9 de febrero de 2026

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo, el Justo, es Jesús, en quien fuimos rescatados del pecado.

 

Continuando con el Sermón de la Montaña, que hemos proclamado  el domingo pasado, Jesús señala esta aplicación de lo que ha anunciado, invitándonos a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt. 5,13-16). 
Él utiliza permanentemente  imágenes ricas en contenido. para llevarnos del ejemplo a la realidad, manifestando de esa manera que así como la sal le da sabor a los alimentos por ser diferente, también nosotros debemos dar sabor a la vida cotidiana, a la cultura de nuestro tiempo, mostrando nuestro testimonio de vida cristiana, manifestándonos distintos al resto.
A su vez, la sal impide la corrupción de los alimentos, por eso la alta estima de la que gozaba antiguamente, por lo que también nosotros, con el testimonio, ayudamos a que esto se realice en la vida social, combatiendo la corrupción de costumbres, no convalidando los enjuagues humanos que buscan evadir los preceptos morales. 
Si a una herida le aplicamos sal, percibimos el ardor que lleva a dejarlo en evidencia  inmediatamente ante los demás, y así, si ante la herida del error colocamos la grandeza de la verdad, el enojo del mentiroso se dejará ver enseguida.
Nosotros, como la sal, debemos producir también  escorzón en la vida cotidiana, y así se vea que somos diferentes al común de la gente que no pocas veces se acomoda a lo que piensa el mundo.
No hay que tener miedo a ser inoportunos cuanto a la proclamación de la verdad se trata, no tener miedo a ser desechados porque somos diferentes a lo que vive la sociedad mundanizada de nuestro tiempo, no tener miedo a mostrarnos conforme al evangelio, porque también hemos de iluminar con nuestra vida, ya que somos  luz del mundo.
Precisamente el profeta Isaías (58,7-10), recuerda a cada uno que estamos llamados a brillar, a través de las obras de santidad. 
"Y así habla el Señor: comparte tu pan con el hambriento y alberga a los pobres sin techo; cubre al que veas desnudo y no te despreocupes de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor".
Y continúa : "Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía".
Este es el mejor testimonio que podemos ofrecer cada día, y que tiene carácter educador ya que enseña a todos cómo hemos de vivir.
En efecto, justamente esa es la mejor formación que nosotros podemos entregar, mostrarnos al mundo semejantes a Cristo.
Precisamente San Pablo (I Cor. 2, 1-5) dirá hoy que él predica a Jesús, llevando a todos  la sabiduría de Cristo crucificado. 
Muestra al mundo la necesidad de vivir crucificados al mundo y que el mundo esté crucificado para nosotros, es decir, no deberle nada a la mundanidad, ni que la mundanidad se meta en nosotros acallando los valores más puros, más santos, más conformes al Evangelio. 
No hay que tener miedo a la cruz de cada día, porque siempre es anticipo de la resurrección y es imposible librarnos de ella.
Por lo general la sociedad huye de la cruz, de lo que sea sufrimiento, de lo que disminuya, de nuestras imposibilidades, incluso hasta la cruz de nuestros pecados, pero sabemos que con Cristo todo eso se puede superar. 
Y cuanto más uno quiere huir de la cruz de Cristo, ésta se hace más presente, mientras que si la asumimos, la llevamos sobre nuestras espaldas, como lo hace Cristo, será  clara la promesa de la resurrección, que ilumina toda nuestra vida, para poder también iluminar nosotros al mundo, a nuestros hermanos. 
Estamos llamados, queridos hermanos, a una vida diferente, no nos contagiemos de lo que el mundo tiene como normal y común, cuando sabemos que nada tiene que ver con el Espíritu del Evangelio. 
¡Cuántas veces se escucha decir de situaciones malas, que todo el mundo lo hace,  que todo el mundo lo ve bien! Sin embargo, desde la fe, sabemos que no interesa cómo lo vea la gente, o la cultura de nuestro tiempo, o cómo lo presentan  las redes sociales, sino que la verdadera sabiduría está en la enseñanza de Jesús, en el Evangelio, el cual nos habla justamente de la profundidad de la cruz salvadora. 
Y cuanto más testigos de Jesús seamos en el mundo en el cual estamos insertos, más se da la posibilidad de ser reconocidos como seguidores de Cristo, y se dé gloria al Padre del Cielo, que nos ha investido en la vestidura sagrada de su Hijo Crucificado. 
Queridos hermanos, cada día tenemos que ser salvos, tenemos que ser luz, no tengamos miedo a manifestarnos de esa manera, no estamos solos, Cristo está con nosotros. 
El mundo puede estar en una felicidad aparente, huyendo de todo esto, pero todo es pasajero, como la brisa del verano, pasa, se diluye en el tiempo, solo permanece la vivencia de los verdaderos valores, de los verdaderos bienes, que son los que nos presentan al mundo como hijos del Padre, como hermanos de Jesucristo.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el 5to domingo "per annum" ciclo A. 08 de febrero de 2026.

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