31 de enero de 2007

EL SILENCIO DE LOS INOCENTES


No apoyar a los césares que niegan a Dios lo que es de Dios, es una obligación.

1. La enseñanza perenne de Jesús

El domingo pasado, 16 de octubre de 2005, en todas las iglesias católicas del mundo resonaron las palabras de Jesús: “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 15-21).
La sentencia de Jesús es la culminación de un intercambio de fuerzas con los fariseos y herodianos que buscaban del Señor una respuesta acorde con sus intereses.
Sea que estuviera de acuerdo con pagar el impuesto al emperador o no, Jesús estaba condenado de antemano por estos personajes.
Jesús acepta el desafío, y como enseña “con toda fidelidad el camino de Dios”, al decir de sus interlocutores, les da esta respuesta que ha quedado en el pensamiento permanente de todos los creyentes.
Su enseñanza acerca del orden temporal y la relación con la autoridad política ha quedado así plasmada en la doctrina social de la Iglesia (cf. Compendio de la DSI nºs 377-427).

2. Dar al César lo que es del César
¿Qué es dar al César lo que es del César? Ciertamente JESÚS quiere dar una enseñanza superadora de la mentalidad vigente en ese momento a través de la cual el hombre casi carecía de derechos, y sólo tenía deberes en relación con el emperador. Basta con tener en cuenta las persecuciones y expolios realizados por los Césares para advertir que su categoría de dioses, les hacía proceder a su antojo.
La divinización del César era muchas veces la coronación de sus locuras y extravagancias. Tentación ésta que siempre estuvo presente en el decurso de la historia humana. Basta con recordar a Hitler, para advertir que nadie escapa a la seducción del poder desmedido.
Cristo entonces deja ésta enseñanza de que al César, es decir a la autoridad política, le corresponde y en su medida, no la intimidad de las personas, ni su inteligencia, ni su voluntad libre, ni su utilización caprichosa sino aquel aporte económico, intelectual o social que a modo de contribución de los ciudadanos, y fruto de su desarrollo como personas, sea vehiculizado por la autoridad para el crecimiento de la sociedad civil toda.

3. La Responsabilidad del “César”
Por lo tanto, el bien común ha de ser la meta de toda potestad política.
Bien común que no es la sumatoria de bienes particulares, sino “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”( Compendio de la DSI nº164) o sea, la creación de aquellos espacios que contribuyan al desarrollo de la persona humana en todos sus aspectos.
Y así, por ejemplo, trabajar por el bien común será potenciar los talleres de Laguna Paiva (Santa Fe) u otros lugares de la Argentina, para la construcción de vagones y locomotoras, y no dilapidar los fondos públicos en comprar esos mismos elementos en desuso a España para satisfacer a su gobierno de turno.
Potenciando lo que tenemos, creamos fuentes de trabajo y permitimos que el hombre argentino ponga a disposición de todos el fruto de su trabajo e ingenio.
Posibilitar estos u otros emprendimientos, como por ejemplo exportar materia prima con valor agregado y no simplemente la materia prima para que otros nos la devuelvan con ese valor agregado, es tarea inteligente de la autoridad política que devuelve al pueblo lo que éste ha entregado.
Y así advertimos que “dar al César” implica una relación bilateral en la que el ciudadano entrega algo de sí a la autoridad, realizando la justicia legal, para que ésta ejerza lo más equitativamente posible la justicia distributiva, en el marco de la justicia social.

4. Dar a Dios lo que es de Dios
Pero ¿cómo vivimos “dar a Dios lo que es de Dios?. La pregunta es de capital importancia sobre todo si nos atenemos al texto bíblico que sólo menciona el dato de la presentación de un denario y lo que de la vista de la figura e inscripción, Jesús señala.
Es decir, ¿qué figura estaba viendo Jesús para indicar la relación con Dios?
En rigor tenía ante sí las “figuras” de sus interlocutores y la “inscripción” de ser cada uno de ellos “imagen y semejanza de Dios” (cf. Génesis 1,26 y 27).
Esta verdad creatural nos hace ver en seguida que la soberanía de Dios está por encima de todos y de todo.
A Dios le corresponde todo lo nuestro, en especial la obsequiosa entrega de nuestra libertad y obediencia, la vivencia de su ley inscrita en nuestros corazones, la ofrenda de una conciencia que busca siempre el bien.
De este modo la vida del hombre se convierte en un culto agradable a Dios por el que se dignifica el trabajar por ser como aquel del que se es imagen y semejanza.
Se vivirá entonces buscando la voluntad de Dios en cada decisión , ejercicio éste de la verdadera prudencia del espíritu.

5. Posibilidad de vivir ambos aspectos
La enseñanza de Jesús tiende a unificar nuestra vida, lejos de toda dispersión centrífuga de criterios y fuerzas.
Es por eso que la afirmación “den al césar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, es un imperativo a realizar en nuestra existencia cotidiana no como igualando la importancia de ambas por estar en un mismo plano afirmativo, sino estableciendo un orden superior en el dar a Dios lo que es de El, es decir dándose a El por encima de todo y desde allí iluminar nuestra conducta en el orden temporal.

6. La colisión de ambos imperativos
La vida del hombre no suele ser lineal, es por eso que no pocas veces surgen inconvenientes para asumir ambos mandatos del Señor, sobre todo cuando se ignora y hasta se desprecia la vida y dignidad de las personas, como en la actualidad.
Se trata del silencio de los inocentes que cada vez se hace más elocuente y ruidoso porque piden “den a Dios lo que es de Dios”.
Y así el “silencio de los inocentes” niños que se desean abortar clama que nosotros nos acordemos de ellos.
El silencio de los inocentes encarnado en tantas familias que aspiran a que los gobernantes breguen por crear políticas de estado que las favorezcan, reconociendo el designio creador de Dios del matrimonio constituido por un varón y una mujer.
El silencio de los inocentes de tantos jóvenes que aspiran al matrimonio sin posibilidades de concretar un proyecto de vida, porque están en el olvido de la memoria política.
El silencio de los inocentes de los que carecen de trabajo y vivienda digna para crecer como personas.
El silencio de los inocentes que nunca son escuchados por una sociedad cada vez más encerrada en sí misma.
El silencio de los inocentes ancianos y enfermos que se alimentan de las migajas que caen de las mesas de los epulones de turno y que miran resignados la amenaza de la eutanasia.
El silencio de los inocentes jóvenes a quienes se les destruye el futuro por la prédica constante del consumismo, el sexo libre, la vida fácil y el odio a la vida digna como personas.
El silencio de los inocentes de tantos pobres utilizados permanentemente manteniendo su estado de marginalidad para que no aprendan a reclamar lo que les corresponde en una justa distribución de las riquezas, consolándolos con las dádivas del clientelismo.
En fin, un cúmulo de males por los que el hombre tiene la certeza de que el César está ausente, y reconoce que sólo le queda el Dios hecho hombre, a quien recurre permanentemente a través de su Madre Santísima y de tantos Santos que lo son, porque vieron en los sufrimientos de sus hermanos el rostro sufriente del crucificado.
Y como el César – aún los que se dicen católicos- muchas veces no está dispuesto a dar a Dios lo que es de Dios, esto es, no da a sus semejantes lo que es de ellos, es que surge el imperativo divino para el bautizado, de defender los valores y la dignidad de la persona.

7. La actitud profética de los bautizados
Dentro de pocos días habrá elecciones. Ello nos obliga a otear el horizonte político para asumir actitudes que contribuyan a cambiar este estado de cosas.
No apoyar a los césares que niegan a Dios lo que es de Dios, es una obligación.
No apoyar a los que implementan políticas contra la vida, o que cercenan las facultades de la vida, es un imperativo.
No apoyar a los que carecen de políticas favorables al ser humano, es un llamado.
Pero también se nos interpela para que nos animemos a trabajar por un mundo nuevo, que es posible siempre.
Los santos nos dejan siempre un ejemplo precioso para imitar.
Santo Tomás Moro, elegido por Juan Pablo II como patrono de los políticos, nos deja un hermoso legado.
El fue el hombre de los dos reinos.
Fiel a su rey en todo lo que éste reclamaba justamente, trabajó siempre con respeto a la autoridad política.
Como Canciller defendió el derecho del rey, pero también el de los pequeños de este mundo.
Pero cuando estuvo en juego la soberanía de Dios y el reconocimiento de su Iglesia, entendió que debía dar a Dios lo que es de Dios, señalando que en ésta fidelidad, daba también al César lo que era de él, ya que le mostraba que la autoridad debía también someterse a su creador.
Mientras que la conciencia del rey era “autónoma en su juicio” y “creadora” de nuevos conceptos morales por los que acomodaba a sus gustos y caprichos la capacidad de discernir, Tomás Moro era fiel a su conciencia íntimamente ligada a la ley de Dios.
Y así vivió que “el ciudadano no está obligado en conciencia a seguir las prescripciones de las autoridades civiles si éstas son contrarias a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de la persona o a las enseñanzas del Evangelio” (Compendio de la DSI, nº 399)
Asimiló el alcance de las palabras del Apóstol Pedro:”Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos.5,29).
Llevando a su máximo las palabras exigentes del Apóstol Pablo :”Dios nos encontró dignos de confiarnos la Buena Noticia, y nosotros la predicamos procurando agradar no a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones” (I Tes. 2,4), entregó su vida por la causa justa de la fidelidad a Dios diciendo ya en el cadalso a la gente allí reunida, que el moría como “el buen servidor del rey, pero primero Dios”.

8. Edmund Burke (1729-1797)
Me parece conveniente destacar, terminando ya este prolongado artículo, una figura interesante que –aunque no necesariamente compartamos totalmente su visión de las cosas- entendió lo que es servir a la autoridad política, a la cual había que ponerle límites, y a Dios.
Me refiero a Edmund Burke nacido en Dublín, Irlanda, de padre anglicano y madre católica que se destacó en la actividad política desde el parlamento inglés de su tiempo.
Oigamos lo que nos dice Marco Respinti:
“Gran parte de la actividad pública burkiana trascurrió en defender de un lado a la Iglesia anglicana de los ataques de los "libres pensadores" y de los reformistas protestantes radicales, de otro a los católicos y a los disidentes protestantes, agraviados en sus derechos por la política absolutista del gobierno londinés. La razón de esta acción política no es un concepto "latitudinario" de la libertad religiosa, sino más bien una visión de conjunto de la naturaleza humana y de las relaciones entre el Estado, los cuerpos sociales intermedios y los individuos amenazados por el absolutismo moderno. Objetivo de Burke es garantizar iguales derechos a todos los súbditos británicos, dondequiera que se encuentren y cualquiera que sea la fe religiosa que profesen: derechos concretos, adquiridos historicamente en virtud de la secular tradición constitucional y consuetudinaria británica - los "beneficios" -, y - a partir del 1789 francés y no por azar en áspera polémica, entre otras cosas, con las "libertades inglesas" - contrapuestas a las abstracciones iluministas y racionalistas de la Ley y del "derecho nuevo".
El centro de la filosofía política burkiana es, de hecho, la defensa del ethos clásico-cristiano, fundamento de la normatividad que el pensador adivina en las tradiciones jurídicas y culturales de su país, parte de la "sociedad de las naciones" cristianas europeas. La relación burkiana entre derecho natural moral e instituciones civiles, entiende estas últimas como intento histórico de encarnar el primero, según una lógica que une moral personal y moral social. La "filosofía del prejuicio" - esto es, de la tradición y de la costumbre histórica - es la gran baza del common sense británico burkiano.
Elocuentes son aquellas palabras que pronunció con convicción:” lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada”.


