4 de diciembre de 2023

Dios es fiel, y nos llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo Nuestro Señor, que viene al encuentro del hombre redimido.

 Comenzamos hoy un nuevo año litúrgico durante el cual  actualizaremos y meditaremos los misterios de la vida de Cristo. Misterios de la vida de Cristo que refieren a un conocimiento más profundo del misterio de Dios y su designio de salvación del hombre invitado a participar del misterio divino.
A su vez  en la liturgia contamos con los tiempos fuertes que son Adviento, Navidad, que miran a las dos venidas de Jesús, la  Cuaresma como vìa penitencial que se continúa en la muerte y resurrección del Señor y el tiempo pascual. A su vez,  el tiempo llamado durante el año donde meditamos sobre las distintas enseñanzas de Jesús. 
En el tiempo de Adviento nos movemos en dos momentos distintos, en las dos primeras semanas la atención está puesta en la segunda venida de Cristo, porque si Adviento significa advenimiento, estamos siempre caminando hacia su segunda venida, y en las dos semanas posteriores la atención se centra en la preparación inmediata al nacimiento en carne de Jesús en Belén. 
De manera que en este tiempo de Adviento se nos permite por un lado actualizar ya un hecho histórico, lo que aconteció, el nacimiento de Jesús,  pero  también a vivir anticipadamente lo que vendrá y lo que esperamos, que es la segunda venida de Jesús. 
Por eso es muy importante tener siempre nuestro corazón atento para ir descubriendo qué es lo que Jesús nos quiere transmitir.
Precisamente la liturgia de hoy recuerda que hemos de despertarnos, no estar dormidos, ya que el hombre necesita siempre salir del  letargo en el que está sumergido muchas veces, preocupado por lo terrenal, para atender  a la venida del Salvador, que acontecerá de improviso y sorprenderá a quien no esté velando.
De allí la importancia de vigilar, que no significa estar atemorizado permanentemente, sino  ir descubriendo en cada momento de la existencia humana las manifestaciones de aquel que viene. 
Porque Cristo no solamente vino por primera vez en la debilidad de la carne, no solamente vendrá al fin de los tiempos como Juez, sino que Jesús viene cada día al encuentro del hombre.
Y así, por ejemplo, ahora en la celebración de la Misa, Jesús viene  y entrega su palabra para iluminar las mentes y,  su Cuerpo y  Sangre para nutrir la vida cotidiana como hombres en camino que somos.
De manera que estas vivencias necesitan que estemos despiertos  para descubrir a Jesús en cada momento de nuestra historia personal, sabiendo que  nos confía su casa, como acabamos de escuchar en el Evangelio (Mc. 13, 33-37), confía aquello que es propio de Él, que es la Iglesia, pero que es también nuestra propia vida, nuestros quehaceres, todo aquello que forma parte del devenir humano. 
Tenemos que cuidar todo eso, es decir, velar para que toda nuestra vida sea un realizar continuo de obras buenas, que prepare el encuentro definitivo con Dios, que es precisamente lo que pedíamos en la primera oración de esta Misa, a saber, que con las buenas obras podamos salir al encuentro del Señor que viene, para lo cual también es necesario una conversión de corazón. 
Ya en la primera lectura (Is. 63,16 ss)  del profeta Isaías, llamábamos a Dios Padre, un término extraño para el Antiguo Testamento como tal, pero que aparece, con todo lo que esto significa de cercanía.
Llamamos a Dios Padre. ¿Y qué dice el profeta? Destaca el estado calamitoso en que está el ser humano, metido en el pecado, que es necesario ser salvado y purificado, que es necesario que Él venga desde lo alto, descienda ante el hombre  y lo salve.
Es muy importante afianzarnos en esta idea de que necesitamos al Salvador que es Jesús, que nos saque de nuestras miserias y podamos, así fortalecidos por Él, caminar en esta vida hasta que nos encontremos en la gloria del cielo.
San Pablo (I Cor. 1, 3-9), a su vez, nos desea que "mientras esperamos la revelación de nuestro Señor Jesucristo, no nos falte ningún don de la gracia" para "que nos mantenga firmes hasta el fin, para que seamos irreprochables en el día de la venida de nuestro Señor Jesucristo" .
Y esto será así "porque Dios es fiel, y Él nos llamó a vivir en comunión con su Hijo".
Pidamos entonces esta gracia de lo alto para vivir como verdaderos hijos  imitándolo al Señor y así llegar a su encuentro para siempre.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo primero de Adviento. Ciclo B. 03 de diciembre  de 2023

27 de noviembre de 2023

Es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte (I Cor. 15, 20-26.28).


Concluimos el Año litúrgico con la solemnidad de Jesucristo rey del Universo que actualiza anticipadamente el tiempo futuro cuando "Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte" (I Cor. 15, 20-26.28).
Por lo tanto, desde esta perspectiva del fin de los tiempos que se revela a los creyentes, somos colmados con la esperanza del triunfo de Cristo como soberano de todo lo creado. 
Ante el desenfado permanente de los enemigos de Dios que se muestran indiferentes ante el plan divino de salvación prometido a todos los creyentes, reconforta la seguridad del triunfo de Cristo, el saber que de Dios nadie se burla ni nada queda impune, aunque se retrase el momento de poner las cosas en su lugar porque Dios misericordioso tiene paciencia esperando la conversión del mayor número de personas.
Ante la fidelidad del Señor que concreta sus promesas, el ser humano se manifiesta a lo largo de la historia como alguien antojadizo, que hace de las suyas, que piensa que quedará impune por sus actos porque el Creador no tiene en cuanta su mala vida.
Esa fidelidad divina se caracteriza con la figura del Buen Pastor, al decir del profeta Ezequiel (34, 11-12.15-17), que no deja a la deriva a las ovejas que le son fieles en un mundo disperso por el pecado, porque "Yo mismo voy a buscar a mi rebaño y me ocuparé de él. Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas".
El Pastor divino apacienta y lleva a descansar a sus ovejas, busca a las perdidas y en su misericordia convoca a las descarriadas para que todas tengan la oportunidad por la conversión, de formar parte del único rebaño, concretándose un juicio justo "entre oveja y oveja, entre carneros y chivos".
El texto del evangelio (Mt. 25, 31-46) describe cómo será el juicio de las naciones que supone previamente el juicio particular de cada persona a lo largo de la historia humana.
La presentación es maravillosa, Cristo Rey, que ya reinó victorioso desde la Cruz, se sentará resucitado en el trono de su gloria y separará a unos de otros, quedando patente que esa "separación" libremente asumida, ya existía en la vida temporal de cada persona.
Mientras existimos en este mundo tenemos la oportunidad de vivir en comunión con Dios o alejados totalmente de Él, y este estilo de vida se prolonga en nuestra relación con los hermanos, hijos todos del mismo Padre.
El que no ama a su hermano a quien ve, -dice san Juan- tampoco ama a Dios a quien no ve, por lo que es habitual que la falta de amor al Creador  se prolongue en el olvido del prójimo, y que la indiferencia ante el Señor se continúe en idéntica actitud ante el ser humano.
Esta realidad la palpamos, por ejemplo, en nuestra Argentina de hoy, cuando contemplamos el desquicio en que nos encontramos, en el que unos pocos han desangrado nuestra cultura, destrozado la economía, arruinado la paz social, poblando el suelo patrio de más y más pobres e indigentes. 
Se han utilizado los bienes comunes para enriquecer a los que detentan el poder, los sedicentes defensores de los trabajadores y de los pobres sólo se han preocupado por engordar sus cuentas bancarias, el despilfarro de los dineros públicos clama al cielo.
Este desquicio, por cierto, es visto por el Rey-Pastor, y por el que se ha de dar cuenta ante quien es además justo Juez  que dará a cada uno lo que le corresponde, aunque los culpables no pocas veces escapen de la justicia de este mundo.
Y así, no servirá de excusa la fingida ignorancia que responda "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?", porque el Señor responderá "Les aseguro que en la medida que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo".
Y la conclusión será: "Estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna".
Queridos hermanos: Colmados de la gracia divina, obremos siempre el bien para la gloria de Dios y el servicio a nuestros hermanos para merecer al fin de los tiempos el reinar con el Señor del universo.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en la Solemnidad de Jesucristo rey del universo. Ciclo A. 26 de noviembre de 2023

