27 de enero de 2026

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré?

 


La enseñanza central  que destacan las lecturas de este domingo la encontramos en la antìfona del salmo interleccional: "El Señor es mi luz y salvación, ¿a quién temeré?", es aquel que ilumina los pasos de la existencia humana, de cada persona que viene a este mundo. 
El Antiguo Testamento, en la voz de Isaías (8, 23-9,3), como acabamos de escuchar, anuncia la presencia de esta luz de salvación, y Jesús, en el texto del evangelio, recuerda precisamente este texto de Isaías para indicar que Él es la luz y la salvación (Mt. 4,12-24). 
Ahora bien,  para ser iluminados interiormente, para ser salvados, necesitamos seguir la invitación de Jesús: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
Convertirse  significa dar la espalda al pecado, no deberle nada al demonio, sino reconocer siempre la primacía de Cristo nuestro Señor en nuestra vida . No nos olvidemos de esto, queridos hermanos, lo más valioso que tenemos en nuestra vida  católica es vivir en la presencia de ese tesoro que es Jesús el Hijo de Dios vivo, la luz que nos salva  porque  muestra el camino, porque hace ver dónde está el error, dónde la mentira y dónde la verdad. 
¿Qué es lo que sucede cuando el creyente deja de lado a Cristo? Va en busca de la oscuridad que es tan común hoy en día, ya que la gente abandona a Cristo y busca aquello que creen que le da sentido a su vida, pero al contrario, se hunde más en la oscuridad. 
Hoy está de moda nuevamente evocar a los muertos con el espiritismo, sin embargo,  la iglesia  enseña que recemos por las almas del purgatorio, que no evoquemos  a los muertos, que recemos por ellos. 
Hoy se habla de piedras que tienen poder, de los cuencos tibetanos sanadores, cuanta cosa rara aparece por ahí, la gente se prende, incluso los católicos, y encima pagan, porque para todos esos cursos que están dando vuelta en la sociedad hay que pagar. 
De este modo  las personas le abren la puerta al demonio, dejando al Dios verdadero por fantasías curativas, pero después se quejan cuando no saben qué hacer con las infestaciones del demonio en su vida personal, familiar o en su casa.
Recién cuando se ven estas consecuencias, las personas se acuerdan del cura exorcista o de Dios, situación que contemplo a diario.
Hay personas que piensan que están endemoniadas, y piden exorcismo, pero todo eso comienza porque se han olvidado de Cristo, ¡déjense de jorobar! 
No nos olvidemos de Cristo, acerquémonos a su Persona,  escuchémoslo dejando de lado todas estas cosas fantasiosas que están originadas en el demonio que sólo busca nuestra perdición y que vivamos en la mentira. 
Lo que es raro, lo que es fantasioso, lo que es oscuro no viene de Dios, porque Dios es simple, no busca complicarnos la vida, sino enseñarnos el camino de la verdad. 
Por eso la importancia de reconocer a Cristo como luz, fijémonos en el evangelio, qué sencillo es, Jesús predica, invita a la conversión, la gente lo sigue, Jesús les enseña, y los enfermos salen curados de sus dolencias, por seguir justamente a Cristo Nuestro Señor. 
En cambio,  lo que es producto del maligno es  oscuridad, divisiones, como habla San Pablo en la segunda lectura (I Cor. 1,10-13.17). 
En Corinto, algunos decían, yo soy de Pablo, yo  de Cefas, yo  de Apolo, a lo cual Pablo responderá afirmando que quien murió por todos en la cruz es Jesús, no Apolo, ni Cefas, ni él mismo.
De manera que  ante tantas tentaciones sufridas en la actualidad, hemos de responder con la sensatez y sencillez del evangelio, ir al encuentro de Cristo,  al encuentro de todo lo que Él nos enseña. 
Reflexionemos sobre la vida de los santos, no están en la pavada, se santificaron por seguir al Señor, por escuchar su palabra y transmitirla, por vivir la caridad a fondo, como  los apóstoles. 
Queridos hermanos, el Señor es nuestra luz y  salvación, si estamos con Él, no tenemos nada que temer.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el 3er domingo "per annum" ciclo A. 25 de enero de 2026.

19 de enero de 2026

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad: no pediste holocaustos ni sacrificios, yo amo, Dios mío, tu voluntad (salmo 39)

 

