30 de mayo de 2023

La acción del Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, está presente en la vida del hombre desde el principio del mundo.

 

La acción del Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, está presente en la vida del hombre desde el principio del mundo. Y así, por ejemplo, en el libro del Génesis, en la descripción de la creación del mundo, se afirma que el espíritu aleteaba sobre las aguas. De esa manera, comienza la armonía en la creación, termina el caos, todo está diferenciado. 

Si recorremos el Antiguo Testamento, veremos la presencia del Espíritu también en la misión de los profetas, por medio de quienes Dios se dirige a su pueblo elegido para manifestarle su voluntad. 

En el monte Sinaí (Èx.19), cuando el pueblo, huyendo de Egipto, se encuentra con Dios para hacer un pacto, una alianza, está también presente la acción del Espíritu. De hecho, en el texto bíblico, como hemos escuchado ayer en la Misa de la Vigilia, la presencia divina se expresa con truenos, la nube que desciende, la voz de Dios que le dice a Moisés que  los israelitas serán su pueblo y Él será su Dios, si escuchan su palabra y la cumplen. 

Fue allí en el Sinaí donde, podríamos decir, se perfeccionan las distintas alianzas que hubo entre Dios y el hombre a lo largo del tiempo desde la creación.  Y los judíos celebraban justamente esta alianza del Sinaí con el nombre de Pentecostés.

En efecto,  en esta memoria consistía la fiesta del Pentecostés judío, que en un principio había sido una fiesta de agradecimiento por las cosechas, pero que después se detuvo más precisamente en la Alianza del Sinaí, cuando Dios entrega las dos tablas de la ley.

El Espíritu Santo está presente también en el momento de la crucifixión. Cuando el soldado atraviesa el corazón de Cristo, nos dice la Escritura, que en ese instante salió agua y sangre. El agua, que refiere al bautismo, la sangre a la Eucaristía. Y ahí comienza precisamente la Iglesia. Más aún, el texto bíblico destaca que Jesús dando un gran grito exhaló su espíritu, y  ese exhalar su espíritu no refiere únicamente al hecho de que Jesús muere, sino que nos entrega al Espíritu Santo para que continúe su obra. 

Pero todavía no había llegado esta manifestación a su perfección. Porque incluso cuando Jesús aparece a los discípulos, como acabamos de escuchar en el Evangelio (Jn.20, 19-23), sopla sobre ellos y dice, "reciban el Espíritu Santo" e instituye el sacramento de la penitencia, de modo que  a quienes les perdonen los pecados, les serán perdonados y, a quienes se los retengan serán retenidos.

Y Jesús sube al cielo, como habíamos destacado el domingo pasado, y los apóstoles y la Virgen están allí, expectantes, esperando la venida del Espíritu Santo. Y la ocasión fue precisamente esta.

 Jerusalén estaba colmada en ese momento por los judíos de la diáspora, o sea, aquellos que venían de distintas partes del mundo. ¿Y qué hacían ahí, en Jerusalén? Precisamente celebraban la fiesta del Pentecostés judío, de lo cual hice referencia recién. Y es entonces que el Espíritu Santo desciende sobre la Virgen y sobre los apóstoles, indicando de esta manera que viene a constituir una nueva alianza. 

Ya no es la alianza del Sinaí cuando el ser humano recibe la ley de Dios, sino que es la alianza que se ha sellado precisamente con la muerte y resurrección de Cristo nuestro Señor.

Las lenguas de fuego que descienden sobre cada uno, están indicando cómo el Espíritu los transforma interiormente, ya que son iluminados en su inteligencia, como había anticipado ya Jesús, de modo que puedan comprender lo que les enseñara por el Espíritu de la verdad.

Es en ese momento que ellos quedan totalmente iluminados por esta verdad y comprenden plenamente lo que Jesús les había enseñado. Pero al mismo tiempo, el Espíritu les da fuerza a los apóstoles, para que salgan al mundo a llevar el Evangelio, a hacerlo presente a Jesús en medio de los pueblos que existían en esos tiempos. 

Y esta manifestación de la venida del Espíritu queda clara cuando comienzan a hablar de las maravillas de Dios. Destaca San Lucas en el libro de los hechos de los apóstoles que todos, citando distintas nacionalidades, entendían perfectamente lo que los apóstoles decían.

En el Antiguo Testamento la soberbia del hombre fue castigada, cuando la pretensión de construir la torre de Babel (Gn.11,1-9) se esfuma por medio  de la confusión de lenguas, fruto del pecado que anida en el corazón del hombre.

Ahora, en cambio, con la acción del Espíritu se produce la unidad, todos entienden cuando se les habla de las maravillas de Dios. 

Pero es todo un signo también el que en todas partes del mundo se hable de las maravillas de Dios, aunque haya distintos idiomas en el mundo, todos concuerdan en el mismo mensaje del evangelio.

Damos el testimonio de la misma fe, esperanza y caridad descubriendo así  la catolicidad de la iglesia, es decir, su universalidad, su presencia en todo el mundo.

Y el Espíritu  también nos ilumina para que entendamos más perfectamente la palabra de Jesús, y nos fortalece para que seamos valientes en llevar esa palabra, y así sea conocida en nuestros ambientes, en nuestra familia, en nuestra vida cotidiana. 

De allí la necesidad de ir descubriendo los dones del Espíritu sobre nosotros y sobre todo, qué misión nos ha encomendado. 

El texto de San Pablo (I Cor.12) que hemos escuchado como segunda lectura, es muy rico expresando la acción del Espíritu Santo por medio de la diversidad de ministerios, diversidad de dones, diversidad de actividades, teniendo todo su origen en el Espíritu, que une los corazones para el servicio de la comunidad. 

Y así, cada uno debe descubrir qué quiere Dios de si, para que pongamos al servicio de la comunidad  humildemente, lo recibido.

