18 de octubre de 2013

“Ahora reconozco que no hay otro Dios en la tierra”, sólo Jesús el Salvador del mundo y del hombre”.

1.-En este domingo se celebra en Argentina la 87º Jornada Mundial de las Misiones (*), con la que se busca reflexionar e impulsar a todos los bautizados a favor de la actividad misionera de la Iglesia universal  en el marco del Año de la Fe, bajo el lema que eligiera el papa Francisco: "Vas, enviás o ayudás a enviar”.
De esta manera, pedimos también a Dios que no falten nunca hombres y mujeres que lleven a todas partes el mensaje de salvación de Jesús, ya que Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”  (1 Tim 2,4), siendo por eso que la Iglesia, por ser católica, es decir, universal, se siente siempre enviada a todos los hombres, para llevar el mensaje salvador de Jesús.
Pero como “La fe es un don precioso de Dios, el cual abre nuestra mente para que lo podamos conocer y amar” (mensaje de Francisco 1), ya en el Antiguo Testamento, descubrimos el llamado a la fe, que es encuentro  del hombre con el Dios verdadero, dirigido a los paganos, como lo recibió Naamán el sirio que sufre de lepra (2 Rey. 5, 10. 14-17), tal como escuchamos en la primera lectura. 
Por la acción de una sierva judía, -que según términos modernos llamaríamos misionera-, el general se encuentra con el profeta Eliseo y, siguiendo las indicaciones del mismo, a regañadientes, se baña siete veces en el Jordán y emerge curado, como de las aguas bautismales, tanto en su cuerpo como en su alma, quedando para siempre abierto a la adoración del Dios de la Alianza, dejando el politeísmo de su pueblo, y expresando “Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego un presente de tu servidor”. 
Eliseo declina el ofrecimiento de dones como agradecimiento, ya que la acción de Dios es siempre gratuita y omnipotente, sin que sea posible retribuir con don alguno.  
Naamán, pide entonces tierra de Israel para llevar a su país y así adorar al Dios verdadero, ya que según la concepción de la época, los dioses eran locales y se los podía adorar sólo en su país. 
Con esta concepción no había crecido todavía el sirio, ya que Dios escapa a toda limitación geográfica, está en todas partes y en todo tiempo, y su voluntad es la salvación de todos los hombres de buena voluntad, sin exclusividad alguna aunque haya empezado su plan de salvación en el pueblo de Israel.
2.- En el evangelio (Lc. 17, 11-19) nos encontramos con un grupo de diez leprosos que se encuentran con Jesús, lo llaman por su nombre diciéndole,  “¡Ten compasión de nosotros!”, manifestando así  cierto indicio de fe en su persona y en su poder para curarlos de su enfermedad corporal y espiritual, ya que la lepra era considerada como causada por el pecado, y estaban apartados no sólo de la comunidad familiar sino también del cuerpo religioso, de Dios mismo. Ante la súplica, Jesús les ordena ir a los sacerdotes para que certifiquen su curación, que se realiza en el camino, y puedan así reingresar al mundo del que estaban separados.
Con su obrar, Jesús confiaba en que estos hombres curados milagrosamente, se abrieran a la acción de la gracia, lo aceptaran como Dios verdadero, como había acontecido con Naamán el sirio.
Pero la sorpresa será grande ya que sólo uno regresa para agradecer de corazón lo realizado en su ser, un samaritano, considerado hereje, pecador y apartado de Dios. Los otros, provenientes probablemente del judaísmo, regresan a la sinagoga luego de ser justificados para volver a los suyos. El samaritano va mucho más lejos, quiere encontrase con el Señor Jesús a quien le debe su curación y de alguna manera ingresa a la Iglesia que estaba presente germinalmente en el corazón de Cristo. 
El Señor le dirá “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”, has entrado en el camino de la verdad y de la justificación mientras los otros continúan en la oscuridad de la sinagoga que no conoce a Cristo.
Es muy probable que este extranjero haya comenzado a partir de ese momento a testimoniar sobre lo que Jesús hizo en su persona, convirtiéndose así en misionero, aún sin haber sido enviado. 
3.-San Pablo escribiendo a Timoteo (II Tim. 2, 8-13), prisionero en Roma, dice que sufre y está encadenado como un malhechor por la Palabra que comunica, aunque esta no está encadenada, y que soporta estas pruebas por amor a los elegidos. ¿Quiénes son esos elegidos? No sólo los fieles al Señor sino también los que por el testimonio de los creyentes se conviertan y vuelvan a Dios.
Precisamente en este día el Cardenal Amato en nombre del papa Francisco, presidió en Tarragona, España, la beatificación de 522 mártires asesinados en la guerra civil de 1930, por odio a Cristo y la fe católica toda. Durante varios años sucesivos ya habían sido beatificados otros 757, sumando un total, por lo tanto, de 1279, entre obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y  laicos adultos y muy jóvenes. Los mártires fueron testimonio del amor a Cristo Nuestro Señor, ya que fueron muertos no en el campo de batalla, sino por el hecho de ser católicos, fieles a Jesús, seguidores siempre de la verdad absoluta. Murieron perdonando a sus asesinos, rogando por ellos y seguramente intercediendo posteriormente en la Vida eterna. Dieron testimonio que vale la pena dar la vida por Cristo, pasando antes por el proceso del maltrato, de la tortura, de los insultos y todo tipo de vejámenes.
En estos mártires muertos está presente también la Iglesia misionera, ya que su sangre fecunda con nuevas semillas de santidad la vida de la Iglesia, interpelando a todos los creyentes con su ejemplo, ya que la Palabra de Dios no está encadenada aunque muchas veces la Iglesia sea perseguida y despreciada.
La conversión de los enemigos de la Iglesia es deseada e implorada para que “ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús y participen de la gloria eterna”.
4.-Modelo ejemplar para nuestra vida de peregrinos, es ciertamente María Santísima, la primera misionera  enviada a todos los hombres para obtenerles la salvación. El papa Francisco ante la imagen original de Nuestra Señora de Fátima consagró hoy al mundo a la Madre de Dios, para que ella nos conduzca siempre al encuentro de su Hijo Jesús, meta ésta de toda evangelización en la Iglesia a la que somos enviados.
Queridos hermanos, recordemos lo que nos dice hoy el apóstol san Pablo “Esta doctrina es digna de fe: Si hemos muerto con Él, viviremos con El. Si somos constantes, reinaremos con Él. Si renegamos de Él, Él también renegará de nosotros. Si somos infieles, Él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo”.
Confiando siempre en la fidelidad del Señor que no nos niega su fuerza, llevemos confiadamente al mundo esta doctrina cierta digna de fe y de salvación.
(*) En el resto de la Iglesia se celebra el próximo 20 de octubre.


Padre Ricardo B. Mazza. Cura párroco de la parroquia “San Juan Bautista”, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en la Misa del domingo XXVIII del tiempo Ordinario. Ciclo “C”. 13 de octubre de 2013. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com




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