(*) Cngo Prof. Ricardo B. Mazza
Profesor titular de Teología Moral en la UCSF
Director del Centro de Estudios Políticos y Sociales “Santo Tomás Moro”

moristasantafe@yahoo.com.ar

23 de enero de 2007

El derecho a la vida como objeto de la Justicia

“Por su condición de criatura creada a imagen y semejanza de Dios, el hombre en cambio, sujeto de derechos, sí debe ser protegido legalmente cuando, como en el aborto, se encuentra convertido en mero “objeto” caprichoso de otro “sujeto” de derechos.”

1.-El derecho como objeto de la justicia

Santo Tomás de Aquino en el tratado referido a la virtud de la Justicia (Suma Teológica II-II qq. 57 a 79), tiene como principal fuente al mismo Aristóteles.

Al tener en cuenta la doctrina jurídica, su inspiración la constituye el libro V de la Etica, que el filósofo griego dedica íntegro al estudio de la justicia e injusticia, del derecho y la injuria con sus especies y divisiones.

Pero como el Aquinate pretende hacer una exposición teológica de esta virtud, es natural que haga referencias precisas a la Sagrada Escritura y a los Santos Padres que lo precedieron.

Comienza refiriéndose al Derecho como objeto de la Justicia (q.57) ya que éste es el principio especificativo que determina la estructura y el conocimiento de las realidades morales.

Y ¿qué es el derecho, o el ius? Es lo debido. ¿Lo debido a quién? A la persona humana, que es sujeto único del derecho. De allí que la justicia no enfrenta y relaciona sino sujetos de derechos y deberes.

¿Y qué es lo debido? Aquello que le pertenece al hombre por su condición de hijo de Dios. El derecho al trabajo, a la vivienda digna, a la libertad religiosa, a desplegar sus cualidades personales, a ser socorrido por la sociedad y el estado en aquello que no puede valerse por sí mismo, como la educación, la protección de la salud, la seguridad que resguarde su persona y sus bienes. etc.

Obviamente que el primer derecho que tiene el hombre es a la vida. De allí que se le debe respetar ésta, como a su vez reconocer que se adquiere el deber correlativo de respetar la de otros.

Si no se respeta este primer derecho, el de existir, los demás carecen de fundamento firme.


Por eso la violación de otros derechos es posible,- como sucede en la actualidad-, porque ya se menospreció el primero de todos , el de la vida.

Si no respeto la vida por nacer, ¿podrá importarme la vida del ya nacido, cuando ya lo transformé en objeto al eliminar su fundamento primero?


¿Y por qué la persona humana entre las criaturas visibles es sujeto de derecho, y por lo tanto la única a la que se le reconoce que “algo” le es debido?

Porque ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, su Creador, y por lo tanto dotada de inteligencia y voluntad libre.

De allí que resulte una aberración a todas luces hablar de los “derechos de los animales”, ya que ellos son “vestigios” de Dios, pero no seres inteligentes, ni poseen voluntad libre, y por eso sólo sometidos a las leyes instintivas con las que los dotó el Creador, pero no “sujetos” de derechos, y por lo tanto no pueden ser puestos en igual condición que el hombre mismo.

Y el despropósito continúa si se quiere dotar a los animales de amparos legales que los equipare y a veces supere al hombre mismo, como cuando se protege una especie y al mismo tiempo se autoriza el crimen del aborto del niño, “sujeto” de derechos por su misma naturaleza creatural.

Otra cosa es legislar –y esto sí es lícito- para impedir que una especie se extinga, ya que allí se reconoce abiertamente que por estar al servicio del hombre, se la debe proteger para que pueda servir mejor al hombre mismo. (Por ejemplo cuando se limita la pesca del sábalo para que éste no perezca y pueda en el futuro servir mejor como alimento del hombre).


2.- El hombre sujeto de derechos y la violación de los mismos

Por su condición de criatura creada a imagen y semejanza de Dios, el hombre en cambio, sujeto de derechos, sí debe ser protegido legalmente cuando, como en el aborto, se encuentra convertido en mero “objeto” caprichoso de otro “sujeto” de derechos.

Así, desprotegido el hombre de su primer derecho que es la vida, se abre la puerta para que todo hombre sea concebido como “objeto” tiranizado por el capricho del más fuerte, sea persona o estado, concluyendo en el genocidio nazi, en la eutanasia, en el uso del hombre por el hombre, en la manipulación genética.
Se permite, en fin, la aparición permanente de nuevos caínes.

Surgen de esto nuevas preguntas: ¿cómo es posible que determinados jueces permitan la eliminación de un inocente? ¿Cómo es posible que se hable del derecho de la mujer a disponer de su cuerpo?

Los jueces, como ya ocurrió en Argentina, al aplicar la pena de muerte sobre dos niños no nacidos invocan el cumplimiento de la ley.

¿De qué Ley? Se trata de la Ley positiva creada por los hombres, con olvido y desprecio de una ley superior divina que enseña: “No matarás al inocente”.

Con el desvío de este proceder siniestro, verdadera obediencia debida a lo moralmente injusto, no sólo se desprecia al fundamento de todo derecho humano que es Dios, sino que también se cae en el desprecio del niño que crece en el vientre de su madre a quién no se le reconoce que es “sujeto” de derechos como toda persona humana.

En efecto, como decíamos anteriormente: la justicia no enfrenta y relaciona sino sujetos de derechos y deberes.

O sea que a los jueces llamados a decidir sobre el aborto, se les pide que apliquen justicia, es decir , que diriman una situación en que “supuestamente” están enfrentados dos sujetos de derechos y deberes, la madre embarazada y el niño por nacer.

Al decidir el crimen del niño, a quien reconocen como “sujeto” de derechos,” ponen a éste como “violando” el derecho de “otro” sujeto de derechos, la madre, y cometen ellos una flagrante injusticia al prescindir del derecho del no nacido.

¿Cómo se deduce que reconocen al niño como “sujeto” de derechos? Justamente porque intervienen en la artificiosa controversia.

En efecto, ningún juez –salvo que estuviera chiflado- pensaría en la existencia de conflicto, por ejemplo, entre una persona que quiere comer una gallina, y la gallina “que no quiere” ser comida.

Al permitir el aborto se presenta a la sociedad una solución que es mirada como modélica y digna de ser imitada, incursionando así en la legitimación de la destrucción del inocente.


Los médicos que se dedican a este crimen, amparándose también en la permisión de una legislación inicua ¿cómo pueden destrozar los cráneos de los no nacidos y estar tranquilos? ¿Cómo pueden inducir un parto y dejar tirado al recién nacido hasta que muera?

Y quiénes hablan del derecho de la mujer sobre su cuerpo, ¿han pensado que no tienen potestad sobre quién debe ser protegido dada su fragilidad, pero revestido de dignidad como persona humana?


3.- Consecuencias de este obrar anti-humano.

Los defensores del aborto, en fin, ¿han pensado en aquella afirmación primerísima de la ley natural por todos conocida de “no hacer a los demás lo que no quisieran que se les haga a Uds”?. Dicho de otro modo, si pudiéramos volver al seno materno que nos engendró y permitió vivir, ¿cómo sentiríamos al percibir que se está planificando nuestra eliminación?

¿Quién habla y se preocupa de las mujeres que padecen el síndrome post-aborto?

¡Es tan doloroso el cuadro que se presenta a menudo en éste campo que sólo la dulzura del Señor puede curar heridas tan profundas!

En rigor, los propulsores del aborto, ya sean legisladores, funcionarios, médicos, magistrados, y los mercaderes del negocio de la muerte, terminan destruyendo a quienes proclaman querer ayudar, abandonándolas a su suerte.


Para quienes arrastran a tantas mujeres a la muerte de los no nacidos, parafraseando las palabras del Evangelio (Mateo 25) es posible pensar que oirán en el día del juicio las palabras del Señor “porque tuve vida en el seno de mi madre y me la quitaste”..., ¿cuándo hicimos eso Señor?, se podrá argüir, y la respuesta será “cuando lo hiciste con los más pequeños, a mí me lo hicisteis”.

No es alocado pensar que la aparición de estos “modernosos” nuevos derechos, postulados del relativismo moral engendrador de las “nuevas” verdades, por la lógica de su perversidad, penden como espada de Damocles sobre sus mismos autores, ya que al reducirse todo a la subjetividad del hombre, se abre la puerta para que se vuelvan contra sí mismos.

¿Qué podría impedir, por ejemplo, que un hijo matara a sus padres porque ellos se han constituido en opresores sicológicos suyos al impedirle vivir con total libertad según sus caprichos?

¿Quién podrá disuadir a los hacedores de tanta violencia, si se vive como dogma moderno la legitimidad de la muerte de los inocentes?


4. Al encuentro de Jesús y su Madre como “sanadores” de las almas confundidas.


¡Quiera Cristo Señor de la vida y de la historia conmover tantos corazones endurecidos por el odio a la vida, para que convertidos se constituyan en defensores de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, primando así la vigencia de una auténtica paz humana en la que los verdaderos bienes del hombre sean protegidos!

¡Que María la Madre del Amor Hermoso Reine en el corazón de quienes se sienten tentados a recurrir a la antivida y puedan gustar la delicia de la maternidad!

19 de enero de 2007

¿Hacia el homicidio institucionalizado? (18 de febrero de 2005)

En estos días nuevamente ha salido al tapete de las noticias, la promoción de la mal llamada despenalización del aborto, por boca de nuestro "cuidador" provincial de la salud.


Digo mal llamada porque lo correcto sería decir "aceptación legal del homicidio de niños en el seno de su madre". A las cosas hay que llamarlas por su nombre.
Por lo menos evitaríamos escudarnos con los eufemismos que se inventa el hombre para tranquilizar, sin lograrlo, su desviada conciencia (véase Encíclica Evangelium Vitae nº 58).

¿Cuál es el argumento que se utiliza para luchar a favor de la despenalización del aborto?
Dado que el aborto procurado está tipificado como delito, las mujeres ante un embarazo "no deseado", -como se le dice ahora al niño no querido-, se ven tentadas para evadir la pena "en este mundo", a acceder a mecanismos abortivos que pueden traer aparejados graves daños para la salud de la madre, cuando no la muerte.

Ante esta "realidad", el ministro de Salud de nuestra Provincia, a una con el de la Nación, se sienten "movidos" a usar los recursos del Estado, que provienen del pueblo, para implementar el aborto institucionalizado en los hospitales públicos, si prosperara esta locura "selectiva de personas" al mejor estilo nazi.
Todo esto por supuesto con los cuidados necesarios para que la parturienta pueda quedar liberada del niño que destrozado por el crimen es tirado a la basura.

Indudablemente en la mente de estos hacedores de la "salud selectiva", subyace la negación marxista de la dignidad de la persona humana, considerada nada más que en su materialidad corporal.
No hay que olvidar tampoco que tal defensa de lo que denigra al hombre, obedecería a los dictados del Banco Mundial y otros poderes económicos, que como forma de seguir oprimiendo a los países y de eliminar a los pobres de en medio de las sociedades opulentas, otorgan ayudas a condición de que se cumplan los programas antinatalidad.

Estos planes, como era de esperar en una sociedad llamada democrática, son aprobados mansamente por nuestros legisladores, -sedicentes defensores de la soberanía política, social y económica- con el seudónimo de "salud reproductiva" o "derechos reproductivos".
Nos preguntamos, ¿qué hay detrás de todo esto?

