"Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada." Edmund Burke
28 de marzo de 2023
20 de marzo de 2023
Iluminado por Jesús, el hombre se transforma en adorador y testigo de Aquél que le ha dado un verdadero sentido a su vida.
En este cuarto domingo de cuaresma en los textos que presenta la liturgia surgen la figura de Jesús Buen Pastor y Luz del mundo.
La primera lectura (I Sam. 16,1.5-7.10-13) describe cuando Samuel va a la casa de Jesé para ungir a uno de sus hijos como Rey de Israel, indicando así la voluntad de Dios que la dinastía real pasara ahora a la casa de Judá, con la elección de David, el hijo menor.
Es ungido David porque Dios mira el corazón y no se queda con las apariencias -dice el texto bíblico- y, en él comienza la promesa mesiánica que se va a concretar con el tiempo en la persona de Jesús llamado de hecho tantas veces como hijo de David.
Jesús, a su vez, viene al mundo a salvar al hombre, a iluminar su corazón, para que así pueda el ser humano seguirle con alegría.
De hecho el mismo Jesús declara en el evangelio que Él es la luz del mundo y que quien lo siga no andará en tinieblas.
No pocas veces el ser humano se siente confundido, desorientado, no sabe para qué lado ir en el aspecto religioso, y posiblemente ha sido, porque ha dejado esa conexión permanente con Jesús que es Luz del mundo y de cada uno de nosotros, y por eso el seguimiento del Señor hace que podamos vivir en la luz, permite que no estemos nunca confundidos, y es más, con nuestro testimonio de iluminados lleguemos a confundir a los que viven en tinieblas.
San Pablo en la segunda lectura (Efesios 5, 8-14) exhorta a todos que dado que hemos sido sacados de las tinieblas –por el bautismo- para vivir como hijos de la luz, hemos de realizar obras luminosas, de manera que cuando la luz enfrenta las tinieblas, estas quedan al descubierto y las acciones del hombre también, siendo los frutos del obrar del creyente la verdad, la justicia y el bien.
Cristo nuestro Señor se presenta como aquél que viene a nuestro encuentro para salvarnos como Luz del mundo y del hombre.
Hoy la liturgia nos presenta el capítulo 9 del evangelio según san Juan del que hemos proclamado una parte solamente, un texto abreviado, pero los invito a que en su casa lean todo el capítulo contemplando cómo se desarrollan los acontecimientos en torno a la curación del ciego y cómo aparecen permanentemente las tinieblas encarnadas en los fariseos que quieren confundir a este hombre, condenar a Jesús porque no lo reconocen como Mesías y lo acusan de pecador ya que ha curado a alguien en día sábado.
En el texto comprobamos cómo las tinieblas van por un lado y las obras de la luz y Cristo que es la Luz, con paciencia va por el otro, transformando el corazón de este ciego de nacimiento que es curado.
Después de repetir varias veces que era ciego y ahora ve después de haberse lavado los ojos, se encuentra con Jesús nuevamente quien le pregunta: “¿Crees en el Hijo del hombre? Él respondió ¿quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Tú lo has visto; es el que te está hablando. Entonces él exclamó: Creo, Señor, y se postró ante él.
Iluminado interiormente por Jesús se transforma en adorador de aquél que le ha dado un verdadero sentido a su vida, y sin conocer mucho qué le había pasado, da testimonio de lo sucedido.
Los fariseos le dirán que ha nacido empecatado, o sea, nacido lleno de pecado y la prueba de eso fue su ceguera de nacimiento, mientras Jesús por su parte cuando le preguntan los discípulos si pecó él o sus padres, les dirá ni lo uno ni lo otro, “Nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios”
Contemplamos, entonces, cómo el Señor se acerca a la debilidad, a la carencia de este hombre y lo cura, no solamente de la ceguera física sino también de la ceguera espiritual que termina cuando reconoce a Jesús como el Hijo del hombre y se postra ante él.