La idea central de los textos bíblicos de este domingo, coincide con lo que cantábamos en el salmo interleccional (39), "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad".
Y así,  la pregunta clave que debemos hacernos refiere a cuál es el sentido de nuestra existencia en el mundo, porque de hecho,  muchas personas viven cada día y no se lo encuentran en su caminar. 
El ser humano se acostumbra a vivir porque existe, piensa que debe seguir adelante luchando porque hay que tener una meta,  pero la clave es caer en la cuenta que el que nos ha traído al mundo es Dios. 
Y por lo tanto, desde el comienzo de nuestro caminar por esta vida, la existencia tiene un sentido,  por eso, la razón de ser de esa idea central de "aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad", y preguntarnos  "Señor, ¿Qué quieres de mí
Si tomamos la primera lectura del profeta Isaías (49,3.5-6), contemplamos que se elige a un Servidor, que puede ser el rey Ciro el Grande, o algún israelita o profeta, para que restaure a las tribus de Israel,  pero señalando más adelante que esto no es suficiente, que es necesario que el elegido sea luz de las naciones. 
Ahora bien, si consideramos esto a la luz del Nuevo Testamento, caemos en la cuenta que se trata de una referencia concreta de Jesús, el Hijo de Dios. 
Si bien es cierto que cualquier profeta podía tomar sobre sí la responsabilidad de unir a las tribus de Israel, ser luz de las naciones para que  conozcan la salvación concedida por Dios, es atribución  de alguien superior a los posibles elegidos, y ese es sólo Cristo el centro de la vida humana. 
Esta misma idea continúa en la primera carta de san Pablo a los corintios (1,1-3), fundador de esa comunidad, por lo que sabe perfectamente que los cristianos se encuentran muchas veces rodeados de dificultades, a causa de la corrupción en Corinto, de manera que las tentaciones también se agolpaban para arrastrar a los cristianos a una vida disoluta.
¿Qué hace San Pablo? recuerda que fueron santificados en Cristo y llamados a ser santos y que han de continuar por ese camino, dando testimonio. 
Este consejo lo podemos aplicar a nosotros mismos, a nuestra ciudad, advirtiendo que estamos en medio de una ciudad como muchas otras, no es la única, que se ha olvidado de Dios.
El ser humano a menudo prescinde de Dios, porque aparentemente no lo necesita, en todo caso recurre a Él en los momentos de enfermedad, de peligro, de dificultad, cuando  llega al fondo de las dificultades y no sabe cómo salir, entonces el recurso a Dios. 
En medio de este mundo que vive inmerso en el ateísmo práctico, nos sentimos tentados a abandonar a Dios y seguir una vida fácil, más entretenida a los ojos del mundo, acudiendo al sincretismo religioso que da culto a seres inanimados, o a energías orientales diabólicas.
Sin embargo, hemos sido redimidos por la sangre del Cordero, y por eso hemos de decir cada día, "aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad". 
Y en el Evangelio (1,29-34), Juan testimonia que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y más adelante dirá, es el Hijo de Dios. 
A raíz de esto, tenemos entonces el gran ejemplo para nuestra vida cotidiana, porque el Hijo de Dios no vino al mundo para hacer su voluntad, sino a observar la voluntad del Padre. 
¿Y cuál es la voluntad del Padre? El Padre nos ama tanto que quiere sacarnos del pecado a través de la pasión y muerte en la cruz de su Hijo, "porque tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo para salvarnos", para revivirnos. 
De manera que el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo es el mismo Jesús, llamado Cordero, porque como en el Antiguo Testamento se ofrecía al cordero inocente como sacrificio agradable a Dios, Jesús se ofrece como  Cordero manso a la muerte para poder rescatarnos a nosotros del mundo tenebroso del pecado y del demonio.
"Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad", afirmación esta que conduce a preguntarnos cada día, si cumplimos con la voluntad del Padre, si buscamos descubrir qué es lo que quiere Dios además de realizar el bien e ir por el mundo como san Pablo y predicar el Evangelio. 
Hemos de hablar de las maravillas que implica estar unidos al Señor, dando ejemplo siempre de una vida de santidad, para que por lo menos algunos busquen seguir ese mismo camino, confiando para todo esto, con la gracia misericordiosa de Dios.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el IIdo domingo "per annum" ciclo A.18 de enero de 2026.

12 de enero de 2026

En el bautismo celebrado en el Jordán, Jesús carga sobre sus hombros los pecados de toda la humanidad, en su misión de siervo de Yahvé, a quien el Padre sostiene.


En la segunda lectura de la liturgia de hoy tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles (10,34-38), Pedro dice que Dios no hace acepción de personas, no se fija si alguien es judío o si es pagano, sino que "en cualquier naciòn, todo el que le teme y practica la justicia es agradable a Él". 
Sin embargo, manifestó su preferencia, ya que, "envió su palabra al pueblo de Israel, anunciándoles la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos".
A su vez, recuerda los pasos de Jesús después del bautismo, señalando cómo comenzó su misión en este mundo, en esta vida. 
Gracias al texto del evangelio (Mt. 3,13-17), hemos asistido al bautismo del Señor, al cual Juan se resiste, porque es consciente que su bautismo es para la conversión, y que Jesús como Mesías instituirá el verdadero sacramento del bautismo, por lo que no debe estar en la fila de los bautizandos.
Pero Jesús dice, "ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo",  y Juan obedece. 
Con su ejemplo, Jesús quiere darnos un ejemplo de humildad,  se hace pecador, aunque no lo sea, para indicarnos que como  pecadores tenemos necesidad del bautismo. 
Por otra parte, Jesús quiere entrar en las aguas del Jordán y enseñar que le otorga al agua junto con el Espíritu, el poder para librar al hombre del pecado, que no es su bautismo sólo de conversión como el de Juan Bautista que únicamente prepara los corazones de la gente.
Señala santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica,  que Cristo viene a purificar el agua para que esta sane el interior del hombre. 
Por otra parte, mientras está realizándose el bautismo, Jesús  carga sobre sus hombros los pecados de toda la humanidad, en su misión de siervo de Yahvé, a quien el Padre sostiene, en el que se complace, y lleva sobre sí el espíritu para otorgar el derecho a las naciones (Isaías 42,1-4.6-7) 
En esta ocasión, a su vez,  se observa una teofanía, una manifestación de Dios Trino, que consiste en el testimonio del Padre que dirá de quien se está bautizando, "este es mi Hijo muy querido, el predilecto", abriéndose los cielos y descendiendo el Espíritu Santo, con lo que está anticipando que cualquiera que reciba el agua del bautismo se convierte en hijo adoptivo  y predilecto de Dios.
O sea, que con el bautismo de Jesús cambia totalmente nuestra vida, ya no estamos sujetos a la corrupción del pecado, sino que en el bautismo que recibimos se aplica la muerte y resurrección de Cristo, y por lo tanto somos salvados. 
Sumergidos en el agua, recordamos la muerte de Cristo, al salir del agua se indica su resurrección, cambiando nuestra existencia. 
Somos nuevas criaturas por el sacramento del bautismo, diferenciándonos  del no bautizado, aunque sea sin culpa alguna. 
Es necesario el bautismo para transformarnos en hijos predilectos del Padre, a través de la adopción.
En efecto, solamente por la cruz de  Jesús presente en nuestra vida, somos transformados en profundidad y en plenitud de vida. 
Por lo tanto, como bautizados, hagamos nuestro compromiso de seguir a Cristo, nuestro señor. 
No nos dejemos encandilar por otras voces, por otros inventos que presenta la cultura de nuestro tiempo, vayamos al encuentro de Jesús asumiendo el evangelio si queremos vivir como verdaderos hijos adoptivos