Según parece se intentaría hacer aprobar por las legislaturas provinciales esta despenalización del aborto.
Si bien las legislaturas provinciales no pueden cambiar el derecho penal que nos rige, la mentalidad de "cambalache" (¡qué sabio es el tango!) que nos inunda, con la soberbia de los autores de tantas sinrazones, avanza a pasos agigantados, sin que sean muchos los que salen al cruce de estos proyectos.
Con el mismo criterio se trabajó para la inconstitucional ley de atadura de trompas y vasectomía, y nadie desde la justicia, que yo sepa al menos, salió a decir a los ignaros o malintencionados "aprobadores" de la ley, que no podían cambiar el derecho penal.

Un segundo paso de este plan genocida, sería presionar desde las legislaturas al parlamento nacional, para que "escuchando las voces del consenso", se vean resignados los legisladores a aprobar lo "que pide el pueblo",quien como siempre es ignorado.

El papa Juan Pablo II, refiriéndose a este mecanismo tan perverso, habla de "la tiranía de las democracias", que será tema de otra nota de quien suscribe.

Pero hemos de reconocer que todo esto sucede en gran parte porque no se oyen otras voces diferentes a tantos desatinos.

De allí que es necesario que todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sea cuál sea su confesión religiosa, respetuosos de los valores que enaltecen a la persona, hagamos conocer nuestro pensamiento y valer nuestro voto, tan requerido en tipo de elecciones, para no apoyar a los que de alguna u otra forma quieren imponer una forma de vida y de pensamiento que no respeta la dignidad de la persona humana.

El Papa Juan Pablo II en la Enc. Evangelium Vitae dice magníficamente: " La gravedad moral del aborto procurado se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio y, en particular, si se consideran las circunstancias especificas que lo cualifican. QUIEN SE ELIMINA ES UN SER HUMANO QUE COMIENZA A VIVIR, ES DECIR, LO MAS INOCENTE EN ABSOLUTO QUE SE PUEDA IMAGINAR: ¡JAMÁS PODRÁ SER CONSIDERADO UN AGRESOR, Y MENOS AÚN UN AGRESOR INJUSTO! ES DÉBIL, INERME, HASTA EL PUNTO DE ESTAR PRIVADO INCLUSO DE AQUELLA MÍNIMA FORMA DE DEFENSA QUE CONSTITUYE LA FUERZA IMPLORANTE DE LOS GEMIDOS Y DEL LLANTO DEL RECIÉN NACIDO. SE HALLA TOTALMENTE CONFIADO A LA PROTECCIÓN Y AL CUIDADO DE LA MUJER QUE LO LLEVA EN SU SENO. Sin embargo, a veces, es precisamente ella, la madre, quien decide y pide su eliminación, e incluso la procura”. (nº 58).

Los "cuidadores de la salud selectiva", por supuesto nada dicen de los corazones destrozados que quedan por doquier en el camino.
Para estos corazones heridos por el pecado, la angustia y la desesperación, la Iglesia, a través de sus enseñanzas, en este caso por el papa Juan Pablo II, muestra la senda de la conversión y el bálsamo curativo del perdón y misericordia divinos.

Para este tema que merece un desarrollo más extenso dedicaré, Dios mediante, otra nota.

16 de enero de 2007

Las Bodas de Caná y la abundancia de los dones divinos


1.-El desposorio de Dios con el hombre.

El mensaje que nos dejó el pasado Tiempo de Navidad consiste en que el Hijo de Dios se ha desposado con la humanidad, haciéndose hombre en el seno de María e irrumpiendo en nuestra historia para darnos una nueva vida, recreación interior de todo el ser humano.
Este concepto de los desposorios entre Dios y la humanidad es un tema constante en la Sagrada Escritura. Siempre a lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento aparecen las nupcias como una imagen que indica esa alianza que Dios realiza con la humanidad. Y tan fuerte es el signo, que cuando el pueblo de Israel se separa de Dios por el pecado rompiendo la alianza, es tratado como un pueblo adúltero, que se ha prostituido para ir al encuentro de los dioses falsos –entregándose a los brazos de otros amantes- dejando al Dios verdadero.
La Palabra de Dios con ésta imagen del matrimonio, quiere señalar esta unión entre Dios y la humanidad.
El profeta Isaías (cap.62, 1-5) hace referencia a éste argumento, y cómo el llamado de Dios se constituye en un pacto de amor con el pueblo elegido, es decir con nosotros.
Cada uno de nosotros es mirado con especial afecto, y así dirá “el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo” y más adelante, “como un joven se casa con una virgen así te desposará el que te reconstruye, y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tu la alegría de tu Dios”.
Hermosa descripción del verdadero amor entre Dios y cada persona, pero que también supone y promueve el amor nupcial en el que la esposa es alegría de su marido y éste la alegría de su mujer.
Ya que Dios elige la imagen del matrimonio para expresar su amor para con el pueblo, se ha visto siempre el matrimonio –unión de varón y mujer- como prolongación del amor de Dios para con la humanidad.
Podríamos afirmar que el matrimonio es la institución predilecta de Dios, para que en ella se exprese de modo perfecto la alianza entre el Creador y la criatura.

2.-Jesús presente en las bodas de Caná. (Juan. 2, 1-12)

Jesús aprovecha la invitación del hombre y se hace presente en una boda en Caná, para dejar una serie de enseñanzas.
Nos dice el texto bíblico que María estaba presente en la fiesta de esponsales –que en aquel tiempo duraba varios días- y también Jesús fue invitado con sus discípulos. El matrimonio se enriquece con la presencia del Señor Jesús. Estos novios aspiran a decirle al Señor, aún sin saberlo, “queremos que nuestras nupcias se inicien con tu presencia”. A lo mejor no entendían del todo la misión de Jesús, pero algo intuían, y el Espíritu de Dios va moviendo sus corazones orientándolos hacia quien es el verdadero camino de toda vocación humana, que como el matrimonio implica el don y la tarea.
Este es un dato importante para tener en cuenta. El matrimonio es una institución que consagra el don de lo alto que es el amor del varón y de la mujer y que necesita de la presencia del Señor desde el principio, justamente atendiendo nuestra debilidad de seres humanos.
Por eso la conversión del agua en vino tiene distintos significados, y de entre ellos, el que el varón y la mujer unidos en matrimonio le ofrecen al Señor el agua de su debilidad, de sus limitaciones, de sus dificultades para vivir en plenitud cristiana el amor humano, que es transformado en el vino nuevo de la alianza nueva que se sella con Cristo.
Ese matrimonio que comienza teniéndole a Jesús como eje de la vida conyugal tiene la seguridad de crecer en el amor, no sólo mutuamente, sino que se va difundiendo hacia el exterior. Por el contrario cuando falta esa presencia del Señor, más temprano o más tarde, se termina esa relación o por lo menos no se vive en plenitud.
En mis treinta y dos años de sacerdocio he tenido la posibilidad de tratar con muchos matrimonios, de compartir sus luces y sus sombras, y comprobar que el noventa por ciento o más de los fracasos matrimoniales, se debe a la ausencia de Dios en la vida matrimonial.
He percibido esto incluso en personas que se casaron por Iglesia, -más bien quizás respondiendo a una cuestión social que de fe- pensando que con sólo el esfuerzo de ambos, el matrimonio podría crecer sin necesidad de Dios.
Al respecto, más grave aún es el pensamiento vigente en la cultura actual en la que la ausencia de Dios ya es una evidencia que se va haciendo cada vez más palpable.
¿Qué es lo común hoy en día aún entre los bautizados? Unirse para ver si ese proyecto no sacramental prospera, si subsisten en el tiempo, para después de varios años resolver el casarse. Ya desde el inicio entonces se emprende el no compromiso, no se busca jugarse por un proyecto de vida entre el varón y la mujer.
Y por supuesto sin la presencia del Señor esto naufraga, y si acaso se concreta el matrimonio, ya está averiado el compromiso por la ausencia de Dios, ya que en la base hay un deterioro de fe muy grande.
En el fondo es la autoafirmación suficiente del hombre que cree en su propio poder para iniciar y continuar una obra que dada la fragilidad humana no puede prescindir de la ayuda divina.

3.-No tienen vino y la hora de Jesús

“No tienen vino”, dice María a Jesús. ¿“Qué tenemos que ver nosotros?” responde su Hijo, pero después actúa. Jesús quiere enseñar que no es de su incumbencia el hecho material de la falta de vino pero sí tiene responsabilidad en lo que la conversión del agua en vino quiere significar.
Al convertir el agua en vino está diciendo “vengo a ofrecerles la abundancia de la gracia, de la presencia de Dios, de los dones de lo alto, para que ustedes como personas, como matrimonio, puedan llegar a la plenitud”.
Y seguirá diciendo Jesús “No ha llegado mi hora”. ¿Cuál es la hora de Jesús? Es su pasión, muerte y resurrección.
Al realizar este milagro está apuntando a esa “hora”. En la Cruz y Resurrección es donde se concreta la entrega del Señor a la humanidad. La conversión del agua en vino, de un modo abundante -seiscientos litros- está expresando la abundancia del don de Dios que ya comienza a manifestarse en las bodas de Caná pero que se perfeccionará en el misterio Pascual, cuando ese Dios que no es mezquino cuando se entrega, prodigue lo mejor de sí.
No piensa más que abundar en el corazón del hombre, para que éste uniéndose a El, pueda llegar a la plenitud. Y he aquí que se hace necesaria para esta amistad la entrega de nosotros mismos, representada por el agua.
El hombre, en efecto, entrega el agua de su nada, de sus limitaciones.
Esa vida nuestra que muchas veces como el agua, es insípida, es decir sin el “sabor” de la verdadera sabiduría; inodora, es decir sin el “olor de la santidad”; e incolora –sin el fuego de la caridad-.
Al entregar “nuestra agua” al poder de Dios, El nos la devuelve con el sabor del vino nuevo de la gracia, dando a nuestra existencia una potencia interior, un crecimiento tal, que nada ni nadie podrá quitarnos.
Por eso la importancia de ir al encuentro del Señor, que El esté presente en nuestra vida.
Convencernos que el “sin mí nada podéis hacer”(Jn. Cap 15.) es una realidad.
El ser humano pareciera que no se convence nunca que nada puede hacer sin El. De allí que el Señor nos brinde como distintas señales para que nos encontremos con El. A veces nos prueba duramente para que allí en la experiencia del vacío total y de la nada sepamos mirar la salvación que generosamente nos ofrece al darnos lo mejor de sí y abundantemente.

4.-El mejor vino de la santificación personal y los dones especiales

El encargado de la fiesta le dice al esposo “tú has dado el mejor vino al final”, al revés de lo que suele suceder. El mejor vino que se suministra al final está sugiriendo que todo lo que proviene del Señor es mucho mejor que lo que procede del hombre, aún cuando éste dé generosamente. Dios supera todo lo que el hombre pueda dar.
En la medida en que Cristo está presente en nosotros y vamos creciendo en la unión con El, se da este crecimiento interior en el orden de la gracia que nos va santificando cada vez más.
Pero al mismo tiempo en la abundancia de sus dones, Jesús nos prodiga todo aquello que se ordena al servicio de los demás. Y es lo que S. Pablo denomina los carismas (I Cor.12, 4-11).

