20 de mayo de 2015

“La convicción de la unión futura con el Señor, si vivimos en su amistad, otorga un sentido diferente a la existencia humana”



En nuestra vida cotidiana comprobamos siempre que la persona humana obra siempre por un fin, sea éste bueno o malo. Este fin o meta a alcanzar es lo primero en la intención de cada uno, aunque lo último a conseguir.

13 de mayo de 2015

“A partir de la amistad que ofrece, el Señor recuerda la necesidad de permanecer en su amor viviendo sus mandamientos”


El apóstol san Juan en la segunda lectura que hemos proclamado (I Jn. 4, 7-10), afirma que Dios nos amó primero, lo cual se comprueba desde el primer momento de la creación del hombre como imagen y semejanza suya, colocando a su servicio todo lo creado.

6 de mayo de 2015

“El Padre nos poda para que crezcamos multiplicando las buenas obras por las que lo amamos a Él y a los hermanos”



En el texto del evangelio leíamos que “el que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer” (Jn. 15, 1-8). Respecto a esta afirmación del Señor, advertimos que Saulo antes de su conversión, estaba separado de Jesús, más aún, llevado por el rechazo y descreimiento, perseguía a los cristianos, con furia y ánimo por aniquilarlos.

29 de abril de 2015

“Respondiendo con generosidad al Buen Pastor, seremos conducidos como rebaño suyo, a la gloria que ya nos alcanzó como resucitado”.


Nuevamente encontramos como el domingo pasado, al apóstol Pedro (Hechos 4, 8-12) dirigiéndose lleno del Espíritu Santo a los jefes del pueblo judío y ancianos, testimoniando que la curación del paralítico fue realizada por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, llevado a la cruz por ellos y resucitado por Dios de entre los muertos.

24 de abril de 2015

“Como testigos de la resurrección del Señor, recordemos y proclamemos lo que hemos visto”


La noche del domingo de la resurrección del Señor (Lc. 24, 35-48), los discípulos que se habían encontrado con Jesús en Emaús, regresan a Jerusalén contando a los apóstoles su experiencia con el resucitado y, que a pesar de arder sus corazones al oírlo explicar las Escrituras, lo reconocieron finalmente al partir el pan.

17 de abril de 2015

“La fe en el Señor resucitado ha de crecer cada día y manifestarse gozosamente en el testimonio en medio del mundo”

“Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor” (Juan 20, 19-31), afirma el evangelio que acabamos de proclamar. Esta debería ser una actitud constante en cada uno de nosotros, por haber resucitado a una vida nueva con Cristo al morir al pecado.

8 de abril de 2015

“Ingresemos al misterio del resucitado para confesarlo cada día con nuestra vida”

Durante estos días de la pasión y muerte del Señor, hemos podido entrar en el misterio profundo del amor de Jesús para con la humanidad, que lo condujo a sufrir lo indecible para restaurar en nosotros la vida de la gracia, perdida por el pecado de los orígenes, y agravada por los pecados que se han acumulado en el transcurso de la historia humana, impidiendo la comunión plena con el Creador. 

1 de abril de 2015

“La opción del cristiano: o el seguimiento de Cristo en la humildad y servicio, o el culto del egoísmo autosuficiente del hombre”

Con su entrada a Jerusalén, Jesús comienza sus días de pasión, muerte y resurrección. También nosotros iniciamos hoy este camino de dolor en el que hemos de actualizar y profundizar los misterios de  la salvación del hombre.

25 de marzo de 2015

“Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”.

En la primera oración con que comenzamos esta Eucaristía, pedíamos a Dios que su gracia nos conceda “participar generosamente de aquél amor que llevó a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo”.

20 de marzo de 2015

“En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas”.



 El  segundo libro de las Crónicas (36, 14-16.19-23) que acabamos de proclamar, nos deja su mirada teológica sobre la historia del reino de Judá. 
Con sencillez  relata que los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, se contagiaron de los cultos idolátricos de los pueblos vecinos y profanaron el templo de Dios con un culto vacío.