Cristo resucitado fortalece tanto a sus discípulos que se percibe el entusiasmo con que llevan el mensaje de salvación.
Justamente en la primera lectura (Hechos 2,14.36-41) escuchamos a Pedro, que se dirige a la gente y les echa en cara a los judíos que Cristo fue crucificado por culpa de ellos, y les insiste en la necesidad de cambiar de vida, por eso es que le preguntan: ¿Qué tenemos que hacer? ¿Cómo tenemos que cambiar lo que ha acontecido?. Arrepiéntanse de sus pecados y reciban el bautismo será la respuesta.
El bautismo los purifica y los hace miembros de la Iglesia, y es tan grande el fervor de Pedro y de los apóstoles que la gente se contagia de esa predicación, y cambian su vida.
En efecto, por la gracia de Dios, como acabamos de escuchar, tres mil personas decidieron cambiar de vida, convertirse y comenzar una existencia nueva, que implica también soportar los sufrimientos, que es lo que enseña san Pedro en la segunda lectura, dejando en claro que si hemos de sufrir por hacer el bien, demos gracias a Dios (1 Pedro 2, 20-25).
¿Cuántas veces nosotros, a causa de hacer el bien, tenemos que soportar la burla y el rechazo de los que no creen?
Ante esta situación Pedro enseña que hemos de dar gracias a Dios si sufrimos a causa de las injusticias, porque, de esa manera, nos incorporamos al Cristo sufriente, al Cristo de la cruz, que murió por nuestros pecados.
Y, al morir Cristo por nuestros pecados, nos hemos transformado en ovejas suyas, de su rebaño, que es lo que justamente se nos insiste en el texto del evangelio.
Este cuarto domingo de pascua se conoce como el domingo del buen Pastor, domingo en el cual se pide especialmente por las vocaciones sacerdotales y religiosas, para que crezca el número de aquellos que deciden dejarlo todo para seguir a Cristo en esta misión de pastorear, como sacerdote, como religioso o miembro de la vida consagrada (Jn. 10,1-10).
Por eso hemos de pedir muy especialmente que Dios bendiga a la Iglesia, y particularmente a nuestra diócesis, con numerosas y santas vocaciones.
Y digo, santas, porque no siempre en la viña del Señor se observa esa santidad de vida en los que somos pastores, y Jesús lo dice cuando habla de aquellos que no entran al corral por la puerta, sino por otro lado para dispersar a las ovejas.
¡Cuántas veces en nuestro tiempo escuchamos a obispos y sacerdotes que predican lo contrario a la enseñanza de la Iglesia en materia de fe y moral!
En efecto, hace dos días, el papa León XIV le ha dicho al cardenal Marx, alemán, que de ninguna manera están autorizadas esas bendiciones que inventaron los obispos en Alemania para bendecir uniones de personas que nada tienen que ver con el evangelio, muy clarito fue el papa León, pero, lamentablemente, sobre todo en Alemania, siguen endurecidos y obstinados en enseñar el anti evangelio.
Por eso es muy importante escuchar la voz del Pastor, de Cristo, como lo hacen las ovejas, que son de su rebaño, que lo escuchan y siguen.
Nosotros también debemos hacer lo mismo en nuestra vida cotidiana, recordar que si escuchamos a alguien que enseña lo contrario al evangelio, los tales son salteadores, no son verdaderos pastores, sino que vienen a a arruinar al rebaño. Por eso es necesario estar siempre atentos, no escuchar cualquier voz, cualquier enseñanza, porque muchas veces en las que son simpáticas no siempre está presente la verdad.
Y hay gente que prefiere seguir aquello que halaga sus oídos y no lo que hace crecer en la fe, esperanza y en la calidad.
Vayamos, por lo tanto, siguiéndolo a Cristo, buen pastor, y pidámosle santas vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada, y también, recemos por la conversión de los pastores que no enseñan la verdad conocida desde siempre.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el Cuarto domingo de Pascua. ciclo A. 26 de abril de 2026

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