El Espíritu continúa su vida de excelencia, podríamos decir, en cada uno de nosotros. Lo escuchábamos recién en el canto de la secuencia. Cómo va limando nuestras asperezas interiores, va templando nuestro corazón, nos ayuda a superar las pasiones, mantiene el equilibrio en nosotros para seguir creciendo en la imitación de Cristo. Pero por supuesto, todo eso necesita nuestra aceptación y colaboración con la gracia de Dios. 

Y ahora entonces, terminada la Pascua, comienza el tiempo de la Iglesia. Litúrgicamente de aquí en más continúa el ciclo litúrgico llamado del tiempo durante el año en el que iremos viviendo los distintos misterios de la vida de Cristo, reflexionando cada domingo con una enseñanza nueva del Señor y, así, siguiendo este itinerario de predicación de la Palabra de Dios podamos crecer en nuestra adhesión al Señor. 

Pidámosle al Espíritu que nos siga iluminando para conocer qué es lo que quiere Dios de nosotros y que nos siga dando fuerza ser sus testigos en el mundo.

Padre Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y convento San Pablo primer ermitaño en Santa Fe, Argentina, homilía en el domingo de Pentecostés. 28 de mayo de 2023.


22 de mayo de 2023

Nuestra humanidad está ya con Dios por medio de Jesucristo, anticipándose así lo que se nos ha prometido, la resurrección gloriosa final.

 

En su primer libro, esto es, en el tercer evangelio, Lucas describe la persona y obra de Jesús desde el comienzo hasta su Ascensión al cielo, haciendo hincapié en este texto en los últimos momentos del Señor.

En efecto, recuerda la pasión, la muerte y la resurrección del Señor, cómo se apareció muchas veces a sus discípulos, dejándole instrucciones acerca de cómo continuar su obra en este mundo, y refiriéndose al acontecimiento de la Ascensión al cielo, cuando reunidos los once apóstoles en Galilea tal como se les había indicado, retorna con su humanidad junto al Padre.

Es interesante observar cómo se quedan todos impresionados con este hecho mirando hacia el cielo, pero es en ese momento que dos hombres vestidos de blanco, dos ángeles enviados por Dios, afirman que tal como se ha ido, Jesús volverá, por lo que deben dejar de mirar a lo alto.

¿Qué han de hacer?  Salir a misionar, a predicar, tienen que continuar con la obra del Señor, y así en el texto del evangelio (Mt. 28, 16-20) Jesús dirá que han de dirigirse a todo el mundo haciendo nuevos discípulos, bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñando a todos a cumplir lo que Él ha mandado, prometiendo permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos.

En síntesis, la obra del Señor ha de continuar a través de ellos, es decir, por medio de la Iglesia y, esa misión no estará concluida hasta que no se haya extendido por todo el mundo el Evangelio, la buena noticia de la salvación.

Por eso, es muy importante tomar el compromiso que de alguna manera Jesús nos pide asumamos después de su Ascensión al cielo.

Ahora bien, ¿qué hace Jesús en el cielo? Encontramos una descripción sencilla en la segunda lectura (Ef. 1, 17-23). San Pablo desea a estos cristianos que Dios los ilumine y les dé la sabiduría necesaria, - que también hemos de pedir nosotros- para entender lo que ha significado la presencia del Hijo de Dios hecho hombre entre nosotros, de manera de valorar la esperanza a la que hemos sido llamados.

Y entonces para que no quede duda alguna, señala el apóstol que Jesús está junto al Padre, ha ascendido a los cielos y está allí sentado a su derecha, una expresión muy típica de la Sagrada Escritura que indica justamente la cercanía con Dios Padre y el Espíritu Santo, constituyendo la Santísima Trinidad con ellos.

Pero es aquí que hay un dato muy importante. Está presente Jesús. ¿Qué significa que está presente Jesús? Que no solamente está el Hijo de Dios, sino que está el Hijo de Dios hecho hombre.

Nuestra humanidad está ya con Dios por medio de Jesucristo. Una humanidad gloriosa. Se anticipa ya lo que se nos ha prometido a nosotros, la resurrección final, la resurrección de los muertos.

Si bien cuando morimos se produce la separación del alma y del cuerpo, al fin de los tiempos todos resucitaremos, y lo haremos con un cuerpo glorificado, un cuerpo distinto.

Santo Tomás en la Suma Teológica, por ejemplo, describe las cualidades de un cuerpo resucitado, partiendo incluso del cuerpo resucitado de Jesús, de manera que nosotros aquí, desde la fe, de alguna manera tendemos a esa vida eterna que se nos promete, por medio del deseo de eterna juventud que tenemos a pesar del envejecimiento, respondiendo a la certeza de que nuestros cuerpos serán transformados, glorificados.

Y eso hace que el ser humano, desde la fe, tienda a ese encuentro definitivo con Dios. A su vez, Jesús promete estar con nosotros hasta el fin del mundo, hasta el fin de los tiempos. No solamente a través de la Eucaristía, de los sacramentos, sino que está presente en su Iglesia.

A su vez, San Pablo afirma en la carta a los efesios que Cristo es la Cabeza del Cuerpo Místico que es la Iglesia, explicando qué significa esto (I Cor.12).

En efecto, San Pablo expone (I Cor. 12,12-27) que, así como en un cuerpo hay muchos miembros y cada uno tiene una finalidad para el bien de todos, la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo, está compuesta de muchos miembros y, cada uno tiene una misión necesaria que no la podemos dejar de lado, de modo que, así como la mano no puede decir al pie no te necesito, ni el pie a la mano lo mismo, en el Cuerpo Místico que es la Iglesia nadie puede decirle a otro que no lo necesita.

Incluso, aunque el prójimo esté alejado de Dios por el pecado y le falte la caridad, sigue formando parte de la Iglesia y, a esa persona tenemos que llevarle también el mensaje de salvación que nos dejó Jesucristo, ya que como Iglesia estamos llamados a la misión.

Por lo tanto, hay un encuentro necesario con el mundo, en el cual estamos insertos, para hacer presente a Jesús.