Estos dones, estos carismas, estos servicios que recibimos todos, son no para enriquecernos a nosotros mismos, sino para ponerlos al servicio de la comunidad.
Y así habla el Apóstol del don de la fe, del don de ciencia, de sabiduría, de milagros, de hacer curaciones, de profetizar etc.
Este es un catálogo muy pequeño descrito por San Pablo. No puede abarcar -otra vez la abundancia de los dones de Dios- toda la riqueza del Señor. El Espíritu Santo no se ata a estructura o limitación alguna para dar al hombre tanto crecimiento espiritual para el servicio de la comunidad.
De allí que hemos de descubrir lo que poseemos como dones especiales, para ponerlos al servicio de los otros.
Ahora bien, sucede a menudo que demasiado volcados al mundo exterior no sabemos descubrir esa riqueza divina presente en nosotros.
Se hace necesario, pues, que cada uno descubra el don de ser catequista, de trabajar en el mundo de la caridad, de la pastoral de la salud, de enseñar las cosas de Dios. Participar en política para ordenarla según Dios, en el mundo de la economía para llevarla a servir al hombre en sus necesidades, en fin, ordenar nuestros talentos a la gloria de Dios en el servicio a los hermanos.
A veces nos sentimos insatisfechos en la vida, como vacíos, y puede suceder que esto se deba a que no nos entregamos a Dios y a los demás. Demasiado ocupados en nosotros mismos, por nuestro pequeño mundo sobre el que gira toda preocupación, no abrimos el corazón a nuevos horizontes de realización personal.
Es probable que el Espíritu nos vaya reclamando más entrega de nosotros mismos y al no hacerlo, se produce esa desazón interior que nos impide remontar el vuelo de la grandeza humana.
Estar abiertos entonces para escuchar la voz del Espíritu, para ir descubriendo cuál es la voluntad de Dios, de modo que el agua de nuestra nada se vaya convirtiendo en el sabroso vino de la gracia, participación de la misma vida de Dios.
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Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” y del Movimiento Pro-Vida “Juan Pablo II”. Párroco de “Ntra Sra de Lourdes” de Santa Fe. Prof. Titular de Teologia Moral y DSI en la UCSF.Homilía en el II domingo "per annum" ciclo "C".
15 de Enero de 2007.

11 de enero de 2007

Las joyas de la Navidad: La Sagrada Familia


“En nuestra Patria lamentablemente se trabaja desde las esferas gubernamentales para imponer estas enseñanzas (de Gramsci) destructoras de la persona humana, que sólo buscan narcotizar al ser humano para utilizarlo para los fines más abyectos.”

El tiempo litúrgico de Navidad es el más breve de todo el año, de allí que las celebraciones que actualiza se suceden rápidamente, sin dejarnos detener mucho tiempo para reflexionar.
A la Navidad del Señor, le sobrevino la gozosa celebración de la Sagrada Familia de Nazareth y la Maternidad de María Santísima, acercándonos rápidamente a la Epifanía y al bautismo del Señor.
Por ello la conveniencia de recordar las hermosas enseñanzas que nos van dejando.


1.-El matrimonio de María y José y la familia con Jesús, ejemplo para la actualidad.

La Sagrada Familia de Nazareth nos permite contemplar a Jesús, María y José de una manera nueva.
Caemos en la cuenta que el Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de una mujer, nació en una Patria determinada y en el ámbito de una familia.

Ya desde el inicio la Palabra de Dios nos presenta a Jesús presente entre nosotros asumiendo todo lo humano menos el pecado.
Quiso Dios primero un matrimonio, el de María y José, en el que se señala claramente que cada uno de ellos vivía en la presencia del Señor, dispuestos a escuchar la voz del Padre de los Cielos para ofrecerle el obsequio de la voluntad.
María dirá “Yo soy la servidora del Señor” (Lc.1, 38), José respetará las indicaciones de lo Alto “no temas recibir a María, tu esposa”, y “llevó a María a su casa” (Mt 1,20 y 24).
Percibimos aquí –en medio de una cultura que trivializa todo, aún lo más sagrado- que el matrimonio por ellos constituido es una respuesta al llamado del Señor, no una mera respuesta impulsiva de los sentimientos. Nos dejan esta hermosa lección de que el matrimonio, obra de Dios, debe ir gestándose desde la relación expresa entre la criatura y el Creador en la búsqueda continua que quiere descubrir qué quiere Dios de cada uno.


El matrimonio de María y José deja una enseñanza hermosísima para el hombre y la mujer de hoy. No está en el plan de Dios el matrimonio a prueba, menos para el creyente –que a veces no lo manifiesta sobre todo en este campo-.
¿Qué quieren probar los que se unen únicamente para ver si funcionan? Indudablemente no prueban que se aman de veras. Cuando existe verdadero amor se da de entrada la verdadera entrega, sin retacear el compromiso y éste es definitivo. El amor sólo se prueba justamente en el dolor compartido. La experiencia nos enseña que, por ejemplo, en el momento de la prueba sólo están los verdaderos amigos. Los oportunistas que sólo “probaban” a ser amigos desaparecen de escena. Lo mismo ocurre en el matrimonio: el verdadero amor resplandece en la prueba, y no como acontece a menudo, que ante la prueba sucumbe.

Como corolario de esto me permito una cita del genial G. K. Chesterton que en el libro “El amor o la fuerza del sino”, nos dice refiriéndose a la promesa que implica el matrimonio: “En este respecto es muy divertido escuchar a los que se oponen al matrimonio. Parecen imaginar que el ideal de la constancia era un yugo misteriosamente impuesto a la humanidad por el diablo, en lugar de ser, como lo es, un yugo consistentemente impuesto por todos los amantes sobre sí mismos. Han inventado una frase, una frase que es una obvia contradicción en dos palabras -‘amor libre’- como si algún amante hubiera sido jamás libre o pudiera ser libre. La naturaleza del amor es atarse a sí mismo, y la institución del matrimonio no hacía sino hacer un cumplido al hombre ordinario tomando en serio su palabra” (pág. 78) Edit. Rialp.


2.- La austeridad de vida.

Como familia, ya nacido Jesús, deberán aceptar las condiciones de estrechez económica del común de la gente de su tiempo. Pobreza que les llevará a confiar plenamente en la Providencia, pero asumiendo que como personas han de responder con el trabajo, la dedicación al hogar y la austeridad de la vida aceptada, sabiendo que la verdadera riqueza no está en el tener cosas sino el ser ellos cada vez más hijos de Dios.
Nuevamente la presencia de Dios va calando hondo en cada uno de los esposos. Piensan en estar al servicio del otro. No están pensando en quién sobresale más por encima del otro, sino más bien orientan lo mejor de sí al servicio de la felicidad del cónyuge.
Van pensando en una entrega total al Niño recién nacido. No les desvela qué lustre poseerá en el futuro, sino sólo el transmitirle la ley de Dios y prepararlo para lo que el Todopoderoso ha dispuesto para El. Están al servicio de la Vida que es su Hijo, esa Vida que abundantemente Jesús quiere otorgar a todo hombre de buena voluntad y que en el futuro vaya a recibirlo. Saben gozar con las pequeñas cosas de la vida, contemplan en la naturaleza el infinito amor de Dios que no se cansa de bendecirlos. Abiertos siempre a las necesidades de los demás como respuesta al Dios que siempre está dispuesto a satisfacer las suyas.
¡Qué armonía de vida y ejemplo de perfección nos ofrecen!


3.-La huída a Egipto

Asumieron desde el principio las dificultades de la vida propia del hombre común. De allí que siguiendo las indicaciones del ángel (Mt. 2, 13-15) marcharán a Egipto huyendo de la persecución de Herodes. Cualquiera de nosotros en su caso, ¡y lo hacemos tan a menudo!, nos preguntaríamos por qué Dios cuida de ese modo a su Hijo hecho hombre, por qué tienen que huir, ¿no hubiera sido más fácil infartarlo a Herodes y terminar con el problema?
Pero es que Dios –como ocurre con nosotros- no quiso eximir a la Sagrada Familia de la presencia de la Cruz desde el comienzo. En Egipto buscaron casa, por supuesto un lugar sencillo para albergarse, José sin trabajo -como tantos hoy día- rumbeaba de casa en casa ofreciendo sus manos de carpintero, desconocidos para todos en medio de una sociedad extraña.
Pero allí estaba la Providencia de Dios, cuidándolos, como lo hace con nosotros.

Y ellos, a pesar del desarraigo de su Patria, quizás faltos de todo, sirviéndose probablemente de la ofrenda dejada por los sabios de Oriente, miraban el futuro venciendo la tentación del desasosiego y de la angustia, confiando únicamente en la protección de Dios.

En medio de la penuria, la presencia de Dios en sus vidas brillaba como una estrella.
Y cuando Dios quiso, muerto ya el tirano (Mt.2, 19 y ss) volvieron a su tierra. Y esa estada en Egipto, no fue una anécdota más en sus vidas sino el “Kairós” la gracia de Dios que los enriqueció y fortaleció para nuevas pruebas.


4.-El templo de Jerusalén (Lucas 2,41 y ss)

Y llega la enseñanza de Jerusalén. Jesús se queda en el templo.
Tiene escasos doce años y ya disputa con los doctores de la ley, maravillados por su Sabiduría.
Sus padres lo buscan afanosamente después de advertir que no está con los demás niños en la caravana. Han perdido al Niño. ¡Cuántas veces también nosotros lo hemos perdido! Jugando con la vida pasajera perdemos a menudo contacto con quien es la Vida Verdadera. Cuando nos damos cuenta, ¿lo buscamos también?

“Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados” (Lc.2, 48) dice María, su madre. El P. Raniero Cantalamessa reflexiona atinadamente al respecto señalando que María está afirmando la necesidad de un padre y de una madre para constituir una familia. No dos papás, ni dos mamás. El pasaje bíblico con sencillez profunda afirma lo que conocemos de la naturaleza de las cosas: la constitución del matrimonio uniendo indisolublemente a una mujer y a un varón.

¡Cuánta sabiduría proclamada con hondura para los defensores de la perspectiva de género que difuminan la realidad integradora del varón y de la mujer como padres!
Y Jesús responderá que ha de ocuparse de las cosas del Padre (cf. Lc 2, 49). María y José no entienden con claridad lo que se les indica, pero intuyen que además de ellos existe una Paternidad que es superior y a la que todo hijo debe acudir para rendir su homenaje de exclusiva pertenencia.


5.-En su casa de Nazaret

Vueltos a su tierra, el Niño les estaba sujeto. En un mundo como el nuestro que deforma a los niños de tal manera que creen que es lícito independizarse de sus padres prematuramente, Jesús con doce años está sujeto a sus padres.
San Lucas lo menciona al regresar del encuentro en el Templo (cap. 2,51) diciendo: “El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos”
La actitud del Niño será todo don para sus padres, esperando de ellos lo guíen por el camino que lo hará crecer. Es en esa docilidad a sus padres, -que lo es también al Padre- donde Jesús irá creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres. Lucas lo recuerda en el evangelio en dos oportunidades: la primera después de la purificación de María y la Presentación del Señor, dando cumplimiento a la ley de Moisés (Lc. 2, 39 y 40) y luego al regreso de Jerusalén ya un adolescente (Lc.2, 52).
Sólo es posible crecer cuando se vive en esa comunión plena con el Creador, descubriendo a cada paso para realizarla, la Voluntad de Dios.

6.-La primacía de Dios, modelo para la familia actual.

Dejemos hablar al P. Gabriel de Santa María Magdalena .o.c.d.: “En la casa de Nazaret Dios está siempre en el primer lugar y todo está subordinado a él; nada se quiere o se hace fuera de su voluntad. El sufrimiento es abrazado con profundo espíritu de fe reconociendo en cada circunstancia la realización de un plan divino, que muchas veces queda envuelto en el misterio. Las más ásperas y duras vicisitudes de la vida no turban la armonía, precisamente porque todo es considerado a la luz de Dios, porque Jesús es el centro de sus afectos, porque María y José gravitan alrededor de él, olvidados de sí y enteramente asociados a su misión. Cuando la vida de una familia se inspira en semejantes principios, todo en ella procede ordenadamente: la obediencia a Dios y a su ley lleva a los hijos a honrar a sus padres, y a éstos a amarse y comprenderse mutuamente, a amar a los hijos y a educarles respetando los derechos de Dios sobre ellos” (Intimidad Divina, pág. 147. Edit. El Monte Carmelo. Burgos. 1976).-
Familias cristianas no pierdan la esperanza de formar auténticas personas de bien, hijos verdaderos de Dios, constructores de una sociedad diferente en la que reine lo que enaltece al hombre y se rechace todo lo que lo denigra.


