18 de abril de 2008

JESUCRISTO RESUCITADO….EL BUEN PASTOR


“No hay que preocuparse por aquel que obra el mal y en “apariencia” la pasa bien…… porque aunque escape del juicio de los hombres, deberá enfrentarse al juicio de Dios, quien es el único que en definitiva juzga rectamente”.

1.-Significado de la jornada del Buen Pastor.

Este cuarto domingo de Pascua se llama tradicionalmente el domingo del Buen Pastor porque presenta a Jesús resucitado bajo la figura del pastor en relación con su rebaño conformado por cada uno de nosotros, constituyendo un cuerpo, una comunidad que es la Iglesia.

Y este domingo la Iglesia justamente ora por las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras, para que aumente el número de aquellos que siguiendo el llamado del Señor se consagren a esta misión de continuar en el tiempo la misión del Señor, es decir de pastorear.

Pero también la figura del pastor nos toca a todos los bautizados, en cuanto que tenemos que ir al encuentro del hombre de hoy y llevarle el mensaje de Salvación.

Los textos bíblicos de hoy nos dejan una serie de reflexiones sobre esta figura del buen pastor y cómo hemos de seguir al buen pastor.

Jesús se presenta en medio de su pueblo, concretamente en medio de los fariseos y les dice que es necesario entrar al corral - imagen que refiere a la Iglesia- a través de la puerta que es Cristo nuestro Señor.

Es decir que el medio habitual, el modo para formar parte de esta comunidad es Cristo nuestro Señor.

2.-¿Quién es el ladrón y asaltante?

No se pueden seguir atajos, o subterfugios para formar parte de la comunidad, sino necesariamente se ha de entrar por Jesús que es la puerta.

Es interesante cómo el texto del evangelio nos dice que “el que entra trepando, no por la puerta, es un ladrón y un asaltante”.

Hoy les decía a los chicos de catequesis en la misa de la mañana: -hagan de cuenta que estamos en el corral como ovejas del Señor, miembros de la Iglesia y el que quiere entrar trepando es justamente el espíritu del mal. Este ladrón y asaltante es el demonio que quiere meterse dentro del corral que es la Iglesia y acercarse a los bautizados para robarle lenguaje las ovejas al buen pastor.

El espíritu del mal –lamentablemente- muchas veces entra con éxito al rebaño del Señor y que con engañosa astucia enreda a no pocos en sus continuas trampas.

Jesús en el texto bíblico que acabamos de proclamar cuando habla de la relación entre el pastor y las ovejas afirma que “ellas siguen al pastor porque conocen su voz” y sigue diciendo: “las ovejas le siguen y nunca seguirán a un extraño”.

Les decía a los chicos hoy que muchas veces papá y mamá insisten que “no hablen con extraños en la calle”. No hablen con personas que no conocen.

Los que somos miembros de la Iglesia, ovejas del único rebaño, no debemos hablar con “el extraño”, no dejarnos seducir por las voces que no son las de Cristo Nuestro Señor.

Sobre todo en el mundo en el que vivimos donde está siempre acechando el espíritu del mal, con el espíritu del error y de la mentira, el cristiano se ve bombardeado por aquello que no es la verdad y sí es el engaño.

Entonces es importante que el cristiano no siga esas voces, que pueden ser a lo mejor atrayentes en un determinado momento e incluso coincidir en algunas cosas con lo que uno puede pensar, pero en el fondo nos alejan totalmente de la Verdad.

3.-Cristo va delante nuestro

Por eso es una invitación clara de seguir al buen pastor, a aquel de quien conocemos su voz y su enseñanza.

Entonces ¿por qué tenemos que ir a buscar otras enseñanzas, otras voces que nos alejan de la Verdad?

El buen pastor que es Cristo aparece en el texto bíblico yendo delante de las ovejas, abriendo camino.

Y esto porque hay que caminar el camino de la vida hasta llegar al encuentro con el Padre del cielo, a aquel otro corral, a aquel ámbito o lugar que es el de la Vida Eterna, donde nos espera para hacernos partícipes de su misma vida.

Y Cristo va delante como buen pastor, va abriendo camino, es decir marcha iluminando la situación, la realidad de cada día para que no tropiece ninguno de nosotros.

Como diciendo ¡cuidado no pisen aquí, no pisen allá, cuidado con aquel pozo, atentos a las espinas que aparecen en el camino, no sea que se vean perjudicados!

De alguna manera Cristo va siempre con nosotros.

Recordarán ustedes la reflexión del domingo pasado en la que contemplamos cómo Jesús va junto a y con los discípulos de Emaús, prototipo del caminar del resucitado con nosotros.

Aquí no sólo camina junto a nosotros sino que como buen pastor va delante de nosotros.

Sabemos que si nos dejamos guiar por Él y marchamos tras El, estaremos siempre seguros no sólo en y por el camino sino también por la meta.

Y Cristo Jesús va iluminando incluso las distintas realidades de nuestra vida.

4.-Sufrir a causa del bien es una gracia delante de Dios.

En este caminar detrás del Señor nos encontraremos necesariamente con la presencia del sufrimiento en nuestras vidas.

Fíjense el texto de la segunda lectura tomada de la primera carta del apóstol San Pedro.