Es cierto que Jesús les deja el mandato a los apóstoles de ir y bautizar dando testimonio, pero la Iglesia no está formada únicamente por los apóstoles, por sus sucesores, o sea, por la jerarquía de la Iglesia, el papa, los obispos, sacerdotes, sino por todos los bautizados, porque es el bautismo el que nos incorpora al cuerpo Místico que es la iglesia.

Atentos a ello, se pueden dar dos dificultades o dos errores en nosotros, sin darnos cuenta. El quedar como los discípulos mirando al cielo, y por lo tanto toda la preocupación pasa por lo espiritual, lo místico, prescindiendo totalmente de lo demás, olvidando que lo espiritual y lo místico debe estar encarnado, o sea, tenemos que estar con los pies en la tierra.

Pero puede darse también que el creyente se quede únicamente con lo terrenal, dejando fluir la vida, pensando que algún día le tocará llegar o no al encuentro de Dios, ocupándose solamente de sí mismo.

Por eso la necesidad de incorporar esta realidad, la mirada al cielo, para no olvidarnos que ya estamos presentes con Jesús y, la mirada en la tierra para darnos cuenta que tenemos que transformar las realidades temporales haciendo presente a Jesús, teniendo esa pasión para que la mayor parte del mundo, las personas, puedan encontrarse con Jesús.

No puedo quedarme tranquilo en paz, sabiendo que hay alguien en la familia, o en un grupo de amigos, o en el trabajo, que no acepta a Jesús.

Es en las realidades temporales donde debemos dar testimonio de vida, que puede ser con la palabra, si es posible que ésta sea aceptada o escuchada al menos, o la otra posibilidad, si sabemos que no nos van a escuchar, llevando una vida acorde con la fe que hemos recibido.

Queridos hermanos, esta existencia de resucitados y de aquellos que han ascendido con Cristo debe prolongarse a través del tiempo. Y así estamos de alguna manera entre el cielo y la tierra, viviendo acá, pero añorando lo que todavía no se ha dado en nuestra existencia.

 

 

Padre Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño en Santa Fe, Argentina. Homilía en la Ascensión del Señor. Ciclo A. 21 de mayo de 2023

15 de mayo de 2023

El seguimiento de Cristo debe continuar a través del tiempo, prolongando así la resurrección del Señor, que es “el misterio de fe que celebramos”.

 

En las lecturas de este domingo contemplamos cómo se sigue viviendo la maravilla de la resurrección de Cristo en lo que refiere a la propagación del Evangelio por los seguidores del Maestro.

Esta vez es Felipe (Hechos 8,5-8.14-17) quien evangeliza en tierra de Samaria donde los espíritus impuros huyen, los enfermos sanan y la gente se adhiere a Cristo nuestro Señor, desbordantes de alegría por haber creído. Es por eso que los apóstoles Pedro y Juan son enviados a ese lugar y le transmiten el don del Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, a todos los que abrazaron la fe.

El Espíritu Santo es aquel del cual habla Jesús en el texto del Evangelio (Jn. 14,15-21), es el Espíritu de la verdad, el Espíritu que nos hará libres para llevar a todo el mundo o a la sociedad en la cual estamos insertos, el mensaje de Jesús, sin temor alguno por las persecuciones que esto suscite.

Precisamente recuerda San Pedro (I Pt. 3,15-18) que es preferible sufrir haciendo el bien que sufrir porque hemos hecho el mal. En definitiva, la predicación de la verdad y del bien siempre trae consigo el rechazo de este mundo que no recibe al Espíritu de la verdad, porque no lo vio ni conoció.

El seguimiento de Cristo debe continuar a través del tiempo como lo pedíamos recién en la primera oración de la misa, de modo que prolonguemos a lo largo de esta vida “el misterio de fe que celebramos”.

A su vez, Jesús va preparándose para el momento de su Ascensión -fiesta que celebraremos si Dios quiere el domingo próximo- diciéndonos claramente que si lo amamos hemos de guardar sus mandamientos.

¿Qué significa guardar los mandamientos? no guardarlos en un cajón y olvidarnos de ello, para sacarlos a relucir en algún momento de nuestra vida, sino que significa incorporar la vivencia de los mandamientos en este caminar hacia la Patria celestial.

La vivencia o el cumplimiento de los mandamientos que constituye una obligación para cada uno, no refiere a algo impuesto desde afuera contra nuestra voluntad, sino que es un vínculo de amor que liga a las personas.

En efecto, así como los esposos están obligados a amarse mutuamente y esto porque están unidos por el Sacramento del matrimonio, así también estamos ligados a Cristo nuestro Señor y llamados a vivir sus mandamientos porque es el amor lo que nos une, porque es Cristo el que entregó su vida por todos y es Aquel que ofrece una enseñanza clara de lo que significa el amor, la obligación del amor, en su relación con el Padre del cielo.

¿Cómo vive Jesús entre nosotros su amor al Padre? escuchando su voluntad y llevándola a cabo. Y así, aunque fuera desagradable padecer y morir en la Cruz, comenzó a vivir Jesús en el huerto de los Olivos la voluntad divina.

El amor divino significó un sacrificarse por todos y cada uno de nosotros, porque el amor siempre es renuncia a los propios sentimientos, impulsos o pasiones, para hacer entrega personal al Señor como Él se entregó por cada uno de nosotros.

Es cierto que vivir esto no es cosa fácil, pero Jesús nos promete enviar a otro Paráclito, el Espíritu de la verdad, otro abogado. Y dice “otro” porque Él es el primer abogado delante del Padre por cada hombre, ya que aboga y defiende ante el Padre y da la cara en la cruz por cada uno, por lo que el seguimiento de Cristo significa también la docilidad al Espíritu.

Por otra parte, la vivencia de los mandamientos no es solamente la vivencia de lo que hemos aprendido en la Antigua Alianza, sino la perfección que ha traído Jesús, que no ha venido a cambiar la ley de Dios, sino a darle plenitud.