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Fiesta del Bautismo del Señor. 11 de enero de 2026.

6 de enero de 2026

Aquellos que han recibido la Palabra, nacieron no de la carne, ni de la sangre, ni de poder humano alguno, sino de Dios nuestro Señor.


En este tiempo litúrgico de Navidad que estamos viviendo, hemos contemplado a Jesús en cuanto a su naturaleza humana.
Y así, lo recibimos en su nacimiento en el portal de Belén, escuchamos el anuncio de los ángeles acerca del nacimiento del Mesías,  fuimos al encuentro de la Sagrada Familia para reconocer a Jesús Nuestro Señor, con los pastores fuimos a contemplar las maravillas de Dios Nuestro Señor, y  hemos visto que la Virgen guardaba en su corazón todo lo que sucedía alrededor de su Hijo.
A su vez, hemos contemplado y reflexionado acerca de la Sagrada Familia huyendo a Egipto porque el niño era perseguido por Herodes, en fin, seguimos todos los pasos del Señor desde su nacimiento como hombre y su niñez. 
En este domingo, se describe la naturaleza divina  de Jesús,  gracias a este gran teólogo que es Juan Evangelista quien enseña todo lo que sabe, lo que ha experimentado acerca de Jesús como Hijo de Dios, y así entrar en esta realidad de su divinidad, justamente  expresando en el texto proclamado  que al principio era la Palabra (Jn. 1,1-18).
Si tomamos el libro del Génesis (cap. 1), en el momento de la creación, leemos que Dios "dijo",  ese "dijo" refiere a la Palabra,  al propio Hijo por el que Dios  creó todas las cosas que existen. 
Y así, Dios dijo hágase la luz, y todo lo creado, el sol, las estrellas, separando las aguas de la tierra, y Dios dijo que haya animales, etc. 
Todo fue creado por medio del Hijo de Dios, y aparece la figura del Espíritu Santo, al decir que el espíritu aleteaba sobre las aguas. 
También en el texto que acabamos de proclamar se dice que el Hijo de Dios era la luz, es la luz. 
De hecho en la primera oración de esta misa recordábamos que la luz que es el mismo Jesús, la hemos recibido en plenitud quienes tenemos fe, es la luz de la fe, que permite tener una vida totalmente nueva, coherente con la fe. 
Y así, entonces, lo aceptamos al Hijo de Dios hecho hombre como Hijo del Padre, que es palabra creadora,  que viene a este mundo. 
A su vez, los suyos no lo recibieron, o sea, el pueblo de Israel, pero a aquellos que han recibido la Palabra, la Luz, la Vida, se les dio la posibilidad no de la carne, ni de la sangre, ni de poder humano alguno, sino de Dios nuestro Señor. 
Se declara de esta manera que somos hijos adoptivos del Padre por Jesús, que es el Hijo unigénito de ese mismo Padre. 
De hecho, en la carta a los Efesios (1,3-6.15-18), se menciona  cómo fuimos elegidos desde toda la eternidad en Cristo nuestro Señor, para ser hijos adoptivos de Dios, y por lo tanto herederos de la vida eterna si vivimos como santos e irreprochables. 
O sea, se ha desplegado también el misterio de grandeza que anida en el corazón de cada hombre. No solamente tenemos la grandeza en el Hijo de Dios vivo, sino que a través del Hijo de Dios vivo también nosotros somos engrandecidos, liberados del pecado por la muerte de Jesús en la cruz y por el agua del bautismo somos nuevas criaturas. 
Por eso el nacimiento de Jesús también anuncia nuestro nuevo nacimiento siempre en el Señor y llamados por lo tanto a una vida de grandeza como la de Jesús, a dar gloria a Dios como Jesús eternamente da gloria al Padre en el cielo.
Queridos hermanos: el nacimiento de Jesús entonces, está unido estrechamente a nuestro propio nacimiento en la vida de la gracia que hemos de aprovechar respondiendo siempre al mensaje de Jesús a la vida nueva que Él quiere introducir en nuestra existencia cotidiana. 
De aquí en más no estamos solos en este momento, sino que para afrontar los problemas y las dificultades de la vida contamos con la ayuda y protección del Hijo de Dios que  guía al encuentro definitivo  del Padre, en la vida eterna.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el 2do domingo de Navidad. 04 de enero de 2026.

