"El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz" (Isaías 9, 1-3.5-6). El texto refiere al pueblo de Israel, acosado por los asirios, siempre con dificultades a causa de su inferioridad, vivía en tinieblas a causa también de sus pecados, con la sensación de estar abandonado de la mano divina.
Sin embargo, Dios inspira al profeta, indicándole que transmita alegría y esperanza porque ha decidido liberarlo del yugo, del dolor y sufrimiento, para retornar a la tierra de promisión.
Esta alegría esperanzadora se funda en la presencia de un niño, porque "un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la Paz. Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino".
De este modo se anuncia el nacimiento del Mesías, el cual según la profecía de Miqueas, será en Belén de Judá.
Coincidente con el anuncio profético, el apóstol san Pablo dirá a Tito (2, 11-14) que "La gracia de Dios que es fuente de salvación para todos los hombres se ha manifestado". Palabras con las que se afirma que no solamente el pueblo elegido, sino toda la humanidad, está llamada a beneficiarse con la venida, con la llegada de este niño.
Ahora bien, ante la venida del Salvador es necesario nuestra respuesta personal por tanto bien recibido. ¿Y cómo? Nos lo dice el mismo San Pablo: la gracia "nos enseña a rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús".
O sea, no quedarnos en las trivialidades de este mundo, ni movernos por las insensateces de la sociedad, sino buscar ser distinto, ser diferente, amigos de Dios, con la mirada puesta siempre en la segunda venida del Salvador, anticipo de nuestra vida en la gloria.
Más aún, el mismo apóstol anticipa que este niño será quien llegado a la adultez se entregará por nosotros "a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien".
No obstante, como pueblo elegido, nos tocará vivir en medio de un mundo que es muchas veces hostil a Dios nuestro Señor, porque sigue en gran medida en la oscuridad de su propio pecado y maldad
al que se le ofrece la Luz, que es el nacimiento de Jesús, que viene a transformar y a cambiar la vida humana.
Por lo que es necesario que el ser humano alcance a percibir todo esto y se decida a vivir, y comprometerse cada vez más con aquel que viene a rescatarnos del pecado y de la muerte eterna.
Ahora bien, los ángeles anuncian la gloria de Dios (Lc. 2,1-14), por lo que también nosotros en medio de un mundo hostil e incrédulo hemos de anunciar la gloria del Señor, poniendo nuestra confianza en el mundo nuevo que Jesús inaugura, en la vida nueva que comienza, pensando en la presencia del Niño de Belén que se ofrece a toda persona de buena voluntad para comenzar con un compromiso distinto al que a lo mejor estábamos llevando hasta ahora.
La vida del cristiano siempre supone conversión y comenzar siempre algo nuevo. Y si algo nuevo es un compromiso mayor con el Salvador, la gracia de Dios entonces que se nos ha manifestado no nos va a faltar para poder realizar esto.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en la Solemnidad de la Natividad del Señor. 25 de Diciembre de 2024.
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