20 de noviembre de 2023

¡Felices los que aman al Señor y hacen fructificar abundantemente los bienes recibidos de Él!

Estando ya en las postrimerías del año litúrgico, es habitual que la reflexión dominical fundada en los textos bíblicos, haga referencia a lo que forma parte de la escatología, o sea, a los acontecimientos últimos de nuestra existencia humana.
En este contexto, el apóstol san Pablo (I Tes.5, 1-6) refiriéndose a la segunda Venida de Cristo, enseña que "el día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche" y esto sucederá cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, siendo en ese momento cuando "la destrucción caerá sobre ellos repentinamente".
El apóstol, sin embargo, confía en que los cristianos no serán sorprendidos porque no viven en tinieblas y sus obras  pertenecen al día. Esto supone que  se está en comunión con Dios en espera vigilante de su venida obrando el bien y defendiendo la verdad que se ha de transmitir siempre. Es decir, iluminados en el bautismo hemos de vivir en la luz de la fe, sin dormirnos como los paganos, sino  permaneciendo despiertos fundados en la sobriedad propia de la vida del creyente.
El texto del evangelio (Mt. 25,14-30) refiere a un hombre que sale de viaje y confía previamente sus  bienes a sus servidores para que los hagan fructificar con creces. Pensamos enseguida en Dios que al crearnos cubre a cada uno con abundantes bienes, ya materiales como espirituales, según la capacidad personal. Al ser sólo administradores de esos bienes no podemos hacer lo que nos plazca con ellos sino según el plan de Dios que en su Providencia espera que seamos colaboradores suyos.
Pero llegará el día en que Dios vendrá a pedirnos cuenta de qué hemos hecho con los dones recibidos.
El texto del evangelio enseña que los servidores actuaron de distinta manera. Y así, los dos primeros que según su capacidad habían recibido en abundancia, entregaron los frutos duplicando lo que habían obtenido en custodia, mientras que el último, movido por la pereza y por cierto criterio de falsa seguridad, sólo entregó el capital sin haber obtenido fruto alguno.
Esto nos debe ayudar para entender que no debemos permanecer ociosos sino que hemos de fructificar los bienes recibidos, dando de esa manera gloria a Dios de un modo agradecido y ayudando al prójimo con el aporte personal y generoso.
Cada uno de nosotros debe hacer un prolijo examen de lo que de Dios recibimos cada día en el orden temporal o en bienes de gracia, encauzando nuestra vida en obras de verdad y bondad conforme a lo recibido para que nos presentemos siempre como laboriosos, deseosos de crecer en virtud y buenos ejemplos para los demás.
La enseñanza del evangelio es muy clara cuando afirma que quien posee, es decir, ha fructificado los bienes recibidos, se le entregará más todavía, mientras que al ocioso se le quitará lo poco recibido y se lo apartará a las tinieblas de la condenación.
¡Cuántas personas no sólo son estériles por su egoísmo sino que además derrochan los bienes recibidos!
En la primera lectura de esta liturgia (Prov.31,10-13.19-20.30-31) se encuentra un hermoso elogio de la mujer y esposa perfecta. Contemplamos en esta figura la encarnación concreta de quien ha recibido cualidades de parte de Dios y las ha desarrollado a la perfección para bien de su esposo, su familia y los pobres  necesitados, manifestando de esa manera la apertura a hacer el bien no sólo a los propios, sino también a los ajenos.
¡Quiera Dios encontrarnos cuando venga, dichosos por haber fructificado en abundantes bienes lo recibido de su parte y que nuestra vida no haya sido una pasión inútil en el mundo!

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXXIII del tiempo durante el año. Ciclo A. 19 de noviembre de 2023

13 de noviembre de 2023

Estemos en vigilante espera para recibir con la luz de la fe y el aceite de la caridad al Señor que viene a nuestro encuentro.