2 de enero de 2026

María acompaña a Jesús en su nacimiento y niñez, mientras crece en Nazaret, y ya adulto, evangelizando a los hombres, hasta el momento de la muerte en Cruz.


 Hoy celebramos, en el comienzo del año, a María, Madre de Dios, y así inauguramos este tiempo poniéndonos bajo su protección. 
María no sólo es la Madre de Jesús, sino que gracias a ella, como enseña san Pablo escribiendo a los gálatas (4,4-7), fuimos constituidos como hijos adoptivos del Padre, en el Hijo de Dios hecho Hombre, de manera que por el solo hecho de que Jesús es Hijo de María, cada uno de nosotros es  hijo adoptivo del Padre. 
Y precisamente por ese hecho es que podemos decir cada uno, Abbá, que es una manera cariñosa de dirigirnos a Dios Padre, es como decirle papito, una manera que acerca como hijos al Padre del Cielo. 
Y esto lo debemos valorar mucho, porque ha cambiado totalmente la historia del hombre con la encarnación del Hijo de Dios, porque gracias a este hecho somos hijos adoptivos del Padre. 
Comenzamos entonces este año bajo la tutela de María Santísima, pero también bajo la tutela del mismo Dios. 
Precisamente escuchábamos recién en la primera lectura tomada del libro de los Números (6,22-27), que en Israel, el Rey o los sacerdotes, daban esta bendición a los israelitas, sobre todo al comienzo del año, deseándoles la protección plena de Dios, su acompañamiento a lo largo del año, junto con el  don de la paz. 
La paz verdadera es solamente regalo de Dios, que el hombre es incapaz de darse a sí mismo y de entregar a otros, siempre cargados de conflictos en este mundo, sin descansar nunca de nuestras riñas,  peleas, de nuestros desbordes en relación con el prójimo. 
Por eso necesitamos esa bendición de Dios que venga en nuestro auxilio, que proteja y que otorgue la paz que necesitamos. 
El texto del Evangelio (Lc.2,16-21) invita a acompañar a los pastores, e ir al encuentro de María, José y el niño que está acostado en el pesebre, dirigirnos al encuentro de la Sagrada Familia y allí  recordar las maravillas que se dicen de ellos, e imitar a María Santísima, que guarda en su corazón todas estas experiencias. 
Seguramente ella ya estaba anticipándose a lo que sería su recorrido por este mundo acompañando a su Hijo en la medida en que iba creciendo en Nazaret, luego, adulto evangelizando a los hombres. 
Porque María no dejó nunca de ser madre del Señor, no lo es solo cuando nace Jesús, sino durante su vida,  por eso es que  estando en la cruz, entrega a su  madre a la humanidad toda en la persona de Juan: "He ahí a tu madre", y dirigiéndose a María, "he ahí a tu hijo". 
Recibamos como Juan a María Santísima en nuestro corazón, en nuestra vida y, vayamos siempre a su encuentro, viéndola como refugio en nuestro caminar por este mundo, presentándole nuestras vicisitudes, miedos, angustias, las buenas obras, los fracasos, y los deseos de querer ser cada día más y más amigos de Jesús.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Fiesta de la Maternidad Divina de María Santísima. 01 de enero de 2026.

29 de diciembre de 2025

La Iglesia sabiamente, celebra hoy la fiesta de la Sagrada Familia, constituida por Jesús, María y José, para que descubramos el diseño divino acerca de la familia humana.

 