Todo esto es un signo de lo que es cada ser humano, venimos a este mundo ciegos, muchas veces sin reconocer al Señor, incluso aún creyendo en Jesús, no pocas veces aparecen nubarrones en nuestra vida que hacen dudar del Salvador y poner la mirada y esperanza en aquello que no otorga la vida verdadera.
Por ello, la importancia de acercarnos al Señor con humildad para que transforme nuestra vida mirando siempre a la futura salvación.
No seamos como los fariseos que dicen al ciego quién eres tú para enseñarnos, o niegan que Jesús pueda curar porque lo consideran pecador, y en su ceguera se cierran a la evidencia del milagro.
La ceguera de los fariseos es total, no hay peor pecado que el contrario a la luz, el pecado de aquél que viendo donde está la verdad y qué es la verdad, sin embargo, la rechaza, porque piensa que con el rechazo puede vivir mas tranquilamente.
Queridos hermanos: nosotros tenemos que hacer ese proceso permanente de dejarnos iluminar por Jesús para que nos muestre las miserias personales, y así podamos realmente combatirlas, para no dejarnos atrapar por la tentación y por el pecado.
Quisiera decir una palabra aplicando este texto del evangelio a lo que aconteció días pasados en el sínodo de Alemania.
No es mi intención juzgar el interior de ninguno de los obispos o laicos que votaron toda una serie de disposiciones contrarias a la doctrina de la Iglesia, pero realmente han actuado contra la Luz a pesar de las enseñanzas de las Escrituras, de la Tradición y del Magisterio, a pesar de las advertencias provenientes de la Santa Sede, avisando que no podían continuar con determinadas decisiones.
Al igual que los fariseos que desecharon a Cristo, la actitud fue la de pensar que la verdad la tienen ellos y no la iglesia universal, y están convencidos que tienen derecho a cambiar la fe que hemos recibido.
Quieren innovar, y así hablan de ordenaciones de transexuales, bendiciones a cualquier unión pseuda matrimonial y toda una serie de disparates que realmente hacen temblar a toda aquella persona que quiera vivir en la verdad.
No nos dejemos engañar y confundir por esto que acontece en algunas partes del mundo, si seguimos a Cristo Luz del mundo viviremos iluminados, y la Luz de la vida y de la verdad estará con nosotros.
La Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio, todo esto plasmado en el Catecismo de la Iglesia Católica, nos ayudará a no equivocarnos o a desviarnos del camino.
Nuestra meta es siempre seguir y unirnos a Cristo Nuestro Señor, pidámosle a Él que ponga su mano y que realmente pueda resplandecer la luz que proviene de su Persona divina.
Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo IV° de Cuaresma. Ciclo A. 19 de marzo de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com
13 de marzo de 2023
“Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.
Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo III° de Cuaresma. Ciclo A. 12 de marzo de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com
6 de marzo de 2023
La fidelidad diaria en vivir “Este es mi Hijo muy amado escúchenlo”, asegura participar en la gloria manifestada en la Transfiguración.
Este segundo domingo de cuaresma, llamado también domingo de Abraham y de la transfiguración, nos ayuda a seguir caminando en este tiempo penitencial y así prepararnos para celebrar gozosamente el misterio Pascual de la muerte y resurrección de Jesús.
En los textos bíblicos que proclamamos, la primera lectura es la del libro del Génesis (12,1-4) que refiere a la vocación de Abraham.
En efecto, Dios le dice a Abraham “sal de tu tierra”, sal de tus parientes y encamínate a donde yo te voy a indicar, anunciándole que será el padre de un gran pueblo, y todos los que lo bendigan serán bendecidos, y lo contrario sucederá con los que lo maldigan.
Abraham no solamente tendrá una gran descendencia de su sangre, sino que también otros pueblos, otras razas, acudirán a formar parte de este gran pueblo, presentando así el llamado universal divino.