El libro de la Sabiduría, del cual hemos proclamado algunos versículos (6,12-16), enseña la importancia de pedir firmemente este don de la sabiduría o don de la prudencia para saber regirnos en la vida cotidiana y saborear una vida recta, digna. 
De manera que el sabio es aquel que ha entendido y aprendido el arte de vivir bien, que no está puesto en las vivencias meramente mundanas, como muchas veces el ser humano piensa, sino el arte de saber vivir buscando siempre la voluntad de Dios.
Esta sabiduría refiere también a  aquel que es la Sabiduría del Padre, el Hijo de Dios, de manera que pedir la sabiduría es pedir también la amistad con Jesús, el seguimiento de su persona. 
Este arte de vivir bien prepara al ser humano para la vida eterna. Cuanto más se saborea la palabra de Dios, lo que significa la amistad con Dios, más se elige aquello que conduce a la perfección en este mundo, pero que apunta a la perfección final. 
Precisamente el texto del Evangelio de hoy (Mt. 25,1-13)  presenta a Jesús planteándonos el discurso escatológico que describe el último acontecimiento que es el encuentro definitivo con Dios, su segunda Venida, pero que puede ser también la venida del Señor a cada uno por medio de la muerte. 
¿Y Jesús cómo explica su segunda venida? La compara con el rito matrimonial muy común entre los judíos, cuando el novio llegaba a la casa de la novia y era recibido por jóvenes amigas de ella, y luego de festejar este encuentro, salían todos de noche marchando hacia la casa del esposo, o sea del novio, donde se iban a radicar como matrimonio. 
A partir entonces de esta idea, los que escuchaban a Jesús entendían perfectamente a qué se refería, porque conocían el rito, pero además, la referencia tiene otro carácter, otra enseñanza, porque la novia es la Iglesia, las amigas de la novia somos nosotros, que estamos en espera siempre de la llegada del esposo que es Cristo. 
Esta división entre jóvenes prudentes o sabias, siguiendo el espíritu de la primera lectura, y otras que eran necias, permite vislumbrar que en el seno de la Iglesia están presentes las personas sabias y prudentes y las necias. 
Tanto unas como otras, saben que viene el esposo, o sea, viene Cristo en su segunda venida. todas  saben perfectamente que tienen que permanecer en vigilante espera. Pero mientras que unas ponen en práctica esa espera con la provisión del aceite, que son las obras de la caridad, que mantiene la luz de la fe, las otras  confían en su buena suerte, o en la tardanza de la venida del esposo o que no serán sorprendidas, por lo que no se aprovisionan de lo necesario. 
Y eso sucede con los creyentes que esperan la venida del Señor, ya sea a través de la muerte o ya sea en su segunda venida, y lo esperan cumpliendo con la voluntad de Dios, con las tareas de todos los días,  con una mirada puesta en que en cualquier momento han de encontrarse con el Esposo, que es Cristo nuestro Señor. 
Pero además, existen personas que viven despreocupadamente, y que como los paganos afirman: "comamos y bebamos que mañana moriremos", criterio este que también subyace en no pocos católicos.
Precisamente cuando se lleva esta vida despreocupada no hay espera vigilante y sucede que llega Cristo nuestro Señor, o sea, el Esposo, y toma de sorpresa a muchas personas que no están preparadas. 
Es interesante contemplar cómo las que no tienen el suficiente aceite para alimentar las lámparas, se lo piden a las otras, las cuales  contestan que vayan a comprarlo no sea que se queden todas sin el aceite necesario.
Pero tiene otro significado también y, es que no podemos dar el aceite de las buenas obras a los demás, ya que los méritos son intransferibles.
Cada uno se presenta ante Dios con la luz de la fe que posee, alimentada  con la caridad o buenas obras que realiza en su vida.
Cuando llega el Esposo de repente, entran al banquete quienes han permanecido en vigilante espera y se cierra la puerta del salón de fiesta  de manera que ya no hay posibilidad de ingresar a la alegría de la vida eterna. 
Llegan después las necias, o sea, las que no tenían en su vida la sabiduría, el arte de buen vivir, el valorar que lo que interesa es seguir la voluntad de Dios, y pretenden entrar: "Señor, Señor, ábrenos". Y de adentro contestan, "no las conozco". 
Esto evoca otro texto del Evangelio donde Jesús dice que no basta decir "Señor, Señor", y acercarnos a Él evocando algo para ser escuchados. Es como si alguien se presenta delante de Dios y ante el juicio le dice a Dios: "mira, Señor, que yo de joven era monaguillo, asistía a misa", pero  ahora, en los últimos tiempos, no ha sido así.
Entonces, no basta con decir "Señor, Señor", para que se nos abra la puerta, es necesario que esta súplica esté acompañada por la luz de la fe y el aceite de la caridad. 
Es interesante lo que dice San Pablo en la segunda lectura tomada de la primera carta a los cristianos de Tesalónica  (4,13-18), donde nos dice que todos vamos a morir, todos vamos a resucitar porque Jesús es el primero que ha resucitado. E importante la afirmación que resalta y es que los que mueren en amistad con Dios serán llevados por el Señor a la felicidad eterna, es decir, podrán entrar al banquete nupcial como las jóvenes sabias, que es el encuentro con la felicidad eterna.
Por eso, estos textos bíblicos no buscan atemorizarnos, sino que le demos importancia a la actitud de esperar confiadamente al Señor y obrar cada día conforme a esta vivencia.
Así como nosotros estamos en vigilante espera cuando un ser querido viaja de otro país y viene a visitarnos y estamos ansiosos por verlo y tenemos todo preparado para el momento que llegue, así también estar preparados en vigilante espera para cuando venga Jesús en su segunda venida.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXXII del tiempo durante el año. Ciclo A. 12 de noviembre de 2023

6 de noviembre de 2023

Serán despreciables los pastores que se han desviado del camino y han hecho tropezar a muchos con la doctrina que enseñan (cf. Mal. 1, 14-2, 8-10)

 