La Iglesia sabiamente, en este tiempo de Navidad celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Y esto, porque quiere mostrarnos como modelo de familia  a la  constituida por Jesús, María y José, y también para que descubramos el diseño divino acerca de la familia humana. 
En efecto, estamos bombardeados permanentemente a través de la cultura, la sociedad, por toda una serie de costumbres y de ideas que nada tienen que ver con el Evangelio,  y sin darnos cuenta, poco a poco, asimilamos como normal aquello que se opone al Evangelio, a la enseñanza de la Sagrada Escritura y al magisterio  de la Iglesia. 
Entonces, es importante reflexionar sobre esta institución, ya que la sociedad nos inculca que hay diversidad de familias, no solamente las que tienen un papá y una mamá, sino también las que tienen dos papás, las formadas por dos mamás, o las que no se han comprometido a través del Sacramento de Matrimonio. 
A su vez, se observa a menudo el hecho de que hay mujeres que quieren tener un hijo, pero sin matrimonio, no desean un hombre en sus vidas, sino que son inseminadas con esperma desconocido, y también quienes recurren al mismo mecanismo en casos de infertilidad, llegando a dejar en espera a embriones congelados.
Y así, se manifiestan  modelos que son moda en definitiva,  que se consideran normales, pero que no forman parte de la enseñanza recibida en la Sagrada Escritura, ya que la Palabra de Dios enseña que la familia está constituida por un papá,  una mamá e hijos. 
Es cierto que muchos matrimonios no tienen hijos porque uno de los dos es estéril, pero su constituciòn responde a la voluntad que nace de la Sagrada Escritura,  y que llegado el caso por ejemplo, adoptan un hijo para completar la relación que hay entre los esposos. 
La Sagrada Familia  muestra, por lo tanto, la centralidad de Dios en su vida, en su existencia, por eso es muy importante, siempre en nuestra vida cotidiana, aprender a mirar con los ojos de Jesús, con los ojos de la Virgen, con los ojos de José. 
Y así, por ejemplo, los esposos, los maridos, han de preguntarse cuando hay dudas, ¿Qué haría San José en mi lugar? Y cuando las esposas, las madres, dudan sobre cómo actuar, preguntarse ¿Qué haría en mi lugar la Virgen María? Y los hijos, cuando no saben cómo vivir, preguntarse ¿Qué haría Jesús en mi lugar? 
De todos modos, la misma Palabra de Dios despliega su sabiduría ante nuestros ojos, y así, la primera lectura tomada del Libro del Eclesiástico (3,3-7.14-17), que en este caso es una reflexión sobre el cuarto mandamiento, honrar al padre y a la madre,  presenta cuál ha de ser la actitud de los hijos para con los padres. 
Al respecto, san Juan Pablo II, en la Carta a las Familias, dirá sobre este mandamiento, que los padres tienen que comportarse de tal manera que merezcan ser honrados por sus hijos. 
Por lo tanto, es todo un desafío el preguntarse ¿Cómo vivo como padre? ¿Cómo vivo como madre? ¿Cómo vivo también como hijo? ¿Cómo vivo como hermano? 
Y así, la Palabra de Dios ilumina señalando qué actitudes debemos tener cada uno en el seno de las familias, cómo cada uno ha de buscar el crecimiento de la otra parte o ayudar a que cada uno descubra cuál es su misión en la familia y  en este mundo. 
De manera que nos preguntemos, ¿Qué es lo que Dios quiere sobre cada uno de los hijos, por ejemplo? ¿Cómo Dios quiere que se viva la paternidad o la maternidad? 
En el texto de San Pablo, escribiendo a los Colosenses (3,12-21), acabamos de escuchar que es necesario revestirse de actitudes de misericordia, de humildad, de benevolencia, de saber perdonarse unos a otros, si alguno ha ofendido a otro, buscar imitar  a la familia modelo formada por Jesús, María y José. 
El texto del Evangelio (Mt. 2, 13-15.19-23), por otra parte, recuerda que la familia perfecta no está exenta de dificultades. 
Y así, por ejemplo, hemos escuchado recién, cómo la familia de Nazaret es probada con la persecución de Herodes. 
En efecto, Dios hubiera podido mandar la muerte a Herodes sin que la familia tenga que huir a Egipto, sin embargo, Dios ha querido que pasaran por la experiencia de la persecución para huir a otra parte, para volver nuevamente, pero ya cada uno con mayor fortaleza para afrontar las dificultades de la vida.
Porque en el caso de la sagrada familia era Herodes el que perseguía para matar al niño, pero en la sociedad actual tenemos también otros enemigos como Herodes que buscan destruir la familia, desvalorar el sentido de la familia, que buscan realmente que la familia no subsista.
¿Por qué? Porque todo el mundo sabe que despojada una persona de la familia, del sentido de la familia, se transforma en esclava de los poderes y de las ideologías de este mundo. 
Pidámosle entonces a Jesús, María y José que nos ayuden a comprender la voluntad de Dios para nosotros y entender cuál es el verdadero sentido de la familia y cómo esta está formada de acuerdo a la providencia de Dios.

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Fiesta de la Sagrada Familia. 28 de Diciembre  de 2025. 


26 de diciembre de 2025

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz, porque un Niño les ha nacido, un Hijo se les ha dado, en Él reposa la soberanía y habrá una paz sin fin.

 