7.- Conclusión: el acoso de Antonio Gramsci.

Antonio Gramsci, siniestro “filósofo” italiano que promueve una revolución cultural marxista patrocina entre otras cosas la destrucción de la Iglesia Católica, el dominio de la educación y de la familia como formadoras de valores de las nuevas generaciones.

En nuestra Patria lamentablemente se trabaja desde las esferas gubernamentales para imponer estas enseñanzas destructoras de la persona humana, que sólo buscan narcotizar al ser humano para utilizarlo para los fines más abyectos.
De allí que urge trabajar por vivir más profundamente nuestra fe, formándonos en la verdad liberadora del hombre que nos transmite nuestra Iglesia Católica, apoyar la formación de familias impregnadas de los valores que nos deja la Sagrada Familia de Nazaret y defendernos de todo proyecto “reeducativo” que pretenda la tiranía del Estado en la deformación de las conciencias.
No desesperemos, confiemos en el poder del Señor que no es efímero como el de este mundo, construyamos una familia nueva, ya que si ésta se pierde “se pierde la libertad, y se pierde para siempre. Nada queda sino los reflectores mecánicos y de control remoto del Estado Servil: su luz opresora disparada como rayos mortíferos sobre todos los rincones de la existencia, matando todo lo que crece con vida propia” (cf. Chesterton, op.cit. pág. 285).

Nota: a quienes quieran crecer en el sentido común en medio de una sociedad donde el disparate es lo “normal”, les recomiendo este bellísimo libro de Chesterton (padre de la sensatez) sobre el matrimonio y la familia: “El amor o la fuerza del sino”.

Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro” - Párroco de “Ntra Sra de Lourdes” de Santa Fe - Profesor Titular de Teología Moral y DSI en la UCSF - Director del Movimiento Pro-Vida “Juan Pablo II”
ribamazza@gmail.com

7 de enero de 2007

Las joyas de la Navidad (2) : La maternidad divina de María Santísima

1.- La bendición de Dios al comienzo de un Año Nuevo

Con la solemnidad litúrgica de “Santa María Madre de Dios” comienza cada nuevo año civil señalando que el nacimiento de un distinto espacio de tiempo se inicia junto a, e impregnado por el misterio de otro nacimiento: el de Jesús, Hijo de Dios hecho hombre.
El texto bíblico del libro de los Números (6, 23-27) corea una enternecedora bendición sacerdotal sugerida por Dios mismo: “De este modo habréis de bendecir a los hijos de Israel, diréis: Que Yahvé te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer su faz sobre ti y te otorgue su gracia….Así invocarán mi nombre…y yo los bendeciré”. Esta bendición del Señor, dirigida a los hijos de Israel, se amplía hoy a todos los hombres por medio de Jesús el Salvador.
Y así el nuevo año se aborda recordando la presencia de Dios en la historia humana. Nada hay en la vida del hombre, incluyendo el tiempo, que escape a la presencia de Dios Creador. Podrá el hombre pretender vivir la sucesión del tiempo como si Dios no existiera y como si no lo necesitara.
Pero Dios está allí, gozándose mirando a los hombres que lo tienen como amigo, derramando sus abundantes gracias y así potenciar sus proyectos acordes con la dignidad de la persona humana, y moviendo a los hijos díscolos para que a través de la conversión puedan acceder a una vida propia de verdaderos hijos.

2.- Tiempo y Eternidad


La sucesión del tiempo en los mitos griegos, está controlada por Chronos que era el dios de las Edades (desde la Dorada hasta la de Bronce) y del zodiaco. Chronos permaneció como el dios remoto e incorpóreo del tiempo que rodeaba el universo, conduciendo la rotación de los cielos y el eterno paso del tiempo.Kairós, "el momento justo", en cambio, es en la filosofía Griega y Romana la experiencia del momento oportuno. Los pitagóricos le llamaban Oportunidad.Kairós es el tiempo en potencia, tiempo atemporal o eterno, y el tiempo es la duración de un movimiento, una creación.
En la religión Católica,Kairós, es el momento de Dios. Y así debemos percibir nosotros cada momento de nuestra existencia. Quizás por la experiencia de la rutinaria sucesión de los tiempos y de las horas podemos caer también en el concebir al tiempo desde una óptica meramente temporal, cuando en realidad en cada momento el Señor pasa a nuestro lado o viene a nuestra vida para interpelarnos.
Cada minuto es por tanto “el momento de Dios”, porque si sabemos captar las mociones de la gracia y respondemos con nuestro asentimiento se producen inefables bienes para nosotros.
Dios nos visita en la salud y en la enfermedad, en la alegría de nuestras buenas obras y en la tristeza por nuestros pecados.
Tenemos experiencia a cada momento de las mociones del espíritu bueno o malo, y en nuestra respuesta se compromete no sólo nuestra libertad sino nuestro futuro, ya que en el bien realizado se va perfilando nuestra futura salvación, y en el mal elegido se avizora nuestra decadencia.
Celebrar el Año Nuevo es festejar una nueva oportunidad que nos ofrece el Señor para hacer audible su mensaje de salvación y una nueva ocasión para responderle ya sea para perfeccionar la respuesta o concretarla si acaso no estuviera previamente. Es como si nos dijera “estoy aquí a la puerta del acontecer diario para que me reciban y para nutrirlos de santidad”.
Cada instante de nuestra vida es Kairós, el momento de Dios, la gracia del Señor que se nos entrega abundantemente dándonos la ocasión de plenificarnos.
Con esta mirada sobrenatural de los acontecimientos de nuestra vida, viviremos el tiempo con perspectiva de eternidad, ya que nada hay en nuestro pensar u obrar que no se oriente, sabiéndolo o no, a la perennidad a la que somos llamados.
Lamentablemente en la actualidad el ser humano ha temporalizado tanto su vida que no sólo vive como si nunca ha de dar cuenta a Dios de sus obras sino que se refugia en la concepción falsa de que el tiempo borra las responsabilidades de nuestras acciones libremente realizadas. Como si uno dijera en la reflexión de la adultez, mirando el pasado, que “son simples pecados de juventud” y por lo tanto no imputables.

Agradezcamos a Dios, pues, el don del Año Nuevo, buscándolo cada vez más a El para aprender a gustar las riquezas de su amor eterno.

3.- Nacido de Mujer.

La liturgia del día nos presenta el texto de San Pablo (Gálatas 4,4-5) que afirma:”Envió Dios a su Hijo nacido de mujer…..para que recibiésemos la adopción de hijos”.
La Providencia de Dios ha querido que Jesús naciera de una mujer, como todo hombre y mujer que viene a éste mundo. Pero no sólo asevera el texto este hecho, sino que pretende dejarnos un mensaje muy particular: la dignidad de la mujer.
En una cultura como en la época de Jesús, la mujer era tenida como poca cosa, no tenía mayor peso en el mundo de la política, en lo social o económico.
Cristo en cambio presenta una nueva concepción de la mujer, incorporando a varias de ellas a su misión evangelizadora. Muy particularmente se percibe esto en la elección de su madre, María Santísima, en quien se cumple perfectamente el hecho de nacer de mujer.
Mientras corrientes feministas pretenden anular en la actualidad la maternidad como algo degradante para la mujer, el texto bíblico repite….. “nacido de mujer”.
En tanto se quiere hoy en día anular la distinción varón y mujer para defender una ilusoria unisexualidad, la palabra de Dios dice… “nacido de mujer”.
Pareciera escucharse desde el fondo de la eternidad: “mujer, defiende lo que eres, has sido elegida para ser madre”.
La maternidad no es un castigo sino don precioso por el que la mujer participa de un modo especial del poder creador de Dios.

La maternidad divina de María no sólo nos hace vivir el ingreso del Hijo de Dios hecho hombre en la historia humana, sino también nos abre los ojos para entender que cada vida humana que llega a este mundo está revestida de especial dignidad. En efecto, el Hijo de Dios se hace hombre para que el hombre se deifique.
Hermosa finalidad del hombre: participar de la misma vida de Dios, llamado a ser un kairós viviente de la presencia de Dios.
De allí se deduce el odio que se desata en el mundo de hoy con el niño no nacido, que se gesta en el seno de su madre.
En efecto, el enemigo de la naturaleza humana, Satanás, no soporta que en cada nacimiento se repita el kairós, el momento de Dios, presente en cada vida. Momento de Dios que se convierte en llamado de eternidad. Es decir la person, nacida en el tiempo se proyecta a la eternidad.
Como el demonio es el padre de la mentira, vive él en la mentira, fabula pensando que con la eliminación de la vida, por ejemplo a través del aborto, logra impedir la presencia eterna de los así destruidos.
En el fondo es la lucha permanente del maligno que quiere impedir a toda costa la realización plena del hombre en la eternidad a la que es llamado.
Para esta acción tan deletérea cuenta el enemigo del hombre de todos aquellos que, hombres también, son servidores del mal.
En el espíritu de tantos que defienden el aborto o lo que denigra o menoscabe la dignidad humana, se encuentra el rechazo de la Encarnación del Hijo de Dios, la no aceptación de la llamada a la eternidad. De allí que a la postre, en tantos corazones así signados, se concluye con la soledad y el vacío existencial más profundo.
Y esto es así porque al no respetar la vida del hermano, a quien se ve como enemigo, vaya a saber opuesto a qué, se vive en la amargura del que no acepta el verdadero fin del hombre.

4.- El silencio de María

Volver a contemplar a María, Madre de Jesús, nos ayuda a afirmarnos cada día más en la proclamación sin claudicar de la defensa de la vida y de la dignidad de la maternidad.
La Iglesia sin cansarse, y aún recibiendo desprecio y oposición constante, sabe que la fidelidad a su misión y a su propia identidad –la de Madre y Maestra- la ha de conducir a no descansar hasta que el último ser humano sea reconocido como hijo de Dios y llamado a la vida divina.
El texto evangélico que perpetúa en el tiempo la verdad que “María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc.2,16-21) no sólo nos exige “conservar” la fidelidad a las enseñanzas de Cristo, sobre todo en esta materia, y en este tiempo, sino que nos alienta a “meditar” sobre nuevas y modernas estrategias –que brotan no de la astucia humana sino de la sabiduría divina- para defender, promover, exaltar y elevar la vida humana.
Vida humana que debe ser reconocida en todo el transcurso del existir del hombre –cada instante es kairós, tiempo de Dios- y por eso implementar una pastoral social que mirando la realidad con los ojos de Dios, y no según cálculos humanos, vaya descubriendo las exigencias necesarias para promover integralmente al hombre de nuestro tiempo.
El silencio de María no es inoperancia, es mirar la realidad circundante desde el Hijo de Dios. Es preguntarse a cada momento qué quiere El de nosotros aquí y ahora para ponernos manos a la obra aguzando el ingenio para la construcción de un mundo nuevo.
Y así cada uno desde el papel que desempeña en la sociedad ha de interrogarse permanentemente sobre la voluntad del Señor. Si uno se pregunta qué votos obtendré o qué prestigio alcanzaré no se encontrará más que con la utilización del hermano para sus proyectos, desviándose del plan de Dios que es siempre la plenitud del hombre, aunque tengamos que desaparecer junto a nuestras especulaciones egoístas.
Y sigue diciendo el texto citado que “los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido”.
Cuando el evangelio se aplica en todo el campo de la política, en lo social, en lo económico, en lo educacional y familiar, es cuando se logra que lo ciudadanos, cuales modernos pastores, alaben y glorifiquen a Dios porque han entendido que el mensaje y presencia del Hijo de Dios hecho hombre es algo palpable entre nosotros.
Aprendamos como María a dar a luz a un hombre nuevo colaborando infatigablemente con la nueva vida que Jesús nos trae con su nacimiento, sabiendo, que a pesar de las persecuciones del mundo no nos faltarán los consuelos de Dios.


Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro”y del Movimiento Pro-Vida “Juan Pablo II”. Párroco de Ntra Sra de Lourdes de Santa Fé. Prof. Tit. de Teol. Moral y DSI en la UCSF.
ribamazza@gmail.com
05 de enero de 2007.

6 de enero de 2007

El don de la Patria Argentina y la tarea reclamada a los bautizados.

1.- Agradecimiento por los dones recibidos como argentinos.

Damos gracias a Dios porque reconocemos que desde nuestro nacimiento como Argentina no recibimos de Dios sino dones.
Esta es la tierra de nuestros padres, de todos aquellos que con su sangre, con su sudor y esfuerzo han hecho posible nuestra presencia hoy .
Creados a imagen y semejanza del Creador, somos conscientes que Dios nos ha dado una tierra generosa en bienes materiales, para que todos los argentinos pudiéramos extraer de ella, -ciertamente en derecho - los medios necesarios para el sustento y el desarrollo de nuestra dignidad como personas.
Hemos recibido el don de una matriz católica, que nos enseña que se ha de privilegiar siempre el respeto por la dignidad de la persona humana como creatura de Dios, y que la caridad en todas sus formas ha de ser siempre el signo de nuestra fraternidad entre los hombres.
Sintiéndose solidaria de todos, la Argentina abonó su corazón y su tierra, para que muchos venidos de otros confines, pudieran afincarse entre nosotros, y así en el crisol de razas fuera gestándose una peculiar identidad argentina.
Damos gracias porque en nuestras tierras, -por lo menos en el pueblo sencillo que encarna los valores como Nación- no hay odios raciales o religiosos, y porque cada día, en el respeto mutuo aprendemos a valorar los dones de cada uno.
La sed de justicia anida en cada uno, toda vez que se busca la igualdad de oportunidades, el desarrollo de las propias cualidades, el trabajo que dignifica haciéndonos sentir cocreadores con el Creador.

2.-Motivos para pedir perdón

Pero si abundantes son los dones por los que tenemos que agradecer sinceramente, numerosas son las cosas por la que hemos de pedir perdón, pensando en rectificar lo mucho que no nos enaltece sino que nos denigran y oscurecen la dignidad de la que estamos investidos.
La exclusión de muchos ciudadanos de participar en la mesa de la abundancia marca desigualdades sociales y económicas que nos avergüenzan.

En efecto mientras son pocos que tras los negocios y el desmanejo de la cosa pública se enriquecen, son numerosos los que gimen por un reconocimiento como personas que no llega.
Mientras nos despoblamos cada vez más como Patria, pululan hasta el hartazgo propuestas legislativas que buscan diezmar los habitantes por el aborto y la esterilización, repitiéndose escandalosamente el acopio de bienes por los poderosos de turno.
Al mismo tiempo que el pueblo sencillo sufre el flagelo de la inseguridad ante la indiferencia de los que afirman que es sólo una sensación, crece la vigencia del más fuerte a través de la violencia.
Ante la imposibilidad de adquirir bienes de consumo para la subsistencia básica

por el reinado de una inflación que golpea los magros bolsillos argentinos, se nos quiere enseñar a adquirir sustitutos que no están al alcance de la mano.
Simultáneamente a que muchos jóvenes no pueden acceder o retardan el matrimonio por carecer de condiciones mínimas para un proyecto de vida, los que legislan se preocupan por “la igualdad de roles en el matrimonio” como si fuera extraño al pensamiento moderno la mutua cooperación de los esposos para hacer crecer sus familias.
Mientras la dignidad de la persona reclama proyectos que encaucen el amor humano, se promueve el sexo seguro y la vigencia del placer egoísta sumiendo en la degradación y la tristeza a los que no alcanzan a vislumbrar que el amor sin proyecto de vida es sólo alimentar corazones cada vez más solitarios.
Ante el panorama de familias enteras que luchan solas para crecer ante la indiferencia de los poderes públicos, se pretenden canonizar formas provenientes de la perspectiva de género que siembran la confusión y exaltan lo contrario a la naturaleza misma de las personas.
Siendo la paz –que es “la tranquilidad en el orden” y no en el desorden- el gran anhelo de la mayoría de la población, se exalta el “cinco por uno” y el “no habrá olvido y perdón”.


3.-La enseñanza de Ecclesia in America .

Es por ello que, como señala Juan P. II en la Exhortación Apostólica Ecclesia in América (n° 27) hemos de comprender que “convertirse al Evangelio, para el pueblo cristiano que vive en América signifique revisar “todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común.”
Como señala el Pontífice –corroborando lo que venimos diciendo- , en América todavía hay pecados que claman al cielo (n° 56): “el consumo de drogas, el lavado de las ganancias ilícitas, la corrupción en cualquier ambiente que sea, el terror de la violencia........las desigualdades entre los grupos sociales, la irrazonable destrucción de la naturaleza”.
Estos pecados manifiestan una profunda crisis debida a la pérdida del sentido de Dios, y a la ausencia de los principios morales que deben regir la vida de todo hombre.
Sin una referencia moral, se cae en un afán ilimitado de riquezas y de poder, que ofusca toda visión evangélica de la realidad social.
Cada vez opera más el neoliberalismo que, haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado, como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de la persona y de los pueblos.
Dicho sistema - dice el Papa - se ha convertido a veces, en una justificación ideológica de algunas actitudes y modos de obrar en el campo social y político, que causan la marginación de los más débiles.
De hecho, los pobres son cada vez más numerosos, víctimas de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas” (n° 56).
La Iglesia presente en cada nación convencida que en la construcción de la Patria terrestre se contribuye a preparar el camino hacia la Patria del Cielo, nos hace ver cómo en el Evangelio, Jesucristo subrayó la centralidad de la persona humana en el orden natural, en el orden social y en el orden religioso.
De la dignidad del hombre en cuanto hijo de Dios, nacen los derechos humanos y las obligaciones (E. In América n° 57).
De allí que vislumbrando quién es nuestro prójimo, tratemos por todos los medios que sean reconocidos sus derechos.

4.- Interpelación a los bautizados y el Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”

Para trabajar en este campo de la dignificación humana, la Iglesia alienta y ayuda “a aquellos que son ejemplo de honradez en la administración del erario público y de la justicia” (E. In América n° 56), sabiendo especialmente el católico, “que puede encontrar en la Doctrina Social de la Iglesia la respuesta desde la cual partir para buscar soluciones concretas (E. In A n° 54).
La Pastoral Social, tarea significativa en la Iglesia, deberá por lo tanto, -para ser eficaz-, contener y desarrollar a todos los agentes que de alguna forma posibilitan el crecimiento de todos en la sociedad.
El ámbito social ha de reunir entonces, a los políticos, a los empresarios, a los obreros, a los profesionales, a los pobres, a los dirigentes de los diversos campos del obrar humano y a todo hombre de buena voluntad para que juntos en un verdadero diálogo buscador de la verdad, vayamos construyendo un espacio social dónde cada uno desde su vocación, pueda contribuir al bien de todos.

El Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”, de reciente creación, se enmarca en rigor en esta interpelación que hace el Señor a los bautizados, toda vez que trabajar por la vida es laborar sin prisa pero sin pausa por la dignidad de la persona humana.
En efecto, ¿qué otro objetivo pro-vida más digno puede existir que no sea el de elevar al hombre a su dignidad de hijo de Dios?
Trabajar por la vida será por lo tanto pensar al hombre como llamado a participar de la misma vida divina sin perder su condición creatural.
Pensar en la vida será estar también al servicio de todos, con el deseo de que cada persona tomando conciencia de su dignidad, luche para vivir de acuerdo a ella.
De esta forma –y el tiempo de Adviento lo reclama- estaremos actualizando la primera venida del Señor que se hizo hombre para que viviendo como verdaderos hijos de Dios, caminemos esperanzados hacia su segunda venida , cuando venga revestido de gloria para hacernos participar de la sobreabundancia de los bienes celestiales en el encuentro definitivo con el Padre.

Cngo Prof. Ricardo B. Mazza. Director del Centro de Estudios Políticos y Sociales “Santo Tomás Moro. Profesor de Teología Moral y DSI en la UCSF. Director del Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II” de Santa Fe.

Dios necesita de nosotros para obrar lo mejor.

1.- II Macabeos 6, 12-17

“Ruego a los lectores de este libro que no se desconcierten por estas desgracias; piensen antes bien que estos castigos buscan no la destrucción, sino la educación de nuestra raza;
pues el no tolerar por mucho tiempo a los impíos, de modo que pronto caigan en castigos, es señal de gran benevolencia.
Pues con las demás naciones el Soberano, para castigarlas, aguarda pacientemente a que lleguen a colmar la medida de sus pecados; pero con nosotros ha decidido no proceder así, para que no tenga luego que castigarnos, al llegar nuestros pecados a la medida colmada.
Por eso mismo nunca retira de nosotros su misericordia: cuando corrige con la desgracia, no está abandonando a su propio pueblo”.

2.- La vuelta de la historia

Lo narrado aquí por el autor sagrado parte de la idea de que el pueblo de Israel muchas veces fue asolado por desgracias merecidas por los pecados.
En este caso se trata del sometimiento que debe sufrir el pueblo de manos del rey Antíoco IV Epifanes.
Para mayor abundamiento, y para no cansar al lector me remito al artículo de mi autoría “El retorno de Antíoco IV Epifanes”, publicado el 18 de noviembre de 2005 en PyD.
Lo que allí anunciara se cumplió inexorablemente. Durante este año se siguió avanzando en canonizar aquello que degrada al hombre manifestando un “plan desestabilizador” que vulnera abiertamente la dignidad humana y su ámbito más profundo la familia y la vida.
Indudablemente mucho se hizo para frenar o al menos limitar las consecuencias nefastas de las legislaciones últimas.
Sin embargo el sometimiento del poder económico de grupos internacionales dispuestos a diezmarnos con la complicidad de muchos argentinos –lamentablemente no pocos que se dicen católicos- ha resultado hasta el momento apabullante.
Posiblemente como al pueblo de Israel en otro tiempo, esto es el resultado de nuestra inoperancia y mirándolo desde la teología, del pecado de haber desplazado a Dios de nuestra sociedad.
Sin embargo, la Sagrada Escritura nos predice que Dios, al igual que lo hizo con el pueblo elegido, y con la seguridad de su fidelidad al pacto que realizara con el pueblo argentino desde los albores de la Patria de matriz católica “nunca retira de nosotros su misericordia: cuando corrige con la desgracia, no está abandonando a su propio pueblo”( II Mac. 6,16).
Sabemos por la fe –gran regalo de Dios del que carecen los que trabajan para el mal- que el triunfo de Dios se avizorará en nuestra Patria como en otro tiempo sobre el mismo Antíoco IV :
“Cayó en cama enfermo de tristeza, porque las cosas no le habían salido como él deseaba….sintió que se iba a morir…hizo venir a todos sus amigos y les dijo: ahora caigo en la cuenta de los males que causé en Jerusalén….reconozco que por eso me suceden todos estos males y muero de pesadumbre...” (I Mac. 6,8b.9.b.10.12.13).

