29 de diciembre de 2025

La Iglesia sabiamente, celebra hoy la fiesta de la Sagrada Familia, constituida por Jesús, María y José, para que descubramos el diseño divino acerca de la familia humana.

 


La Iglesia sabiamente, en este tiempo de Navidad celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Y esto, porque quiere mostrarnos como modelo de familia  a la  constituida por Jesús, María y José, y también para que descubramos el diseño divino acerca de la familia humana. 
En efecto, estamos bombardeados permanentemente a través de la cultura, la sociedad, por toda una serie de costumbres y de ideas que nada tienen que ver con el Evangelio,  y sin darnos cuenta, poco a poco, asimilamos como normal aquello que se opone al Evangelio, a la enseñanza de la Sagrada Escritura y al magisterio  de la Iglesia. 
Entonces, es importante reflexionar sobre esta institución, ya que la sociedad nos inculca que hay diversidad de familias, no solamente las que tienen un papá y una mamá, sino también las que tienen dos papás, las formadas por dos mamás, o las que no se han comprometido a través del Sacramento de Matrimonio. 
A su vez, se observa a menudo el hecho de que hay mujeres que quieren tener un hijo, pero sin matrimonio, no desean un hombre en sus vidas, sino que son inseminadas con esperma desconocido, y también quienes recurren al mismo mecanismo en casos de infertilidad, llegando a dejar en espera a embriones congelados.
Y así, se manifiestan  modelos que son moda en definitiva,  que se consideran normales, pero que no forman parte de la enseñanza recibida en la Sagrada Escritura, ya que la Palabra de Dios enseña que la familia está constituida por un papá,  una mamá e hijos. 
Es cierto que muchos matrimonios no tienen hijos porque uno de los dos es estéril, pero su constituciòn responde a la voluntad que nace de la Sagrada Escritura,  y que llegado el caso por ejemplo, adoptan un hijo para completar la relación que hay entre los esposos. 
La Sagrada Familia  muestra, por lo tanto, la centralidad de Dios en su vida, en su existencia, por eso es muy importante, siempre en nuestra vida cotidiana, aprender a mirar con los ojos de Jesús, con los ojos de la Virgen, con los ojos de José. 
Y así, por ejemplo, los esposos, los maridos, han de preguntarse cuando hay dudas, ¿Qué haría San José en mi lugar? Y cuando las esposas, las madres, dudan sobre cómo actuar, preguntarse ¿Qué haría en mi lugar la Virgen María? Y los hijos, cuando no saben cómo vivir, preguntarse ¿Qué haría Jesús en mi lugar? 
De todos modos, la misma Palabra de Dios despliega su sabiduría ante nuestros ojos, y así, la primera lectura tomada del Libro del Eclesiástico (3,3-7.14-17), que en este caso es una reflexión sobre el cuarto mandamiento, honrar al padre y a la madre,  presenta cuál ha de ser la actitud de los hijos para con los padres. 
Al respecto, san Juan Pablo II, en la Carta a las Familias, dirá sobre este mandamiento, que los padres tienen que comportarse de tal manera que merezcan ser honrados por sus hijos. 
Por lo tanto, es todo un desafío el preguntarse ¿Cómo vivo como padre? ¿Cómo vivo como madre? ¿Cómo vivo también como hijo? ¿Cómo vivo como hermano? 
Y así, la Palabra de Dios ilumina señalando qué actitudes debemos tener cada uno en el seno de las familias, cómo cada uno ha de buscar el crecimiento de la otra parte o ayudar a que cada uno descubra cuál es su misión en la familia y  en este mundo. 
De manera que nos preguntemos, ¿Qué es lo que Dios quiere sobre cada uno de los hijos, por ejemplo? ¿Cómo Dios quiere que se viva la paternidad o la maternidad? 
En el texto de San Pablo, escribiendo a los Colosenses (3,12-21), acabamos de escuchar que es necesario revestirse de actitudes de misericordia, de humildad, de benevolencia, de saber perdonarse unos a otros, si alguno ha ofendido a otro, buscar imitar  a la familia modelo formada por Jesús, María y José. 
El texto del Evangelio (Mt. 2, 13-15.19-23), por otra parte, recuerda que la familia perfecta no está exenta de dificultades. 
Y así, por ejemplo, hemos escuchado recién, cómo la familia de Nazaret es probada con la persecución de Herodes. 
En efecto, Dios hubiera podido mandar la muerte a Herodes sin que la familia tenga que huir a Egipto, sin embargo, Dios ha querido que pasaran por la experiencia de la persecución para huir a otra parte, para volver nuevamente, pero ya cada uno con mayor fortaleza para afrontar las dificultades de la vida.
Porque en el caso de la sagrada familia era Herodes el que perseguía para matar al niño, pero en la sociedad actual tenemos también otros enemigos como Herodes que buscan destruir la familia, desvalorar el sentido de la familia, que buscan realmente que la familia no subsista.
¿Por qué? Porque todo el mundo sabe que despojada una persona de la familia, del sentido de la familia, se transforma en esclava de los poderes y de las ideologías de este mundo. 
Pidámosle entonces a Jesús, María y José que nos ayuden a comprender la voluntad de Dios para nosotros y entender cuál es el verdadero sentido de la familia y cómo esta está formada de acuerdo a la providencia de Dios.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Fiesta de la Sagrada Familia. 28 de Diciembre  de 2025. 