Abraham acepta pero no sabe muy bien qué le espera, sólo confía en la Palabra de Dios que lo guiará permanentemente en el futuro.
A su vez, cada uno de nosotros recibe este mandato de “sal de tu tierra”, mientras transitamos este tiempo de salvación.
Y, ¿qué significa esto? salir de nuestros proyectos y de las seguridades humanas en las que tenemos apoyo para situarnos siempre en el camino por donde el Señor quiere conducirnos, por donde quiere llevarnos en orden a la conversión y salvación.
Sucede a veces que nos damos cuenta de que Dios está pidiendo algo, pero nos aferramos a lo que tenemos por miedo, cuando en realidad hay que tener siempre esa actitud de “sal de tu tierra”, “sal de ti mismo”, “sal de aquello que te da seguridad” porque el Señor te conduce a una tierra que no conoces, a una misión que no te imaginas, pero que siempre es para el bien de cada uno.
Por lo tanto estamos llamados a salir de nuestra tierra para meternos en la realidad cotidiana que nos toca vivir y allí hacer presente el misterio de Jesús como Hijo de Dios vivo, sabiendo que esta misión ciertamente traerá sus problemas, sus sufrimientos, que a veces podrán resultarnos difícil de sortear o de vencer.
Ante esta realidad de tener que llevar la cruz de Cristo, imitándolo, escuchemos lo que desde la cárcel nos dice San Pablo cuando escribe a uno de sus discípulos, a Timoteo (2 Tim. 1, 8-10).
“Comparte conmigo los sufrimientos que hay que padecer a causa del Evangelio” y esto es así, porque el creyente convertido que quiera vivir el misterio de Cristo,-de lo cual reflexionamos el domingo pasado-, tendrá que sufrir en medio de una cultura sin Dios en la que estamos insertos, padecer dentro de una sociedad que rinde culto al poder del hombre, “autopercibido como libre absoluto de todo” para hacer lo que quiere, auque no sea más que un esclavo.
En este padecer por Cristo y la causa del Evangelio, Él es nuestra fuerza, sabiendo que hemos recibido la salvación necesaria.
Estos sufrimientos que el creyente tiene que padecer en su fidelidad a Cristo, ciertamente tendrán su recompensa contemplando su divinidad, prometido esto a los que son testimonios en su ser y obrar.
Llegamos así al misterio de la Transfiguración (Mt. 17,1-9), que se presenta en el marco de la confesión de Pedro asegurando que Jesús es el Mesías y cuando Cristo hace además el primer anuncio de su pasión, en la que tendrá que padecer, morir y resucitar.
El Señor toma a Santiago, Juan y Pedro y los lleva a un monte alto, y con ellos, estamos llamados siempre a subir a las alturas de la contemplación de Dios, lugar y momento en el que se transfiguró.
El rostro de Jesús quedó iluminado como si fuera el sol, las vestiduras resplandecientes como la luz quedando los discípulos sorprendidos porque allí les manifestó su divinidad.
Así como en el misterio de la pasión la divinidad se esconde, en el misterio de la Transfiguración es la humanidad la que se cubre, haciéndose presente la divinidad glorificada que quiere fortalecer a los discípulos para que puedan enfrentar los momentos de dolor y de persecución que agobiará al Salvador, recordando el consuelo que recibieron en el monte Tabor con la gloria anticipada.
A su vez, aparecen Moisés y Elías hablando con Jesús para dar a entender que en Él se cumple y perfecciona la ley Mt. 5), y se verifica lo anunciado por los profetas, y es en ese momento que Pedro interrumpe señalando lo que bien que están, pero caerán en una sorpresa mayor cuando desde una nube, signo de la presencia de Dios como en Israel en el desierto y, la voz del Padre que afirma “Este es mi Hijo muy amado escúchenlo”.
