7 de enero de 2007

Las joyas de la Navidad (2) : La maternidad divina de María Santísima

1.- La bendición de Dios al comienzo de un Año Nuevo

Con la solemnidad litúrgica de “Santa María Madre de Dios” comienza cada nuevo año civil señalando que el nacimiento de un distinto espacio de tiempo se inicia junto a, e impregnado por el misterio de otro nacimiento: el de Jesús, Hijo de Dios hecho hombre.
El texto bíblico del libro de los Números (6, 23-27) corea una enternecedora bendición sacerdotal sugerida por Dios mismo: “De este modo habréis de bendecir a los hijos de Israel, diréis: Que Yahvé te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer su faz sobre ti y te otorgue su gracia….Así invocarán mi nombre…y yo los bendeciré”. Esta bendición del Señor, dirigida a los hijos de Israel, se amplía hoy a todos los hombres por medio de Jesús el Salvador.
Y así el nuevo año se aborda recordando la presencia de Dios en la historia humana. Nada hay en la vida del hombre, incluyendo el tiempo, que escape a la presencia de Dios Creador. Podrá el hombre pretender vivir la sucesión del tiempo como si Dios no existiera y como si no lo necesitara.
Pero Dios está allí, gozándose mirando a los hombres que lo tienen como amigo, derramando sus abundantes gracias y así potenciar sus proyectos acordes con la dignidad de la persona humana, y moviendo a los hijos díscolos para que a través de la conversión puedan acceder a una vida propia de verdaderos hijos.

2.- Tiempo y Eternidad


La sucesión del tiempo en los mitos griegos, está controlada por Chronos que era el dios de las Edades (desde la Dorada hasta la de Bronce) y del zodiaco. Chronos permaneció como el dios remoto e incorpóreo del tiempo que rodeaba el universo, conduciendo la rotación de los cielos y el eterno paso del tiempo.Kairós, "el momento justo", en cambio, es en la filosofía Griega y Romana la experiencia del momento oportuno. Los pitagóricos le llamaban Oportunidad.Kairós es el tiempo en potencia, tiempo atemporal o eterno, y el tiempo es la duración de un movimiento, una creación.
En la religión Católica,Kairós, es el momento de Dios. Y así debemos percibir nosotros cada momento de nuestra existencia. Quizás por la experiencia de la rutinaria sucesión de los tiempos y de las horas podemos caer también en el concebir al tiempo desde una óptica meramente temporal, cuando en realidad en cada momento el Señor pasa a nuestro lado o viene a nuestra vida para interpelarnos.
Cada minuto es por tanto “el momento de Dios”, porque si sabemos captar las mociones de la gracia y respondemos con nuestro asentimiento se producen inefables bienes para nosotros.
Dios nos visita en la salud y en la enfermedad, en la alegría de nuestras buenas obras y en la tristeza por nuestros pecados.
Tenemos experiencia a cada momento de las mociones del espíritu bueno o malo, y en nuestra respuesta se compromete no sólo nuestra libertad sino nuestro futuro, ya que en el bien realizado se va perfilando nuestra futura salvación, y en el mal elegido se avizora nuestra decadencia.
Celebrar el Año Nuevo es festejar una nueva oportunidad que nos ofrece el Señor para hacer audible su mensaje de salvación y una nueva ocasión para responderle ya sea para perfeccionar la respuesta o concretarla si acaso no estuviera previamente. Es como si nos dijera “estoy aquí a la puerta del acontecer diario para que me reciban y para nutrirlos de santidad”.
Cada instante de nuestra vida es Kairós, el momento de Dios, la gracia del Señor que se nos entrega abundantemente dándonos la ocasión de plenificarnos.
Con esta mirada sobrenatural de los acontecimientos de nuestra vida, viviremos el tiempo con perspectiva de eternidad, ya que nada hay en nuestro pensar u obrar que no se oriente, sabiéndolo o no, a la perennidad a la que somos llamados.
Lamentablemente en la actualidad el ser humano ha temporalizado tanto su vida que no sólo vive como si nunca ha de dar cuenta a Dios de sus obras sino que se refugia en la concepción falsa de que el tiempo borra las responsabilidades de nuestras acciones libremente realizadas. Como si uno dijera en la reflexión de la adultez, mirando el pasado, que “son simples pecados de juventud” y por lo tanto no imputables.

Agradezcamos a Dios, pues, el don del Año Nuevo, buscándolo cada vez más a El para aprender a gustar las riquezas de su amor eterno.

3.- Nacido de Mujer.

La liturgia del día nos presenta el texto de San Pablo (Gálatas 4,4-5) que afirma:”Envió Dios a su Hijo nacido de mujer…..para que recibiésemos la adopción de hijos”.
La Providencia de Dios ha querido que Jesús naciera de una mujer, como todo hombre y mujer que viene a éste mundo. Pero no sólo asevera el texto este hecho, sino que pretende dejarnos un mensaje muy particular: la dignidad de la mujer.
En una cultura como en la época de Jesús, la mujer era tenida como poca cosa, no tenía mayor peso en el mundo de la política, en lo social o económico.
Cristo en cambio presenta una nueva concepción de la mujer, incorporando a varias de ellas a su misión evangelizadora. Muy particularmente se percibe esto en la elección de su madre, María Santísima, en quien se cumple perfectamente el hecho de nacer de mujer.
Mientras corrientes feministas pretenden anular en la actualidad la maternidad como algo degradante para la mujer, el texto bíblico repite….. “nacido de mujer”.
En tanto se quiere hoy en día anular la distinción varón y mujer para defender una ilusoria unisexualidad, la palabra de Dios dice… “nacido de mujer”.
Pareciera escucharse desde el fondo de la eternidad: “mujer, defiende lo que eres, has sido elegida para ser madre”.
La maternidad no es un castigo sino don precioso por el que la mujer participa de un modo especial del poder creador de Dios.