26 de diciembre de 2025

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz, porque un Niño les ha nacido, un Hijo se les ha dado, en Él reposa la soberanía y habrá una paz sin fin.

 

"El pueblo que caminaba en  tinieblas vio una gran luz" (Is.9,1-3.5-6) ¿A qué se refiere el profeta Isaías? Está hablando del momento en que las tropas asirias han tomado posesión de Israel y se dirigen también a tomar la Judea, a la ciudad de Jerusalén, al pueblo de Dios, pero he aquí que no terminan con su campaña, tendrán que volver porque Babilonia amenaza sus fronteras.
Por eso el texto dice que aquellos que caminaban en tinieblas vieron una gran luz, los que caminaban con tristeza, con temor, perdidos, sin saber a dónde ir, encuentran la paz y el sosiego en su tierra, más allá de que muchos han sido llevados al exilio. 
El pueblo elegido, màs allá del hecho histórico concreto, goza anticipadamente con la presencia futura del Salvador que visita a los elegidos.
En efecto, el texto bíblico dirá que un niño les ha nacido,  que se llamará el príncipe de la paz, Él llevará al pueblo elegido tranquilidad y entrará en los corazones de todos, ese niño hará que cese el temor, el miedo, la preocupación. 
Por medio de la fe sabemos que el Hijo de Dios es ese niño que ha entrado en la historia humana, que ha venido para quedarse. 
O sea,  el nacimiento de Jesús en Belén, está indicando que en el niño contemplamos cómo Dios elige la debilidad de la carne, la pequeñez de la carne, para asumir la naturaleza humana, menos el pecado, y de esa manera hacerse presente entre nosotros para  guiarnos a la salvación futura para la que fuimos creados.
Se hace pequeño, para reinar en el corazón de todos, llamándonos también a vivir esa pequeñez que enaltece al hombre.
Por eso también el Evangelio enseña que es necesario hacerse como niños para entrar en el reino de los cielos, y esto es así, porque todo lo que es prepotencia, lo que es soberbia, lo que es autosuficiencia, no tiene cabida en un encuentro con Cristo salvador. 
Es necesario hacerse pequeño, como Jesús, que cada año vuelve a nacer otra vez entre nosotros. Muchos hoy lo olvidarán, o no les llamará la atención, o dirán, ¿Qué poder tiene un niño? 
Pero Dios, sí sabe que ese Niño salvará a su pueblo, que lo conducirá a las moradas eternas, que se llama "Dios con nosotros"
La venida del Salvador ha sido una gracia para todos, un don misericordioso, como lo reconoce  san Pablo, escribiendo a su discípulo Tito (2,11-14):"La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado".
Se proclama así, que no hemos de esperar màs, que ya llegó la plenitud de los tiempos con la venida del Salvador, que Dios se ha acordado de nosotros, cumpliendo con creces su antigua promesa. 
A su vez, debemos tener presente que cada año celebramos la Navidad para que no olvidemos nunca que Dios tiene memoria de nosotros, que nos ama, y porque a pesar de nuestros pecados, de nuestras faltas, sigue pensando en cada uno, sigue apostando por el hombre, esperando su conversión y  entrega total al único que salva. 
El mundo pensará que tiene todo el poder en la técnica, la ciencia, en los experimentos, pero todos sabemos que en definitiva el verdadero poder está en Dios nuestro Señor, que cambia el corazón del hombre, el único que puede transformarlo en un mundo y  cultura  que se ha olvidado de su Creador.
Este niño recién nacido nos interpela y llama a adorar al Padre y a reconocer la infinita misericordia que ha tenido con la humanidad.
Por eso, al igual que los pastores, hemos de escuchar cómo los ángeles anuncian la Buena Noticia: "Hoy en Belén de Judá les ha nacido el Salvador, que es el Mesías, el Señor"
A su vez, también podemos afirmar: "Hoy en Santa Fe ha nacido el Salvador,  hoy en nuestra Patria ha nacido el Salvador", ¿Qué esperamos entonces para ir a su encuentro? ¿Qué esperamos para decidirnos a vivir una existencia totalmente nueva, la de los hijos adoptivos del Padre?. 
Porque ese niño, cuando sea adulto, obedeciendo al Padre, morirá en la cruz, rescatándonos del pecado y de la muerte eterna. 
Hermanos: En el nacimiento de Jesús comienza una nueva historia para el hombre, han quedado atrás las sombras de la muerte, todo lo que se niega a recibir a Dios, y se encuentra nuevamente con nosotros aquel que viene a salvarnos. 
Por eso,  abramos nuestro corazón, dejemos que el Señor entre en cada uno, en cada familia, en la sociedad, en el ámbito en el cual nos movemos todos los días, para que con su presencia  podamos vivir un mundo nuevo, una realidad  distinta. 
La pequeñez del Niño refiere a la pequeñez que hemos de asumir, permite contemplar la ternura de Dios para con el hombre, que se hace Niño para que podamos ser hijos adoptivos del Padre.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Natividad del Señor. 24 de Diciembre  de 2025. 