Uno de los temas en los que se centran los textos bíblicos de hoy es el de la necesidad de la coherencia entre fe y vida, mostrando, por lo tanto, el daño que provoca la duplicidad cuando la enseñanza o la fe, difieren de la vida que se lleva cada día.
Y así, el profeta Malaquías, al que ubicamos en el siglo V a.C. como portavoz de la Palabra de Dios, fustiga duramente al pueblo de Israel, que ha regresado del exilio, han reconstruido el Templo de Jerusalén, pero quizás, esperando el cumplimiento de las promesas antiguas de inmediato, se desilusionan porque esto no ocurre y, caen en la indiferencia religiosa (Mal. 1,14b-2,2.8-10). 
Por otra parte, va cundiendo poco a poco la injusticia social y también la pérdida de la importancia del culto divino. Para colmo de males, los sacerdotes que deberían dar el ejemplo no lo dan, y así, no enseñan lo que deben para rectificar el rumbo de un pueblo desviado y alejado de la alianza de Dios.
Por eso es que Dios, a través del profeta, advierte a estos pastores que sus bendiciones se convertirán en maldiciones, porque no han escuchado la Palabra de Dios y no han enseñado lo que debían, dando gloria al gran Rey.
Si tomamos el texto del Evangelio (Mt. 23,1-12), comprobamos  una situación bastante parecida cuando Jesús, dirigiéndose a la gente, pero también a sus discípulos, les dice que los escribas y los fariseos que ocupan la cátedra de Moisés, deben ser escuchados pero no se han de seguir sus obras.
Y esto, porque imponen cargas a los demás para que las cumplan, pero ellos, en su vida cotidiana, no quieren observar nada de esto y señala cómo estos maestros  están interesados en el mundo exterior, ser reconocidos, aplaudidos, sentarse en los primeros puestos, en las fiestas o en la sinagoga, ser saludados  por toda la gente.
De manera que le han dado más importancia al culto exterior de sus personas que al mismo culto divino, de allí, que esté  justificado cuando Jesús, no pocas veces, dice que son sepulcros blanqueados, que por fuera aparecen perfectos, pero por dentro están llenos de podredumbre, y esta es justamente la incoherencia. 
También en la actualidad puede acontecer algo semejante, cuando desde lo que somos, pastores, enseñamos algo, pero no vivimos lo que predicamos, y allí se encuentra precisamente la incoherencia. 
Pero también existen bautizados que están sometidos por la incoherencia en su vida,  diciendo y enseñando lo que es correcto, pero sin realizarlo, más aún haciendo todo lo contrario.
Puede suceder que la gente aparezca como santa, perfecta, incluso haciendo obras de caridad, pero que sin  lo exterior  responda a lo que hay en el interior, con el peligro de que se haga realidad que "quien no vive como piensa, termina pensando como vive".
Ahora bien, Jesús dice hagan lo que estos maestros les enseñan, pero no imiten su ejemplo, y yo no  pretendo corregir el Evangelio, pero reconozco que en la actualidad se da una situación muy distinta. 
En efecto, no solamente se da la incoherencia entre fe y vida, entre lo que uno puede predicar, aunque esto sea bueno, y la vida que se lleva, sino que se enseña aquello que no corresponde a lo que uno mismo es o para lo que ha sido elegido. 
Y por eso hoy en día hay mucha confusión dentro de la Iglesia, porque quizás no pocos, siguiendo las palabras de Jesús, se convencen de que hay que seguir lo que los pastores enseñan aunque esto sea erróneo y no conforme con la verdad recibida desde siempre.
Por ejemplo, estaba leyendo que hace dos o tres días un obispo alemán, siguiendo el criterio del sínodo en Alemania, envió una carta pastoral a los sacerdotes de su diócesis, diciéndoles que procedan a la bendición de parejas de personas del mismo sexo, o que viven en adulterio, o  en una vida irregular. Obviamente  el obispo está enseñando algo que no corresponde a la doctrina de la Iglesia. 
En efecto, ya la Congregación para la Doctrina de la Fe en el año 2021 había dicho expresamente que no corresponden ese tipo de bendiciones, porque equivaldría a bendecir la institución del pecado. De manera que cuando se dan estas enseñanzas contrarias a la Sagrada Escritura y al Magisterio de la Iglesia, nos encontramos que se enseña el error y  muchos caen confundidos.
Y así, alguien que hace esfuerzos para vivir conforme al evangelio especialmente en este punto, puede pensar que es inútil tratar de convertirse si pareciera que hoy está todo permitido porque la Iglesia se ha amoldado al mundo y no busca diferenciarse enseñando la verdad revelada y custodiada desde siempre.
Sería como decir: ¿para qué me voy a esforzar en seguir el Evangelio si ahora parece que el Evangelio dice otra cosa? Y aquello que siempre estuvo mal ahora es bueno, y lo que era bueno es malo. 
De manera que hoy en día no solamente tenemos que ver que no exista incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace, sino que no aparezca también la incoherencia entre lo que se dice falsamente y lo que se debe enseñar según la doctrina de la Iglesia de siempre.
Por eso hemos de estar muy atentos para caminar en la verdad, teniendo en cuenta que una de las inclinaciones que puede tener y que de hecho tiene el ser humano, es aceptar como verdadero aquello que es más placentero o que es más fácil de observar o que le permite  vivir de otra manera. 
Y entonces la tentación puede ser dejar de escuchar aquellos mensajes que vienen de la Iglesia que parecen duros porque no se adecuan a la mentalidad moderna, y seguir lo que es más conforme a las vivencias mundanas y de la cultura de nuestro tiempo. 
Por eso hemos de estar siempre alertas para discernir los signos de los tiempos y, descubierta la verdad, - y sabemos cuál es-, seguirla sin miedo alguno, con humildad, como predica y practica Jesús.
El humilde trata de servir a la Iglesia y a  los demás, dar gloria a Dios siempre transmitiendo la verdad y realizando el bien. 
Tenemos un ejemplo hermoso en el apóstol San Pablo que no deja de consolar a los cristianos de Tesalónica (I Tes. 2,7-9.13) diciéndoles que ellos han escuchado su palabra y su enseñanza sobre Jesucristo. Y que la han recibido no como una palabra humana, sino como una palabra divina que él ha transmitido. 
Y yo los quiero tanto, dice Pablo a los tesalonicenses, que no solamente deseo entregarles la palabra viva del Señor, sino también entregarme a mí mismo y ser servidor de ustedes. 
Nuevamente la actitud de servicio que señalaba el Evangelio, servicio a la verdad, al bien y a todo aquello que proviene de Dios. Queridos hermanos, si bien vivimos momentos muy difíciles, hemos de confiar siempre en la gracia de Dios, ya que Él nos guía. 
A Él debemos implorar, el que podamos buscar siempre la verdad, que no vivamos en la incoherencia entre fe y vida, en que no digamos una cosa y vivamos otra, sabiendo que el Señor siempre está con nosotros. Pidamos entonces esta gracia que Él nos la va a conceder en abundancia.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXXI del tiempo durante el año. Ciclo A. 05 de noviembre de 2023

1 de noviembre de 2023

"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento".

 



