2 de noviembre de 2007

Por una nueva cultura de la vida

1.-Orígenes del Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”

Cercanos ya a la celebración del primer año de esta iniciativa eclesial, me parece conveniente recordar cuál fue y sigue siendo el espíritu que nos ha movido a emprender este caminar en la promoción de una Cultura de la Vida, que vaya desterrando la deletérea visión que ha traído a la sociedad toda desde hace tiempo, la Cultura de la Muerte.

Si bien el grupo Pro-Vida “Juan Pablo II” tuvo comienzo en la Pquia Ntra Señora de Lourdes de Santa Fe el 11 de Noviembre de 2006 - a instancias del grupo juvenil San Luis Gonzaga-, en la actualidad, siguiendo el ejemplo del Señor, nos ha parecido conveniente extender la convocatoria a toda persona de buena voluntad y así recibir a todo joven o adulto que quiera dar su tiempo y su corazón a este proyecto que pretende responder a la interpelación realizada por el papa Juan Pablo II en la encíclica Evangelium Vitae. De allí el nombre del gran Pontífice de la Vida.

En dicha Encíclica, Juan Pablo II nos dice que somos el pueblo de la vida, “porque Dios en su amor gratuito, nos ha dado el Evangelio de la vida y hemos sido transformados y salvados por este mismo Evangelio” (nº 79) y por lo tanto enviados como pueblo a “estar al servicio de la vida” servicio que “obliga a todos y cada uno” como “una responsabilidad propiamente eclesial, que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y de todas las estructuras de la comunidad cristiana” (nº 79).

Para la realización de este deber de bautizados, el Pontífice nos invita a: 1) anunciar el Evangelio de la vida, 2) celebrar el Evangelio de la Vida y 3) Servir al Evangelio de la Vida.

2.- Anunciar el evangelio de la Vida

Anunciar el Evangelio de la Vida significa llevarlo “al corazón de cada hombre y mujer e introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad” (nº 80-83), en la catequesis, en las escuelas y en todo el ámbito del anuncio de las maravillas de Dios.

“Este anuncio del evangelio de la Vida consistirá en iluminar las conciencias de los hombres de buena voluntad para que el ser humano advierta la dignidad de la que está revestido desde la concepción hasta su muerte natural, y así valorar la vida temporal como camino para la eterna.

La cultura de nuestro tiempo pretende hacernos olvidar que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, presentándonos un prototipo de persona que se aleja cada vez más de la voluntad del Creador.

Es urgente tomar conciencia de esta dignidad, toda vez que el desprecio por el hombre campea en todos los campos.

En actitudes, en gestos, en políticas de Estado, se advierte que la persona humana no es vista como venida de la mano de Dios y llamada a la eternidad, sino que más bien se la presenta como una más dentro del engranaje de la vida económica, social y política.

Iluminar las conciencias pretende recobrar nuestra identidad de hijos de Dios a pesar de que se pretenda hacernos creer que no tenemos futuro eterno, y que sólo existimos para servirnos y no para la entrega generosa de nosotros mismos en obras de bondad.

Y así el grupo Pro-Vida, deberá iluminar para vencer las lacras que se ciernen sobre la vida no nacida y sobre el término de la misma, pasando por la dignificación del hombre en todo su recorrido temporal “(1)

3.- Celebrar el Evangelio de la Vida.

Junto con esto, estamos llamados a celebrar el Evangelio de la Vida . Celebrar al Dios de la vida, al Dios que da la vida, en los sacramentos, especialmente la Misa dominical, la religiosidad popular, las devociones a Jesús, María y los santos, como aquellos que vivieron la vida divina en profundidad (nºs 83-86).

“De hecho el vivir de muchas personas cristianas sin la presencia de Dios, sin oración, sin eucaristía, sin sentirse familia, es un signo de que no se ha valorado profundamente nuestro origen y nuestro fin, lo que encarna ser hijo de Dios y lo que significa haber recibido la vida humana como camino a la eterna.

Es el hombre y su dignidad creatural el ámbito que debe recorrer la Iglesia incansablemente en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (2)

De allí que la página Pro-Vida, siguiendo el pedido del Papa Juan Pablo II presentará la figura de los santos que han gastado su vida temporal por Dios y sus hermanos, de modo que el advertir lo vivido y ofrecido por ellos, nos ayude a comprender el amplio campo que implica la cultura de la vida.

Igualmente celebrar la vida significará ir mostrando la belleza de la Liturgia como camino de crecimiento en la vida divina desde lo humano.

Celebrar la vida implicará, desde el perfeccionamiento de la dignidad humana por el bautismo, robustecer nuestra mirada hacia los sacramentos de la Reconciliación, que nos devuelve la vida divina perdida por el pecado, la Eucaristía que nutre en el caminar cotidiano al homo viator que es cada uno de nosotros , el Matrimonio como celebración gozosa de la vida incoada en el nacimiento futuro de nuevos ciudadanos de la Patria y celebración “de la vivencia generosa de la maternidad, la entrega diaria al trabajo honesto de cada uno y en los gestos de amor para con el prójimo”.(3)

4.-Servir al Evangelio de la Vida.

Una tercera tarea para nosotros es la de servir al Evangelio de la Vida (nºs 87-91) “mediante el servicio de la caridad, que se manifiesta en el testimonio personal, en las diversas formas de voluntariado, en la animación social y en el compromiso político” (nº 87).

“El grupo Pro-Vida fomentará por lo tanto lo que es digno de la persona, señalando que la prostitución, la drogadicción, el desamparo, la pobreza estructural, las familias carentes de lo necesario para vivir, la falta de trabajo, la carencia de vivienda y de atención adecuada de la salud, contrarían lo que Dios quiere para nosotros como dignificante y elevante de nuestra condición humana llamada a la eternidad.

La violencia de todo tipo, el olvido del hombre por sus hermanos son acciones que no favorecen la vida digna a la que estamos llamados.

Es aquí dónde todos podemos hacer algo, aunque más no sea dando algo de nuestro tiempo y esfuerzo por hacer más feliz la vida humana.

Amar la vida es trabajar para dignificar permanentemente al hombre tantas veces olvidado por la mentalidad de una sociedad cerrada en sí misma que sólo busca el autismo de los placeres efímeros.

Luchar por la vida es trabajar para que haya proyectos políticos que enaltezcan a la persona, y donde el bien común sea la finalidad de principal del quehacer humano”(4).

Recordando por lo tanto lo expresado hace ya un año, nuevamente “queda hecha la invitación a todos para ir estudiando juntos los caminos a través de los cuales podemos llevar este mensaje de dignificación de la vida humana a todos aquellos que están confundidos o que no han terminado de reconocer su propia identidad de hijos de Dios”(5).

(1) (2 )(3)(4 y (5)).“La Grandeza de la Vida Ofrecida”( Homilía del 11 de Noviembre de 2006”)

Padre Ricardo B. Mazza. Director del Grupo Pro-Vida “Juan Pablo II”

ribamazza@gmail.com. http://ricardomazza.blogspot.com/ www.nuevoencuentro.com/provida

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