22 de diciembre de 2025

"Ábranse puertas eternas para que entre el Rey de la gloria" y resida en los que buscan al Señor, en los que buscan su rostro, el Dios de Jacob (cf.Salmo 23)

 

En el texto que acabamos de escuchar, el profeta Isaías (7,10-14),  habla de la angustia que padece el rey Ajaz, porque los reyes de Damasco (capital de Siria) y Samaría (capital de Israel) se han unido para atacar Judá, deponer al rey y colocar un extranjero, a alguien que interrumpa el linaje de David. 
El rey se desespera, pero en lugar de acudir a Dios, solicita la ayuda  de Asiria, que después le va a cobrar el favor, convirtiendo a Judá en un reino sometido a pagar tributo. 
El profeta Isaías, reprocha al rey por no confiar en Dios, Ajaz responde que no lo quiere tentar. 
El Señor, a su vez, señala que Él protege al reino: "La virgen está embarazada  y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel, que significa Dios con nosotros".
Es decir, se le dice al rey desconfiado que el linaje de David no se interrumpirá, porque tendrá un hijo que será el futuro rey Ezequías sucesor en el reino. 
Ahora bien, este anuncio que hace Isaías, refiere también al nacimiento del Mesías, que   aparece en el texto del evangelio, donde san Mateo, lo proclama con las mismas palabras del profeta. 
De manera que existe una unión muy estrecha entre el anuncio de  Isaías y lo que acontecerá  en el futuro con la venida del Mesías. 
Porque ambos anuncios prometen la protección de Dios que está con su pueblo y nunca lo abandona,  así como no abandonó al pueblo de Israel a pesar de sus pecados e infidelidades en la antigüedad, tampoco Dios abandona al pueblo elegido. 
O sea, tampoco nos olvida o abandona, está presente en medio de la comunidad, en medio de la Iglesia, derramando sus gracias para  mantenernos siempre unidos a Él a través de la fidelidad. 
Y así, entonces, somos invitados a que a lo largo de nuestra vida no temamos a los poderes exteriores a nosotros, no debemos temer nada, porque Dios es quien nos protege siempre, y a Él hemos de acudir.
No pensar que otras fuerzas u otros poderes nos van a liberar, como mucha gente hoy piensa, que abandonando la fe en Cristo, buscan otros consuelos mundanos, escuchando a las pitonisas que abundan en la actualidad, abandonando la fe católica, para seguir narraciones que son, en definitiva, encantamiento de serpientes. 
La Palabra revelada insiste en que creamos en el Señor, escuchemos su mensaje, que habla de la presencia de Emanuel, el Dios con nosotros, el mismo Cristo que debemos mostrar al mundo.
Precisamente, san Pablo, en el texto que acabamos de proclamar (Rom.1,1-7), describe que Jesús, ha "nacido de la estirpe de David  según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos".
Continúa afirmando el apóstol que "por Él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para la gloria de su nombre, a todos los pueblos paganos, entre los cuales se encuentran ustedes, que han sido llamados por Jesucristo"
¿Qué significa conducir a la obediencia de la fe? el prefijo ob-, indica  ‘adelante’, y el verbo audīre,   ‘escuchar’, o sea, a través de la predicación conducir a los paganos hacia adelante, a asimilar la palabra de Dios viviendo conforme a ella.
O sea, con la predicación acerca de Jesús, oída por aquellos que no creen,   conducir a la fe verdadera a los que todavía no lo aceptan, o a aquellos que, habiéndolo aceptado, han terminado por abandonarlo. 
También hoy tenemos la tarea de llevar a la obediencia de la fe a tantos que se han apartado de Cristo, nuestro señor, o que sí lo esperan, lo hacen de otra manera, o a un Cristo con otras características, pero que no reconoce al Hijo de Dios hecho hombre.
Precisamente, el papa Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Redemtoris custos, que refiere a  san José, ve una analogía entre la anunciación del ángel a María y la anunciación del ángel a José. 
En ambos relatos, si bien las circunstancias son distintas, lo que se pide es la aceptación de la voluntad de Dios, por lo que José se compromete con la misión que le es  encomendada, ser el padre legal de Jesucristo, y permitir que con él se cumpla justamente lo prometido por las escrituras, que del linaje de David, del cual descendía José,  nacerá el Mesías.
Hermanos: descubramos nosotros que quiere Dios de cada uno en esta Navidad para poder exclamar el "hágase tu voluntad Señor".

