31 de agosto de 2026

Jesús le dice a Pedro, "¡Vete de aquí, satanás. Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!".

 
Los textos bíblicos que la liturgia de hoy contempla, dejan  en claro que lo más importante en la vida del ser humano es su unión con Dios, por eso, recorramos los mismos y  descubramos esta verdad. 
Si tomamos la primera lectura del libro del profeta Jeremías (Jer.20,7-9), el mismo confiesa: "¡Tú me has seducido Señor,  y yo me dejé seducir!, ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí."
O sea, la iniciativa la tiene Dios, que elige al profeta para que sea su portavoz en medio del pueblo, debiendo  sufrir oprobios.
De manera que  esta vocación no es gratuita, ya que ha de sufrir persecución, siendo la misión que se le ha encomendado una carga pesada, sintiéndose tentado de abandonarla. 
Pero el mismo Dios lo  fortalecerá y él será fiel hasta la muerte a lo que el Señor le pide, esto es, que sea la voz en medio del pueblo, aunque se lo desprecie, o se lo persiga, o no se lo tenga en cuenta, o se lo vea como profeta de calamidades.
Es decir, él seguirá fiel hasta el fin, acompañado por el único soporte que tiene en su vida, que es la gracia de Dios. 
Para los ojos de los hombres, su vida no tiene sentido, pero para el Creador que lo envía, su existencia es valiosa.
En el  salmo interleccional (Ps 62) hemos cantado, "Señor mi Dios, te busco desde la aurora, mi alma tiene sed de Ti!
¡Qué hermosa expresión! ¡Ojalá cada uno de nosotros busquemos a Dios desde la aurora!. ¡Que nuestro primer pensamiento se oriente al Creador, a tenerlo en cuenta a Él, y decirle humildemente, Señor, te ofrezco todo mi día!. ¡Soy pecador, es posible que te falle, pero con tu paciencia, y  gracia, podré  ofrecerte mi vida!.
A su vez, ¿Qué es lo que nos recuerda San Pablo en la carta a los romanos? (Rom. 12,1-2) Que ofrezcamos nuestros cuerpos, almas y vida toda a Dios como una ofrenda pura, como la ofrenda de alguien que se inmola por el amor divino. Y san Pablo, al decir esto, está también recordando lo que Jesús dice en el evangelio, acerca de tomar nuestra cruz. 
Porque dice el apóstol, no tomemos como modelo el espíritu de este mundo, sino el del evangelio. A lo largo de nuestra vida, nos movemos entre estos dos reinos, el de Dios y el del espíritu del mundo, que se identifica con el espíritu del mal.
Continuamente tenemos la tentación de oír más las voces que provienen de este mundo y no la enseñanza del evangelio. 
¡Cuántas veces, para las grandes decisiones, preferimos escuchar más al mundo que al evangelio! ¿Cuántos se plantean antes de una acción concreta cuál es la voluntad de Dios? o ¿Sólo tienen en cuenta  el pensamiento del mundo? 
Ese mundo que lleva a pensar que lo que deseo no está tan mal o todo el mundo lo hace o hay que modernizarse.
Es muy común que pase esto, porque se piensa que cada uno tiene que ser  diferente, conforme al  pensamiento circulante.
Los novios que  planean irse a vivir juntos sin casarse,  no tienen en cuenta el evangelio, sino lo que la sociedad, la cultura de nuestro tiempo les enseña. 
Por eso, la renuncia de la que habla Jesús en el evangelio, cada persona tiene que aplicarla a cada momento de su vida. ¿Y qué pasa en el texto del evangelio? El texto de hoy es una continuación del  domingo pasado (Mt. 16, 21-27), en el que Pedro declara sobre Jesús, que era el Hijo de Dios vivo, el Mesías, y Jesús le dice, esto te lo dio a conocer mi Padre que está en el cielo, no la carne o la sangre.
Pero hoy, Jesús le dice a Pedro, "Vete de aquí, satanás. Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". 
¿Qué sucedió para que el trato de Jesús con Pedro cambiara radicalmente? fue Pedro ciertamente el que actuó mal.
En los dos textos, queda patente cómo el ser humano muchas veces recibe la iluminación divina para afirmar la verdad, y cuántas veces, en cambio, se deja llevar por el espíritu del mal, como en este caso, por lo que Jesús le dice a Pedro, vete de aquí, satanás, tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres. 
O sea, le está diciendo, has de cambiar de mentalidad, no te estés amoldando a lo que piensa el mundo, sino que tienes que vivir de otra forma,  o sea, seguir el espíritu de tu Señor.
¿Y por qué Pedro reacciona así? Porque le entró miedo, porque Jesús anuncia que se dirige a Jerusalén, que allí sufrirá mucho, será muerto para después resucitar.
Jesús está anunciando su pasión, que entregará su vida, por eso dirá, que quien quiera seguirlo tiene que estar dispuesto también a dar su vida por el evangelio, por su Señor. 
Si alguien quiere seguirlo pero guardando su vida, o sea, sin sacrificio, sin ofender a nadie, sin pelearse con alguien a causa de Cristo, la  estará perdiendo para el Reino, se privará del encuentro con el Señor, el vivir con y para Èl, y luego gozar para siempre en la gloria eterna. 
El que quiera guardar su vida, la perderá el que pierda su vida, el que se juegue en este mundo por la causa del evangelio, por defender la verdad, aunque muera vivirá.
Esa es la enseñanza justamente que nos deja el texto del evangelio, que  Jesús remata diciendo que Èl vendrá luego a juzgar a cada uno conforme a sus obras. 
Por eso, hermanos, hemos de vivir sin miedo,  vivir en la convicción de nuestra condición de católicos, que hace mucha falta hoy en día, donde la fe ya no se vive, o es una fe líquida, como se llama, o sea, el ser humano acepta solamente lo que le gusta, o se adapta a lo que el espíritu del mundo dice. 
Queridos hermanos, si queremos seguir a Cristo, nuestro Señor, recordemos que seguirlo es entregar la propia vida por  su causa, como Él la ha entregado por cada uno de nosotros.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en el domingo XXII del tiempo litúrgico durante el año.  Ciclo A. 30 de agosto de 2026