Siguen los ataques contra Jesús ya que  los fariseos, los saduceos y los distintos movimientos ideológicos y políticos de la época  que manejaban el judaísmo, buscan su destrucción. 
Viven poniéndolo a prueba, como escuchamos en el texto del Evangelio del domingo pasado. 
Hoy otra vez, aparece en la boca de un doctor de la ley, una pregunta puntual: "¿Cuál es el mandamiento más importante de la Ley? (Mt. 22,34-40)" Lo quiere poner a prueba, pero quizás también quería saber qué hacer en medio de tantos preceptos que ellos tenían y que agobiaban la vida cotidiana, de tal manera que ya no se distinguía entre lo que es importante y necesario y aquello que es secundario. 
Jesús citando el libro del Deuteronomio (6,4) dirá: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento"
Mandamiento concreto que hace decir al salmista, como acabamos de escuchar recién: "Te amo Señor mi roca y mi refugio" (Salmo 17). 
De hecho el judío devoto tres veces al día recordaba este primer mandamiento, el "Shemá": "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu vida". 
¡Qué hermoso sería que también nosotros  dijéramos esto cada día, empezando a la mañana temprano,  para que nos recuerde  que lo más importante de la vida  es el amar a Dios sobre todas las cosas, que Él debe estar en primer lugar en nuestros pensamientos, y luego lo repitiéramos a la tarde y a la noche! 
Por eso, cuando caemos en el pecado, si estamos regidos por este mandato, imploraremos enseguida la misericordia de Dios, sin diferirlo para después.
Por otra parte el arrepentimiento lúcido y rápido nos ayuda a mantenernos siempre alertas para que nuestra vida sea una ofrenda permanente a Dios dándole lo que es suyo, como reflexionábamos el domingo pasado. 
Este amor a Dios, que nunca nos deja desvalidos,  asegura vivir en su presencia y que Él también nos mire como hijos amados,  con un amor complaciente.
Y esto es así,  ya que en definitiva la gracia de Dios, además de hacernos participar de su vida, conduce a que seamos agradables a su mirada por vivir en comunión con Él.
En efecto,  como un padre, al ver los progresos que hace su hijo se alegra, aunque no se lo diga, también el Padre del Cielo se alegra cuando vamos progresando en nuestra vida interior, en  santidad de vida. 
Ahora bien, ante la pregunta del doctor de la Ley, Jesús responde de una manera superadora acerca de lo que no se le pregunta, diciendo: "El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos  dependen toda la Ley y los Profetas".
El amor al prójimo es ineludible, porque si consideramos a los demás como hijos de Dios, como hermanos debemos amarlos. 
Sean amigos o sean enemigos, pero mucho más a los enemigos, el amor al prójimo como  mandato de Jesús, apremia siempre. 
Este amor al prójimo, aparece concretamente en el libro del Levítico ((19,18), en todo lo que es la ley de santidad, que debe también  observar el pueblo.
En el libro del Éxodo (22,20-26) recuerda el Señor  el amor al extranjero, ya que los judíos también fueron extranjero en Egipto, el amor y la ayuda a la viuda, a los huérfanos, a aquellos que son considerados no pocas veces como los descartados  en la sociedad de cada época histórica. 
Se trata de un amor especial hacia los que a veces nadie ama o que se considera que no es importante amarlos, ni ver en ellos el rostro de Cristo. 
Ahora bien, hay un amor particular que debiera brotar de nuestro corazón y, es el amor hacia aquellos que está lejos de Dios, por quienes ofrecemos nuestras oraciones, sacrificios y todo lo bueno que hagamos. 
Pero también, y esto es importante recordarlo, a las puertas de la celebración de los fieles difuntos, el 2 de noviembre, crecer en el amor por las almas del purgatorio,  por aquellos que se están purificando y que desean ardientemente encontrarse con el Padre Dios. Ellos, en definitiva, son los más necesitados porque no pueden valerse por sí mismos.
En efecto, los que padecen penas purgatorias no pueden ya tener mérito alguno, ni pueden rezar por ellos. Solamente nosotros, por la comunión de los santos, en la que creemos y afirmamos en el credo, podemos pedir por aquellos que se están purificando, ofrecer oraciones, sacrificios, limosnas, obras de caridad, celebración de misas.
Y es bueno recordar, que todos los así salvados, cuando estén en la gloria del Padre, se acordarán de quienes rezaron por ellos  en una verdadera y permanente comunión  entre los que están en el cielo, los que se purifican y los que peregrinamos en este mundo.
De manera que es mucho lo que podemos hacer por nuestros hermanos, acá en la tierra y por los que padecen purificándose. Pidamos que el Señor tenga misericordia de ellos, como también esperamos que la tenga de nosotros. 
Por eso, amarás al prójimo como a ti mismo, significa  que si  deseamos y queremos toda suerte de favores divinos,  busquemos también lo mismo para aquellos que se nos han adelantado en este mundo. 
Importante lo que el apóstol San Pablo le dice hoy a los cristianos de Tesalónica, que es una comunidad joven, que viven con alegría el hecho de ser cristianos, y  de sentirse salvados por Cristo muerto y resucitado (I Tes. 1,5-10).
Más aún, San Pablo los pone de ejemplo por haber transmitido  lo que han recibido y que la alegría de ser cristianos pueda difundirse cada vez más. 
También nosotros estamos llamados a ser una comunidad modélica como la de los tesalonicenses, de allí la necesidad de trabajar animosamente para poder llegar al corazón de los demás, transmitiendo la hermosura del Evangelio,  que nos espera siempre el Señor y que espera de nosotros la conversión y una vida totalmente entregada al amor de Dios y al amor de nuestros hermanos.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXX del tiempo durante el año. Ciclo A. 29 de octubre de 2023

23 de octubre de 2023

La verdadera misión del César, es reconocer que solo hay un Dios sobre todo, y servir al hombre como hermano suyo.

 


La idea central de los textos de hoy, es que Dios es el único soberano sobre la tierra, es el dueño de todo lo que existe, su soberanía abarca todo lo creado, y cada vez que el ser humano quiere disputarle a Dios su grandeza, su omnipotencia, estamos ante una actitud vanidosa, inútil, porque tarde o temprano el hombre descubre sus debilidades y que nada puede hacer ante el poder de Dios.
Pero el ser humano no escarmienta, está siempre al acecho la tentación del principio en la creación, cuando el demonio le promete al hombre, que será igual al Creador con poder para definir qué es lo bueno y qué lo malo.
Y así, continuamente, el ser humano cae en esa trampa, el pretender ser como Dios, el cual  se encarga no pocas veces de hacerle ver que así no es, sino sólo una pequeña creatura.
Fíjense ustedes lo que señala el profeta Isaías (45,1.4-6), al advertir que Dios manifiesta su omnipotencia eligiendo a un rey pagano, Ciro el Grande, a quien el rey no conocía, ungido para que ante él se sometan los pueblos de la tierra, y  sea el instrumento necesario para que el pueblo de Israel abandone el exilio, pueda volver a su tierra,  reconstruir Jerusalén y el templo sagrado en el que se rendía culto al Dios verdadero. 
De manera que una vez más, como aparece a menudo en el Antiguo Testamento, Dios utiliza como instrumento suyo lo que llamamos las causas segundas para manifestar su voluntad, de manera que aún de un rey pagano, con otro culto religioso, Dios se vale para manifestar su voluntad y para que ésta realmente sea visible en todas partes. 
Si tomamos el texto del Evangelio (Mt. 22, 15-21), Jesús nos deja una enseñanza muy importante, justamente destacará la soberanía absoluta de Dios sobre toda autoridad política en este mundo.
La ocasión se presenta cuando los fariseos, contrarios al impuesto, porque lo consideraban como una  señal de la sujeción al Imperio Romano, y los herodianos, que eran partidarios de pagar el impuesto, se unen para tentar a Jesús. 
Tratan de ganar su confianza, como si Jesús no conociera los corazones y sus secretos, afirmando la verdad, sin que ellos se den cuenta, reconociendo que el Señor es veraz y conduce al hombre hacia Dios sin hacer acepción de persona. 
En esto no se equivocan cuando se refieren a Jesús,  pero luego viene la pregunta acerca de la licitud de pagar el impuesto a Roma o no.
Es una trampa perfecta, ya que si Jesús contesta que sí, lo van a acusar de colaborar con el Imperio Romano, alegrando a los herodianos que eran colaboracionistas, si dice que no, estaría de acuerdo con el pensamiento judío vigente, pero se pondría en contra de lo que rige en ese momento bajo Roma. 
Y como Jesús suele hacer no pocas veces en situaciones parecidas, contesta con una respuesta superadora,  no a lo que ellos quieren oír, sino lo que corresponde a la verdad, precisamente porque es veraz. 
Le presentan después un denario y Jesús pregunta: "¿De quién es esta figura y esta inscripción?" y le responden: "Del César", por lo que el Señor sentencia: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios".
De esa manera les está diciendo que se terminó la identificación del poder político con el poder religioso. No corresponde dar culto al Emperador como si fuera Dios. 
Esto lo entendieron perfectamente los cristianos marchando a la muerte por negarse a rendir culto al Emperador, sólo el Dios de la Alianza es el Dios verdadero, a Él hay que rendir culto, como Jesús dice en las tentaciones del desierto al demonio, "solo a Dios adorarás". 
Y eso es algo que nosotros tenemos que tener bien claro. Y esto porque nosotros fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios. No fuimos hechos a imagen y semejanza de la autoridad o el poder de turno, sino de Dios. Y por eso nosotros debemos orientar toda nuestra vida a buscar la voluntad de Dios. 
Muchas veces habrá que resistir cuando la autoridad política cree que es dios, y legisla sobre realidades que solamente pertenecen a Dios. Ya el Papa Benedicto XVI decía hace unos cuantos años atrás, que el pecado del momento era negar a Dios como Creador. 
Y así, las autoridades políticas en nuestro país, los tres poderes, permitieron y aprobaron el aborto, el asesinato de tantos argentinos que no podrán sentarse a la mesa del Señor, por lo menos en este mundo. 
¿Y esto por qué? Porque las autoridades se creían dioses, porque ignoraron que solamente Dios es el dueño de la vida y de la muerte. Hemos de afirmar, desde la fe, que nadie tiene derecho ni autoridad para legislar sobre esta materia, pero como estamos en un mundo al revés, también en nuestra patria, se ha legislado, no pocas veces, siguiendo los dictados de la perversa ideología de género, y así,  cada uno se auto percibe como se da la gana, se cae en el relativismo de la verdad, de la moral y de todo. 
Estamos en una época en que todo vale, en que todo pareciera ser legítimo, con tal que el hombre pueda llegar a ser dios en un país, en una nación, y ser dueño de las voluntades, de los ciudadanos. 
Porque esta aprobación del aborto, concretamente, implica negar el primer derecho que tiene el ser humano, que es el de la vida,  y una vez que se niega el derecho a la vida, el ser humano ya es una cosa. Y por eso se contraría lo que es una verdadera cultura del trabajo,  se busca la dádiva, se busca exterminar al anciano a través de la eutanasia, se busca crear más pobres  para poder dominarlos. 
Y todo eso es fruto de esta primera concepción de que el ser humano no vale nada, menos que un animal, menos que una cosa. 
Por eso el Señor nos está llamando a volver nuevamente a las fuentes, a defender su soberanía, y que sus derechos no sean dejados de lado o conculcados,  y la autoridad política, justamente como el rey Ciro, tiene que ponerse a disposición de lo que Dios quiere. 
Dios  ha puesto a la autoridad política, no para que se enriquezca, no para que haga lo que se le de en gana, no para atropellar a todo el mundo, sino para servir a la comunidad, servir a los ciudadanos. 
Esa es la verdadera misión del César, no creer que es Dios, sino reconocer que solo hay un Dios sobre todos y sobre todas las cosas, que es el Dios de la Alianza. 
Queridos hermanos, es muy importante ir recordando todo esto, porque nos ayuda realmente a ver la realidad de todos los días con una mirada nueva, a reconocer  esta soberanía absoluta de Dios sobre todo lo creado, y  nosotros, imagen suya, reconocerlo como tal en la vida personal o comunitaria.
Pidámosle al Señor que nos dé su gracia, que nos dé la fuerza de lo alto, para vivir dignamente nuestra misión de cristianos, de creyentes, seguidores de Cristo nuestro Señor.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXIX del tiempo durante el año. Ciclo A. 22 de octubre de 2023