Esta teofanía o manifestación de Dios viene a confirmar lo que había dicho Pedro “Tú eres El Mesías el Hijo del Dios vivo”
Esta experiencia hace que los discípulos caigan llenos de miedo al suelo, pero Jesús se acerca, los toca y les dice “Levántense no teman”, porque no hay que temer ante el misterio de Dios que se manifiesta, sino más bien hay que gozar de ese Dios que se muestra.
Esta afirmación de “no teman”, está asegurando que a lo largo de nuestra vida, en medio de las tribulaciones que anunciaba San Pablo, tendremos la certeza que el consuelo de Dios está con nosotros.
Jesús junto con los discípulos desciende del monte y les dice “no hablen de esto hasta que el Hijo del hombre resucite”.
Esto es así porque es en el momento de la resurrección donde tendrá sentido que los apóstoles den testimonio de haber vivido esto anticipadamente por la Transfiguración en el Tabor.
La presencia de Jesús está siempre con su pueblo fiel, nos acompaña permanentemente y al mismo tiempo asegura que también seremos transformados, porque la Gloria que manifestó en sí mismo será participada por el hombre salvado en el Reino eterno.
Queridos hermanos: confortados con esta manifestación de la divinidad de Jesús, sigamos avanzando en la senda cuaresmal, sabiendo que la fidelidad al Señor es la regla de oro para vivir “Este es mi Hijo muy amado escúchenlo”, sobre todo en un mundo en que fácilmente el hombre se deja seducir por otras voces y enseñanzas, e ir en busca de la Voz y la enseñanza con mayúscula que es Jesús.
Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo II° de Cuaresma. Ciclo A. 05 de marzo de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com
1 de marzo de 2023
Así como en un árbol el antiguo Adán fue vencido, el nuevo Adán, Cristo, triunfará en el árbol de la Cruz.
En la primera oración de esta misa pedíamos a Dios que “por la práctica anual de la cuaresma, progresemos en el conocimiento del misterio de Cristo y vivamos en conformidad con él”.
Súplica ésta que elevamos cada año, ya que siempre podemos ahondar más en el misterio de Cristo, hasta alcanzar con la gracia divina, la lucidez perfecta en el reino de los Cielos.
Por lo tanto este caminar hacia la Pascua requiere de nosotros conocer más quién es Jesús, ahondar en el misterio de la encarnación y de la misión que concretó en su vida mortal y, lo que significa para la vida de la iglesia y del hombre.
Él es el enviado del Padre para salvarnos de aquello que hemos heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva, esto es, el pecado, la muerte y la inclinación permanente al mal.
El pecado de los orígenes no sólo nos apartó de Dios y de todo el orden creado, sino que también quedó la humanidad marcada por la herida de la pérdida de la inocencia y sumida en la debilidad quedando sujeta no pocas veces a las tentaciones del maligno.
El libro del Génesis (2,7-9; 3,1-7) relata cómo Dios reviste al hombre de todo lo que necesita para ser feliz y lo coloca en un paraíso para indicar que es el ser creado más amado por Dios.
Para indicar la unión entre Creador y criatura se menciona cómo Dios pasea por el paraíso dialogando con quien es creado a su imagen y semejanza, sobresaliendo así sobre todo otro ser creado.
Sin embargo había un límite o frontera que el hombre no debía traspasar, precisamente por la distancia infinita existente entre Creador y creatura, y así el hombre debe reconocer quién es y no pretender estar al mismo nivel y dignidad que su Creador.
La calificación de lo malo o de lo bueno en las acciones humanas pertenece únicamente a Dios en cuanto Creador, pero el espíritu del mal tienta al hombre declarando que Dios es mentiroso, que no morirán por avanzar más allá de lo permitido, y serán como dioses.
El diablo que es el padre de la mentira hace sucumbir a Eva primero y luego a Adán y, como consecuencia quedan sujetos a la muerte, y además, habiendo pretendiendo ser Dios han denigrado su misma naturaleza humana.