Notemos qué actualidad tienen las palabras de Pedro en su primera carta capítulo dos versículo 20, y que hemos de grabar a fuego: “Si a pesar de hacer el bien ustedes soportan el sufrimiento esto si es una gracia delante de Dios”.

¿Cuál es por el contrario la vivencia habitual que nosotros tenemos? Que cuando sufrimos, o las cosas no salen bien, o tenemos alguna desgracia en la familia, o alguna dificultad que se hace difícil de superar, ¡cuántas veces decimos:¿ por qué Dios me manda esto?, Yo siempre hago el bien, no mato, no robo, no miento, no hago esto, ….no merezco lo que me sucede!

¿Por qué tengo que estar sufriendo esto? De hecho tenemos que ver –en primer lugar- si es realmente así que somos tan santos delante del Señor, ya que todos somos pecadores.

Pero supongamos -en el mejor de los casos- que es cierto que no hacemos más que el bien y que a pesar de eso tenemos que sufrir muchos inconvenientes, aún así, es una gracia poder soportar el sufrimiento.

Tenemos el ejemplo hermosísimo de tantos mártires en la vida de la Iglesia. Ellos no se hicieron el planteo de pensar que por ser buenos no merecían la muerte violenta por causa de Cristo sino que seguramente recordaban estas enseñanzas del Apóstol San Pedro: “esto sí es una gracia delante de Dios”.

Para la gente que no contempla la vida desde la fe, esto es una desgracia, y por el contrario piensa que es una gracia que a quien es un sinvergüenza o delincuente le vaya todo bien.

La palabra de Dios en cambio nos dirá que “esto si es una gracia” referido al sufrimiento a pesar de realizar el bien, y no pensando en la vida muelle que puede llevar el que obra el mal.

5.-Seguir las huellas de Cristo resucitado

Y esto es así porque nos permite seguir las huellas de Jesucristo.

Lo dice enseguida Pedro: “ustedes han sido llamados a esto, porque Cristo padeció por ustedes, dejó el ejemplo a fin de que sigan sus huellas”, a fin de que sigan sus pasos, las pistas que va dejando.

Y así el mismo Jesús que pasó por este mundo haciendo el bien y sin embargo, padeció, murió, y fue llevado a la cruz por nuestra salvación, nos reclama seguir sus pasos.

Más aún dice Pedro: Jesús no se rebeló, no hubo mentira en su boca, no hubo insulto, no profería amenazas, no aseguraba venganza contra los que lo mataban, sino que puso todo en las manos del Padre, de Aquel que juzga rectamente, es decir Dios mismo.

En definitiva es Dios quien juzga rectamente a cada uno. No hay que preocuparse por aquel que obra el mal y que en “apariencia” la pasa bien, porque aunque escape del juicio de los hombres, deberá enfrentarse al juicio de Dios, quien es el único que en definitiva juzga rectamente.

De manera que es una gracia hacer el bien junto con el sufrimiento porque el cristiano va imitando cada vez más al Señor que haciendo el bien padeció, y murió para luego resucitar de entre los muertos.

6.-El regreso al Buen Pastor y Guardián de las ovejas.

Y sigue diciendo Pedro: “antes andaban como ovejas perdidas pero ahora han vuelto al Pastor y guardián de ustedes”.

La oveja perdida es la que vive en el error, es aquella que vive sin sufrimiento y pasa haciendo el mal por este mundo y parece que la vida le sonríe.

Es una oveja perdida no sólo en su vida, en su obrar cotidiano sino que la oveja está perdida porque no ha encontrado el camino salvador que pasa por seguir las huellas de Jesucristo.

“Han vuelto al pastor y guardián de ustedes”: Otra vez lo de ir al encuentro de Jesús el pastor para que El nos guie y al mismo tiempo para que nos guarde.

Esta figura del guardián es muy fuerte también en el capítulo diecisiete (v.12) de San Juan, cuando Jesús en la oración por sus discípulos le dice al Padre “mientras estaba con ellos, cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse,” es decir que ninguno queda sin esa guarda que viene de Cristo nuestro Señor, porque Él no puede olvidar a aquellos que como bautizados somos sus ovejas.

7.-El resucitado nos envía.

Pero Cristo al mismo tiempo nos invita a la misión y esa es la tarea de los bautizados, prolongación de la resurrección

Enviados a proclamar al y en el mundo la Buena Nueva.

La misión que consistirá en anunciar como enseña San Pedro el día de Pentecostés dirigiéndose al pueblo: “ustedes crucificaron a Jesús pero Dios lo ha hecho Señor y Mesías”.

Ese ha de ser el anuncio, el de Cristo muerto y resucitado, lo que con la gracia de Dios provoca una conmoción en el corazón de los oyentes que decían enseguida “¿qué debemos hacer?”.

Y Pedro convoca a la conversión, a realizar una vida nueva, a entregarse totalmente a Cristo Nuestro Señor.

La misión a la que estamos llamados como bautizados ha de ser como un fruto, una continuación o prolongación del Cristo resucitado.

Como Él fue enviado por el Padre, también nos envía a nosotros a llevar el mensaje al mundo que nos rodea.

El documento final de Aparecida nos señala en el capítulo tres los distintos componentes del anuncio de la Buena Nueva: anunciar la Buena Nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia etc.

