarias a El por pequeñas que sean. Mientras que si Dios no pesa en mi vida, lo más común es que no divise nada como pecado u ofensivo.

5.-El retorno a Dios.

Si la cuaresma es tiempo de crecimiento en el conocimiento de Jesús, es importante que nos preguntemos: ¿quiero que Jesucristo que es resurrección y vida me transforme totalmente? ¿Estoy convencido que creyendo en El y viviendo según el Señor, tendré la vida en abundancia?

El Apóstol San Pablo (Rom.8, 8-11) nos deja en la segunda lectura de este domingo algunas maneras de cómo vivir en la resurrección.

“Los que viven de acuerdo a la carne no pueden agradar a Dios” (v.8). Carne en San Pablo es sinónimo de pecado, todo tipo de ofensa a Dios.

Pero dice: “Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu” ya que el bautismo nos ha transformado, de allí que “el que no tiene el espíritu de Cristo no puede ser de Cristo” (v.9).

Peregrinando en este tiempo de gracia somos aleccionados por la Palabra de Dios que nos coloca ante los opuestos: luz y tinieblas, muerte y resurrección, carne y espíritu.

Nosotros estamos llamados a transitar ciertamente por aquello que nos dignifica y perfecciona como hijos de Dios.

Cristo no quiere inútilmente morir y resucitar nuevamente, sino que quiere aplicar su redención a cada uno, recibida con gozo por nosotros.

Por eso vayamos a su encuentro y que a través nuestro como lo hizo con Lázaro, no sólo se manifieste el poder del Padre, sino que quede de manifiesto una vez más su realidad de Hijo de Dios, Salvador de todos. Permitamos ser recreados nuevamente por El.

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Reflexiones sobre los textos de la liturgia dominical del quinto domingo de Cuaresma.

Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”

Santa Fe de la Vera Cruz, 13 de marzo de 2008.

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10 de marzo de 2008

La Luz y las tinieblas en la vida del cristiano.

“Reconocer a Jesús como Mesías es salir del judaísmo para entrar a la vida nueva que ofrece El…. dejar la sinagoga para entrar en la Iglesia… es el paso del antiguo al Nuevo Testamento”.


1.-Jesús viene para un juicio.

Después de su encuentro con la mujer adúltera y su posterior invitación a que no peque más, Jesús dice a todos “Yo soy la Luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida” (Jn.8, 12).

La mujer –por lo tanto- quedó transformada interiormente por la acción curativa de Cristo, el cual prosigue iluminando con la curación del ciego de nacimiento, relato que Juan trae en el capítulo 9 del cuarto evangelio. Toda la narración gira alrededor de la última afirmación de Jesús: “He venido para un juicio: para que vean los que no ven, y queden ciegos los que ven”.

Está aquí el misterio del obrar de Jesús como luz del mundo.

¿Quiénes son aquellos que no ven y a quienes Jesús quiere dar la visión? Los que sin culpa no lo han conocido, pero cuando lo descubren se adhieren a El, como el ciego de nacimiento.

¿Y quiénes son los que ven y quedarán ciegos? Aquellos que creen que tienen todo conocido, que no es necesario abrirse a la gracia ofrecida por Jesús, y que lo rechazan sistemáticamente, ejemplificado esto con la actitud de los fariseos y muchos judíos.

El relato muestra un combate muy profundo entre las tinieblas y la luz.

Las tinieblas que oscurecen la visión de esta gente que se opone al Señor. No solamente no lo reconocen sino que directamente dirán que no cumple el sábado, que es un pecador, quién es éste- se preguntan- , contraponiéndose a la respuesta del ciego curado quien afirmará “es un profeta” (v.17).

El ciego como todo el que está en el mundo de la luz, no hace más que manifestar lo que ha vivido: “yo lo que sé, es que antes no veía, y ahora veo” (v.25).

No se apartará de esta afirmación. Iluminado da testimonio de lo que ha vivido.

“Los otros” en cambio, se van endureciendo cada vez más.

2.-El pecado contra la luz

El mundo de las tinieblas se va endureciendo cada vez más ante la presencia de la luz que se vive como una amenaza.

Las tinieblas huyen de la luz porque ésta descubre su negrura, su tenebrosidad, todo aquello que no viene de Dios.

Los fariseos se resisten a lo que es evidente: que el ciego ve. Se trata de la caída de estos en el pecado contra la luz.

El pecado de no reconocer a Jesucristo, su enseñanza, su vida.

El ciego curado, en cambio, se expresa siempre en la sencillez y seguridad que da la luz.