16 de octubre de 2023

Estamos llamados a habitar con Dios para siempre en la Casa de los bienaventurados.

 


El texto del profeta Isaías (25,6-10) es muy claro. Se refiere a que todos los pueblos de la tierra, no solamente el pueblo elegido, Israel, están llamados al banquete celestial. 
Se trata de la vida eterna con Dios presentada aquí como un banquete donde abundan exquisitos manjares y vinos generosos, signo de la alegría, de lo que significa el compartir entre todos, aunque provengan de distintos lugares, y también signo de la vida, vencedora de la muerte ya que 
precisamente  al participar de este banquete el Señor "destruirá la muerte para siempre".
 De manera que la promesa de Dios es muy clara, y para el cumplimiento de esto contamos con la presencia del enviado del Padre celestial, su Hijo hecho hombre, Jesús. 
Él es nuestro Pastor, como decíamos recién en el canto interleccional (Ps. 22), nos guía,  cuida, y protege, porque quiere que todos lleguemos a la salvación.
Pero llegamos al texto del Evangelio (Mt. 22, 1-14), en el que Jesús se refiere al rey -que es Dios- que invita a las bodas de su hijo, que  es Jesús, el  Hijo de Dios hecho hombre. 
Precisamente, el Hijo de Dios, al asumir nuestra  naturaleza, se desposa con la humanidad, de manera que  en la persona divina del Logos están unidas la naturaleza divina y la humana. 
Por eso, este hecho de la encarnación del Hijo de Dios, es motivo de alegría, y la asistencia a sus bodas significa aceptarlo a Jesús con fe sobre su divinidad y permite prepararnos para las bodas eternas después de nuestra muerte. 
Jesús se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, hace mención  que este rey invita a las bodas de su hijo, pero los invitados no escucharon y se niegan a asistir. Vuelve a enviar a sus servidores y  se excusan diciendo que tienen que ir al campo, o que les urgen negocios que atender, y otros se dedicaron a eliminar a los siervos enviados. 
Estos siervos representan a los profetas enviados por Dios a lo largo del tiempo convocando a Israel para recibir al Mesías pero que fueron rechazados o  asesinados, como aconteció con Jeremías. 
¿Qué hace el rey? manda a sus tropas, significando que Dios  reprende al pueblo elegido  a través de otras naciones, como  Asiria o Egipto, anticipando la caída de Jerusalén por su infidelidad  en el año 70 en manos del general romano Tito.
Por otra parte, los que están escuchando las palabras de Jesús, entienden que se refiere a quienes  no creen en Él como Mesías.
En la segunda parte de esta parábola, el rey, Dios, envía nuevamente a sus siervos a los cruces de los caminos e invitan a todos los que encuentran, buenos y malos "y la sala nupcial se lleno de convidados".
Estos asistentes son los que provienen del paganismo, ya que el pueblo elegido primero ha rechazado a Dios. 
Casi todos están con el traje de fiesta, que les proveyó el rey anfitrión , para que estén bien vestidos, y nadie sobresalga sobre otro, pero al  recorrer la sala advierte que uno de ellos no tiene el vestido de fiesta. 
Y le pregunta el rey, o sea en este caso Dios, ¿cómo estás aquí sin vestido de fiesta? Este hombre guarda silencio, no responde, pero está claro que le han ofrecido un vestido de fiesta y lo ha rechazado, quiso entrar como venía de la calle. 
¿Qué se enseña con todo esto? Que  el llamado de Dios es universal y todos los hombres están llamados a participar de la vida eterna después de vivir en este mundo, pero es necesario estar preparados santamente. 
Hace un tiempo, el Papa Francisco afirmó que la Iglesia estaba abierta para todos, absolutamente para todos. Lo cual es así, porque la Iglesia es católica, es universal. Pero después el Papa agrega que, de todos modos, cada uno que ingresa a la Iglesia debe ajustarse a las reglas de la misma. ¿Qué significa esto? Que el deseo de pertenecer a la Iglesia por parte de los alejados o no creyentes, requiere estar dispuesto a vivir conforme a la doctrina y moral enseñadas por la Iglesia.
De hecho, no pocos católicos abandonan la Iglesia porque dejan de aceptar las verdades que ella enseña. 
En efecto, muchas veces sucede con los que pertenecen por el sacramento del bautismo, que más de uno dice ¿por qué  tengo que seguir esto? A mí el mundo me enseña otra cosa. Tengo que ser fiel a la cultura de nuestro tiempo, a las nuevas costumbres. 
La Iglesia tiene que cambiar,-afirman no pocos-, tiene que modernizarse, no puede estar en el pasado, como si la verdad pudiera ser cambiada conforme al capricho de cada uno. 
Estar sin el traje nupcial significa carecer de la gracia divina, estar en pecado. Por eso es que el Rey o Dios le dirá a este hombre ¿qué haces aquí sin el traje nupcial? Y lo echan afuera del banquete, donde están presentes el llanto y el rechinar de dientes, términos que designan siempre la condenación eterna. 
Esta pena eterna se debe a que esta persona no responde en definitiva al llamado del Señor,  ya que lo hace con su presencia física pero no con su alma, no con su modo de obrar, no con su intención,  desea seguir como siempre en su propio mundo. 
Esto permite conocer  que el don de Dios es justamente eso,  gratuidad pura, no es merecimiento propio. De allí la necesidad de responder siempre a la gracia, siguiendo la voluntad divina. 
A veces sucede que algunas personas que  sienten necesidad de comulgar, lo hacen en estado de pecado mortal, pensando que Dios en su bondad verá eso con buenos ojos. Y no es así, porque primero hemos de limpiar el alma, el corazón, por medio del sacramento de la confesión, que supone arrepentimiento, propósito de enmienda, y una vez absueltos,  recibirlo a Jesús.
Porque además, este recibir a Jesús mientras caminamos por este mundo, es un anticipo de la participación en el banquete eterno.
En efecto, la misa que celebramos cada día, es el banquete celestial anticipado en la tierra. 
En razón de esto, ¡cuánta gente se pierde el banquete celestial cuando directamente se olvida de participar o no quiere hacerlo, del banquete eucarístico ya aquí en la tierra!
Por eso los dones de Dios son gratuitos, pero de nuestra parte hemos de responder siempre a esos dones viviendo lo que el Señor quiere de cada uno de nosotros. 
Pidamos que no nos falte esa gracia de lo alto para poder vivir dignamente conforme al llamado que Dios nos hace.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXVIII del tiempo durante el año. Ciclo A. 15 de octubre de 2023