"El pueblo que caminaba en  tinieblas vio una gran luz" (Is.9,1-3.5-6) ¿A qué se refiere el profeta Isaías? Está hablando del momento en que las tropas asirias han tomado posesión de Israel y se dirigen también a tomar la Judea, a la ciudad de Jerusalén, al pueblo de Dios, pero he aquí que no terminan con su campaña, tendrán que volver porque Babilonia amenaza sus fronteras.
Por eso el texto dice que aquellos que caminaban en tinieblas vieron una gran luz, los que caminaban con tristeza, con temor, perdidos, sin saber a dónde ir, encuentran la paz y el sosiego en su tierra, más allá de que muchos han sido llevados al exilio. 
El pueblo elegido, màs allá del hecho histórico concreto, goza anticipadamente con la presencia futura del Salvador que visita a los elegidos.
En efecto, el texto bíblico dirá que un niño les ha nacido,  que se llamará el príncipe de la paz, Él llevará al pueblo elegido tranquilidad y entrará en los corazones de todos, ese niño hará que cese el temor, el miedo, la preocupación. 
Por medio de la fe sabemos que el Hijo de Dios es ese niño que ha entrado en la historia humana, que ha venido para quedarse. 
O sea,  el nacimiento de Jesús en Belén, está indicando que en el niño contemplamos cómo Dios elige la debilidad de la carne, la pequeñez de la carne, para asumir la naturaleza humana, menos el pecado, y de esa manera hacerse presente entre nosotros para  guiarnos a la salvación futura para la que fuimos creados.
Se hace pequeño, para reinar en el corazón de todos, llamándonos también a vivir esa pequeñez que enaltece al hombre.
Por eso también el Evangelio enseña que es necesario hacerse como niños para entrar en el reino de los cielos, y esto es así, porque todo lo que es prepotencia, lo que es soberbia, lo que es autosuficiencia, no tiene cabida en un encuentro con Cristo salvador. 
Es necesario hacerse pequeño, como Jesús, que cada año vuelve a nacer otra vez entre nosotros. Muchos hoy lo olvidarán, o no les llamará la atención, o dirán, ¿Qué poder tiene un niño? 
Pero Dios, sí sabe que ese Niño salvará a su pueblo, que lo conducirá a las moradas eternas, que se llama "Dios con nosotros"
La venida del Salvador ha sido una gracia para todos, un don misericordioso, como lo reconoce  san Pablo, escribiendo a su discípulo Tito (2,11-14):"La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado".
Se proclama así, que no hemos de esperar màs, que ya llegó la plenitud de los tiempos con la venida del Salvador, que Dios se ha acordado de nosotros, cumpliendo con creces su antigua promesa. 
A su vez, debemos tener presente que cada año celebramos la Navidad para que no olvidemos nunca que Dios tiene memoria de nosotros, que nos ama, y porque a pesar de nuestros pecados, de nuestras faltas, sigue pensando en cada uno, sigue apostando por el hombre, esperando su conversión y  entrega total al único que salva. 
El mundo pensará que tiene todo el poder en la técnica, la ciencia, en los experimentos, pero todos sabemos que en definitiva el verdadero poder está en Dios nuestro Señor, que cambia el corazón del hombre, el único que puede transformarlo en un mundo y  cultura  que se ha olvidado de su Creador.
Este niño recién nacido nos interpela y llama a adorar al Padre y a reconocer la infinita misericordia que ha tenido con la humanidad.
Por eso, al igual que los pastores, hemos de escuchar cómo los ángeles anuncian la Buena Noticia: "Hoy en Belén de Judá les ha nacido el Salvador, que es el Mesías, el Señor"
A su vez, también podemos afirmar: "Hoy en Santa Fe ha nacido el Salvador,  hoy en nuestra Patria ha nacido el Salvador", ¿Qué esperamos entonces para ir a su encuentro? ¿Qué esperamos para decidirnos a vivir una existencia totalmente nueva, la de los hijos adoptivos del Padre?. 
Porque ese niño, cuando sea adulto, obedeciendo al Padre, morirá en la cruz, rescatándonos del pecado y de la muerte eterna. 
Hermanos: En el nacimiento de Jesús comienza una nueva historia para el hombre, han quedado atrás las sombras de la muerte, todo lo que se niega a recibir a Dios, y se encuentra nuevamente con nosotros aquel que viene a salvarnos. 
Por eso,  abramos nuestro corazón, dejemos que el Señor entre en cada uno, en cada familia, en la sociedad, en el ámbito en el cual nos movemos todos los días, para que con su presencia  podamos vivir un mundo nuevo, una realidad  distinta. 
La pequeñez del Niño refiere a la pequeñez que hemos de asumir, permite contemplar la ternura de Dios para con el hombre, que se hace Niño para que podamos ser hijos adoptivos del Padre.


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Natividad del Señor. 24 de Diciembre  de 2025. 


22 de diciembre de 2025

"Ábranse puertas eternas para que entre el Rey de la gloria" y resida en los que buscan al Señor, en los que buscan su rostro, el Dios de Jacob (cf.Salmo 23)

 

