Y a partir de esta idea, desarrolla su pensamiento acerca de lo que significa amar al prójimo citando algunos de los mandamientos, recordando que el que ama no hace mal, no hace daño, no perjudica a los otros, porque el amor es la plenitud de la Ley.
Realmente, cuando existe un corazón bondadoso, lo que busca siempre no es la destrucción del otro, sino, al contrario, busca su bien, y dentro de los bienes, el más importante es el bien espiritual.
Es cierto que a veces alguien sufre necesidad material y es lo que reclama en su pedido de ayuda a cada uno de nosotros.
Pero cuanto más busquemos el bien espiritual, más también estamos manifestando el amor al prójimo.
Porque, en definitiva, el bien material, en este mundo, queda en este mundo, pero si la preocupación es por el bien espiritual del otro que está descarriado, estamos pensando en la gloria eterna, en la vida con Dios para este prójimo.
Sabemos que todos somos hermanos, aún incluso nuestros enemigos, y esto porque el Padre que tenemos es uno solo para todos, el cual hace salir el sol sobre buenos y malos, sobre ricos y pobres, sobre todo el mundo.
Dios mira a todos como hijos suyos, y si esos hijos suyos están bautizados, los mira como hijos adoptivos, que han entrado en la intimidad divina.
Y siguiendo a los textos de hoy, entonces, descubrimos que hablan de este bien espiritual, que se traduce como la corrección fraterna o paternal del prójimo que está en falta.
En la primera lectura tomada del profeta Ezequiel (33,7-9), que acompaña al pueblo de Israel en el destierro de Babilonia, observamos que Dios lo pone como centinela para que comunique al pueblo lo que quiere anunciarle, y que esté atento para corregir al malvado y, sacarlo de su pecado.
Y si éste que obra mal lo escucha y se convierte, habrá ganado un hermano, salvará al que se ha convertido y también será tenido en cuenta como bien para el profeta.
Pero si el profeta guarda silencio y no corrige al malvado, y el malvado muere en esas condiciones, se condena por su propio pecado, pero el profeta tendrá que dar cuenta por no haber advertido al malvado para que se convierta y cambie, por lo que advertimos que tiene una misión muy importante.
Si contemplamos el evangelio (Mt. 18,15-20), conocemos que Jesús, dirigiéndose a los discípulos, les habla de la caridad por medio de un acto propio de la misma que es la corrección fraterna y la corrección paterna.
Si tu hermano te ofende, dice Jesús a los discípulos, ve y corrígelo, pero hazlo de buena manera, no con aire de superioridad, no atacando al que ha cometido la falta, sino facilitándole que pueda advertir su pecado y arrepentirse.
Y si esto se logra, también se habrá ganado un hermano. Santo Tomás de Aquino, cuando habla de la corrección fraterna en la suma teológica, en el tratado de la virtud de la caridad, enseña que la corrección fraterna es la obra de caridad más perfecta, porque intentamos salvar al prójimo.
Quedamos eximidos de ejercer esta corrección fraterna si se advierte que la corrección puede traernos daño al corregir de buena fe, o que la persona se empecine en su pecado y no cambie, por lo que el remedio es peor que la enfermedad.
Ahora bien, no está exento de corregir aquel que debe realizar lo que se llama la corrección paternal, porque ha de contemplarse el bien común por encima del bien personal.
Por ejemplo, la corrección del padre a sus hijos, esta debe llevarse a cabo aunque estos pataleen, y advertir cuál es el mal que se está cometiendo. El superior también debe corregir al súbdito, aunque a esta persona no le agrade, cuando está influenciando negativamente a otros.
Esta corrección paternal, también la han de ejercer los apóstoles, como advierte Jesús en el evangelio, cuando dice, lo que perdonen en la tierra será perdonado en el cielo, y lo que retengan en la tierra será retenido en el cielo.
¿Cuál sería la corrección fraterna o paterna realizada por los apóstoles? Por ejemplo, el obispo cuando corrige a un sacerdote que transita el mal camino, o el papa que corrige a los obispos o cardenales que están enseñando cosas fuera de la doctrina de la iglesia, están ejerciendo una corrección paternal necesaria, porque la persona corregida, hace mucho daño al cuerpo general de la iglesia.
De manera que la Palabra de Dios nos va invita a buscar el bien del prójimo, de aquel que está obrando mal, que nos ofendió u ofendió a otros, o que ofendió al cuerpo de la Iglesia o la familia o al cuerpo de una institución.
Hay características indudablemente distintas, pero siempre a de primar el amor fraterno, como nos decía San Pablo. Cuando no es posible corregir, porque a veces es peor el remedio que la enfermedad, buscar la eficacia del poder de la oración, sobre todo cuando es en comunidad. ¿Qué nos dice Jesús? Cuando dos o tres oren, allí yo estoy presente, allí yo estoy en medio de ellos.
La oración, acordémonos, por ejemplo, que hacía Santa Mónica ella sola, por su marido, por sus hijos, tuvo eficacia.
Logró que Dios convirtiera esos corazones impenitentes para que volvieran nuevamente a formar parte del rebaño de los elegidos. Por eso nunca desesperemos de la conversión de nadie, sino que siempre nos queda, si no es la corrección fraterna, por lo menos la oración por aquel que yerra, para que vuelva otra vez al camino de la verdad y del bien.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo XXIII del tiempo litúrgico durante el año. Ciclo A. 06 de septiembre de 2026