Y así, si hay un mandamiento que enseña no mentir, Jesús lo planifica haciéndonos ver que es necesario además de eso, defender la verdad.

Si hay un mandamiento que dice no robarás, Jesús le da plenitud enseñándonos a ser generosos.

Si hay un mandamiento que dice no fornicar, no solamente implica no caer en alguno de esos pecados sino también tratar de imitar la pureza de Jesús recordando aquello que el mismo Señor dijera: “bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios”

Y así, podríamos recorrer cada uno de los mandamientos y sus perfecciones, que constituyen un camino seguro para el seguimiento del Señor.

De esta manera, queridos hermanos, nos preparamos para que el Espíritu que nos enviará Jesús, que es el amor entre el Padre y el Hijo, perfeccione la obra del Señor en nosotros y mantenga en cada uno la fidelidad al seguimiento de Cristo muerto y resucitado.

 

Padre Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño en Santa Fe, Argentina. Homilía en el VI domingo de Pascua. Ciclo A. 14 de mayo de 2023.

8 de mayo de 2023

Constituimos la Iglesia como piedras vivas, fundados sobre Cristo nuestro Señor, piedra angular, camino, verdad y vida.

 

La primera lectura menciona uno de los problemas suscitado en la comunidad de los creyentes formado por seres humanos, por lo que no es de extrañar el surgimiento de conflictos (Hechos 6,1-7).

Los helenistas se quejan contra los hebreos porque no se atendía a las viudas de su comunidad en la distribución de los alimentos.

El asunto llega a los apóstoles, los cuales buscan resolver la cuestión. Pero dejan un principio bien claro, nosotros nos dedicamos a la oración y al anuncio del Evangelio por eso ustedes mismos elijan a siete hombres probos para que se encarguen de un ministerio que le vamos a dar.

Y así eligen a siete, les imponen las manos y queda así constituido el orden del diaconado. Son los primeros diáconos que hay en el seno de la iglesia y comienzan precisamente a atender con actitud de servicio a las necesidades de la comunidad. Y todo esto es mirado por la gente que alaba a Dios, Incluso dice el texto que sacerdotes, que eran obviamente de cultos paganos, se hacían bautizar, querían formar parte de esta nueva Iglesia.

Esta nueva Iglesia que, como señala el apóstol San Pedro, en la segunda lectura (I Pet. 2,4-9) tiene como piedra angular a Cristo.

Se trata de la piedra que rechazaron no pocos por falta de fe, pero aquellos que aceptaron a Jesús como piedra viva y se asentaron sobre Él como piedras vivas, como sucede con nosotros en la actualidad, constituyeron, un edificio espiritual, la Iglesia.

Vemos entonces cómo se deja bien en claro que nosotros constituimos esa Iglesia como piedras vivas, fundados sobre Cristo nuestro Señor, originándose de este hecho nuestra fortaleza y solidez, en la fe, en la esperanza y en la caridad.

En la medida que aceptamos a Cristo, fuimos sacados del pecado para constituir, por lo tanto, una Nación Santa, los elegidos de Dios, aquellos que ofrecen sacrificios espirituales al Padre de las Misericordia.

Todo este ideal de lo que ha de ser la vida del creyente, obviamente, como decía, tiene su sustento, su apoyo, en Cristo como piedra angular. En el texto del Evangelio Jesús mismo nos da mayores precisiones (Jn. 14,1-12). Él dice que es el camino, la verdad y la vida. Es muy importante tener en cuenta esta afirmación. No es un camino más, no es una verdad más, no es una vida a medias, sino plena. Y en la medida en que el bautizado tenga esto bien en claro y lo viva en profundidad, la existencia en el orden de la fe es totalmente diferente.

Precisamente, hoy en día, no pocos bautizados dejan de lado a Cristo como camino y buscan otros caminos, siguen atajos que pueden parecer más cortos, más breves para llegar a la meta, pero que llevan a la confusión.

Por ejemplo, es notable hoy en día cómo dentro de la misma Iglesia Católica se va percibiendo a no pocos bautizados con determinados problemas de índole espiritual, fenómenos extraños en su vida y también en sus casas, e inmediatamente se piensa en una influencia demoníaca, en algo que no tiene una explicación racional.

Pero analizando las causas, inmediatamente caemos en la cuenta que con mucha facilidad el creyente va detrás de otras cosas, busca otros caminos queda encandilado y seducido por las cosas que ofrece el mundo y así se va metiendo en la cabeza formas nuevas de oración que estimula Instagram, la influencia del reiki, las energías de no sé qué que en apariencia hacen muy bien para nuestra salud, decimos, o para nuestra vida interior y, todo eso bajo una aparente religiosidad hace que vayamos dejando el verdadero camino que es Cristo nuestro Señor.

Desde la fe, si el ser humano cree que Cristo resucitado es el Hijo de Dios vivo, tiene que caer en la cuenta que no le debe nada a nadie ni a nada, ni a ninguna otra forma de concebir la vida espiritual porque en Cristo lo tenemos todo.

La verdadera energía es la del Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad que viene a nuestro encuentro, pero obviamente por Cristo nuestro Señor.

Jesús también dice que es la verdad, y hoy nosotros muchas veces coqueteamos con distintas verdades. Y así se dice, “Yo tengo mi verdad, vos tenés tu verdad, la otra persona tiene su verdad”, y caemos en un relativismo de la verdad, de la moral, e incluso de nuestra fe.

Y muchas veces en nuestra vida cotidiana caemos en el sincretismo, o sea, vamos sacando distintos elementos de distintas formas religiosas y nos creamos una nueva religión, y no caemos en la cuenta que nos alejamos de la verdad que es Cristo nuestro Señor.

A su vez, Cristo es también la vida, vida en plenitud, porque Él es el único que conduce al Padre del Cielo, es el único que dice “yo les voy a preparar un lugar en la casa de mi Padre y después los llevaré conmigo”.

La vida plena es la vida con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, es la vida en plenitud que nos ofrece Jesús permanentemente. Por eso es muy importante recuperar nuestra fe, buscar la solidez de nuestra fe en Cristo.