24 de agosto de 2026

"¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos!"

San Pablo escribiendo a los cristianos de Roma (11,33-36) exclama: "¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos!" "¿Quién penetró en el pensamiento del Señor?..."Porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él, y es para Él!", por lo que sólo a Dios  hemos de dar gloria y honor permanentemente,  sin olvidarnos nunca del misterio divino que se manifiesta siempre para nuestro bien.
Según este mensaje paulino, inferimos que es Dios quien toma las decisiones que son importantes para nuestra vida. 
Y, precisamente lo acabamos de escuchar en el texto del evangelio (Mt. 16,13-20) cuando Jesús pregunta, "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?"
Y los discípulos responden que la gente piensa que es Elías o Jeremías, o alguno de los profetas, o Juan Bautista que ha resucitado, todos personajes importantes para la vida del judío común y la revelación divina, sin ser la respuesta correcta.
Por eso Jesús insiste, "¿Y ustedes quién dicen que soy?" Y Pedro, tomando la palabra, responderá, "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo", por lo que el Señor reconoce que esa manifestación de Pedro no es ocurrencia suya, sino que el Padre se lo ha manifestado. 
Como observamos al principio, es el Dios insondable en sus pensamientos y en sus designios, quien le ha descubierto a Pedro que quien pregunta acerca de sí es su Hijo hecho hombre, Jesús.
Por otra parte, el testimonio de Pedro está unido a la misión que se le encomienda  no por sus méritos, ni por su santidad o por su capacidad, sino porque Dios así lo quiere. 
Y por eso el Señor Jesús le cambiará el nombre de Simón, y le dirá "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella"
Sin duda alguna que la piedra sobre la que Jesús edificará su Iglesia, es Él mismo,  la verdad de ser el Mesías el  Hijo de Dios vivo, y Pedro y los apóstoles serán las piedras visibles de la Iglesia, en la que continuarán la obra de Jesús.
Por eso tenemos que llamar Iglesia únicamente a la católica, precisamente porque es la que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios vivo y acepta a Pedro y a los demás apóstoles.
Todas las demás que se llaman iglesia, en realidad, son una mala imitación, porque si no está Pedro, no está la iglesia. Más allá de que Pedro sea bueno o malo, santo o no, fue elegido para ser vicario de Jesús, por lo que sigue diciéndole:  "Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".
¿Y qué es dar las llaves? Para eso tenemos que remontarnos a la primera lectura tomada del profeta Isaías (22,19-23) que habla del recambio de mayordomo en el palacio del rey. 
A ese mayordomo se le da las llaves del palacio para que lo custodie, para que lo que cierre nadie lo pueda abrir, y lo que abra nadie lo pueda cerrar. 
Esta imagen que aparece en el antiguo testamento, siempre la Iglesia la ha aplicado justamente a la entrega de las llaves a Pedro, y significa que él debe cuidar la Iglesia que Jesús ha fundado y a la cual nosotros pertenecemos.
Y sigue describiéndose el misterio de Dios al afirmar que las puertas de la muerte no prevalecerán. En otras traducciones serán las puertas del infierno, las puertas del Hades. O sea, el mal nunca va a prevalecer sobre la Iglesia. 
Y, de hecho, lo vemos a diario ya que,  ¡cuántos reinos e imperios han sucumbido a lo largo de la historia humana! mientras la Iglesia que no tiene ejército y tiene enemigos tanto afuera como adentro, sigue en pie, porque Cristo es la garantía de Ella ya que manifiesta los misterios del reino.
Por eso, hemos de estar cada día más unidos a la Iglesia como institución, más allá de los desencuentros que existen, o de las opiniones o chifladuras de cardenales o de obispos o de sacerdotes que dicen disparates. 
La iglesia está presente en el mundo y es Cristo quien la mantiene firme, siendo el papa sucesor de Pedro quien ha de confirmar a todos los bautizados en la fe. 
Nosotros hemos de prepararnos  para la venida del Papa en el próximo mes de noviembre por medio de la oración, disponer nuestro corazón para escuchar al sucesor de Pedro y aprender de sus enseñanzas para aplicarlas a nuestra vida.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en el domingo XXI del tiempo litúrgico durante el año.  Ciclo A. 23 de agosto de 2026