Vayamos entonces al encuentro de tantos que están alejados del Señor y digámosles que Jesús es la puerta del rebaño, Jesús es el Buen Pastor, es Aquel que nos quiere conducir al encuentro definitivo con el Padre.

Homilía en torno a los textos bíblicos del domingo IV de Pascua (ciclo “A”), 13 de abril de 2008. (Hechos 2,14.36-41; I Pedro 2,20b-25; Juan 10,1-10).

Padre Ricardo B. Mazza

http://ricardomazza.blogspot.com

ribamazza@gmail.com

12 de abril de 2008

¡QUÉDATE CON NOSOTROS SEÑOR…….PORQUE ANOCHECE!


“la vida del hombre está a oscuras sin la presencia de Cristo”.

Desde esta óptica liberadora que nos trae Cristo, sí es posible trabajar para recobrarnos nosotros mismos de las otras esclavitudes y opresiones.


1.-El Señor resucitado camina junto al hombre redimido

El mismo día de la resurrección, por la tarde, el domingo, primer día de la semana dos discípulos se dirigen a Emaús y están desconsolados porque no se sucedieron los acontecimientos como ellos esperaban.

Y Jesús se les acerca y comienza a caminar con ellos. De ese modo nos enseña que tiene interés en compartir nuestras vidas, preocupaciones, angustias, incluso nuestras confusiones, para arrojarnos luz, esa luz que proviene de la vida nueva de su condición de “hombre-Dios resucitado”.

Como a estos dos discípulos, muchas veces nos sucede que no reconocemos al Señor que camina a nuestro lado. Sus enseñanzas pasan inadvertidas o no le damos el valor que tienen.

¡Cuántas veces nos muestra lo importante a lo que tenemos que dedicarnos sin que lo percibamos!

¿Por qué no se lo reconoce? Porque se vive lo cotidiano no desde la fe sino desde las cosas. Las realidades temporales nos impactan tanto y con tanta frecuencia que nos acostumbramos a leer la realidad desde su fugacidad y no desde la perspectiva del resucitado.

Con frecuencia pensamos que nada nos puede decir “el estar aquí” entre nosotros del resucitado, o damos tanto por hecho esta presencia, que terminamos por vivir como si estuviera ausente confiando únicamente en nosotros mismos para solucionar los grandes problemas e interrogantes de nuestra existencia.

2.-La vida es un itinerario con Cristo a la santidad.

De allí la necesidad de hacer realidad el itinerario formativo de la presencia renovadora de Jesús, dejándonos moldear por El, que viene a nuestro encuentro.

Los discípulos que caminan a Emaús, ante la presencia de este forastero que indudablemente les ha caído bien, comienzan a descubrir lo que hay en sus corazones apenados.

¿Que comentaban en el camino? pregunta el Señor. -Tú eres el único extranjero que no sabe lo que sucedió en estos días-le responden. -¿Que cosa?-repregunta Jesús. Y comienzan a decirle que Jesús el Nazareno fue un gran profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de los hombres y cómo fue encarcelado, y muerto en la Cruz.

El corazón de estos hombres, que en realidad es prototipo de tantos otros, se descubre en su deseo más profundo cuando dicen lo que en verdad deseaban: “nosotros esperábamos que El fuera el que librara a Israel” -obviamente de la opresión romana-.

Confiaban que el Señor fuera un Mesías político, alguien que resolviera los problemas cotidianos, o que los librara de Roma.

En realidad, a pesar de que Jesús les enseñara otra cosa, no entendieron en su verdadera dimensión su mensaje, porque al recibirlo no salieron de sí mismos para abrirse a la “buena nueva”.

Jesús comenzará pacientemente a enseñar de nuevo que El no ha venido a liberarnos de las dominaciones políticas de este mundo sino de la opresión del pecado, a redimirnos del sometimiento del demonio, del espíritu del mal con el cual estábamos comprometidos después del pecado original.

Por eso es que el mismo apóstol San Pedro en la segunda lectura que acabamos de escuchar dice: “ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredadas de sus padres, no con bienes corruptibles como el oro y la plata sino con la sangre preciosa de Cristo el Cordero sin mancha y sin defecto predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes” (I Pedro 1,18-21).

3.-La liberación traída por Cristo nos compromete con lo cotidiano.

El Señor viene a liberarnos con su sangre, nos saca de la esclavitud del espíritu del mal y del pecado.

Y desde allí, es decir desde esta liberación y con la nueva fuerza que da su resurrección, - y para que veamos que no se desentiende de los otros aspectos de nuestra vida-, hemos de interesarnos y comprometernos de lleno con la cotidianeidad de nuestra vida.

Desde la óptica liberadora que nos trae Cristo, sí es posible trabajar para recobrarnos nosotros mismos de las otras esclavitudes y opresiones.

Para realizar esta tarea en el hoy de cada día, pero orientándonos a la eternidad, es que el Señor nos ha hecho inteligentes y con voluntad libre.

Iluminados justamente por Él, podremos dar respuestas valederas en medio de una sociedad tan convulsionada y paradójica como la nuestra.

De allí que sea una pretensión ilusoria esperar que Dios lo resuelva todo. El está a nuestro lado, camina junto a nosotros, pero no le podemos pedir al Señor que solucione aquellos males de los que muchas veces el ser humano es responsable.