Este pecado de los orígenes que se hereda permanentemente a lo largo de la historia, conduce a través del pecado personal que el ser humano cada vez que ofende a Dios esté pretendiendo serlo él también y por lo tanto decidir acerca de lo bueno y de lo malo.
De allí se explica que a lo largo de la historia, y principalmente en nuestros días, el hombre se proclama dios y desplaza de su vida y acciones al Dios verdadero, llegando incluso a llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno, renegando de sus orígenes, culpando de sus propias torpezas a los demás, a la sociedad, a lo que se le ocurra.
Así y todo, Dios nuestro Señor sigue pensando en salvarnos, en redimirnos, ya que si el hombre es infiel, Él no lo es.
El apóstol San Pablo (Rom. 5, 12-19) despliega en su teología el misterio del pecado y la superación por el misterio de la salvación.
Destaca el apóstol que así como por “un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron” y “con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia”
La Sagrada Escritura nos enseña que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, y así como en un árbol el antiguo Adán fue vencido, el nuevo Adán, Cristo triunfará en el árbol de la Cruz.
Jesús es presentado siempre como Aquel que siguiendo la voluntad del Padre y enseñando que justamente la salvación pasa por la voluntad del Padre, Él nos redime a través de su muerte en Cruz y nos enseña cómo ir superando las tentaciones que se nos presentan.
El espíritu del mal ingresa en nuestra vida por medio de nuestras debilidades, no nos tienta con algo que directamente rechazamos habitualmente o directamente no nos ha llamado la atención.
El mentiroso desde el principio, el diablo que conoce al ser humano en sus inclinaciones habituales, tratará de seducirnos por ellas, mostrando el fruto de la tentación como lo hizo con Adán y Eva, como algo apetitoso, algo bello a la vista, algo formidable, pero que una vez recibido en nuestro corazón no nos deja más que amargura por habernos separado de Dios.
En las tentaciones del desierto (Mt. 4,1-11) viéndolo a Jesús débil con hambre, el diablo le dirá justamente por qué no convierte en panes las piedras, pero Jesús dirá “No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que viene de Dios”. Se nos está alertando de la gran tentación del consumismo, del tener, de aspirar cada día a tener más cosas, más bienes que nos aporten seguridad y felicidad, y el ser humano se desloma para adquirirlos pero no encuentra allí la felicidad, porque su aspiración a los bienes temporales no colma el hambre y sed de felicidad que sólo se sacia en el encuentro con Dios.
También el espíritu del mal insiste en que realicemos las cosas que se nos ocurran, ya que Dios saldrá al encuentro nuestro para salvarnos, y nos quejamos cuando eso no ocurre diciendo por qué Dios no me ha respondido en esto, por qué no escucha mi oración resultando ésta inútil según nuestro parecer.
No pocas veces los acontecimientos malos fueron causados por nosotros mismos y esperamos que Dios nos salve, que mande a sus ángeles para que no choquemos contra las piedras de la vida.
La tercera tentación es la del afán de poder en todos los ámbitos, en todos los momentos de nuestra vida, el poder que puede dar el placer, el dinero, la riqueza, la política, el dominio que se puede tener sobre los demás por el cargo que se retiene o por el trabajo que se desempeña, el poder que tienta al hombre para ser grande y querer ser como dioses y estar por encima de los demás.
En realidad, la verdadera fortuna que hemos de buscar es vivir con humildad y sencillez, y solamente a Dios adorar, para que no nos atrape ningún ídolo que se presente delante del humano transitar.
El camino cuaresmal, pues, ha de implicar ir conociendo más profundamente el misterio de Cristo e ir a la Palabra de Dios, meditarla, recibirla y buscar en ella la respuesta a los grandes interrogantes que tenemos para alcanzar el verdadero sentido.
Queridos hermanos el Señor viene a nuestro encuentro, dejémonos hallar por Él, convirtiéndonos de corazón.
Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo I° de Cuaresma. Ciclo A. 26 de febrero de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com