17 de agosto de 2026

Los paganos están llamados también a la misericordia, ya que "los cachorros comen las migajas que caen de las mesas de sus dueños".

 

En el texto del evangelio (Mt. 15,21-28) recibimos la enseñanza que,  si bien, la predicación  de la salvación, en primer lugar, ha de dirigirse al pueblo elegido, al pueblo de Israel, también los paganos están llamados a la misericordia, ya que "los cachorros comen las migajas que caen de las mesas de sus dueños".
El cuadro es muy simple y sencillo, una mujer cananea que procedía del territorio de Tiro y Sidón, por lo tanto  pagana,  perseguía a Jesús sin detenerse y  a los gritos de "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio!" 
En un primer momento, Jesús no hace caso a la súplica, pero la mujer no desiste, corriendo detrás del Señor, gritando su reclamo continuo para que la escuche, de tal modo que los mismos discípulos molestos, con tal de sacársela de encima, le piden al Maestro  "atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". 
Y Jesús, entonces, dice, " Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Sin embargo, la mujer movida por la fe y, postrándose ante Jesús, insiste en su súplica Señor, socórreme!", tomando el sufrimiento que soportaba la hija para asumirlo ella misma.
Jesús responde "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo  a los cachorros", a lo que responde la mujer "¡sin embargo, los cachorros comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños!", lo cual  define el sentir de esta mujer, que es una actitud de fe, manifestada incluso al llamarlo Hijo de David, exteriorizando así su fe en el Mesías. 
Por eso, Jesús la alaba por su gran fe, y su hija queda curada.
Realmente, es un texto muy simple y hermoso, cargado de misericordia del Señor y de anuncio mirando el futuro. 
Es por eso que el mismo San Pablo (11,13-15.29-32) escribiendo a los romanos, como acabamos de escuchar, dice expresamente, que dado que el pueblo de Israel no aceptó al Mesías,  fueron llamados y elegidos en su lugar los paganos, y aquellos que estaban separados de la misericordia de Dios la encontraron por la fe en Él como enseña el evangelio.
Pero se encarga de anunciar que así como ahora, la falta de fe del pueblo judío trajo la misericordia a los paganos, también esto traerá en el futuro la misericordia para el pueblo de Israel, ya que "los dones y el llamado de Dios son irrevocables".
Y tendrá esa frase importante, que "Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos".
O sea, considerados pecadores para que el Señor pudiera ejercer su misericordia con el pueblo de Israel y los paganos. 
Por eso también estamos aquí, porque hemos recibido la misericordia del Señor, ha venido entre nosotros para mostrarnos la voluntad del Padre, y muriendo en la cruz, nos redime del pecado y de la muerte eterna. 
Por eso, hemos de valorar el hecho de haber sido llamados para formar parte del nuevo pueblo de Israel, que es la iglesia.
Y por eso tenemos que insistir mucho en lo que pedíamos en la primea oración de esta misa, "Recibir el amor divino para que, amando a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo, podamos algún día encontrarnos en la gloria del cielo.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en el domingo XX del tiempo litúrgico durante el año.  Ciclo A. 16 de agosto de 2026

16 de agosto de 2026

Como creyentes sentimos que estamos exiliados en esta patria terrenal, porque la verdadera Patria, desde la fe, es participar de la gloria del cielo.