Dios nos ofrece su luz y fuerza para que libremente resolvamos los problemas de cada día. De allí que sólo el ser humano es el responsable último de un mal gobierno, de un mal manejo de la economía, de problemas en el ámbito social, de disturbios, en fin de tantas cosas.

No es responsable Dios del hecho que un chico pegue y patee a una maestra, o se produzcan hechos de violencia entre los “educandos”, sino de una sociedad que se ha acostumbrado a convivir con la violencia y no es capaz, o mejor dicho no quiere a través de quienes corresponda, poner límite a tanta confusión.

De allí –por ejemplificar esta sólita situación que mencionamos- la necesidad de que cada uno asuma sus propias responsabilidades: el gobierno, no utilizando las milicias populares que actúan al margen de la ley y el orden; los padres que eduquen a sus niños y adolescentes y respeten ellos mismos a las autoridades educacionales no dándoles la razón irracionalmente a sus hijos- como sucede en el presente- ,el ciudadano común exigiendo la implementación de medidas correctivas de una situación cada vez más anárquica, y en fin todos, trabajar por la paz y la convivencia entre hermanos desde la óptica de que todos somos hijos de Dios.

Si estamos enseñando a la sociedad que todo vale, que todo es legítimo con tal de imponer el pensamiento único de los poderosos, no nos extrañemos que se desate lo más degradante para la persona humana.

4.-Cómo reconocer a Jesús en la vida diaria.

Por eso es importante ir al encuentro del Señor que nos ofrece esta vida nueva, única. Y Cristo nos va preparando en la Fe a través de la explicación de las Sagradas Escrituras.

Pero tengamos en cuenta que los discípulos lo reconocen al partir el pan.

O sea que es la Eucaristía, la misa dominical, la que permite ese crecimiento más profundo en el corazón del hombre.

La participación del Cuerpo y la Sangre del Señor va abriendo nuestros ojos, los de la fe para entender las cosas de Dios, pero también para comprender el acontecer de cada día, de cada momento.

Es participando de la Eucaristía cuando el cristiano llega a esta unión tan plena con Jesús.

De tal manera que quien se une así con El Señor ya no lo deja más.

Como en varias oportunidades lo expresé, en nuestra existencia perdemos todo o podemos perderlo todo. Aún incluso sin nuestra voluntad.

Lo único que no perdemos si no queremos, es la amistad con el Señor, la amistad con Cristo, ya que nadie tiene potestad para quitar esa unión, esa intimidad con El, el ir profundizando en la vida de Jesús que transforma realmente al cristiano.

¡Cuánta gente en la sociedad vive desorientada, angustiada, sin rumbo, y pareciera que todo está perdido! Sin esperanza, ni siquiera en la vida eterna. Y todo porque no tienen a Jesús en su corazón y su vida.

De hecho si ahondamos en las angustias del hombre actual, la mayoría de las veces se debe a la ausencia de Cristo Nuestro Señor. Pareciera que todo se va perdiendo o que es difícil de entender.

5.-Quédate con nosotros.

Por eso es importante decirle a Jesús como le decían los discípulos de Emaús “quédate con nosotros Señor porque ya anoche”.

Es una manera de expresarle: la vida del hombre está a oscuras sin la presencia de Cristo.

Humildemente decirle al Señor “quédate con nosotros”, quédate conmigo, mi vida está oscura porque mi familia está a oscuras, anochece por los problemas, las dificultades, te necesitamos a ti.

Enséñanos como a los discípulos de Emaús cómo descubrir tu voluntad, tu vida, el camino que nos muestras para estar cada día mas unido a Ti y a partir de allí caminar seguros al encuentro del Padre.

Por otra parte, todo esto nos lleva a la misión, ya que la eucaristía, la comunión con Cristo, lleva al cristiano a desear permanentemente comunicar esta alegría a los demás.

Estos dos discípulos luego de caminar diez kilómetros con Cristo vuelven en medio de la noche a Jerusalén para transmitir el gozo y la alegría del resucitado.

También nosotros estamos llamados a llevar el gozo y la alegría del resucitado.

Hoy el Señor Arzobispo en Guadalupe dio comienzo a la misión Arquidiocesana para la zona oeste de la ciudad.

Se nos pide que sigamos el impulso misionero que transmite Cristo resucitado y que vayamos con alegría a comunicar a los demás el misterio Salvador del Señor.

Y así, cuando nos encontremos con alguien que está sumido en el pecado o alejado de Dios o de una vida sin rumbo o con un camino distorsionado poder decirle con humildad: “levántate, únete a Cristo resucitado”.

¡Cómo es posible que sigamos todavía en la esclavitud y sumidos en la oscuridad más terrible! No estamos llamados más que a la vida nueva que Cristo resucitado nos ofrece.

Pidámosle a María Santísima de Guadalupe que hoy honráramos, que nos enseñe a conocer cada vez más a su Hijo y nos lleve al encuentro del Señor.

Y Ella que es por esencia misionera, que se hace presente permanentemente en los distintos lugares de nuestra Patria, nos dirá “aquí estoy yo para conducirlos al encuentro de mi Hijo”.


Reflexiones sobre los textos de la liturgia dominical del 06 de Abril de 2008. IIIº domingo de Pascua. I Pedro 1,17-21; Lucas 24,13-35.

Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro”

ribamazza@gmail.com;

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1 de abril de 2008

"La paz, la misericordia, la misión y la justicia, frutos del resucitado"

“En la justicia distributiva entonces tenemos por un lado la percepción de los impuestos que sean justos, y lo serán cuando estén conforme a las posibilidades de cada uno, o sea que se “ajustan” a las verdaderas capacidades de cada uno”.

1.-La novedad de la Pascua del Señor otorga la paz.

Muchas veces nos pasa a nosotros lo del apóstol Tomás que dudamos de la resurrección del Señor.

El pedía pruebas concretas: si no toco las heridas de sus manos, de sus pies y del costado, no creeré.

A nosotros nos sucede lo mismo -con una mirada actualizada- cuando decimos: si yo no veo que el mundo y la sociedad cambian de raíz, no creeré que Cristo ha resucitado.

Como si razonáramos pensando también para qué celebrar la Pascua del Señor cada año si todo sigue igual, ya que el hombre vive buscando crecer a expensas de sus hermanos y no acaba de convertirse, si pareciera que el egoísmo es el que reina permanentemente en nuestra sociedad.

Y así como el Señor a Tomás le mostró sus heridas, probándole que era Él quien estaba vivo, también a nosotros en nuestro tiempo nos dice: Yo estoy vivo, yo vengo a renovar todas las cosas.

Para lo cual es necesario, que nosotros los creyentes escuchando la voz del Señor realmente vivamos a fondo lo que Él nos va proponiendo.

Y los textos bíblicos de hoy son muy ricos en este sentido. Nos van dejando a nuestra consideración, a nuestra reflexión y para nuestra encarnación en la vida de cada uno, toda una serie de enseñanzas.

Y así uno de los frutos de Cristo resucitado es precisamente el don de la paz, y así tres veces Jesús dice: “la paz esté con ustedes”.

Pero esto que les dice a los apóstoles indudablemente tiene como fundamento el que ellos están reconciliados con el Señor, están pacificados en su interior porque habitan en la comunión con Cristo.

No puede haber paz interior ni tampoco podemos transmitirla a los demás si el corazón no está en paz con Dios.

Si el corazón del hombre no está en comunión con Dios, si no hay una aceptación firme y concreta de que Él es el Hijo de Dios no habrá paz en el corazón del hombre.

2.-La misericordia como fruto del amor del resucitado.

Por eso el mismo Jesús conocedor de esto nos ofrece a manos llenas su misericordia.

Imploramos en la primera oración de la misa de este domingo que Dios aumente en nosotros los dones de su gracia, atentos a su infinita misericordia.

Pues bien, la misericordia del Señor que significa tener el corazón cerca de las miserias del hombre, se presenta permanentemente en la historia de la salvación.

Hoy celebramos justamente en la Iglesia esta fiesta de la misericordia de Dios en la devoción de Jesús misericordioso.

Alabamos al Hijo de Dios hecho hombre que habiéndonos salvado a través de su muerte y resurrección nos dice: “vengan a Mi”. Vengan a mí, traigan sus penas, sus angustias, sus pecados, sus debilidades, sus imposibilidades de vivir una vida nueva.

Entréguense tal como son pero con el deseo de cambiar, con el deseo de ser sanados interiormente, que yo los transformaré.

Y esa transformación que el Señor promete es la que justamente produce esta paz interior que nadie nos la puede quitar.

Pero al mismo tiempo que Jesús nos da la misericordia, nos da el instrumento para alcanzarla.

Por eso les dice a los apóstoles: reciban el Espíritu Santo, los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.

Y así el mismo Cristo instituye este gran sacramento de la reconciliación con Dios y los hermanos, para recibir en abundancia la misericordia de Dios, alcanzar la amistad con Él, -recuperada la paz del corazón- y llevar estos dones a quienes nos rodean.

3.-Enviados por el resucitado para transmitir la paz y la misericordia.

Y esto porque el mismo Cristo que nos da la paz y la misericordia nos dice: “como el Padre me envió, yo también los envío a ustedes”.

Nos envía a cada uno ¿a qué?, a ser instrumentos de pacificación, e intermediarios de la misericordia de Dios.

Este año a partir del domingo próximo comienza la misión Arquidiocesana en la zona oeste de la ciudad.

Como parroquia se nos invita a misionarla en el mes de octubre si Dios quiere, yendo al encuentro de un sector concreto de la comunidad parroquial y llevar el mensaje que nos deja el Cristo de la Pascua.

Llevar y prometer la paz, previo encuentro personal con el Señor. Transmitir su misericordia, haciendo ver que es posible salir del estado de postración propio del pecado, para elevarnos a lo que Dios quiere hacer de cada uno de nosotros.

Sentirnos enviados es también reconocer con entusiasmo todos los dones que el Señor nos ha dado y que no los guardamos para nosotros, sino que los llevamos a todos nuestros hermanos.

Esta vida nueva que nos trae Jesús, el Cristo resucitado, lleva también a dar frutos en el ámbito de la vida comunitaria y es la señal de Cristo resucitado presente también esa transformación de la comunidad cristiana.

4.- La comunidad cristiana primitiva continuada en nosotros.

San Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles, nos dice que los primeros cristianos se reunían para escuchar la enseñanza de los apóstoles, participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Escuchar la enseñanza de los apóstoles será en nuestro caso, escuchar la palabra de Dios.