3.- El triunfo del Cedaw

El golpe de gracia al pensamiento católico en Argentina lo acabamos de recibir en la aprobación del protocolo del Cedaw por parte del Parlamento Argentino.
No quiero abundar en las consecuencias de esto. Basta leer los escritos de quienes han peleado para conseguir éste resultado y percibir la alegría que les embarga, para caer en la cuenta de sus efectos deletéreos.
Indudablemente el apoyo de muchos legisladores bautizados, que hace tiempo renunciaron a vivir como cristianos fue decisivo.
También es cierto que hubo quienes fieles a su fe y conciencia no quemaron el incienso de la apostasía en el altar del dinero y de los poderes de este mundo.
A ellos vaya mi reconocimiento y mi oración para que perseveren en el bien, a los otros, que se dicen cristianos, mi plegaria para su conversión.
Otra actitud digna de recordar es la del gobernador de San Juan, José Luis Gioja, que por las noticias que han circulado últimamente es ejemplo de cristiano y de peronista, puesto de manifiesto en actitudes concretas.

4.- ¿Qué hacer en adelante?

A Dios rogando y con el mazo
dando se ha repetido muchas veces. Es hora de poner esto en práctica.
El síndrome misionero es muy importante para tener en cuenta. Hemos visto cuál es el poder de un pueblo cuando quiere defender sus principios.
No permitamos que nos sigan avasallando quienes dicen representarnos pero que no fueron capaces de desnudar sus intenciones cuando se presentaron a la decisión de las urnas.
Es evidente que los representantes del pueblo no escuchan lo que el pueblo siente y quiere sino más bien se obnubilan por los favores del poder, sea éste político o económico.

Comencemos pues a trabajar desde aquí por las próximas elecciones del 2007.
Vayamos averiguando cómo votan los legisladores de cada provincia en estas leyes oprobiosas para no volver a repetir el error de entregarles el sufragio ciudadano.
Exijamos que todos los partidos presenten concretamente antes de las elecciones cuáles son los proyectos defensores de la dignidad humana que han de defender.
Involucrémonos en la vida política, aunque sea con triunfos pequeños para ir cambiando esta situación.
Que cada parroquia, cada familia y escuela católicas se dediquen a formar las conciencias de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que necesitan de líderes confiables que muestren el camino para construir una patria nueva.
No todo está perdido, y menos si creemos que el Señor está con nosotros.
Las dos monedas de cobre de la viuda del evangelio que meditamos días atrás
Se convertirán en un aporte valioso en las manos del Señor de la Historia que hace fructificar nuestra pequeñez.

Cngo Ricardo B. Mazza. Profesor titular de Teología Moral y DSI. Director del Centro de Estudidos Políticos y Sociales “Santo Tomás Moro”
Cura Párroco de “Ntra Sra de Lourdes”, de Santa Fe. Director del grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”.
ribamazza@gmail.com

El Matrimonio, misterio de Amor en el Hijo de Dios hecho Hombre

(texto bíblico Marcos 8,27-35. Domingo 24 per annum, ciclo B)

1.-Sentido del acontecimiento que nos congrega

Congregados junto a la mesa de la Palabra de Dios y ante el altar del Sacrificio en el que renovaremos el misterio de la Cruz, nos encontramos esta tarde para celebrar con gozo los treinta años de la creación en la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz del Movimiento Encuentro de Matrimonios.
Cantamos el himno de gozo por tantos dones recibidos, -como no podría ser de otra manera-, reunidos en familia.
La Eucaristía de cada domingo nos convoca a celebrar al Señor en familia. De allí que estamos aquí, padres, esposos, hijos y hermanos, miembros de la familia del Señor resucitado.
La Eucaristía es una fiesta de y para la familia de los creyentes.
Aquí no solamente traemos nuestros esfuerzos y dolores semanales para ofrecerlos al Señor, sino que nos nutrimos con la Palabra de lo Alto, que disipa tanta verborragia insustancial que nos aturde y distrae permanentemente, y nos nutrimos con el Pan Vivo bajado del Cielo que anticipa el banquete eterno al que estamos llamados desde la creación, mostrándonos que no sólo del pan temporal vive el hombre.
Es Jesús quien nos convoca, y al sentirnos identificados con El, a quien recibimos como Hijo de Dios, es que nos reunimos en un clima de fiesta, como lo fue el primer encuentro realizado en Septiembre de 1976 (11, 12 y 13 de Septiembre).

2.-La divinidad de Cristo, fundamento de nuestro quehacer cristiano.

La alegría permanente del cristiano, aún en medio de las dificultades e incomprensiones del mundo, se funda en esa afirmación que escuchábamos recién de labios de Pedro: “Tú eres el Mesías.”(Mc. 8,27-35).
En efecto, la seguridad de que Jesús es el Hijo de Dios ilumina y da sentido a nuestra vida, al señalar que no caminamos sin rumbo en lo temporal, sino que transitamos entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, pero orientándonos a lo eterno.
Es hermoso poder llegar al final de cada día felices porque el Señor es nuestra fuerza y nos sigue convocando para que seamos sus discípulos, mostrando a todos los hombres de buena voluntad la verdad que El nos enseña aunque parezcamos anacrónicos o fundamentalistas.

Sí queridos hermanos, fuimos llamados como movimiento, para proclamar la verdad, especialmente la verdad sobre el matrimonio y la familia, a un mundo muchas veces ciego a recibirla y que con la petulancia de Pilato pregunta “qué es la verdad”.
Nosotros no preguntamos acerca de la verdad porque la tenemos completa.
Aunque se nos quiera confundir con el slogan de que sólo podemos conocer la verdad a medias, o de que sólo poseemos parte de la verdad, sabemos que la verdad es una y absoluta: Jesús es el Hijo de Dios.
Convencidos de la absolutez de la divinidad de Cristo podemos caminar por este mundo dándolo a conocer a Cristo íntegramente, sin omitir la claridad de la enseñanza evangélica y sin disminuir la exigencia de su vivencia.
3.-Encuentro de Matrimonios y su fidelidad a la divinidad de Cristo.

El Movimiento Encuentro de Matrimonios, habiendo ya realizado su centésimo retiro para matrimonios, durante estos treinta años, se ha mantenido siempre fiel al mensaje evangélico acerca del matrimonio y de la familia.
Hemos transmitido la verdad permanente del proyecto divino para la dignificación humana que se presenta siempre a la luz de la Palabra de Dios, orientado al matrimonio, -Dios los hizo varón y mujer- y a la familia, - creced y multiplicaos-
Es tan originaria esta verdad que hasta la misma vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, que implica la castidad por el Reino de los Cielos, no se podría dar sin el contexto de un matrimonio y de una familia que ha servido de ámbito para el nacimiento y crecimiento de vocaciones tan específicas.
Este proyecto divino de dignificación humana en el matrimonio y la familia, justamente tiene razón de ser porque Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre.
El Hijo de Dios es quien se desposó con la carne humana, haciendo de la unión entre la humanidad y la divinidad un verdadero matrimonio.
Matrimonio indisoluble, porque el Hijo de Dios no se desdice de su compromiso con el hombre, aunque éste le sea infiel.
Matrimonio único, porque el Hijo de Dios al hacerse hombre llama a la comunión con El a todo hombre de buena voluntad, para iniciar con cada uno un diálogo con perspectiva de eternidad.
Y aún cuando el amor se prostituya por parte del hombre, Dios sigue fiel para siempre como ya lo señala en el Antiguo testamento la experiencia del profeta Oseas (Oseas 2,6-24), y el desposorio de la Cruz en el Nuevo Testamento, por el que Cristo muere por todos.

4.-La divinidad de Cristo fuente superadora de las dificultades matrimoniales

Es la fe en la divinidad de Cristo la que permite al matrimonio superar las dificultades que muchas se presentan por la debilidad humana, ya que “amor es servicio, amor es perdón, amor es justicia y es liberación” –como proclama el canto litúrgico.
Símbolo nuevo de Cristo, ya que como El se entregó por todos, en el matrimonio cada uno se entrega al otro sin cálculos egoístas.
La ayuda adecuada que representa la presencia de la mujer para el varón (Génesis 2, 20-24), no es una mera colaboración en las ingentes tareas que se desarrollan en el matrimonio y la familia, sino que implica la comunión de dos personas que si bien son iguales en cuanto a la naturaleza, son diferentes en su sexualidad que los hace tener una presencia complementaria para la realización mutua.
Y así tanto el varón como la mujer cuando prestan su consentimiento matrimonial están diciendo: “mi vida no tiene sentido si nó la comparto contigo”.
Y esto es así porque por disposición de la creación misma, la diversidad sexual permite a cada uno enriquecerse con las características del otro, en una unión que perdura en el tiempo, y cuya ruptura provoca muchas veces una frustración profunda al perderse el sentido inscripto en la decisión conyugal primera.
El rechazo al matrimonio por parte de muchos cristianos, cuando no hay impedimento alguno, como sucede hoy tan frecuentemente, manifiesta que aún no se ha descubierto que la divinidad de Cristo presente en el mundo, viene a recrear a todo hombre.
Es seguir en el círculo egoístico por el que cada uno se contempla a sí mismo y no se abre al proyecto divino que redime al hombre de sus limitaciones en una vida de entrega.
No se quiere en el fondo vivir para siempre en compromiso y responsabilidad con la otra persona, dejando el corazón siempre dispuesto y atento a nuevos coqueteos que estimulen la sensualidad y dejen sin vencer el “ensimismamiento” tan vacío como infructuoso.
Es no descubrir el rostro del Amor de Dios que se quiere prolongar en el matrimonio y resignarse a vivir sin esa iluminación que desde la fe da sentido a la vida.
Es renegar de la vocación humana llamada a compartir el mismo destino eterno, ya que no se quiere desde el tiempo abrirse a la eternidad a través de la donación de sí.

5.-Los padecimientos sufridos a causa de la divinidad de Cristo

Sigue diciendo el Evangelio de hoy: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado, y resucitar al tercer día”
¡Qué actualidad cobran estas palabras en el mundo de hoy!
En efecto, Cristo sigue padeciendo cuando se pretende destruir el matrimonio entre el varón y la mujer postulándose nuevos experimentos “extraños” al mensaje de la Palabra de Dios.

Cristo sigue padeciendo cuando no se le brinda a las familias con políticas adecuadas, los medios necesarios para cumplir con su misión de ser ámbito propicio para el desarrollo de la persona, como lo recuerda el papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Familiares Consortio.
Cristo sigue padeciendo y es condenado cuando se canonizan como “formadoras de personas” estilos de vida familiar contrarios al proyecto divino, mofándose de lo que llamamos la “familia tradicional”.
Justamente llamar a la familia “tradicional” es reconocer que se trata de una herencia recibida y entregada de generación en generación, -de allí el nombre de tradicional-, y que hunde sus raíces existenciales en el momento mismo de la creación del hombre como varón y mujer.
Promover otros modos de vivir el matrimonio y la familia, es preparar el terreno para la trivialización más profunda del amor, en el interior del corazón humano.
De allí que el ser humano, al renunciar a lo que es desde la creación, sigue padeciendo sus propias limitaciones, condenado a deambular en la vida social sin encontrar la felicidad que el Señor promete a los que quieren vivir en la verdad.
Por otra parte, Cristo sigue siendo ejecutado cuando se arrastra - por medio de proyectos estatales que vulneran el bien común- a tantas personas a optar por el aborto, la esterilización y la eutanasia.
Queridos hermanos, los tiempos que nos toca vivir se presentan con nubarrones cada vez más oscuros para el matrimonio y la familia.
No podría ser de otra manera, dado que la raíz de este desquicio está en la negación de Jesús como Hijo de Dios.
Expulsado el Hijo de Dios del corazón de los hombres no nos deben extrañar consecuencias tan nefastas para la vida del hombre.