 
"¿Quién soy yo para que la madre de mi señor venga a visitarme?" -exclama Isabel (Lc. 1, 39-56). Y esto deberíamos decir siempre  nosotros, toda vez que la Virgen viene a nuestro encuentro. 
No solamente la Madre de Jesús y Madre nuestra, nos acompaña cuando rezamos el rosario o cuando la invocamos en medio de las pruebas de esta vida, sino que a lo largo del año litúrgico, la Virgen Santísima viene a nuestro encuentro e invita a celebrar alguna de las maravillas que se han realizado en su persona. 
Por eso, como la misma Virgen afirma en el evangelio, en su canto el Magnificat, será dichosa a lo largo de las generaciones.
Todo el mundo la ha de considerar como feliz, como la elegida del Padre para ser Madre del Redentor, por eso,  justamente hoy venimos a honrarla en esta gran fiesta,  de su asunción  a los cielos en cuerpo y alma. 
Esta advocación que ya se celebraba en la antigüedad, como la fiesta de la dormición de nuestra Señora, alcanzó el rango de definición dogmática en el año 1950, cuando el papa Pío XII el primero de noviembre, declaró como dogma de fe el que María, una vez terminado el curso de su vida mortal, había sido llevada al cielo en cuerpo y alma. 
El dogma no define si la virgen murió o no murió, sino solamente que su cuerpo fue llevado al cielo sin que fuera ella pasible de padecer la corrupción del cuerpo, cosa propia y consecuencia de la muerte temporal.
De allí que María Santísima se vio junto al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en cuerpo y alma. 
Así como Cristo resucitó de entre los muertos, lleva a su madre al cielo sin que padezca los efectos de la muerte. 
¿Y qué significa esto para nuestra vida? Que la naturaleza humana, -como ya habíamos celebrado el día de la ascensión del Señor- ya está junto a Dios. 
En efecto, la experiencia que tenemos nosotros de la muerte es que se separa con la misma, el cuerpo  del alma, quedando el cuerpo en este mundo siguiendo el proceso natural que  es propio de la muerte, y el alma que comienza en la gloria de Dios o en la separación definitiva del mismo. 
Pues bien, ya la Virgen  con su presencia en cuerpo y alma en el cielo, manifiesta que no es un engaño lo que esperamos, es decir, nuestra resurrección final y la unión al fin de los tiempos de nuestro cuerpo y de nuestra alma para seguir en la gloria del Padre, si así estamos viviendo. 
De modo que la muerte ha sido vencida ya anticipadamente en María santísima, por más que definitivamente en el hombre sea vencida al final de los tiempos, como lo anuncia el apóstol san Pablo (I Cor.15, 20-27). 
Esta fiesta de la Asunción de la Virgen, entonces, también  invita a contemplar los bienes celestiales, sin descuidar nuestra tarea, nuestra misión en este mundo, sabiendo que nuestro existir acá es de paso, es transitorio.
Por eso, ya desde este mundo, añoramos la gloria futura, o sea, como creyentes sentimos que estamos exiliados en esta patria terrenal, porque la verdadera Patria, desde la fe, es participar de la gloria del cielo. 
Pidamos, entonces, a la Santísima Virgen que nos proteja en este caminar diario, para que no olvidemos nunca ir al encuentro de su Hijo, para que no olvidemos vivir como resucitados ya anticipadamente, buscando la gloria de Dios, buscando el bien también de nuestros hermanos.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en la Solemnidad de la Asunción de María Santísima. 15 de agosto de 2026

10 de agosto de 2026

La barca en medio del mar proceloso, está significando a las fuerzas del mal, que buscan apoderarse de la Iglesia que navega siempre entre persecuciones.