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el domingo cuarto de Adviento ciclo "A". 21 de Diciembre  de 2025. 


15 de diciembre de 2025

"¡Sean fuertes, no teman, ahí está el Dios de ustedes! llega la venganza, la represalia de Dios: Él mismo viene a salvarlos"

La liturgia de este tercer domingo de Adviento convoca a reflexionar acerca del clima de alegría que debe reinar en el corazón de cada uno de los creyentes ante la próxima venida del Salvador. 
Por eso ya la antífona de entrada de la misa dirá (Fil. 4,4): "alégrense todos en el Señor. Otra vez les digo, alégrense en el Señor"
Esta alegría  proviene de saber que la presencia del Salvador entre nosotros  significarà no solamente el cumplimiento de la esperanza de revivirnos, de rescatarnos del pecado y de la muerte, sino que el Señor viene a cambiar todas las cosas. 
Se realizará lo que el profeta Isaías (35,1-6.10) proclama: "¡Sean fuertes, no teman, ahí está el Dios de ustedes! llega la venganza, la represalia de Dios: Él mismo viene a salvarlos"
¿Por qué la represalia de Dios? Porque mientras todo presenta un panorama de oscuridad, en el que ya no hay remedio para la humanidad pecadora, se vislumbra con certeza la aparición en medio  nuestro del redentor que viene a salvarnos del pecado y de todo mal que pretenda hacernos daño.
Como el Señor está cerca, el apóstol Santiago (5,7-10) exhorta a tener paciencia, y tener buena actitud para con el prójimo.
A raíz de esto, no puede habitar en el corazón humano, la angustia, el desasosiego, las miserias y pecados, sino levantar la cabeza y deseosos de conversión, esperar que el Señor nos transforme interiormente de una manera que no  imaginamos.
A su vez, Juan Bautista encarcelado por defender la verdad diciendo a Herodes que no le es lícito vivir con la mujer del hermano, enviará a sus discípulos para preguntar a Jesús acerca de su venida.
Y ¿Por qué esa pregunta? De hecho, Juan Bautista ha predicado la conversión, la necesidad de dejar atrás el pecado, pero a su vez ha mostrado a un Cristo juez, como lo hemos escuchado el domingo pasado, a un Cristo que viene a colocar el hacha a la raíz. 
En el fondo está anunciando lo que sucederá en la segunda venida del Señor, cuando se haga presente como juez del mundo. 
Pero ahora la venida de Jesús tiene otro carácter, y por eso el Señor dirá que cuenten a Juan lo que ellos ven y oyen: los ciegos recuperan la vista, los paralíticos caminan, los leprosos quedan purificados, los muertos resucitan, los demonios son expulsados de los cuerpos de los posesos, todas señales que hablan de un Cristo que viene como buen pastor, que viene a salvar al hombre, a rescatarlo de sus miserias.
Para su papel de juez, habrá que esperar al fin de los tiempos, ahora presenta otro panorama, otro perfil como Mesías, como Salvador.
Pero no solamente está mostrando el verdadero rostro de Dios, que se manifiesta a través de su Hijo, hecho hombre, sino también el verdadero rostro de lo que ha de ser la humanidad, lo humano.
Porque desde Cristo han surgido muchos reinos, muchos imperios que han pretendido salvar al hombre o elevarlo, sin lograrlo, màs aún, estos poderes han perecido todos porque ignoraron a Dios
El único poder que permanece y salva es el que toca el corazón del hombre, y por eso el mismo Jesús reconoce que, si bien Juan el Bautista es el más grande nacido de mujer, cualquiera de nosotros puede  ser mayor que él en el reino, o sea, junto a Jesús, en la medida en que asumamos la grandeza divina inserta en nuestra vida que nos conduce a la verdad plena.
Digamos confiadamente a cada momento: ¡Ven Señor a salvarnos!