Reunirnos para la fracción del pan significa reunirnos para la Eucaristía, para la misa dominical.

Porque cada vez que participamos de la misa dominical estamos diciendo vengo a celebrar el acontecimiento más pleno de la vida humana que es la muerte y resurrección de Cristo misterio de fe por el cual la humanidad fue redimida y salvada.

Venimos a la eucaristía dominical para dar gracias, para implorar la misericordia del Señor, para adorarlo y recibir la paz purificatoria que viene de El

Y todo esto también nos lleva a la participación plena en la vida en común, la vida comunitaria, sentirnos familia.

No solamente en el seno del hogar sino también en el trato con los demás, en la vida parroquial.

Sentir realmente que estamos convocados, de ahí el sentido de familia con un mismo fin, la gloria de Dios, y la salvación de todos los que nos rodean.

5.-La resurrección nos abre a las necesidades de los demás.

Pero esto también lleva a una actitud de apertura a las necesidades de los demás.

Precisamente el texto de hoy nos relata cómo los primeros cristianos vendían sus propiedades y sus bienes y ponían lo suyo en común.

Es decir, era tan fuerte la experiencia de Cristo resucitado que no solamente se unían en la eucaristía, en la oración y en la escucha de su Palabra, sino que llegaban a despojarse de aquello que cuesta tanto al ser humano como son los bienes temporales y los ponían a disposición de sus hermanos y esto según las necesidades de cada uno, es decir para que a nadie le faltara y a nadie le sobrara.

Es cierto que aplicar este sistema hoy en día no sería nada fácil, de allí que la misma Iglesia iluminada por la palabra y el Espíritu, nos ha dejado riquísimas enseñanzas sobre esta materia tal como lo describe ampliamente lo que conocemos como la doctrina social de la Iglesia.

Surge casi con espontaneidad la pregunta de qué manera el cristiano participa con sus bienes a los demás, de qué modo el cristiano es solidario con sus hermanos.

Hay muchas formas, pero me parece conveniente decir alguna palabra sobre algo que nos ha tocado a todos en estos días en nuestra patria.

6.- La justicia distributiva a la luz del resucitado.

Se trata de la justicia distributiva que es una clase o especie de la justicia, no la única.

La justicia como virtud busca siempre el derecho, o sea el dar a cada uno lo suyo.

La justicia distributiva que implica el distribuir con equidad entre todos los habitantes de un país los bienes que son de todos.

Dios ha querido que de todas las maravillas de la creación participen todos los hombres.

En la medida que haya alguien en el mundo que no goce de esos bienes se está cometiendo injusticia con él.

Los bienes de este mundo no son para que unos pocos -como acontece en la actualidad- se enriquezcan, mientras millones padecen hambre.

Somos conscientes, - por ejemplo- que todo lo que se está implementando en el mundo contra la vida, desde el aborto hasta la eutanasia, tiene una motivación económica.

El razonamiento consiste en destruir seres humanos para que abunden los bienes para pocas personas, obviamente los poderosos de este mundo.

Ahora bien, ¿de qué manera somos solidarios con los demás haciéndolos participes de los bienes temporales?

Una de las formas es el deber de pagar impuestos y el derecho a exigirlos según aquello de dar al César lo que es del Cesar.

La autoridad recauda de sus súbditos para que después eso se vuelque nuevamente a la comunidad.

En la justicia distributiva entonces tenemos por un lado la percepción de los impuestos que sean justos, y lo serán cuando estén conforme a las posibilidades de cada uno, o sea que se “ajustan” a las verdaderas capacidades de cada uno.

Cuando la carga impositiva deja a la gente en la miseria o le impide desarrollarse en su vida cotidiana y futura o cuando se fuerza a no pocos a vender grandes extensiones de tierra para que dos o tres en el país vayan comprando millones y millones de hectáreas, evidentemente no es una percepción justa, sino una injusta exacción de los bienes de los ciudadanos.

Incluso la percepción del IVA ya sea por su porcentaje excesivo, ya sea porque nivela a pobres y ricos en la misma exigencia de los aportes, es ciertamente injusta.

7.- El gobernante en la distribución de los bienes.

Se supone que el acopio de cierta porción de los bienes de la comunidad tiene que estar de acuerdo a las posibilidades de cada uno.

En la medida que perjudique a la comunidad indudablemente allí no hay justicia.

Pero hay otro aspecto, el de la repartición de los bienes propia de la justicia distributiva.

En efecto, ¿qué debe hacer la autoridad en la distribución de lo que percibe del común de la población?

Es importante y esto lo exige la justicia distributiva, que quien recauda, en este caso el estado, asigne los bienes según las necesidades de cada uno.

¿Qué significa esto de según las necesidades de cada uno? que cada uno reciba de acuerdo a lo que precisa para vivir dignamente, de tal manera que a nadie le sobre y a nadie le falte, según su estado, su profesión, y conforme a las obligaciones que pueda tener con su familia o la sociedad.

No es lícito utilizar los fondos para mantener milicias populares o alimentar las ideologías de turno que sean favorables al gobierno de ocasión que pueda haber.

Tampoco es para hacer negocios o para engrosar los bolsillos de aquellos que manejan la cosa pública. No es el fin de estos bienes la utilización de los mismos contraria a la comunidad sino que siempre tiene que apuntar al bien común.