La palabra de Dios deja varias enseñanzas en el día de hoy para nuestra reflexión y posterior cumplimiento.
Vayamos recorriendo los distintos textos. En la primera lectura nos encontramos con el profeta Elías (1 Reyes 19,9.11-13)  que se dirige al monte Horeb  donde el pueblo elegido había recibido las tablas de la ley. Está   huyendo porque la situación en Israel, en ese momento, era el de la idolatría, por lo tanto muy peligroso para quien fuera seguidor del verdadero Dios.
En efecto, bajo el reinado de Acab y de Jezabel su reina pagana, se había generalizado el culto idolátrico a los baales.
Y Elías, entonces, vuelve a los orígenes, al Horeb, allí quiere encontrar paz y tranquilidad, con el Dios verdadero. 
Recuerda el texto que Dios se le manifiesta a través de la brisa suave, para indicar que también viene a nosotros de una manera simple, pero precisa y eficaz,  enseñando que  hemos de huir de los cultos idolátricos de nuestra época, ya que nos acecha la tentación permanente de dejar al Dios verdadero para seguir otras deidades.
En efecto, hoy muchos católicos están enamorados de cultos paganos, del mundo oriental, y de cuánta cosa rara aparece en la sociedad y en la cultura de nuestro tiempo, y si tiene que pagar, con gusto paga para seguir los engaños del demonio. 
Por eso es necesario volver siempre a la purificación que nos otorga el Dios verdadero, ir a las fuentes de nuestra fe. 
La segunda  enseñanza la encontramos en la carta de san Pablo a los romanos (9, 1-5) ¿Qué dice allí san Pablo? Está muy dolorido, al ver que los judíos que han recibido tantas promesas y beneficios, que fueron sacados de Egipto, que son los elegidos de Dios, sin embargo, siguen sin convertirse.
O sea, hay cierto parecido con el la primera lectura. 
¿Y qué hace Pablo? Reza y ofrece lo mejor de sí mismo pidiendo la conversión de sus hermanos. También nosotros hemos de pedir la conversión de muchos que están alejados del Dios verdadero, y que no reconocen tantas gracias, tantos dones recibidos a través de Jesucristo, nuestro Señor. 
La tercera enseñanza la encontramos en el evangelio (Mt. 14, 22-33) en el que se narra que Jesús desea orar al Padre.
En efecto, el domingo pasado habíamos escuchado que quería orar y no pudo hacerlo porque se encontró con la muchedumbre que lo seguía, se conmovió, curó a muchos enfermos y multiplicó los panes y los peces. 
Eso nos hace ver que aunque la oración es importante, muchas veces hemos de posponerla para atender las necesidades del hermano.
Volviendo al texto proclamado, encontramos a Jesús orando, ya que en cuanto hombre, quiere encontrarse con el Padre del cielo, quiere alimentarse con este diálogo íntimo con Él. También nosotros hemos de buscar permanentemente  encontrarnos con Dios a través de la oración.
A su vez, el texto se refiere a la barca en la que van los discípulos y que es azotada por las olas y por el viento. 
Siempre que la Escritura se refiere a la barca en medio del  mar lleno de bravura y del viento impetuoso, está significando a las fuerzas del mal, que buscan apoderarse de la barca que es la iglesia, y que navega siempre entre persecuciones.
Muchas veces, a lo largo de los siglos, la iglesia ha navegado en medio de un mar proceloso padeciendo persecución. 
También ahora, ¿Cuántos entregan su vida y son martirizados por defender la fe, esa fe que es atacada, especialmente por el mundo islámico. La nave de Pedro está como queriendo hundirse, pero está Cristo, nuestro Señor, que a veces lo vemos como un fantasma, como alguien que no es real, sin embargo, está presente en medio de nuestras dificultades.
Y por eso cuando Pedro le dice, "manda que vaya a ti", Jesús le dice, ven. Pero Pedro comienza a hundirse cuando se olvida de la seguridad que trae Cristo para fijar su atención en la inseguridad de las aguas y del viento. 
Por eso, en un mundo muchas veces proceloso, tormentoso, no hemos de perder la fe en Cristo nuestro Señor, saber que Èl está siempre presente en medio de las pruebas y persecuciones de este mundo.
Por eso, la necesidad de renovar el anuncio de quién es Jesús, como lo hicieron los discípulos en la barca,  "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en el domingo XIX del tiempo litúrgico durante el año.  Ciclo A. 09 de agosto de 2026

3 de agosto de 2026

El milagro de la multiplicación de los panes y peces se realizó, porque Dios actúa siempre sobreabundando lo poco que le ofrecemos.

