25 de agosto de 2016

“Señor, concédenos amar lo que mandas y esperar lo que prometes, para que, nuestros corazones estén firmes donde se encuentra la alegría verdadera”


En la primera lectura que hemos proclamado, tomada del profeta Isaías (66,18-21), se nos da a conocer la voluntad de Dios de salvarnos: “Yo mismo vendré a reunir a todas las naciones y a todas las lenguas, y ellas vendrán y verán mi gloria”. Y esto es así porque Dios nos ama y nos ha creado para hacernos partícipes de su misma vida y felicidad eternas.

16 de agosto de 2016

“La Asunción de la Virgen nos asegura que todos los hombres, de los que Ella es Madre, estaremos también en el Cielo con nuestro cuerpo glorificado”


El texto del evangelio de la misa del día (Lc. 1, 39-56) comienza afirmando  que “María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá”. 

13 de agosto de 2016

“Piensen en Aquél que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento”. (Hebr. 12)

Con ocasión de la presentación de Jesús en el Templo, el anciano Simeón profetiza acerca de Él que “este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción” (Lc. 2, 33 ss). Palabras estas que se han cumplido inexorablemente en el transcurso del tiempo a lo largo y ancho del mundo.

12 de agosto de 2016

“Quien es fiel a la voluntad de Dios, será fiel a la verdad, a la justicia, al bien, en los demás ámbitos de su vida”.

En la primera oración de esta misa pedíamos a Dios a quien “nos animamos a llamar Padre” que confirme “en nuestros corazones la condición de hijos” para poder entrar en la herencia prometida, y que esperamos con fe confiada.

31 de julio de 2016

“La verdadera riqueza consiste en vivir en amistad con Dios, descubriendo que el sentido de las cosas está en servirnos para llegar a Él”


La enseñanza que nos deja este domingo la Iglesia con la liturgia, por medio de la Palabra de Dios, está centrada en la carta de san Pablo a los colosenses (3, 1-5.9-11) que dice: “Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra”.

28 de julio de 2016

“La oración confiada por los pecadores, se funda en la amistad con la divinidad”



También nosotros, como los discípulos del Señor, hemos de decirle a Jesús que se une al Padre del cielo por medio de la oración, “Señor, enséñanos a orar” (Lc. 11, 1-13).

19 de julio de 2016

“Si escuchamos las enseñanzas de Jesús y las practicamos, alcanzaremos la madurez en Él, conociendo “cuánta riqueza y gloria contiene”.




 El apóstol san Pablo (Col. 1, 24-28) afirma que “Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo”.

14 de julio de 2016

“Cristo samaritano se conmueve y asiste al ser humano que sufre, invitándonos a realizar lo mismo como señal de perfección evangélica”

La palabra de Dios que expresa su voluntad, está cerca de cada uno de nosotros (Dt. 30, 9-14). Por nuestra inteligencia, pues,  participamos de la ley eterna que nos trasciende, haciéndola cercana por  la ley natural, escrita en nuestro interior.

7 de julio de 2016

En la “Babilonia” de nuestros días, se nos asegura, que “la mano del Señor se manifestará a sus servidores, y a sus enemigos, su indignación” (Is. 66, 10-14).

Mientras Jesús se dirige a Jerusalén, punto final de su peregrinar por este mundo antes de  su muerte, resurrección y regreso junto al Padre, designa a 72 discípulos, además de los doce, para que continúen  su obra entre nosotros.

30 de junio de 2016

“Al encontrarse la plenitud divina con su irradiación presente en la verdad de cada ser humano, el Creador se goza en su ser amado y éste encuentra la felicidad plena en la contemplación del Creador”.

Pedíamos en la primera oración de esta misa la gracia  de permanecer siempre en el esplendor de la verdad, que es Dios Nuestro Señor, y que nos hacía exclamar a nosotros, su obra creada más preciada, con el salmo interleccional, “Señor, Tú eres la parte de mi herencia” (salmo 15).