9 de octubre de 2023

Dice el Señor: "Yo los elegí del mundo, para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero" (Jn. 15,16)

 


En la liturgia de estos domingos hemos reflexionado sobre el tema de la viña, la viña del Señor, pero con diferentes enfoques. 
La viña del Señor, hoy designa a la Iglesia, como la llama el concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium (n.6).
Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento, la viña del Señor está constituida por el pueblo de Israel y "los hombres de Judá son su plantación predilecta"
(Is. 5, 1-7), elegida y cuidada por Dios para que produzca buenas uvas, pero que dio frutos agrios.
Hemos escuchado al profeta Isaías cómo describe el cuidado amoroso que tiene Dios para con la humanidad y  en este caso para con el pueblo elegido, preparándole un ámbito propicio para que crezca en el amor y en el servicio generoso de Dios.
Indudablemente este texto de Isaías está evocando al Génesis, refiriéndose a la primera viña del Señor que es el mundo, el cual Dios preparó para allí colocar al varón y a la mujer, para que sean ellos quienes dominen la naturaleza y la destinen a su servicio.
Precisamente por la creación, Dios quiere una buena administración humana de los bienes de la tierra que son de toda la humanidad, para que a nadie le falte lo necesario para vivir.
Por lo tanto vemos un proyecto de Dios favorable a los hombres, porque  nos ama ya que somos las criaturas más perfectas que han salido de sus manos después de los ángeles.
Es por esa razón, que al haber pecado separándonos de Él,  envía a su Hijo para que hecho hombre en el seno de María, señale el camino de la rehabilitación interior, y enseñe a trabajar en la viña del Señor, mirando siempre la meta que es la vida eterna.
Sin embargo, los textos bíblicos hablan de cuán infiel es el ser humano, y así,  el pueblo elegido no produce uvas dulces sino frutos agrios, palabra con la que se describe el no haber hecho producir lo que corresponde (Is. 5, 1-7).
En el texto del evangelio (Mt. 21, 33-43) percibimos que la infidelidad se ha agravado más, ya que los viñadores, que son sólo administradores, no quieren entregar los frutos al dueño que es Dios.
Este  texto del evangelio conocido como el de los viñadores homicidas precisamente deja al descubierto lo que aconteció en la historia de la salvación.
En efecto, Dios envió a recoger los frutos a  los profetas que fueron rechazados o aniquilados, y por último, envía a su hijo, presente en Jesús por la encarnación, el cual es crucificado fuera de la viña,  porque la intención de los viñadores era quedarse con la viña muriendo el heredero.
Todo esto, perteneciente a la historia de la salvación, deja patente el amor de Dios  que busca cómo darle lo mejor al ser humano, y por otra parte, como respuesta, la infidelidad y la falta de agradecimiento del hombre que  realiza lo que desea para su propio interés.
Llegando a nuestros días, es una realidad comprobable que el corazón del hombre no ha cambiado, se piensa en la agenda 2030, para hacer universal un estilo nuevo de vida  en el que lo primero que se pretende es omitir a Dios.
De hecho ya estamos asistiendo en la sociedad actual, cómo Dios ha sido abandonado o peor todavía desalojado, porque el ser humano se cree autosuficiente y que no necesita del Creador, y así, se lo desplaza del culto y de la vida social, manifestándose esto, como denuncia la misma ONU, en el crecimiento de  la persecución religiosa de los cristianos en todo el mundo.
El mundo descreído busca destruir la piedra angular de la cual habla el Evangelio que es Cristo nuestro Señor, pero esa piedra angular sigue presente  como fundamento de la viña del Señor.
También en la Iglesia que es la viña del Señor,  se nota no pocas veces el olvido del mismo Jesús, ya que  encontramos mucha ambigüedad en no pocas cuestiones de capital importancia, y así, la enseñanza en cuestiones de moral, costumbres o dogma está puesta en entredicho.
Los modernosos ideólogos de hoy  interpretan la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de distinta manera, y así lo que siempre fue malo ahora se lo ve como bueno, y la bondad se la transforma en algo malo para las "mentes ilustradas" de hoy.
Hoy en día vivimos en una sociedad donde prima la chifladura, donde cada uno puede elegir, su orientación sexual, su sexo, si quiere ser tiburón, si quiere ser cordero, si se siente que es tal cosa, y todo el mundo tiene que reconocerlo aunque sea el disparate más grande.
Ya estamos  en esa época de locura, como decía Chesterton, en que hay que defender a espada  que el pasto es verde. 
Por eso la invitación a que no enloquezcamos también con todas esas novedades, manteniéndonos siempre fieles al Evangelio de Cristo, enseñando la verdad que hemos recibido en la Sagrada Escritura, en la Tradición, en el magisterio de la Iglesia.
Y si aparecen voces contrarias a lo que hemos aprendido, recordemos siempre lo que dice San Pablo a los gálatas "aunque venga un ángel del cielo y les diga lo contrario a lo que yo les he predicado, sea anatema", no le hagan caso.
Estamos en un momento entonces que se pide y se necesita una fidelidad concreta en la viña del Señor a Cristo nuestro Señor, porque corremos el riesgo que se haga realidad la admonición que trae el Evangelio de hoy, de modo que si no damos frutos dulces sino solo agrios,  el Señor nos  quitará la administración que tenemos, no solamente en el mundo en el cual estamos insertos, sino también dentro de la Iglesia.
Por eso es necesario volver a la fuente que es la fidelidad al Señor, 
Cristo nuestro Señor nos espera pero al mismo tiempo nos advierte que nos puede quitar la administración de la viña y dársela a otros, recordando eso sì, que en medio de las pruebas de este mundo desviado, seguir siempre el consejo que  deja San Pablo hoy en la carta a los filipenses (4,6-9): no se angustien por nada, pidan siempre en la oración lo que necesitan y el Señor estará con ustedes.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXVII del tiempo durante el año. Ciclo A. 08 de octubre de 2023

