A su vez, recuerda que Dios llama a los hombres a la vida para ser santos e irreprochables delante de su presencia, y quiere constituirnos hijos adoptivos, por medio de su Hijo, hecho hombre, Jesús.
Destaca también el apóstol que estamos llamados desde el principio a la gloria del cielo para permanecer junto a Dios, nuestro Señor.
Visto esto, podemos decir que lo que en su providencia Dios había preparado para la humanidad, se ve dañado por el pecado de los orígenes, del cual habla el libro de Génesis (Gn. 3, 9-15.20).
Cuando nuestros primeros padres se sienten desnudos delante de Dios, es porque están privados de la gracia, heridos en su corazón y en su relación con el Creador, el cual les pregunta acerca de su pecado que se llamará desde entonces pecado original originante.
Desde ese momento nosotros nacemos con el pecado original originado, que hiere nuestra alma, sucediendo lo mismo que acontece en el cuerpo con tantas enfermedades hereditarias en el hombre.
Ante esa realidad, Dios, que no se arrepiente de los dones que entrega y de lo que ha pensado en su providencia, promete el envío de su Hijo, para que hecho hombre en el seno de María nos redima del pecado y de la muerte eterna.
La teología, piensa que el Hijo de Dios se hizo hombre, porque a causa del pecado tenía que salvar la humanidad, sin embargo, otra corriente teológica dirá que la encarnación del Verbo se hubiera realizado igual ya que Dios quería estar presente y convivir con los hombres, asumiendo su Hijo nuestra naturaleza menos el pecado.
Si no hubiera existido el pecado, la vida del hombre sería totalmente distinta en relaciòn con el Salvador del hombre.
Pero, ¿Cómo va a nacer Jesús? Hay que elegir una mujer, y Dios en su providencia elige a María, la cual tenía que ser una mujer sin pecado, porque aquella que iba a engendrar a su Hijo hecho hombre no podía estar manchada por el pecado.
Por eso Dios, en previsión de los méritos de Cristo nuestro Señor, hace este milagro grandioso de que María sea concebida sin pecado original, más aún, algunos prefieren decir que la virgen fue concebida en gracia plena, acorde con lo dicho por el ángel.
Ya hasta el lenguaje mismo cambia, no es lo mismo decir sin pecado que decir llena de gracia, plena de gracia, o la que agradó tanto a Dios que es elegida para ser madre del Salvador.
Y aquí entramos en el misterio de las elecciones divinas, ¿por qué Dios eligió a María?, porque quiso elegirla y prepararla a Ella.
Pero a su vez, cuando se le anuncia lo que va a suceder en su seno, ella pregunta cómo será posible esto, y al final termina diciendo, yo soy la servidora del Señor, o sea, ella presta su consentimiento, porque Dios no obra nunca nada sobre nosotros, si no hay una disposición interior a responder a la gracia.
Es por eso que en la historia de la salvación, se da el caso de cuántas personas que mueren impenitentes, o sea, mueren en pecado mortal, porque no quisieron el perdón divino, ni lo pidieron ni lo suplicaron.
Por eso, aún en esa situación Dios respeta la libertad humana, a nadie le impone su presencia, tratará de ganar el corazón del hombre, por cierto, pero en última instancia es el ser humano el que decide su perdición o su salvación.
Y la Virgen, entonces, la llena de gracia, está preparada para ser la madre del Salvador, por eso, el misterio de su Inmaculada Concepción está íntimamente unido a la maternidad divina.
El papa Pio IX es quien define este dogma de la Inmaculada Concepción, fiesta que celebramos este día, nueve meses antes que la Natividad de María Santísima.
Y la virgen no nos abandona, está presente en nuestras vidas y quiere seguir estándolo, y que a ella acudamos para luchar contra el maligno y sus continuos ataques perversos.
Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. 08 de Diciembre de 2025.

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