Es necesario no dejarnos distraer y seducir por otras cosas que pueden ser interesantes, pueden acaparar nuestra atención en algún momento, pero que en el fondo no nos llevan a la verdadera vida cristiana de fe en Cristo.

Por otra parte, así como Cristo está en el Padre y el Padre en Cristo, Jesús nos promete que también nosotros, si lo seguimos a Él, estaremos junto al Padre del Cielo.

Queridos hermanos en la fe: Aprovechemos este tiempo de Pascua para ir al encuentro entonces de Jesús resucitado, para que Él como camino, verdad y vida nos muestre la existencia nueva que podemos llevar.

Padre Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño en Santa Fe, Argentina. Homilía en el V domingo de Pascua. Ciclo A. 07 de mayo de 2023.

24 de abril de 2023

Para crecer en la vida interior es necesario participar de la fracción del Pan y reconocer que el Señor se entrega totalmente a sí mismo.

 

Para crecer en la vida interior es necesario participar de la fracción del Pan y reconocer que el Señor se entrega totalmente a sí mismo.



 

El día de la resurrección por la tarde acontece este encuentro entre Jesús y los discípulos que se dirigen a Emaús.  Ellos están desolados, tristes, y Jesús los acompaña en ese caminar, dispuesto a abrirles los ojos para que  comprendan y  se afirmen en la verdadera fe, en relación con lo sucedido.

Ante la pregunta de Jesús inquiriendo acerca de lo que están hablando, ellos responden narrando los acontecimientos según fueron vividos por ellos mismos, y afirman que esperaban un suceso distinto.

¿Qué esperaban? A un Mesías político, por eso les costaba entender a las mujeres que afirmaban que no estaba el cuerpo de Jesús en el sepulcro y que unos ángeles les habían dicho que estaba vivo.

Les resultaba difícil también, entender el testimonio de Juan y Pedro, porque cuando se espera de Cristo otra cosa que no sea su misión como Salvador, se tienen los ojos a oscuras, no se lo puede contemplar.

Imposible conocer al Señor si uno cree que su venida entre nosotros significa resolver los problemas cotidianos de la vida del hombre.

En efecto, esto sucedió con la multiplicación de los panes (Jn. 6) ocasión en la que Jesús reprocha a la multitud diciéndoles que lo buscan porque  les dio de comer el pan material, cuando Él viene a darles otro alimento, el pan de vida, la Eucaristía.

Cuando se espera de Jesús algo distinto de lo que Él es y de su misión, no se lo encuentra, el ser humano está perdido. Y aunque camine junto a nosotros, no lo reconocemos porque esperábamos otra cosa, pero Jesús se compromete de todos modos a lograr que se abran nuestros ojos a partir de la explicación de lo que anuncian las Escrituras.

Explica las Escrituras para que entendamos que fue anunciado desde antiguo. Precisamente en varias plegarias eucarísticas de la Misa, se recuerda este hecho de que Jesús explica las escrituras y parte para nosotros el pan.

La Palabra y la Eucaristía que es la Palabra encarnada, o sea, el mismo Cristo resucitado, que se da como alimento, van juntas como dones que recibimos para nuestro crecimiento y madurez espiritual, y ambas se presentan en este encuentro con los discípulos caminantes

Y así llegamos a Emaús. Jesús amaga seguir caminando, pero le dicen “quédate con nosotros, porque ya el día declina”, anochece.

¡Qué hermoso poder reconocer en nuestra vida que esta se transforma en noche cuando Jesús no está con nosotros!

¡No te vayas, Señor, quédate con nosotros! En medio de las tentaciones y de nuestras debilidades y angustias, suplicar siempre: ¡quédate Señor conmigo, no me dejes, no te vayas. Mi vida anochece si tú no estás conmigo. Pero se hace la luz si tú me acompañas y me muestras tu voluntad!

Y ya en la posada, Jesús toma el pan, lo parte y da de comer a los dos discípulos. Y allí se les abrieron los ojos y Jesús desaparece.

El gesto de la fracción del pan en el Señor, significaba la entrega de sí mismo como alimento, como se había entregado al sacrificio de la Cruz.

Para el pueblo judío compartir el pan con alguien significa que previamente comparten una amistad, una vida. Y acá Jesús les está diciendo eso, y mucho más todavía. Les está revelando que Él se entrega   totalmente como alimento, y a su vez anuncia el banquete celestial.

Y ahí descubrimos algo muy importante, cómo los ojos comienzan a ver en la presencia de la Eucaristía. Es notable cómo en nuestro tiempo no pocos que provienen de las iglesias luterana o anglicana, se convierten al catolicismo por el milagro de la Eucaristía. Porque al no tener a Jesús vivo en sus cenas celebratorias, se sienten como si no tuvieran nada. Les falta lo más importante que es la presencia del Jesús vivo.

Este hecho nos debe mover a no dejar nunca de tener hambre de Jesús vivo. Porque eso no solamente nos va a llevar a participar siempre de la Eucaristía, de la Misa Dominical, sino también a prepararnos a limpiar nuestro corazón del pecado para poder recibirlo en la comunión.

Si queremos crecer en la vida interior es necesario participar de la fracción del Pan, reconocer que el Señor se entrega totalmente a sí mismo y  espera que también nosotros nos entreguemos a Él, por lo que hemos de ir cada día a su encuentro con entusiasmo.

Y de este encuentro con el Señor, se sigue la misión evangelizadora.

Así sucede que los discípulos de Emaús vuelven presurosos a Jerusalén a comunicar la buena noticia: ¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo vive!

Nos ha de impulsar también a nosotros ese mismo entusiasmo de hacernos presentes en el mundo de hoy, con sus dificultades y con sus ignorancias respecto a Cristo para hablarles del Señor.