2 de octubre de 2023

El Señor es bondadoso, muestra el camino a los extraviados, y guía a los humildes para que obren rectamente.

 San Jerónimo a quien  recordamos hoy como patrono de la ciudad de Santa Fe, profundizó y gustó la Sagrada Escritura que nutría su vida personal. Precisamente dedicó 35 años de su vida en Belén traduciendo la Biblia a pedido del Papa Dámaso, obteniendo así la primera traducción latina de la Sagrada Escritura llamada Vulgata.
San Jerónimo murió a los 80 años en el año 420 y, como dice la primera oración de esta misa, llegó a tener después de tanto tiempo saboreando la Palabra de Dios, un gusto especial por la comunicación con Él a través del Antiguo como del Nuevo Testamento.
Fue viviendo permanentemente esta gracia de conocer lo que Dios quería, por lo que también nosotros saboreando la Palabra divina, descubramos qué nos enseña, cuál es su voluntad para nosotros.
En la primera lectura proclamada del profeta Ezequiel (18, 25-28), la Palabra de Dios convoca a la conversión, lo cual es  muy importante para tener en cuenta a lo largo de nuestra vida, ya que Dios no quiere la muerte del pecador sino que viva.
Y como todos somos pecadores, Dios espera  nuestra conversión, de tal manera que si el que hace el mal se convierte de su mala vida y comienza a obrar rectamente, encontrará  la misericordia. 
Y esto es así, porque "él ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido".
Por el contrario, si el que vive en justicia decide cambiar su vida y obrar el mal, será culpable de ese mal que haga, y si muere, "muere por el mal que ha cometido", sin que se le tenga en cuenta el bien realizado en el pasado.
En síntesis, Dios espera nuestra conversión, que rectifiquemos los caminos equivocados para encontrarnos con Él.
El profeta Ezequiel es el primer profeta que comienza a hablar de la responsabilidad personal de cada uno por sus pecados. En efecto, hasta entonces, era  común tener en cuenta o pensar en una especie de culpa comunitaria, ya que  todos estaban prácticamente obligados a hacer lo que deseaba el jefe de la comunidad o de la tribu, por lo que  la responsabilidad personal quedaba disminuida a través de una especie de culpa comunitaria, una culpa colectiva.
El profeta Ezequiel, en cambio, transmite el mensaje divino por el que cada uno tiene que hacerse cargo de su propio pecado.
Ustedes recordarán aquel pasaje del evangelio del ciego de nacimiento a quien Jesús cura, y  que le preguntan si la causa de su ceguera era por el pecado de él o por el pecado de los padres, de modo que aún también en la época de Jesús estaba esa mentalidad de que los hijos pagan las culpas de los padres
Jesús, en cambio, dice que ni los padres ni este hombre han pecado, sino que nació así para que se pueda manifestar la misericordia y podamos dar gloria al Padre, de manera que no se diluya el pecado personal en una especie de pecado comunitario o social.
Es cierto que el comportamiento de cada uno perjudica o beneficia a la comunidad en la cual está inserto, pero cada uno debe hacerse responsable de lo suyo, no puede echarle la culpa al vecino, como si sólo los demás son culpables de los males de la sociedad.
En el texto del evangelio (Mt.21, 28-32) tenemos también una enseñanza hermosísima que deja al descubierto que el corazón humano es cambiante y no siempre se puede descubrir su interior.
En efecto, un hombre le dice a un hijo "ve a trabajar a la viña", el cual dice "no quiero", pero luego recapacita y va; y solicitando lo mismo al otro, este le dice "voy, Señor" pero no fue.
Como se observa, obviamente el primero fue quien cumplió con la voluntad del padre y Jesús aprovecha este ejemplo para enseñar a los jefes de los judíos que están siempre al acecho buscando condenarlo, que los publicanos y las prostitutas considerados pecadores,  son los que han dicho que no pero después han dicho que sí arrepintiéndose de su vida al escuchar a Juan el Bautista.
Precisamente Mateo el publicano llamado por Jesús, cambia de vida y se convierte en uno de los apóstoles, de manera que lo que está enseñando el evangelio es la necesidad de hacer la voluntad de Dios, por eso el mismo Jesús en otra oportunidad dirá de los jefes de los judíos, de los escribas, y de los fariseos, que "hagan lo que ellos dicen pero no hagan lo que ellos hacen".
Es decir, cuando la enseñanza sea verdadera síganla, pero no imiten su obrar, porque ellos se creen justos y por lo tanto nunca reconocen sus pecados, no quieren  cambiar, y desprecian a los demás.
El Papa Benedicto XVI en una homilía sobre  este texto se refiere a un tercer personaje, habla de otro hijo. ¿Quién es el tercer hijo? Jesucristo por cierto, que es diferente a los otros dos porque Jesús dijo si, iré a trabajar en la viña de mi padre y fue, o sea fue consecuente con su querer, su decisión se realizó, se llevó a cabo.
No dijo  primero no y después sí, ni sí primero y no después, sino que dijo sí voy a hacer la voluntad del Padre y en la cruz salvó a la humanidad siguiendo lo que se le pedía para el bien de todos.
Queridos hermanos: imitemos a Jesús, seamos como Él, digamos siempre sí a la voluntad del Padre y realicémosla posteriormente.  Para vivir esto escuchemos  lo que enseña San Pablo (Fil. 2, 1-5) invitando  a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús, los cuales quedan al descubierto no sólo en su relación con el Padre, sino también en su relación con el prójimo.
Por eso partiendo del ejemplo de Jesús San Pablo insta a la comunidad a la unidad entre los creyentes. Pidámosle al Señor que nos bendiga e ilumine, que nos dé su fuerza para que podamos vivir de acuerdo a estos principios.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el domingo XXVI del tiempo durante el año. Ciclo A. 30 de septiembre de 2023