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el domingo tercero de Adviento ciclo "A". 14 de Diciembre  de 2025. 

9 de diciembre de 2025

La llena de gracia, está preparada para ser la madre del Salvador, por eso, el misterio de su Inmaculada Concepción está íntimamente unido a la maternidad divina.

 El apóstol san Pablo (Efesios 1,3-6.11-12), manifiesta que fuimos bendecidos con toda clase de bendiciones por Dios, en Jesucristo su Hijo. Inmediatamente, recuerda que fuimos elegidos desde antes de la creación del mundo, es decir, que nosotros, no obstante haber nacido en este tiempo, ya estábamos presentes en el pensamiento de Dios desde antes de la creación del mundo. 

A su vez, recuerda que Dios llama a los hombres a la vida para  ser santos e irreprochables delante de su presencia, y quiere constituirnos hijos adoptivos, por medio de su Hijo, hecho hombre, Jesús. 
Destaca también el apóstol que estamos llamados desde el principio a la gloria del cielo para permanecer junto a Dios, nuestro Señor. 
Visto esto, podemos decir  que lo que en su providencia Dios había preparado para la humanidad, se ve dañado por el pecado de los orígenes, del cual habla el libro de Génesis (Gn. 3, 9-15.20). 
Cuando nuestros primeros padres se sienten desnudos delante de Dios, es porque están privados de la gracia,  heridos en su corazón y en su relación con el Creador, el cual les pregunta acerca de su pecado que se llamará desde entonces pecado original originante.
Desde ese momento nosotros nacemos con el pecado original originado, que hiere nuestra alma, sucediendo lo mismo que acontece en el cuerpo con tantas enfermedades hereditarias en el hombre.
Ante esa realidad, Dios, que no se arrepiente de los dones que entrega y de lo que ha pensado en su providencia, promete el envío de su Hijo, para que hecho hombre en el seno de María nos redima del pecado y de la muerte eterna. 
La teología, piensa que el Hijo de Dios se hizo hombre, porque a causa del pecado tenía que salvar la humanidad, sin embargo,  otra corriente teológica dirá que la encarnación del Verbo se hubiera realizado igual ya que Dios quería estar presente y convivir con los hombres, asumiendo su Hijo nuestra naturaleza menos el pecado.
Si no hubiera existido el pecado, la vida del hombre sería  totalmente distinta en relaciòn con el Salvador del hombre.
Pero, ¿Cómo va a nacer Jesús? Hay que elegir una mujer, y Dios en su providencia elige a María, la cual tenía que ser una mujer sin pecado, porque aquella que iba a engendrar a su Hijo hecho hombre no podía estar manchada por el pecado. 
Por eso Dios, en previsión de los méritos de Cristo nuestro Señor, hace este milagro grandioso de que María sea concebida sin pecado original, más aún, algunos prefieren decir que la virgen fue concebida en gracia plena, acorde con lo dicho por el ángel.
Ya hasta el lenguaje mismo cambia, no es lo mismo decir sin pecado que decir llena de gracia, plena de gracia, o la que  agradó tanto a Dios que es elegida para ser madre del Salvador.
Y aquí entramos en el misterio de las elecciones divinas, ¿por qué Dios eligió a María?, porque quiso elegirla y prepararla a Ella.
Pero a su vez, cuando se le anuncia lo que va a suceder en su seno, ella pregunta cómo será posible esto, y al final termina diciendo, yo soy la servidora del Señor,  o sea, ella presta su consentimiento, porque Dios no obra nunca nada sobre nosotros, si no hay una disposición interior a responder a la gracia. 
Es por eso que en la historia de la salvación, se da el caso de cuántas personas que mueren impenitentes, o sea, mueren en pecado mortal, porque no quisieron el perdón divino, ni lo pidieron ni lo suplicaron. 
Por eso, aún en esa situación Dios respeta la libertad humana, a nadie le impone su presencia, tratará de ganar el corazón del hombre, por cierto, pero en última instancia es el ser humano el que decide su perdición o su salvación. 
Y la Virgen, entonces, la llena de gracia, está preparada para ser la madre del Salvador, por eso, el misterio de su Inmaculada Concepción está íntimamente unido a la maternidad divina. 
El papa Pio IX es quien define este dogma de la Inmaculada Concepción,  fiesta que celebramos este día, nueve meses antes que la Natividad de María Santísima.
Y la virgen no nos abandona, está presente en nuestras vidas y quiere seguir estándolo, y que a ella acudamos para luchar contra el maligno y sus continuos ataques perversos. 