Con esa fuerza, con esa energía que, por ejemplo, tenía San Pedro después de su conversión, proclamando las maravillas del Señor, afirmando que hemos sido salvados por el Resucitado, el cual a su vez nos entregó al Espíritu Santo y que nos rescató, no con bienes preciosos, sino con su propia muerte (I Pet. 1,17-21).

Queridos hermanos: Ya no podemos volver atrás, pertenecemos a Cristo por el bautismo. Por eso cuando el cristiano decide alejarse del Señor, no vive en paz.

¡Cuánta gente dice: me falta algo en la vida, cuando en realidad se debiera decir, me falta alguien, Cristo que viene a hacernos vivir como resucitados.

Pidámosle que se quede con nosotros, pidámosle a la Virgen Santísima bajo la advocación de Guadalupe que ayer y hoy celebramos, que nos lleve como de la mano al encuentro de su Hijo, y que con su maternal protección busquemos siempre estar con su Hijo, reconociendo que nuestra vida tendrá sentido si Él está con nosotros.

 Padre Ricardo B. Mazza, Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer Ermitaño, en Santa Fe, Argentina. Homilía en el III domingo de Pascua. Ciclo A. 23 de abril de 2023

20 de abril de 2023

Por la resurrección de Jesús fuimos transformados, busquemos los bienes del cielo “donde Cristo está sentado a la derecha de Dios”.

 El Evangelio afirma tanto de Pedro como de Juan, que al encontrar el sepulcro vacío, vieron y creyeron (Jn. 20,1-9)
¿Qué es lo que vieron? No lo vieron a Cristo resucitado. Entonces, ¿qué es lo que creyeron? Aunque todavía no terminaban de comprender, como lo dice el mismo texto evangélico, se daban cuenta que el vacío que había en la tumba era un indicio claro de que el Señor había resucitado.
Las mujeres les habían anunciado que el Señor no estaba en la tumba. Los enemigos dirán que el cuerpo ha sido robado. Quienes tienen fe, quienes tenemos fe, sabemos que Cristo ha vuelto a la vida, como lo había dicho, como lo había prometido. Ha resucitado de entre los muertos. Y este volver a la vida es para encontrarse no solamente con el Padre, retornar junto a Él, sino estar presente en nuestra vida cotidiana.
Jesús no nos abandona, ya lo viviremos en la fiesta de la Ascensión, cuando celebremos el regreso de Jesús al Padre, que no significa un abandono de nosotros, ya que tenemos la seguridad y la certeza de que el Señor nos acompañará siempre.
En efecto, Jesús va adelante de nuestros pasos para guiarnos por el buen camino, está  a nuestro lado acompañándonos en este recorrido de la vida, y también camina detrás nuestro para que nadie atrase o demore su camino hacia la vida eterna.
Porque precisamente en esta vida, Cristo resucitado nos alienta a vivir en profundidad lo que hay dentro de nuestro corazón.
¿Y qué es lo que hay en nuestro corazón? poseemos el sentido teleológico de la vida, o sea, conocemos y dirigimos nuestros pasos hacia la meta prometida, reinar para siempre con el Salvador.
Cada uno de nosotros, aunque no pocas veces nos separemos de Dios o pretendemos vivir sin Él, sabe que estamos inclinados por naturaleza a buscar a Dios. Y que sin Dios nada podemos hacer. Sin Cristo nuestra vida se opaca.
Lo que le da realmente sentido a nuestro existir es lo que afirma el Salmo (Ps 15) que cantábamos anoche: “Tú eres Señor mi herencia, Tú eres mi único bien”.
¡Qué hermoso poder decir, “Tú eres Señor mi herencia, Tú eres mi único bien”, porque si el Señor es nuestra herencia, es justamente por esta inclinación natural de encontrarnos con Él  en el cielo!
Y así, no podemos esperar nada mejor de nuestra vida que estar con Dios definitivamente, lo que permite que reconozcamos que Él es nuestro bien.
En esta vida, mientras caminamos por este mundo, obrando según la voluntad de Dios, permite ver lo que es bueno, lo que es agradable, lo que da gloria a Dios y al mismo tiempo nos perfecciona a cada uno, como nuevas creaturas salvadas.
Nosotros muchas veces estamos angustiados, preocupados, porque vemos a nuestro alrededor cómo se desmorona todo. Por ejemplo, en nuestra patria, contemplamos cómo todo se va derrumbando.
Pareciera que ya no existe esperanza, porque cunde la violencia, la inseguridad, el hambre, el odio, tantas injusticias.
Nuestra patria necesita justamente que cada uno  muera al pecado, y retornemos a la vida de la gracia. Y solamente se puede resucitar aceptando en nuestra vida a Cristo nuestro Señor.
Mientras el ser humano siga apostando a aquello que es contrario a la voluntad de Dios nos seguiremos hundiendo, ya que solamente Dios es el que salva, el que otorga la seguridad de una vida distinta.
Por eso no es que estemos abandonados de Dios, sino que  hemos abandonado a Dios. Lo hemos dejado.
Esta Pascua nos da la oportunidad de retornar nuevamente a los orígenes de nuestra fe, reanudar el encuentro con Jesús, vivir con Él para llegar algún día a gozar para siempre y por siempre de la presencia divina.
El apóstol san Pablo (Col. 3, 1-4) nos exhorta -a quienes creemos en la resurrección de Jesús y fuimos transformados por el bautismo-, que busquemos los bienes del cielo “donde Cristo está sentado a la derecha de Dios”.
Precisamente al ser nuevas creaturas por la resurrección del Señor y por haber muerto al pecado, hemos de tener los pensamientos orientados  hacia las cosas del cielo y no en las de la tierra.
Mientras los incrédulos siguen afirmándose en el poder, el dinero, el placer y todo lo que sea mundano, no logrando superar el cansancio que provoca una existencia sin sentido último, los que hemos creído en la Vida Nueva que ofrece el resucitado, debemos contemplar las cosas terrenas a la luz de la fe en las cosas celestiales, que permiten ver que lo terreno pasa y no satisface plenamente.
La certeza de que fuimos transformados y de la presencia de Jesús vivo en el mundo, aunque para muchos siga siendo desconocido o ignorado, debe impulsarnos a testimoniar nuestra fe, buscando la conversión de aquellos que lo buscan a Jesús aún sin saberlo, y que una vez que lo conozcan darán el paso de la conversión (Hech. 10).
Queridos hermanos sigamos manifestando el gozo que nos embarga cantando a viva voz: “Este es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él” ( Salmo 117).