 

Recién afirmábamos en el cántico aleluyàtico que "el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt. 4, 4b), resumiendo así la enseñanza del profeta Isaías (55,1-3).
Éste destaca cómo el ser humano gasta su fortuna, sus esfuerzos y trabajos, para conseguir los bienes pasajeros, como si estos fueran lo màs importante en el transcurso de la vida humana. 
En efecto, si bien muchos de los bienes son necesarios, otros no tanto, porque siempre está la tentación de la avaricia, de  colmarnos de cosas innecesarias, o que podríamos compartir con otros.
Por eso es que Dios invita por el profeta a recibir alimentos suculentos gratuitamente, porque "Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David".
Es decir, el texto se refiere al encuentro personal con el Creador, con Dios omnipotente, que es quien regala permanentemente todos los bienes que hemos de apreciar, pero que no deben ocupar toda nuestra atención. 
Buscar a Dios ha de ser el objetivo de nuestra vida, lo cual debe llevarnos a afirmar con el apóstol san Pablo (Rom. 8,35.37-39) "¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?" y seguirá insistiendo que "ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús".
Esa ha de ser nuestra preocupación diaria, que nada ni nadie nos separe del amor de Cristo, el cual ha de estar en nuestro corazón, en primer lugar, debe colmar todas nuestras insatisfacciones,  deseos y aspiraciones. 
En síntesis, acudir, por lo tanto, a Jesús, nuestro Señor, ya  que Él nos quiere dar el verdadero alimento.
Fíjense ustedes el texto del evangelio (Mt. 14,13-21), Jesús sube a la barca, desea ir a rezar, a meditar a solas, en cuanto  hombre quiere encontrarse con el Padre del cielo, ya que como Dios, obviamente, vive presente en la Trinidad. 
Sin embargo, al llegar a la orilla, le es imposible retirarse a orar porque una multitud que lo había seguido por tierra, lo está esperando, "y compadeciéndose de ella, curó a los enfermos", de sus dolencias ya sea físicas como espirituales, porque Cristo ve permanentemente al  hombre en su totalidad y cuáles son sus verdaderas necesidades.
Y llega el atardecer, los discípulos advierten a Jesús para que despida al gentío, enviándolos a todos a las aldeas vecinas, para que busquen de comer y alojamiento para los de lejos.
Pero Cristo responde, "denles de comer ustedes mismos", pero los discípulos manifiestan que sólo tienen cinco panes y dos pescados, insuficientes para dar de comer a tanta gente.
Sin embargo, Jesús dice, "tráiganme los panes y los peces" , los bendice y, multiplica esos bienes para que todos coman, siendo en total cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. 
¿Cómo es posible este milagro? Muchos que no tienen fe, no creen en la multiplicación de los panes y de los peces, y así hacen una interpretación del texto bíblico diciendo que lo que se ejercitó fue la solidaridad, de modo que cada uno puso algo de lo que tenía para alimentar a todos.
Sin embargo, el milagro se realizó, porque Dios actúa siempre multiplicando lo poco que le ofrecemos. 
Y así, tenemos, el ejemplo de san Juan Macías, a quien veneramos en este templo,  que hizo muchos milagros por la gracia de Dios, alimentando a multitud de pobres hambrientos.
Uno de estos prodigios aconteció estando muerto,  importante para su canonización, ya que Dios intervino por su intercesión.
En efecto, en una oportunidad, las cocineras que preparaban la comida para alimentar a muchos pobres en el convento de Lima, se percatan que sólo queda un poco de arroz. Desesperadas, invocan a San Juan Macías, y el arroz se fue multiplicando, el guiso fue agrandándose cada vez más, y pudieron saciar a todos los hambrientos que se acercaban en ese mediodía. Ahí se cumplió lo del evangelio, entregaron lo poco que tenían y Dios multiplicó el esfuerzo ofrecido.
Nos está dejando un mensaje el texto del evangelio y, es que  si el mundo fuera más generoso, si se compartieran más los bienes y no se acapararan como acontece en nuestro tiempo,  que unos acumulan bienes permanentemente y otros no tienen que comer, si el ser humano compartiera más con sus hermanos, habría para todos. 
Para lo cual, indudablemente, debe primar el amor a Cristo. Solamente el amor a Jesús, verdadero y profundo, motiva y lleva al corazón del hombre a la generosidad, a la misericordia, a poner un granito de trigo para que otros, con la multiplicación obrada por el Señor, puedan alimentarse.
Siempre es mucho lo que podemos hacer si se realiza con amor, y eso es lo que pide Jesús  cuando expresa "denles de comer ustedes". Siempre estamos a tiempo de acercarnos al que tiene menos para ayudarle con lo que tenemos. 

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía  en el domingo XVIII del tiempo litúrgico durante el año.  Ciclo A. 02 de agosto de 2026