Y así, sabiamente, ante la afirmación de los judíos “no sabemos de dónde es éste”, dice: “esto es lo asombroso, que Uds. no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores pero sí al que lo honra y cumple su voluntad, nunca se oyó que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”(vv. 30-34).

Les está diciendo es asombroso que no reconozcan que este hombre ha hecho cosas que nadie hizo antes como curar a un ciego, y no quieran admitir que es un profeta, que viene de Dios, y que no es un pecador.

Los fariseos al escuchar la declaración de éste hombre dicen “tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?”(Jn. 9, 34).

En lugar de responder al ciego con argumentos probatorios de que están “en la verdad” como lo suponen, lo rebajan acusándolo de pecador y presentándose ellos como perfectos.

Después de esto, lo echan (v.34) de la sinagoga, cosa que ya habían decidido hacer con todo el que reconociera a Jesús como Mesías (cf. Versículo 22).

Esto es muy importante y revelador. En efecto, reconocer a Jesús como Mesías es salir del judaísmo para entrar a la vida nueva que ofrece El.

Se trata de dejar la sinagoga para entrar en la Iglesia que fundará Jesús.

Es el paso del antiguo al Nuevo testamento.

Esta expulsión de la sinagoga, es muy cierta, real y conveniente. Si acepta a Jesús como Hijo de Dios, el ciego “iluminado” no debe nada ya a la sinagoga.

3.-La necesidad de la fe para ser iluminados.

Ante esta exclusión nos recuerda el texto del evangelio que “oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre? El contestó: ¿y quién es, Señor, para que crea en El? Jesús le dijo: lo estás viendo, el que te está hablando ese es. El dijo: Creo, Señor. Y se postró ante El” (Jn. 9, 35-39).

Concluye así todo este proceso de fe del recién curado que se destaca por el encuentro personal con Jesús que lo termina de iluminar en lo más íntimo de su corazón.

Ahora bien, es conveniente tener en cuenta que además de la iluminación personal y existencial del creyente en Jesús, se desarrolla toda una simbólica sacramental de la iluminación bautismal: ceguera de nacimiento, piscina y lavado, unción con saliva, confesión de fe en progresivo crecimiento.

Como decía más arriba, indudablemente el texto bíblico plantea la crisis que produce la aparición de Jesús entre los hombres “He venido para un juicio” (v.39).

El acercamiento al Señor es muy importante para vivir en la Luz, ya que Jesús viene a curar al que es ciego sin culpa.

Pero el que se mantiene en su ceguera, porque cree que ve, vivirá en ese estado.

4.-La ceguera en San Pablo

San Pablo en su carta a los romanos (cap.1, 18) hablando de los paganos describe el proceso de oscuridad en el que viven por no querer creer.

Y así, cuando éstos no reconocen a Dios que se les ha manifestado a través de lo creado, se hacen inexcusables, acreedores de la ira del Creador, ya que “habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. Por el contrario se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad. Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles” (Rom.1, 21-24).

Se trata de un pecado concreto contra la luz que proviene de la revelación natural misma rechazada culpablemente.

El resultado de ese permanecer voluntariamente en las tinieblas, “haciendo alarde de sabios” y negando la luz, es vivir como “necios“, entregados por Dios a su suerte, “ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador” (vers.25).

El “entregados por Dios”, no significa que Dios empuje a alguien a pecar, sería impropio de su bondad y sabiduría, sino que aquél que está ciego en su postura de rechazo a Dios y de no reconocerlo, pierde la posibilidad de vivir iluminado por la verdad, de allí que caiga en cualquier extravío en su vida.

Entre las obras de las tinieblas describe san Pablo a la homosexualidad (versículos 26 y 27), entregados por Dios a toda clase de maldad “injusticia, iniquidad, ambición y maldad, colmados de envidias, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones,…… enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para el mal, rebeldes con sus padres, insensatos, desleales, insensibles, despiadados” (Rom.cap.1, 29-32).

Y es tal el grado de perversidad en las tinieblas que “a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen” (versículo 32).


5.-Las obras de la luz

San Pablo (Efesios 5,8-14) reconociendo que somos de la luz por el bautismo, nos exhorta vivamente a caminar como “hijos de la luz” y nos señala cuáles son los frutos de la luz: la verdad, la justicia, la bondad. Vivir en la luz es saber discernir lo que agrada al Señor para ponerlo generosamente por obra.

Nos recuerda no sólo no tomar parte en las obras de las tinieblas, sino también a ponerlas en evidencia, para que descubierto y denunciado todo tipo de engaño, ayudemos a los demás a vivir en la verdad.

De hecho en la actualidad muchas veces se busca que vivamos en el engaño, en la mentira de un mundo tenebroso. Lo salido de las tinieblas es visto muchas veces como algo normal, bueno.