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo de Pascua. Ciclo A.  09 de abril de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com


 
 
     
         
     

 


3 de abril de 2023

Habiendo abandonado a Dios, el ser humano vive sumido en una profunda soledad, contemplando sólo sus múltiples miserias.

Una vez más comenzamos la semana mayor de la fe católica con el domingo de Ramos, en el que revivimos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, con el deseo de expresar nuestro amor por Él y con la decisión de que el ramo bendecido hoy nos recuerde la aclamación real que realizamos hoy y hemos de continuar durante el año.
Cristo como rey  se presenta en humildad y profunda paciencia enseñándonos que ese es el camino para imitarle y triunfar como creyentes venciendo lo que busca separarnos de su seguimiento.
El mundo ha renegado de Dios, de allí que el ser humano se sienta tantas veces  sumido en una profunda soledad, contemplando sus miserias y soportando sus pecados que asfixian y llevan a perder la esperanza  sobrenatural como la que quiere estregarnos el Señor.
La Pasión del Señor  manifiesta su profundo dolor en el abandono, porque mientras los discípulos desertan y hasta Dios mismo lo deja a su suerte, Él se abandona a la voluntad divina y se entrega totalmente al sacrificio redentor que  muestra su despojarse  de la naturaleza divina, para ser pisoteado por todos como si fuera gusano.
El permanente abandono del Señor se gesta y realiza porque no pocas veces los creyentes quieren pasarla bien, darse todos los gustos, ponen el centro de su vida en el placer o en el disfrute de todo lo mundano.
Cristo ya no tiene lugar en el corazón de muchos, como si le estuvieran diciendo que se quede en su mundo, que no moleste con sus exigencias, que el misterio de la Cruz ya es del pasado, que el “hombre nuevo” que existe hoy no necesita de  liberación alguna.
Sin embargo, la cruz, árbol sacrificial  que sufren los esclavos, será la que lo elevará sobre todos para que al mirarlo seamos salvos de la mordedura de la serpiente antigua, llamada  diablo.
Mientras en el mundo las fuerzas oscuras de la violencia crecen día a día, movidas por la idolatría del más fuerte sobre el débil y despreciando la misma dignidad humana, Jesús se deja humillar y doblegar ante aquellos que con espadas y palos lo apresan, manifestando con la curación del herido en la oreja, que en Él no rige el ojo por ojo tan común en la mentalidad humana que sólo busca la venganza por el daño recibido.
Sigue su camino de humillación sometiéndose ante sus jueces, indignos todos, ya sea el Consejo de los ancianos del pueblo judío, ya sea el Sumo Sacerdote, ya sea Pilato, el Procurador romano.
Y a través de su humillación constante y anonadamiento más profundo, Jesús manifiesta en su Pasión que este es el camino de salvación para el hombre apartado de su Creador desde los orígenes, cuando quiso usurpar la condición divina que no le es propia.
La contemplación de la Pasión que cada año realiza la Iglesia, sigue siendo el momento a través del cual Jesús interpela a los hombres de todos los tiempos, para recordarles que en la pretendida veleidad de querer ser como dioses, no se ha logrado más que dolor y lágrimas para el mundo, porque herida por el pecado de los orígenes y sumergida en las tinieblas del maligno, la humanidad ha perdido el rumbo de la verdad y del bien, apartándose del fin sobrenatural para el que había sido creada.
Toda época histórica ha tenido, por cierto, “olvidos” de Dios, y se lo ha abandonado, pero hoy, ha llegado a profundidades inéditas.
Esto ha desgarrado al mismo hombre que se siente desconfiado y abandonado de todo y de todos,  sufre la soledad en la familia, en medio de los amigos, disconforme con toda la realidad existente, quejoso siempre como el pueblo de Israel cuando iba a la tierra prometida, descargando la causa de los males en el Creador, sin asumir jamás las culpas propias.
Un mundo que olvidado de Dios gime aplastado por sus miserias, y que se engaña buscando sin sosiego la felicidad en otra parte.
Insatisfecho siempre, camina el hombre por este mundo, deseando y esperando no sé qué cambio, sin convertirse a su Señor.
A pesar del abandono, el Señor sigue confiando en que volveremos a Él. Lamentablemente no siempre por amor, sino porque la amargura del corazón sin Dios lleva a recapacitar al hombre y, comprender que nunca se está feliz sino es en la casa de Dios ya que para Él hemos sido creados.
Pidamos al Señor la gracia de continuar este recorrido y alcanzar así  el convencimiento de una sincera conversión que conduzca a la resurrección de nuestras vidas en el resucitado.


Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo de Ramos. Ciclo A. 02 de abril de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com



 

20 de marzo de 2023

Iluminado por Jesús, el hombre se transforma en adorador y testigo de Aquél que le ha dado un verdadero sentido a su vida.