Por eso es que no es de extrañar que en las sociedades surjan tantos problemas y dificultades ya que el pueblo percibe con lucidez cuando no vuelve a la comunidad lo que se recauda.

8.-La incumbencia de la presencia del resucitado.

Ustedes se preguntarán qué tiene que ver Cristo resucitado con esto.

Es muy simple: seguir a Cristo resucitado significa nacer a una vida nueva, implica tomar en serio las cosas, valorar en su justa medida la vida, al ser humano, la economía.

Creer en Cristo resucitado que viene a renovar al hombre implica también planificar hacia el futuro las reformas más convenientes para la población, ya sea en el mundo del agro, o de la industria etc.

Seguir a Cristo resucitado y aplicarlo a la vida cotidiana en definitiva es conducir a todos de tal manera que podamos vivir este don inestimable de la paz que Jesús nos viene a traer.

Como ya lo decía San Agustín:”la paz es la tranquilidad en el orden” no en el desorden.

Por eso nunca habrá paz entre los pueblos y en el corazón del hombre si hay desorden, o sea falta del debido orden de aquello que es según la voluntad de Dios.

Pidámosle a Dios su luz y su fuerza para que podamos vivir a Cristo resucitado predicándolo en la vida cotidiana que nos toca vivir.

No vivamos el divorcio entre fe y vida diciendo estamos hoy en la Iglesia hablemos de las cosas de Dios, mañana discutamos sobre el paro y lo que acontecerá el martes, evitando de ese modo percibir la realidad con la mirada de Cristo resucitado.

Cuando hay violencia, prepotencia, desorden, cuando hay todo eso que desechamos, en definitiva no está Cristo resucitado.

Cristo no ha muerto para que el ser humano se siga peleando con su hermano sino para que constituyamos todos una familia en la que podamos participar de esos dones que el Señor no ha dado a todos.

Pidamos por esta gracia y para que podamos pacificar a los que nos rodean.

Textos bíblicos: Hechos de los Apóstoles 2,42-47; Ira Carta de San Pedro 1,3-9; Juan. 20,19-31.

Reflexiones sobre los textos bíblicos del IIº domingo de pascua, ciclo “A”, domingo 30 de marzo de 2008.

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Párroco de “Nuestra Señora de Lourdes”, Santa Fe de la Vera Cruz.

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29 de marzo de 2008

Una mirada nueva desde la Resurrección del Señor


“Más bien se trata de mirar las realidades creaturales, -aquello que el apóstol Pablo llama las cosas de la tierra-, con una mirada nueva, lo cual significa no absolutizarlas sino considerarlas en lo que son, esto es su relatividad”.

1.- Pasó por el mundo haciendo el bien.

El apóstol Pedro nos dice a nosotros como a los judíos de su tiempo todo lo que se refiere a la vida, a la muerte y a la resurrección de Jesús.

Así, tal como lo escuchábamos en la primera lectura, Jesús lleno del poder del Espíritu Santo pasó por este mundo haciendo el bien y sanando a los que habían caído en el poder del demonio porque Dios estaba con El.

Pero inmediatamente después de esta hermosa afirmación Pedro tendrá que reconocer que Jesús fue muerto y suspendido de un patíbulo.

Si tenemos en cuenta esta afirmación ciertamente nos extraña que quien pasó por este mundo realizando el bien termina en la aniquilación.

Pasar haciendo el bien y terminar en la cruz es la gran paradoja del misterio de la salvación que Dios quiere que nosotros conozcamos, valoremos y que al mismo tiempo lo apliquemos a nuestra vida.

También nosotros muchas veces decimos que no hemos cometido pecado, que no hemos hecho mal alguno y entonces, ¿por qué Dios nos abandona y por qué tenemos que sufrir muchas veces?

Y no encontramos explicación a esto e incluso nos rebelamos por esta situación.

Pues bien el ejemplo de Cristo ilumina nuestra vida y da ciertamente sentido a este hecho de pasar haciendo el bien aunque después terminemos condenados o despreciados a causa del odio de aquellos que no quieren al Señor o que se sienten interpelados por el bien que hacemos y por ello nos impugnan.

De todos modos nos asegura San Pedro que de la misma manera que el Padre permanece con Jesús, Dios está con nosotros y nos resucitará para la vida como lo hizo con su Hijo.

Es decir que Dios le dio la vida, y como rezábamos en la primera oración de este sacrificio de comunión con la resurrección de Cristo se nos ha abierto la puerta de la vida, hermosa afirmación que nos debe llenar siempre de consuelo.

2.-La resurrección de Jesús nos abre la puerta de la vida.

Por la resurrección de Cristo, precedida por su pasión y su muerte se nos abrió la puerta de la vida, de la VIDA con mayúscula. Sobre todo en un mundo como el nuestro donde está tan metida la cultura de la muerte, la cultura de la destrucción e incluso de la inutilidad de la misma vida humana, la resurrección de Cristo viene a proclamar firmemente la cultura de la vida.

Nuevamente somos llamados a la vida, a esa vida de amistad con Jesús que lleva siempre no sólo la realización personal a través de esta unión y comunión con Dios sino también nos conecta directamente con el bien de los demás, con el bien de nuestros hermanos.

El misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo nos deja entonces a nosotros esta hermosa apreciación de lo que es la vida del hombre, la vida humana.

Somos convocados, desde la resurrección de Jesús, a vivir con la dignidad de los hijos de Dios.

Si miramos a nuestro alrededor mucha veces no se observa en la sociedad una invitación a vivir como hijos de Dios, más bien la interpelación continua se orienta a todo aquello que es chatura, mediocridad, bajeza, diversión sin límites, la búsqueda desenfrenada del placer a toda costa, que no sólo denigra al hombre sino que lo aleja de esa felicidad que busca.

Cuanto más se busca la felicidad en aquello que creemos que la produce caemos en la cuenta que queda en el corazón del hombre únicamente amargura, desazón, y vacío interior, porque en definitiva el hombre ha equivocado su camino y no está buscando esa realización personal justamente a través de Cristo el Señor.

3.-La resurrección nos convoca a contemplar las cosas con mirada nueva

Por eso el apóstol San Pablo escribiendo a los cristianos de Colosas y por lo tanto dirigiéndose también a nosotros, nos dice hoy que ya que hemos resucitado con Cristo hemos de buscar los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.

Afirma también que hemos de tener el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra.

No se trata aquí de un llamado a vivir olvidándonos de nuestro quehacer cotidiano.

Tal confusión de pensamiento sería consentir en la afirmación de aquellos que dicen que la religión es el opio del pueblo.

Más bien se trata de mirar las realidades creaturales, -aquello que el apóstol Pablo llama las cosas de la tierra-, con una mirada nueva, lo cual significa no absolutizarlas sino considerarlas en lo que son, esto es su relatividad.

Porque tanto cuanto hemos de servirnos de las cosas de la tierra cuanto nos ayuden a encontrarnos con Dios, y cuando no nos favorecen en la orientación de nuestra vida al Creador hemos de rechazarlas.

No se trata por lo tanto de olvidar los deberes cotidianos, las obligaciones de cada día, sino de darle a todo nuestro quehacer cotidiano una mirada nueva, una mirada distinta.

No pensar que las cosas de la tierra son una meta última para nuestra vida.

En efecto, cuando el ser humano piensa que la verdadera felicidad o que el fin de su vida está puesto en el dinero, en el placer, o en las cosas de este mundo, a medida que posee esto, cae en la cuenta de cuánto le falta por tener más, y su corazón está cada día más vacío.

Lo comprobamos todos los días en la sociedad en la que estamos insertos. Hoy como nunca el ser humano tiene posibilidades amplísimas de poseer de todo, de tenerlo todo, de querer gozar y de beneficiarse con casi lo único que desea, sin embargo la misma experiencia de la vida le enseña otra cosa.

Y así, ¿es el ser humano más feliz con todo esto? ¿No ha caído esclavo de las cosas de esta tierra nada más que para vivir el pasatismo, es decir el momento, caer en el éxtasis del desenfreno en un momento determinado aunque después quede totalmente a su suerte, olvidándose de sí mismo y de todo aquello que lo puede enaltecer como persona?

Por eso mirar las cosas con la mirada nueva es mirarlas con la mirada de Cristo, la de aquél que nos ha abierto la puerta de la vida, siendo necesario, por tanto, acrecentar la fe en el Señor.

4.-La Resurrección, presencia de la ausencia.

Nos dice el texto del evangelio que los discípulos, y también las mujeres, no estaban convencidos del hecho de la resurrección de Jesús a pesar que la había anunciado.

Por eso es que María Magdalena cuando busca a Pedro y a Juan les dice: no sabemos donde han puesto el cuerpo del Señor, y cuando llegan Pedro y Juan están extrañados: ¿que es lo que ha pasado?

Pero hay un punto de inflexión clave en todo el relato al afirmar que Juan cuando entra en el Sepulcro después de Pedro: el también vio y creyó. ¿Que es lo que vio cada uno de ellos? Pedro y Juan vieron la ausencia de Cristo.

El ya no está en el sepulcro. Se ha cumplido lo que ha anunciado, vieron la ausencia, vieron por lo tanto en esa ausencia la presencia nueva de Cristo resucitado, y será eso lo que los moverá en el futuro a vivir intensamente lo que el mismo Cristo les había encargado como misión.

De allí que el “vayan por el mundo” vayan a Galilea y transmitan la fe, será el mensaje que reciben.

Es decir, vayan a tal lugar como punto de partida de la misión, diríjanse al encuentro del hombre de todos los tiempos para llevarles este mensaje de la resurrección.

Hoy también queridos hermanos estamos llamados a transmitir al mundo esta vivencia nueva que nos trae Cristo resucitado. Pero indudablemente para ello será necesario que nosotros mismos estemos compenetrados del misterio de la resurrección de Cristo y así transformados realmente podamos llevar al mundo que nos rodea esta alegría que nos ha dado el mismo Jesús en el corazón de cada uno de nosotros.

Textos bíblicos: Hechos 10,34.37-43; Colosenses 3,1-4; Juan.20,1-9.-


Homilía en la Misa del Domingo de Pascua de Resurrección.

Santa Fe de la Vera Cruz, 23 de Marzo de 2008.

Padre Ricardo B. Mazza, Cura Párroco de Nuestra Señora de Lourdes, Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”.

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