La maternidad divina de María no sólo nos hace vivir el ingreso del Hijo de Dios hecho hombre en la historia humana, sino también nos abre los ojos para entender que cada vida humana que llega a este mundo está revestida de especial dignidad. En efecto, el Hijo de Dios se hace hombre para que el hombre se deifique.
Hermosa finalidad del hombre: participar de la misma vida de Dios, llamado a ser un kairós viviente de la presencia de Dios.
De allí se deduce el odio que se desata en el mundo de hoy con el niño no nacido, que se gesta en el seno de su madre.
En efecto, el enemigo de la naturaleza humana, Satanás, no soporta que en cada nacimiento se repita el kairós, el momento de Dios, presente en cada vida. Momento de Dios que se convierte en llamado de eternidad. Es decir la person, nacida en el tiempo se proyecta a la eternidad.
Como el demonio es el padre de la mentira, vive él en la mentira, fabula pensando que con la eliminación de la vida, por ejemplo a través del aborto, logra impedir la presencia eterna de los así destruidos.
En el fondo es la lucha permanente del maligno que quiere impedir a toda costa la realización plena del hombre en la eternidad a la que es llamado.
Para esta acción tan deletérea cuenta el enemigo del hombre de todos aquellos que, hombres también, son servidores del mal.
En el espíritu de tantos que defienden el aborto o lo que denigra o menoscabe la dignidad humana, se encuentra el rechazo de la Encarnación del Hijo de Dios, la no aceptación de la llamada a la eternidad. De allí que a la postre, en tantos corazones así signados, se concluye con la soledad y el vacío existencial más profundo.
Y esto es así porque al no respetar la vida del hermano, a quien se ve como enemigo, vaya a saber opuesto a qué, se vive en la amargura del que no acepta el verdadero fin del hombre.

4.- El silencio de María

Volver a contemplar a María, Madre de Jesús, nos ayuda a afirmarnos cada día más en la proclamación sin claudicar de la defensa de la vida y de la dignidad de la maternidad.
La Iglesia sin cansarse, y aún recibiendo desprecio y oposición constante, sabe que la fidelidad a su misión y a su propia identidad –la de Madre y Maestra- la ha de conducir a no descansar hasta que el último ser humano sea reconocido como hijo de Dios y llamado a la vida divina.
El texto evangélico que perpetúa en el tiempo la verdad que “María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc.2,16-21) no sólo nos exige “conservar” la fidelidad a las enseñanzas de Cristo, sobre todo en esta materia, y en este tiempo, sino que nos alienta a “meditar” sobre nuevas y modernas estrategias –que brotan no de la astucia humana sino de la sabiduría divina- para defender, promover, exaltar y elevar la vida humana.
Vida humana que debe ser reconocida en todo el transcurso del existir del hombre –cada instante es kairós, tiempo de Dios- y por eso implementar una pastoral social que mirando la realidad con los ojos de Dios, y no según cálculos humanos, vaya descubriendo las exigencias necesarias para promover integralmente al hombre de nuestro tiempo.
El silencio de María no es inoperancia, es mirar la realidad circundante desde el Hijo de Dios. Es preguntarse a cada momento qué quiere El de nosotros aquí y ahora para ponernos manos a la obra aguzando el ingenio para la construcción de un mundo nuevo.
Y así cada uno desde el papel que desempeña en la sociedad ha de interrogarse permanentemente sobre la voluntad del Señor. Si uno se pregunta qué votos obtendré o qué prestigio alcanzaré no se encontrará más que con la utilización del hermano para sus proyectos, desviándose del plan de Dios que es siempre la plenitud del hombre, aunque tengamos que desaparecer junto a nuestras especulaciones egoístas.
Y sigue diciendo el texto citado que “los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido”.
Cuando el evangelio se aplica en todo el campo de la política, en lo social, en lo económico, en lo educacional y familiar, es cuando se logra que lo ciudadanos, cuales modernos pastores, alaben y glorifiquen a Dios porque han entendido que el mensaje y presencia del Hijo de Dios hecho hombre es algo palpable entre nosotros.
Aprendamos como María a dar a luz a un hombre nuevo colaborando infatigablemente con la nueva vida que Jesús nos trae con su nacimiento, sabiendo, que a pesar de las persecuciones del mundo no nos faltarán los consuelos de Dios.


Padre Ricardo B. Mazza. Director del CEPS “Santo Tomás Moro”y del Movimiento Pro-Vida “Juan Pablo II”. Párroco de Ntra Sra de Lourdes de Santa Fé. Prof. Tit. de Teol. Moral y DSI en la UCSF.
ribamazza@gmail.com
05 de enero de 2007.

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