 En este cuarto domingo de cuaresma en los textos que presenta la liturgia surgen la figura de Jesús Buen Pastor y Luz del mundo.
La primera lectura (I Sam. 16,1.5-7.10-13) describe cuando Samuel va a la casa de Jesé para ungir a uno de sus hijos como Rey de Israel, indicando así la voluntad de Dios que la dinastía real pasara ahora a la casa de Judá, con la elección de David, el hijo menor.
Es ungido David porque Dios mira el corazón y no se queda con las apariencias -dice el texto bíblico- y, en él comienza la promesa mesiánica que se va a concretar con el tiempo en la persona de Jesús llamado de hecho tantas veces como hijo de David.
Jesús, a su vez, viene al mundo a salvar al hombre, a iluminar su corazón, para que así pueda el ser humano seguirle con alegría.
De hecho el mismo Jesús declara en el evangelio que Él es la luz del mundo y que quien lo siga no andará en tinieblas.
No pocas veces el ser humano se siente confundido, desorientado, no sabe para qué lado ir en el aspecto religioso, y posiblemente ha sido, porque ha dejado esa conexión permanente con Jesús que es Luz del mundo y de cada uno de nosotros, y por eso el seguimiento del Señor hace que podamos vivir en la luz, permite que no estemos nunca confundidos, y es más, con nuestro testimonio de iluminados lleguemos a confundir a los que viven en tinieblas.
San Pablo en la segunda lectura (Efesios 5, 8-14) exhorta a todos que dado que hemos sido sacados de las tinieblas –por el bautismo- para vivir como hijos de la luz, hemos de realizar obras luminosas, de manera que cuando la luz enfrenta las tinieblas, estas quedan al descubierto y las acciones del hombre también, siendo los frutos del obrar del creyente la verdad, la justicia y el bien.
Cristo nuestro Señor se presenta como aquél que viene a nuestro encuentro para salvarnos como Luz del mundo y del hombre.
Hoy la liturgia nos presenta el capítulo 9 del evangelio según san Juan del que hemos proclamado una parte solamente, un texto abreviado, pero los invito a que en su casa lean todo el capítulo contemplando cómo se desarrollan los acontecimientos en torno a la curación del ciego y cómo aparecen permanentemente las tinieblas encarnadas en los fariseos que quieren confundir a este hombre,  condenar a Jesús porque no lo reconocen como Mesías y lo acusan de pecador ya que ha curado a alguien  en día sábado.
En el texto comprobamos cómo las tinieblas van por un lado y las obras de la luz y  Cristo que es la Luz, con paciencia va por el otro,  transformando el corazón de este ciego de nacimiento que es curado.
Después de repetir varias veces que era ciego y ahora ve después de haberse lavado los ojos, se encuentra con Jesús nuevamente quien le pregunta: “¿Crees en el Hijo del hombre? Él respondió ¿quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Tú lo has visto; es el que te está hablando. Entonces él exclamó: Creo, Señor, y se postró ante él.
Iluminado interiormente por Jesús se transforma en adorador de aquél que le ha dado un verdadero sentido a su vida, y sin conocer mucho qué le había pasado, da testimonio de lo sucedido.
Los fariseos le dirán  que ha nacido empecatado, o sea, nacido lleno de pecado y la prueba de eso fue su ceguera de nacimiento, mientras  Jesús por su parte cuando le preguntan los discípulos si pecó él o sus padres, les dirá ni lo uno ni lo otro, “Nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios”
Contemplamos, entonces, cómo el Señor se acerca a la debilidad, a la carencia de este hombre y lo cura, no solamente de la ceguera física sino también de la ceguera espiritual que termina cuando reconoce a Jesús como el Hijo del hombre y se postra ante él.
Todo esto es un signo de lo que es cada ser humano, venimos a este mundo ciegos, muchas veces sin reconocer al Señor, incluso aún creyendo en Jesús, no pocas veces aparecen nubarrones en nuestra vida que hacen dudar del Salvador y poner la mirada y esperanza en aquello que no  otorga la vida verdadera.
Por ello, la importancia de acercarnos al Señor con humildad para que  transforme nuestra vida mirando siempre a la futura salvación.
No seamos como los fariseos que dicen al ciego quién eres tú para enseñarnos,  o niegan que Jesús pueda curar porque lo consideran pecador, y en su ceguera se cierran a la evidencia del milagro.
La ceguera de los fariseos es total,  no hay peor pecado que el contrario a la luz,  el pecado de aquél que viendo donde está la verdad y qué es la verdad, sin embargo, la rechaza, porque piensa que con el rechazo puede vivir mas tranquilamente.
Queridos hermanos: nosotros tenemos que hacer ese proceso permanente de dejarnos iluminar por Jesús para que nos muestre las miserias personales, y así podamos realmente combatirlas, para no dejarnos atrapar por la tentación y por el pecado.
Quisiera decir una palabra aplicando este texto del evangelio a lo que aconteció días pasados en el sínodo de Alemania.
No es mi intención juzgar el interior de ninguno de los obispos o laicos que votaron toda una serie de disposiciones contrarias a la doctrina de la Iglesia, pero realmente han actuado contra la Luz a pesar de las enseñanzas de las Escrituras, de la Tradición y del Magisterio, a pesar de las advertencias provenientes de la Santa Sede, avisando que no podían continuar con determinadas decisiones.
Al igual que los fariseos que desecharon a Cristo,  la actitud fue la de pensar que la verdad la tienen ellos y no la iglesia universal, y están convencidos que  tienen derecho a cambiar la fe que hemos recibido.
Quieren innovar, y así hablan de ordenaciones de transexuales, bendiciones a cualquier unión pseuda matrimonial y toda una serie de disparates que realmente  hacen temblar a toda aquella persona que quiera vivir en la verdad.
No nos dejemos engañar y confundir por esto que acontece en algunas partes del mundo, si seguimos a Cristo Luz del mundo viviremos iluminados, y  la Luz de la vida y de la verdad estará con nosotros.
La Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio,  todo esto plasmado en el Catecismo de la Iglesia Católica, nos ayudará a no equivocarnos  o a desviarnos del camino.
Nuestra meta es siempre seguir y unirnos a Cristo Nuestro Señor, pidámosle a Él que ponga su mano y que realmente pueda resplandecer la luz que proviene de su Persona divina.

Padre Ricardo B. Mazza. Cura Rector de la Iglesia Ntra Sra del Rosario y Convento san Pablo primer ermitaño, en Santa Fe de la Vera Cruz. Argentina. Homilía en el domingo IV° de Cuaresma. Ciclo A. 19 de marzo de 2023. ribamazza@gmail.com; http://ricardomazza.blogspot.com