7 de octubre de 2011

“Como viñadores fieles al Señor, bebamos el vino de la salvación”

La historia que recorremos en la Biblia es la del amor entre Dios y los hombres. Pero este amor infinito de Dios para con la humanidad, no tiene siempre reciprocidad por parte nuestra.
Si tomamos el libro del Génesis nos encontramos con que Dios crea todas las cosas y las pone al servicio del hombre, colocado en el centro del paraíso y rodeado de los bienes necesarios para crecer según el designio de Dios, adorándolo y sirviendo a sus hermanos. Sin embargo, la respuesta del hombre fue el pecado, desagradecido de tantos bienes recibidos y, la pérdida del paraíso constituye el comienzo del peregrinar del hombre hacia la casa del Padre, con dificultad, pero con el amor del mismo.
El profeta Isaías (5, 1-7) afirma que Dios, su amigo, nos quiere como humanidad y como su viña, si bien en el texto aparece ceñida ésta a la casa de Israel, siendo los hombres de Judá su plantación predilecta.
Desde el principio el amor de Dios elige a un pueblo en Abraham, el padre de los creyentes, para que en medio del mundo brille la bondad y el amor de Dios. Amor pretendido por Dios como amor esponsalicio, y así, el amigo de Isaías que canta a la viña, está cantando a su esposa, porque de hecho la humanidad entera se desposa con su Creador desde el primer momento que venimos a este mundo.
Es tan fuerte esta unión esponsalicia que el mismo Hijo de Dios se hace hombre tomando la naturaleza humana, casándose con la humanidad, para así entrar en medio de nosotros y conducirnos como buen Pastor a la casa del Padre.
Este amor de Dios a su pueblo se ve muchas veces rechazado, de allí que “Yo esperaba que diera uvas –dice el profeta- pero dio frutos agrios”.
¡Qué dolor! ¡Qué tristeza! Haber trabajado tanto por la viña y ésta no da los frutos que se esperan. “Habitantes de Jerusalén –grita el profeta- son ustedes los jueces entre mi viña y yo, ¿qué más se podría hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?” “Y ahora les daré a conocer lo que haré con mi viña, quitaré su valla, será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada”. Palabras que se cumplen con la caída del reino de Judá a comienzos del siglo VI antes de Cristo y el caminar del pueblo hacia el exilio, lejos de su Señor, donde recordarán con añoranza el tiempo que estaban en la viña donde eran protegidos por el Señor que los ama desde toda la eternidad, y lo seguirá demostrando.
Por eso Jesús en el texto del evangelio (Mt. 21, 33-46) retomando la idea de la viña, dirá que ésta es el pueblo elegido esperándose que produzca mucho fruto.
Se envían los servidores, los profetas, para que señalen el camino que el pueblo debe transitar y para que recojan frutos de conversión entre sus miembros.
Pero los viñadores eliminaron a los enviados, no quisieron trabajar para otro, sino para ellos mismos. ¿Por qué hemos de trabajar para Dios? ¿Por qué hemos de escuchar la voz de los profetas? ¿Por qué nos han de instruir acerca del modo de vida que hemos de asumir? No escuchemos a otro que no sea nuestro propio juicio y entender- parecieran decir con vehemencia.
Es lo que sucede a veces en la actual viña del Señor cuando quienes presidimos las comunidades o los laicos mismos, pensamos que somos los dueños de la viña del Señor; y que como tales podemos hacer lo que nos parece con ella, seguir nuestros propios criterios, desoír la voz del Señor cuando esta resulta molesta a la concepción de muchos que se alimentan no con la palabra de Dios, sino con los criterios del mundo.
En la historia de la salvación cuando el Padre envía a su Hijo, como en la viña, de inmediato surge el planteo “vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y de ese modo Cristo muere en la cruz despreciado por todos, Él que es la vid verdadera, que ha venido a encontrarse con quienes formamos la viña, y señalarnos cuál es el camino de la verdad que lleva a dar frutos abundantes.