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. 08 de Diciembre  de 2025.

 

8 de diciembre de 2025

"Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morada".

 "¡Raza de víboras, ¿Quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca?", exclama Juan Bautista cuando muchos fariseos y saduceos acuden para ser bautizados, porque conoce que sólo lo hacen para aparentar, no están convertidos seriamente, o sienten curiosidad por el hecho que se realiza en el Jordán (Mt. 3,1-12). 
Esta impostura también puede darse en nuestra vida cotidiana, cuando aparentamos que creemos y esperamos la venida del Señor, pero no existe una conversión verdadera ante la certeza de la venida del Hijo de Dios hecho hombre, o la diferimos para el futuro.
Juan Bautista grita en el desierto, lugar del encuentro con Dios, pero también acontece que en el desierto nadie escucha, como sucede  cuando la Iglesia clama reclamando la conversión personal mientras el común de los mortales está en la frivolidad existencial.
Porque no pocos están pensando en otra cosa, o piensan que no necesitan cambiar de vida, convertirse, o buscar una santidad más plena, ya que eso pertenece al pasado, o no comprenden que la venida de Jesús transforma la vida humana como recuerda Isaías.
El tiempo de adviento es una gracia que Dios otorga a cada uno de nosotros, ya que abre nuestro corazón para esperar expectantes la segunda venida de Cristo, y, por lo tanto, vivir de otra manera.
Sin embargo, a veces esa conversión tarda, porque estamos tan anquilosados en nuestras costumbres, en nuestros modos de vivir, en una tranquilidad de vida aparente, que no pensamos en una conversión, en un cambio, porque es siempre un momento en que se nos mueve el piso, y pareciera que perdemos toda seguridad. 
Porque Cristo, justamente, vendrá para salvarnos esperando que nos convirtamos, que se produzca una verdadera metanoia, cambio de mentalidad que se traduzca en acciones nuevas y santas, huyendo de la comodidad existencial para buscar la novedad del evangelio.
Con su estilo de vida, el mismo Juan Bautista nos invita a una existencia austera, a alejarnos del lujo, y de las vanidades de este mundo, a no tomar como absoluto todo lo que es relativo y pasajero, señala que las cosas de este mundo no nos dan seguridad alguna.
El ser humano en la actualidad se enloquece por tener màs, por disfrutar mas de los bienes materiales y se encuentra en cambio cada vez màs vacío, desconforme de la vida terrenal, 
Por eso es importante preguntarse, en este tiempo de adviento, ¿en qué tengo que cambiar? ¿En qué tengo que mejorar? ¿En  dónde estamos parados y  qué hemos de buscar para el acontecer diario. 
Preguntarnos qué deuda tenemos con el Señor, o con el prójimo que no consideramos como hermano, reflexionar sobre el hecho que  el  adviento es, por lo tanto, un tiempo de gracia que prepara para actualizar la primera venida de Jesús, mirando desde allí la segunda venida que esperamos como encuentro definitivo con el Señor.
Mientras esperamos al Señor, por lo tanto, según exhorta San Pablo (Rom. 15,4-9) hemos de tener hacia el prójimo los mismos sentimientos que tenía Jesús por lo que hemos de acoger a los demás como el Señor nos acogió para la gloria de Dios porque "Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que Él había hecho a nuestros padres, y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia".
Cristo es el retoño que nace de las raíces del tronco de Jesé (Isaías 11,1-10) que creíamos muerto, y "sobre él reposará el espíritu del Señor; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor, y lo inspirará el temor del Señor". 
Su venida implicará la vigencia de la justicia para todos los pueblos porque "Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morada".
El Señor ya viene a nosotros, ¡que nos encuentre preparados!.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el domingo segundo de Adviento ciclo "A". 07 de Diciembre  de 2025. 