6.-No ha de cundir el desaliento, a pesar de todo.

Pero esta situación no nos debe desanimar, ya que el mismo Jesús nos dice en el texto evangélico de hoy, que al tercer día ha de resucitar.
Sí, Cristo padece y sufre lo que padece y sufre la familia, Cristo es ejecutado cuando se quiere destruir el desposorio originario entre Dios y el hombre, pero Jesús nos habla de resurrección.

Es decir nos promete su triunfo sobre toda maldad, nos asegura que el engreimiento y soberbia del hombre que quiere ser como Dios quedará convertido en impotencia y perdición para sus fautores, como aconteció al principio.
El movimiento de encuentro de matrimonios debe seguir siendo fiel a la identidad que reviste desde su creación.
Seguir mostrando al Cristo conyugal como la presencia permanente de Aquél que se compromete con los esposos y la familia que se reúne en su nombre para cantar las maravillas de Dios.

Cristo Conyugal, Hijo de Dios, que conoce las dificultades del matrimonio actual para vivir su vocación y que por eso se nos muestra como Camino.
Cristo Conyugal, que sabe de las insidiosas doctrinas que buscan socavar el matrimonio y la familia, y se nos muestra por lo tanto como Verdad.
Cristo Conyugal que mira cómo se nos quiere aturdir con los placeres efímeros de la sociedad de consumo, y es por eso que nos enseña que El es la Vida.
¡Qué hermoso poder vivir en cada retiro matrimonial el encuentro con el Cristo Conyugal que une más estrechamente a los esposos abriéndolos cada vez más a dar lo mejor de sí!
¡Cuántos corazones encontraron la paz que necesitaban en su matrimonio gracias a la presencia sanadora del Señor!
¡Cuántos esfuerzos fruto del amor cristiano se realizan silenciosamente, para llevar el mensaje verdadero de Jesús sobre el matrimonio y la familia, a tantos matrimonios que buscan aún sin saberlo la luz que los ilumine y la fuerza que los anime a vivir el ideal al que se han comprometido!
¡Sigamos trabajando en el camino emprendido, sin miedo alguno, sustentados por Jesús el Mesías, el Hijo de Dios Vivo, contribuyendo así en la gestación de un mundo nuevo, en el que la Cruz y la Resurrección siguen salvando a quienes abren su corazón humildemente a Dios!

Homilía en la Misa de Acción de Gracias por el trigésimo aniversario del Mov. Encuentro de Matrimonios (16 de septiembre de 2006).
Cngo Ricardo B. Mazza, Asesor del Movimiento de Encuentros de Matrimonios (para la Ciudad Sede), Profesor Titular de Teología Moral en la UCSF, Director del Centro de Estudios “Santo Tomás Moro”, Párroco de Ntra Sra de Lourdes, de Santa Fe.
ribamazza@gmail.com

El Precio del Poder

Es el poder ya sea del dinero, de la grandeza personal, de los cargos, de lo económico, de lo político, de lo social, lo que suele obnubilar al hombre haciéndole perder de vista el verdadero sentido del poder.

1.- El anuncio del misterio Pascual del Señor y el mesianismo político.

En el evangelio que se proclamó ayer en la liturgia dominical, Jesús vuelve a hacer referencia a su pasión, muerte y resurrección (Marcos 9,30). Es lo que se llama el segundo anuncio de la Pasión, siendo el primero el que destaca el evangelista en el capítulo 8, (vers.31 a 34), que reflexionamos en la liturgia del domingo 17 de septiembre.
Llama la atención la insistencia de Jesús en este anuncio, ya que no lo hace porque sí. Ciertamente tiene una intencionalidad educativa para sus discípulos tan ocupados en sus propias convicciones mesiánicas.

En efecto, aunque Pedro había declarado que Jesús era el Mesías, no sin inspiración divina, (Mc. 8,29), no por eso tenía una concepción purificada del tema, ya que tratará de disuadir al Señor cuando habla de la muerte propia, mereciendo el “Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres” (Mc.8,33)

Los discípulos seguían pensando en términos de un mesianismo político, y Jesús con los dos anuncios de su pasión y muerte, quería llevarlos a la verdadera comprensión del misterio salvífico: El viene a instaurar un reino Nuevo, constituido por corazones nuevos que han recibido la Novedad del Evangelio y la renovación de la Gracia.
De allí que siguen sin entender, aunque intuyen que están equivocados, por eso su silencio cuando Jesús les pregunta “¿De qué hablaban en el camino? “ (Mc. 9,33).
¿Por qué no entendían? Porque sus mentes y corazones estaban como bloqueados para percibir la verdad de lo que Jesús anunciaba. Tenían otro proyecto, otro pensamiento acerca de la misión de Jesús,no encajaba la visión que tenían con las declaraciones del Señor.
Esto suele suceder cuando escuchamos al Señor con un esquema preconcebido en el que queremos adecuar el Evangelio, cuando en realidad la única forma para que el evangelio nos llegue y penetre con su verdad es acercarnos como “tabula rasa”, como si nada hubiera antes en nosotros, a la espera sólo que la verdad divina nos aleccione.

Jesús que los conoce, y sabiendo que habían estado discutiendo sobre quién era el más grande (v.34), les dirá “el que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (v.35).
Ninguno de los apóstoles se da por aludido, no preguntan a qué viene eso, entendieron perfectamente que el Señor sabía que estaban pensando acerca de qué “chapita” iban a tener en el nuevo reino, en el de “ellos”, no en el de Cristo por cierto.
Estaban tan confundidos acerca del supuesto mesianismo de Jesús que al realizar éste el tercer anuncio de la pasión, muerte y resurrección (Mc. 10,33), Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo le piden el sentarse a la derecha e izquierda suya cuando esté en la gloria (Mc. 10, 37), a lo que Jesús responde “no saben lo que piden” (v.38).

Les cuesta a los discípulos entrar en esta nueva mentalidad que Jesús trae al mundo: el del servicio que culmina en el misterio de la Cruz.


2. El poder para servirse y dominar.

El Señor, en efecto, toca un tema que es crucial para la vida del hombre: el uso del poder.
Es el poder ya sea del dinero, de la grandeza personal, de los cargos, de lo económico, de lo político, de lo social, lo que suele obnubilar al hombre haciéndole perder de vista el verdadero sentido del poder que ha de ser usado para servir a Dios y a los hombres.

Lo que Cristo censura es el uso indebido del poder, cuando se lo utiliza para dominar, para someter, para servirse del otro, como lo indicará al decir “ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de todos; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” (Mc. 10, 42-46).

El poder en éste caso esclaviza al hombre, a quien domina haciéndole creer que tiene vaya a saber qué grandeza.

Frecuentemente el uso del poder prostituye el corazón del hombre, ya que en lugar de usarlo para el bien se lo utiliza para el mal, para la degradación del hombre.
El poder mundano se utiliza la más de las veces con la única finalidad –y ese es su precio- de conseguir dinero, fama, estabilidad en el cargo, permanencia en el dominio de lo que es común para uso particular.
Justamente en la mira de quienes defienden el aborto, la esterilización de las personas, la anticoncepción, el deterioro de la familia, la perversión que pulula en la sociedad, y la eutanasia, está el negocio, el disfrute de los favores de los poderosos, y el honor desvaído de los que venden su conciencia al mejor postor.

No cabe la menor duda: si éstos tales defensores de la sinrazón quedaran empobrecidos y olvidados a causa de su ideología, hace tiempo ya que hubieran cambiado de “principios”.


3.- El poder del evangelio es servicio


Al destacar que el poder verdadero consiste en servir, Jesús quiere enseñar que el encuadre en el que hemos de movernos es el del evangelio y por eso previene ante la tentación de querer trasladar a la Iglesia toda mentalidad que provenga del mundo.

Como a los discípulos, nos costará seguir a Jesús si continuamos con una mentalidad propia del mundo donde rige el uso del poder de una manera desmedida, para uso particular.
Servir a los demás es poner al servicio del otro, cual permanente ofrenda de sí mismo, las cualidades, luces, dones y capacidades recibidas.
Es importante tener en cuenta esto ya que a veces en la Iglesia Católica, en su misión pastoral, creemos que debemos manejarnos con criterios de otros ámbitos donde lo que interesa es quedar bien, no meterse en problemas, ver dónde podemos conseguir algo en cada sector, no tener dificultades, ser “prudentes” no sea que nos cascoteen etc.
Reconocer que se ha de ser siervo es vivir profundamente en la libertad de los hijos de Dios.

Como Cristo, no buscar ser servido, sino servir. Servir proclamando la vida, defendiendo la dignidad de la persona humana, denunciando toda forma de injusticia, buscando el ir creando espacios en los que los laicos vayan formando su conciencia según el evangelio, y no según las “chicanas” del mundo.

Muchas veces acontece que en la Iglesia misma, los bautizados manifestamos tener lo mismos criterios del mundo, ya que en medio de las primeras dificultades abandonamos fácilmente el compromiso bautismal que nos impera a dar testimonio oportuna e inoportunamente de lo que hemos recibido.
Otras veces sucede que el poder que nos ofrece el mundo seduce más fácilmente que las promesas del evangelio y entonces la tentación de mirar para otro lado es muy grande.


4. El precio del poder servir

El seguimiento de Cristo imitándolo en su servicio a la verdad y a todos lo que engrandece al hombre, tiene su precio.
No es el precio de la seguridad, o de la calma chicha.
Es el precio de la cruz.


Justamente con ocasión de estas reflexiones, me preguntaba un feligrés sobre qué hacer ante las persecuciones que se reciben a diario, por ejemplo, en el trabajo, cuando por denunciar o señalar la corrupción, el cristiano es desechado o se le impide prosperar legítimamente.
La respuesta del evangelio no es promisoria en cuanto a ventajas temporales, sino que sólo invita a la imitación de Cristo.

Más aún el libro de la sabiduría es claro cuando afirma: “Dijeron los impíos: acechemos al justo, que nos resulta incómodo: veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida....” Se burlan, poniendo a prueba a Dios “si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos” y continúa el deseo de seguir sometiendo al justo a la prueba para comprobar su fidelidad “lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él” (Sab. 12,17-20).

Jesús no promete una vida tranquila a los que lo siguen sino la persecución y odio a causa de la verdad. Lo que sí asegura es la resurrección que tanto será en este mundo, cuando el mal sea vencido totalmente y luego la vida con Dios.

De hecho el mal está siendo vencido toda vez que cada uno de nosotros lucha y trabaja para ser mejor, y para llevar el mensaje del evangelio a la sociedad en la que estamos insertos.
No desfallecer aunque aparentemente parezcamos pocos, la semilla de la palabra y del bien va creciendo en lo secreto del corazón de muchos que no se prostituyen al mejor postor.

Servirse del poder para la mentira y por el dinero, quita el sueño permanente, ya que hay que buscar nuevos frentes de maldad para mantener en alza el precio del envilecimiento personal.

Servir como Cristo en la búsqueda del bien de las personas y de la verdad, lleva en sí la paz que sólo El otorga, aún en medio de las persecuciones del mundo, engrandeciendo el corazón con la vigencia de lo que es noble y verdadero.


(*) Cngo Ricardo B. Mazza, Director del Centro de Estudios Santo Tomás Moro. Párroco de Ntra. Sra. de Lourdes, de Santa Fe. Prof. de Teología Moral y Doctrina Social de la Iglesia en la UCSF.
25 de septiembre de 2006. ribamazza@gmail.com