En el texto que acabamos de escuchar, el profeta Isaías (7,10-14),  habla de la angustia que padece el rey Ajaz, porque los reyes de Damasco (capital de Siria) y Samaría (capital de Israel) se han unido para atacar Judá, deponer al rey y colocar un extranjero, a alguien que interrumpa el linaje de David. 
El rey se desespera, pero en lugar de acudir a Dios, solicita la ayuda  de Asiria, que después le va a cobrar el favor, convirtiendo a Judá en un reino sometido a pagar tributo. 
El profeta Isaías, reprocha al rey por no confiar en Dios, Ajaz responde que no lo quiere tentar. 
El Señor, a su vez, señala que Él protege al reino: "La virgen está embarazada  y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel, que significa Dios con nosotros".
Es decir, se le dice al rey desconfiado que el linaje de David no se interrumpirá, porque tendrá un hijo que será el futuro rey Ezequías sucesor en el reino. 
Ahora bien, este anuncio que hace Isaías, refiere también al nacimiento del Mesías, que   aparece en el texto del evangelio, donde san Mateo, lo proclama con las mismas palabras del profeta. 
De manera que existe una unión muy estrecha entre el anuncio de  Isaías y lo que acontecerá  en el futuro con la venida del Mesías. 
Porque ambos anuncios prometen la protección de Dios que está con su pueblo y nunca lo abandona,  así como no abandonó al pueblo de Israel a pesar de sus pecados e infidelidades en la antigüedad, tampoco Dios abandona al pueblo elegido. 
O sea, tampoco nos olvida o abandona, está presente en medio de la comunidad, en medio de la Iglesia, derramando sus gracias para  mantenernos siempre unidos a Él a través de la fidelidad. 
Y así, entonces, somos invitados a que a lo largo de nuestra vida no temamos a los poderes exteriores a nosotros, no debemos temer nada, porque Dios es quien nos protege siempre, y a Él hemos de acudir.
No pensar que otras fuerzas u otros poderes nos van a liberar, como mucha gente hoy piensa, que abandonando la fe en Cristo, buscan otros consuelos mundanos, escuchando a las pitonisas que abundan en la actualidad, abandonando la fe católica, para seguir narraciones que son, en definitiva, encantamiento de serpientes. 
La Palabra revelada insiste en que creamos en el Señor, escuchemos su mensaje, que habla de la presencia de Emanuel, el Dios con nosotros, el mismo Cristo que debemos mostrar al mundo.
Precisamente, san Pablo, en el texto que acabamos de proclamar (Rom.1,1-7), describe que Jesús, ha "nacido de la estirpe de David  según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos".
Continúa afirmando el apóstol que "por Él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para la gloria de su nombre, a todos los pueblos paganos, entre los cuales se encuentran ustedes, que han sido llamados por Jesucristo"
¿Qué significa conducir a la obediencia de la fe? el prefijo ob-, indica  ‘adelante’, y el verbo audīre,   ‘escuchar’, o sea, a través de la predicación conducir a los paganos hacia adelante, a asimilar la palabra de Dios viviendo conforme a ella.
O sea, con la predicación acerca de Jesús, oída por aquellos que no creen,   conducir a la fe verdadera a los que todavía no lo aceptan, o a aquellos que, habiéndolo aceptado, han terminado por abandonarlo. 
También hoy tenemos la tarea de llevar a la obediencia de la fe a tantos que se han apartado de Cristo, nuestro señor, o que sí lo esperan, lo hacen de otra manera, o a un Cristo con otras características, pero que no reconoce al Hijo de Dios hecho hombre.
Precisamente, el papa Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Redemtoris custos, que refiere a  san José, ve una analogía entre la anunciación del ángel a María y la anunciación del ángel a José. 
En ambos relatos, si bien las circunstancias son distintas, lo que se pide es la aceptación de la voluntad de Dios, por lo que José se compromete con la misión que le es  encomendada, ser el padre legal de Jesucristo, y permitir que con él se cumpla justamente lo prometido por las escrituras, que del linaje de David, del cual descendía José,  nacerá el Mesías.
Hermanos: descubramos nosotros que quiere Dios de cada uno en esta Navidad para poder exclamar el "hágase tu voluntad Señor".

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el domingo cuarto de Adviento ciclo "A". 21 de Diciembre  de 2025. 


15 de diciembre de 2025

"¡Sean fuertes, no teman, ahí está el Dios de ustedes! llega la venganza, la represalia de Dios: Él mismo viene a salvarlos"

La liturgia de este tercer domingo de Adviento convoca a reflexionar acerca del clima de alegría que debe reinar en el corazón de cada uno de los creyentes ante la próxima venida del Salvador. 
Por eso ya la antífona de entrada de la misa dirá (Fil. 4,4): "alégrense todos en el Señor. Otra vez les digo, alégrense en el Señor"
Esta alegría  proviene de saber que la presencia del Salvador entre nosotros  significarà no solamente el cumplimiento de la esperanza de revivirnos, de rescatarnos del pecado y de la muerte, sino que el Señor viene a cambiar todas las cosas. 
Se realizará lo que el profeta Isaías (35,1-6.10) proclama: "¡Sean fuertes, no teman, ahí está el Dios de ustedes! llega la venganza, la represalia de Dios: Él mismo viene a salvarlos"
¿Por qué la represalia de Dios? Porque mientras todo presenta un panorama de oscuridad, en el que ya no hay remedio para la humanidad pecadora, se vislumbra con certeza la aparición en medio  nuestro del redentor que viene a salvarnos del pecado y de todo mal que pretenda hacernos daño.
Como el Señor está cerca, el apóstol Santiago (5,7-10) exhorta a tener paciencia, y tener buena actitud para con el prójimo.
A raíz de esto, no puede habitar en el corazón humano, la angustia, el desasosiego, las miserias y pecados, sino levantar la cabeza y deseosos de conversión, esperar que el Señor nos transforme interiormente de una manera que no  imaginamos.
A su vez, Juan Bautista encarcelado por defender la verdad diciendo a Herodes que no le es lícito vivir con la mujer del hermano, enviará a sus discípulos para preguntar a Jesús acerca de su venida.
Y ¿Por qué esa pregunta? De hecho, Juan Bautista ha predicado la conversión, la necesidad de dejar atrás el pecado, pero a su vez ha mostrado a un Cristo juez, como lo hemos escuchado el domingo pasado, a un Cristo que viene a colocar el hacha a la raíz. 
En el fondo está anunciando lo que sucederá en la segunda venida del Señor, cuando se haga presente como juez del mundo. 
Pero ahora la venida de Jesús tiene otro carácter, y por eso el Señor dirá que cuenten a Juan lo que ellos ven y oyen: los ciegos recuperan la vista, los paralíticos caminan, los leprosos quedan purificados, los muertos resucitan, los demonios son expulsados de los cuerpos de los posesos, todas señales que hablan de un Cristo que viene como buen pastor, que viene a salvar al hombre, a rescatarlo de sus miserias.
Para su papel de juez, habrá que esperar al fin de los tiempos, ahora presenta otro panorama, otro perfil como Mesías, como Salvador.
Pero no solamente está mostrando el verdadero rostro de Dios, que se manifiesta a través de su Hijo, hecho hombre, sino también el verdadero rostro de lo que ha de ser la humanidad, lo humano.
Porque desde Cristo han surgido muchos reinos, muchos imperios que han pretendido salvar al hombre o elevarlo, sin lograrlo, màs aún, estos poderes han perecido todos porque ignoraron a Dios
El único poder que permanece y salva es el que toca el corazón del hombre, y por eso el mismo Jesús reconoce que, si bien Juan el Bautista es el más grande nacido de mujer, cualquiera de nosotros puede  ser mayor que él en el reino, o sea, junto a Jesús, en la medida en que asumamos la grandeza divina inserta en nuestra vida que nos conduce a la verdad plena.
Digamos confiadamente a cada momento: ¡Ven Señor a salvarnos!


Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en el domingo tercero de Adviento ciclo "A". 14 de Diciembre  de 2025. 

9 de diciembre de 2025

La llena de gracia, está preparada para ser la madre del Salvador, por eso, el misterio de su Inmaculada Concepción está íntimamente unido a la maternidad divina.

 El apóstol san Pablo (Efesios 1,3-6.11-12), manifiesta que fuimos bendecidos con toda clase de bendiciones por Dios, en Jesucristo su Hijo. Inmediatamente, recuerda que fuimos elegidos desde antes de la creación del mundo, es decir, que nosotros, no obstante haber nacido en este tiempo, ya estábamos presentes en el pensamiento de Dios desde antes de la creación del mundo. 

A su vez, recuerda que Dios llama a los hombres a la vida para  ser santos e irreprochables delante de su presencia, y quiere constituirnos hijos adoptivos, por medio de su Hijo, hecho hombre, Jesús. 
Destaca también el apóstol que estamos llamados desde el principio a la gloria del cielo para permanecer junto a Dios, nuestro Señor. 
Visto esto, podemos decir  que lo que en su providencia Dios había preparado para la humanidad, se ve dañado por el pecado de los orígenes, del cual habla el libro de Génesis (Gn. 3, 9-15.20). 
Cuando nuestros primeros padres se sienten desnudos delante de Dios, es porque están privados de la gracia,  heridos en su corazón y en su relación con el Creador, el cual les pregunta acerca de su pecado que se llamará desde entonces pecado original originante.
Desde ese momento nosotros nacemos con el pecado original originado, que hiere nuestra alma, sucediendo lo mismo que acontece en el cuerpo con tantas enfermedades hereditarias en el hombre.
Ante esa realidad, Dios, que no se arrepiente de los dones que entrega y de lo que ha pensado en su providencia, promete el envío de su Hijo, para que hecho hombre en el seno de María nos redima del pecado y de la muerte eterna. 
La teología, piensa que el Hijo de Dios se hizo hombre, porque a causa del pecado tenía que salvar la humanidad, sin embargo,  otra corriente teológica dirá que la encarnación del Verbo se hubiera realizado igual ya que Dios quería estar presente y convivir con los hombres, asumiendo su Hijo nuestra naturaleza menos el pecado.
Si no hubiera existido el pecado, la vida del hombre sería  totalmente distinta en relaciòn con el Salvador del hombre.
Pero, ¿Cómo va a nacer Jesús? Hay que elegir una mujer, y Dios en su providencia elige a María, la cual tenía que ser una mujer sin pecado, porque aquella que iba a engendrar a su Hijo hecho hombre no podía estar manchada por el pecado. 
Por eso Dios, en previsión de los méritos de Cristo nuestro Señor, hace este milagro grandioso de que María sea concebida sin pecado original, más aún, algunos prefieren decir que la virgen fue concebida en gracia plena, acorde con lo dicho por el ángel.
Ya hasta el lenguaje mismo cambia, no es lo mismo decir sin pecado que decir llena de gracia, plena de gracia, o la que  agradó tanto a Dios que es elegida para ser madre del Salvador.
Y aquí entramos en el misterio de las elecciones divinas, ¿por qué Dios eligió a María?, porque quiso elegirla y prepararla a Ella.
Pero a su vez, cuando se le anuncia lo que va a suceder en su seno, ella pregunta cómo será posible esto, y al final termina diciendo, yo soy la servidora del Señor,  o sea, ella presta su consentimiento, porque Dios no obra nunca nada sobre nosotros, si no hay una disposición interior a responder a la gracia. 
Es por eso que en la historia de la salvación, se da el caso de cuántas personas que mueren impenitentes, o sea, mueren en pecado mortal, porque no quisieron el perdón divino, ni lo pidieron ni lo suplicaron. 
Por eso, aún en esa situación Dios respeta la libertad humana, a nadie le impone su presencia, tratará de ganar el corazón del hombre, por cierto, pero en última instancia es el ser humano el que decide su perdición o su salvación. 
Y la Virgen, entonces, la llena de gracia, está preparada para ser la madre del Salvador, por eso, el misterio de su Inmaculada Concepción está íntimamente unido a la maternidad divina. 
El papa Pio IX es quien define este dogma de la Inmaculada Concepción,  fiesta que celebramos este día, nueve meses antes que la Natividad de María Santísima.
Y la virgen no nos abandona, está presente en nuestras vidas y quiere seguir estándolo, y que a ella acudamos para luchar contra el maligno y sus continuos ataques perversos. 

Cngo Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario, en Santa Fe de la Vera CruzArgentina. Homilía  en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. 08 de Diciembre  de 2025.