1 de diciembre de 2025

¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalèn (Sal 121).


En tiempos de Noé (Mt. 24,37-44) "la gente  comía, bebía y se casaba", pero estaba en otra cosa, no escuchaba el anuncio de Noé,  llegó el diluvio y los arrastró a todos. 
También la venida del Señor es comparada en el texto bíblico con la venida del ladrón, porque como la presencia del mismo en una casa es inesperada, así también acontecerá con la segunda venida de Jesús, que sorprenderá a muchos despistados.
A su vez,  se la compara con la presencia de un ladrón, porque la venida del Señor de alguna manera nos priva de esa seguridad y tranquilidad, en la cuales muchas veces se asienta nuestra vida.
Creemos que, como nunca pasa nada, hace tanto tiempo que se anuncia la segunda venida de Cristo, y esto no aconteció, que podemos estar tranquilos que no se cumplirá  en nuestros días.
Por lo tanto, como decían los paganos, "comamos y bebamos, que mañana moriremos" sin que nada definitivo acontezca.
Ahora bien, la segunda venida no es solamente cuando el Señor vendrá en su gloria, al fin de los tiempos,  sino que también sucede cuando nos llega el momento de la muerte. 
En efecto, todos vamos a morir, no sabemos cuándo, pero sí tenemos que estar preparados para que este hecho no nos sorprenda en el pecado, sino que, al contrario, estemos revestidos de buenas obras.
Por eso es que el mismo San Pablo escribiendo a los cristianos de Roma (13,11-14),  aconseja que la preparación implique  dejar de lado todo aquello que nos aparta de Dios, porque "ya es hora de despertarse, porque la salvación está ahora màs cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está muy avanzada y se acerca el día" 
Hemos de actuar como en pleno día procediendo dignamente, evitando los excesos que embotan los sentidos espirituales y conduce a olvidarnos de lo más importante, que es la unión con Dios. 
Es cierto que para el mundo de hoy esta enseñanza resulta extraña, porque el ser humano está en otra cosa,  confía tanto en su poder, en la ciencia, en la técnica, en los avances de todo tipo, que no tiene tiempo para estar pensando que si Dios viene o no viene, si me muero o no me muero, pero esta disyuntiva es una realidad. 
Los acontecimientos finales, ya de la humanidad o de la vida personal, son hechos reales, no puedo decir a mí no me va a tocar. 
Por eso, la importancia de estar preparados, estar prevenidos, Jesús vino en la debilidad de la carne por primera vez, ahora lo esperamos en la gloria cuando venga a recoger los frutos de nuestra vida. 
Jesús vino por primera vez para salvarnos, para mostrarnos el camino, ya tenemos todos los elementos necesarios para dirigirnos al encuentro definitivo con Él, con la esperanza firme de llegar al fin. 
Dios  nos espera, como dice Isaías (2,1-5), en la montaña santa, porque allí van a dirigirse todas las naciones de la tierra, y sabiendo que el Señor viene a nuestro encuentro continuamente, abramos nuestro corazón y digámosle, ven, Señor Jesús.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el domingo primero de Adviento ciclo "A". 30 de noviembre  de 2025.