Afirmaciones como “todo el mundo lo hace, luego es bueno”……”el mundo cambió…no es como antes”, nos llevan no pocas veces a la mentira. Se vive de otra manera y vamos aceptando las obras de las tinieblas, de las cuales antes renunciáramos.

De allí la necesidad de pedir a Dios la capacidad para descubrir el engaño permanentemente promocionado en nuestra sociedad actual, y así poder alejarnos del mismo.

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Padre Ricardo B. Mazza, Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”. Santa Fe de la Vera Cruz, sábado 08 de Marzo de 2008.

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1 de marzo de 2008

El diablo existe y se lo puede reconocer (Parte III)


“Dios es fiel, y El no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla” (I Cor.10, 13).


1.-El obrar sutil del padre de la mentira

Descubrir el engaño permanente bajo el que nos quiere someter el demonio es tarea propia de quienes desde la fe aspiramos a vivir según Cristo.

El demonio es tan engañoso que se presenta incluso bajo la apariencia de bien, “sub angelo lucis”, como ángel de la luz, enseña San Ignacio.

El Santo de Loyola supo plasmar su propia experiencia en las llamadas reglas para conocer los diversos espíritus que laboran a nuestro alrededor.

Y así en la cuarta regla afirma: “La quarta: propio es del ángel malo, que se forma sub angelo lucis, entrar con la ánima devota, y salir consigo; es a saber, traer pensamientos buenos y sanctos conforme a la tal ánima justa, y después, poco a poco, procura de salirse trayendo a la ánima a sus engaños cubiertos y perversas intenciones”. (Ejercicios espirituales -Reglas de discernimiento de la segunda semana).

O sea que muchas veces nos tienta con algo aparentemente superior o bueno pero que en realidad no responde a la voluntad de Dios y lo que comienza como algo bueno concluye malamente, descubriéndose la presencia del tentador.

San Juan María Vianney, cura de Ars, se vio tentado de este modo por el demonio quien le sugería que debía dejar el curato para recluirse a la vida monástica. Fueron sus fieles quienes se opusieron a esa tentación impidiendo que abandonara su misión de párroco.

De paso nótese cómo Dios actúa muchas veces a través de la comunidad, de los hermanos en Cristo, que con sus consejos pueden iluminar a otros cuando de tomar decisiones se trata.

En realidad, el diablo no quería la perfección del cura de Ars, sino impedirle su dedicación al sacramento de la reconciliación durante largas horas, ya que por este medio alejaba a muchas personas de su influjo.

Recuérdese cómo el diablo sometía a azotes al cura de Ars, -se conservan todavía signos de ello en la humilde habitación del sacerdote- o a algunos signos de infestación como ruidos de cadenas, puertas que se golpean sin cesar u otras señales que anticipaban la llegada al sacramento de la reconciliación de algún penitente con frondoso prontuario.

De allí la necesidad de estar siempre alertas para descubrir la sugestión del primer mentiroso que busca siempre conquistar nuestro corazón, siendo la mentira personal o institucionalizada, una señal inequívoca de su presencia.


2.- No tentarás al Señor tu Dios

Siguiendo con esta línea argumental, vemos cómo el demonio tienta incluso valiéndose de la manipulación de textos bíblicos.

De hecho, cuántas veces aparecen defensores de cosas que no son ciertas fundándose en textos bíblicos aislados no tomados en su conjunto.

Y así le dice: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras. Jesús le dijo: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4, 6 y 7).

Justamente el demonio nos convence que podemos tentar a Dios, y así el hombre ensoberbecido por su pretendido propio poder y creyendo que Dios le evitará todos los males, realiza acciones atolondradas que pretenden la intervención divina para evitar las consecuencias negativas.

Piénsese por ejemplo cuando algunos conductores transitan alocadamente por las rutas sin pensar en los demás. De hecho la mayoría de los accidentes y muerte provocada a inocentes, tienen como causa a aquellos que tientan a Dios confiando en que la suerte les sonríe o que pueden zafar de cualquier situación gracias a la protección divina.

El ser humano sigue obstinado en destruir la naturaleza, ¿no está tentando a Dios?

La aparición futura de grandes extensiones de tierras destruidas por la siembra indiscriminada de soja, ¿será culpa de Dios también?

¿No es tentar a Dios esperar que Este evite las inundaciones o grandes devastaciones causadas por una naturaleza herida de muerte por la irresponsabilidad humana?.

El libertinaje sexual que conduce a enfermedades venéreas, ¿no es tentar a Dios pretendiendo que El nos libre de las consecuencias de esas acciones?