En la parábola que hemos escuchado, el mismo Jesús dirá a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo que están desprevenidos escuchando su palabra y no llegan a captar del todo las consecuencias de su respuesta,“cuando vuelva el dueño qué les parece que hará con aquellos viñadores”; y responden tranquilamente “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros que le entregarán el fruto a su debido tiempo”. Ante esto, Jesús les señalará que eso es precisamente lo que sucederá, que ellos son esos miserables que están trabajando para ellos mismos y no para Dios, y por eso se les quitará la viña y será entregada a otros. Esos otros son los gentiles, nosotros que no provenimos del judaísmo, y que constituimos la Iglesia, la nueva viña del Señor.
Nosotros por lo tanto hemos recibido ese compromiso, el ser los nuevos viñadores de la viña del Señor, de quienes se espera que demos fruto abundante. No nos debemos apoderar de la viña sino trabajarla para que de frutos.
Apoderarse de la viña es pretender que el evangelio de Cristo ha de ser reinterpretado conforme a nuestras costumbres o maneras de pensar anti evangélicas según las ideologías de nuestro tiempo. Querer apoderarse de la viña es poner en cuestión el mensaje del mismo Cristo.
Son muchos hoy día quienes no están de acuerdo con el mensaje de Cristo y buscan matarlo nuevamente para apoderarse de su viña y adaptarla a los usos y costumbres de la época.
Muchas veces en la vida de la Iglesia se da el querer apropiarse de la viña del Señor, darle otro destino, otra finalidad.
Esta tentación que fue la de los dirigentes del pueblo elegido se continúa a veces en nuestros días, cuando quienes hemos de cuidar la viña que se nos ha confiado, la invadimos con criterios personales que nada tienen que ver con los de Cristo originando los frutos amargos de la incredulidad o de la indiferencia para con el mensaje de Jesús.
Con frecuencia confundimos las cosas y la verdad e implicamos a los demás.
No pocas veces quienes hemos de ser pastores fieles al buen Pastor caemos en la trampa del maligno y concluimos pensando con los criterios del mundo que desea un evangelio que se amolde al mundo, deje de ser levadura, no moleste a nadie y conforme a todos.
En nuestros días también hemos matado a los profetas de la verdad a quienes no queremos oír ya en su recriminación y, nos seducen otros profetas que anuncian bonanza, placer, disfrute sin control, pornografía abundante hasta en la televisión, poder etc. Los profetas del hoy nos dicen que la palabra pecado ha de ser desterrada poniendo en su lugar el error, la equivocación, la debilidad. Nos aseguran que todo es lícito si no daña al prójimo o si este no se da cuenta que se lo daña. Nos dicen que lo verdadero no es la amistad con Dios, sino el no tener problemas con persona alguna, el no afectar la convivencia por sostener principios demasiado estrictos para nuestra época.
Siempre podremos convertirnos en viñadores homicidas, pero también con la gracia de Dios se nos convoca a involucrarnos, a ser fieles y a seguir trabajando para dar frutos a pesar de las dificultades y tentaciones que ofrece el mundo.
El mismo san Pablo (Fil. 4, 6-9) alienta a esta novedad de vida cuando dice “todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos”. ¡Qué hermoso si nosotros entramos de lleno en esta vida nueva que nos muestra el apóstol y buscamos dar frutos agradables!
Imploremos con humildad se nos conceda el poder obtener la uva nueva que procede de la unión con Cristo, el cual nos dice (Juan 15) que como los sarmientos unidos a la vid dan frutos, si estamos unidos a Él, daremos mucho fruto, mientras que separados de Él nos secamos y servimos sólo para el fuego.
Prolongación del dar frutos de bondad cada día, será ofrecer cada domingo el vino nuevo de nuestras obras para que se convierta en la sangre del Señor bebida de eternidad.


Padre Ricardo B. Mazza. Cura párroco de la parroquia “San Juan Bautista”, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XXVII durante el año, ciclo A.- 02 de octubre de 2011. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com




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