¿No es tentar a Dios esperar que El resuelva los graves problemas de pobreza a pesar de la abundancia de bienes con que dotó a nuestra Patria, utilizados para el enriquecimiento de unos pocos en perjuicio de muchos?

¿No estamos tentando a Dios esperando todo de El para cambiar un país que día a día se derrumba ante la mirada indiferente de la mayoría de la población?

¿No estamos tentando acaso a Dios transitando el constante camino de la improvisación, sin proyectos racionales que busquen la grandeza de los argentinos?

En definitiva, tentamos a Dios toda vez que pretendemos que Dios intervenga a cada momento para solucionar los problemas que nosotros mismos provocamos.


3.- Adorarás al Señor tu Dios

El uso de las personas como objeto de placer o de manipulación por parte del que tiene poder en la sociedad es algo corriente.

Cuando nos cansan, las tiramos como trastos viejos y corremos otra vez detrás de nuevos espejismos de felicidad

La idolatría del poder aparece como una tentación que golpea duramente al hombre: “Y mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor le dijo: “todo esto te daré si te postras y me adoras. Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a El sólo darás culto” (Mateo 4, 8-10).

Siempre existió la tentación de adorar y dar culto al poder ya sea político, económico, social, sindical.

La historia nos enseña cómo se ha buscado divinizar al hombre o a las estructuras. Piénsese en los emperadores romanos, por ejemplo, que aceptaban el culto a su persona.

Más cercano a nosotros, Hitler no sólo cultivó y consiguió un culto orientado a sí mismo sino también al Estado.

En la actualidad el culto idolátrico a Hitler y a todo lo que por él fue creado sigue intacto, aunque se simule lo contrario con alguna condenación esporádica.

En efecto, todo lo que sea uso y abuso de la persona humana se continúa practicando en las mutilaciones aprobadas por ley, el aborto, la eutanasia, en la discriminación de los seres humanos por su condición racial, social o religiosa, o en la experimentación sobre sus cuerpos.

¿Qué diferencia existe entre las matanzas cometidas por el sistema nazi y lo que se realiza en la actualidad? En rigor la diferencia consiste en que antes horrorizaban estos hechos, ahora en cambio se ha adormecido tanto la conciencia que se lo ve “como algo común” admitido por las asépticas leyes modernas.

Y lo más grave que todo esto se programa y desarrolla impunemente bajo la protección del “sistema democrático”.

Se rinde culto a este poder cuando se busca ir cambiando las estructuras sociales de modo que nos convirtamos en tiranía democrática, en la que nadie que piense distinto tiene cabida y donde se compran las conciencias de los formadores de opinión con prometedoras promesas de pingües ganancias.

Algunos miembros del poder judicial cuya misión es la realización del objeto de la virtud de la justicia que es el “ius”, esto es el derecho, lo debido, no sólo desconocen la majestad de la ley y sus preceptos, sino que cumplen con los mandatos del poder político ya sea por temor a perder sus cargos o su fama, o por dinero o por comodidad o por ideología.

El poder del dinero hace cambiar a la gente de un día para otro, y así en el mundo de la política se ha perdido toda conciencia y dignidad interesando sólo la fortuna o el poder que se pueda conseguir a través del servilismo más degradante.

Idolatría del dinero y del poder, donde la impunidad es patente, aunque en su seno se va gestando, -no sabemos el día y la hora de su cumplimiento- lo anunciado por el profeta Amós: “Por eso, ahora irán al cautiverio al frente de los deportados, y se terminará la orgía de los libertinos” (Amós 6,7).

El mundo nos presenta dioses o diosas que se nos van metiendo en la mente y en el corazón a quienes rendimos culto, logrando una sociedad más adormecida, más atontada, donde todo se deja pasar, todo parece ser lícito, aún aquello que degrada.

Los principios se venden al mejor postor rigiendo únicamente la apetencia de fáciles ganancias, y así se traicionan a Dios, a los ideales, a los amigos, o a la familia sirviendo sólo al dinero.

Sólo en la adoración y servicio al Dios verdadero se encuentra la integridad personal y el equilibrio necesario para no perecer sepultados bajo lo que nos denigra como hijos de Dios.

La invitación de adorar sólo al Señor colocándolo por encima de todo, libera al hombre de toda esclavitud.

La servidumbre y servicio al poder, en cambio, lo hemos conocido en la historia humana, sólo trae destrucción y muerte: “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? (Mateo 16,26)

Volvamos a Cristo, que El nos enseñe en esta cuaresma cuál es el camino verdadero de la grandeza humana.

Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”

Santa Fe de la Vera Cruz, 29 de febrero de 2008.

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